«Debía llorar toda su vida, ya que era la perdición de una familia. ¡Qué conservase su dinero! No sería él quien viniera a pedírselo a cambio del silencio… Y si quería saber dónde estaba su amante, dónde su hijo, no tenía más que mirar al lago. La Albufera, madre de todos, guardaba el secreto con tanta fidelidad como él.
Neleta quedó aterrada por esta revelación; pero aún en medio de su inmensa sorpresa miraba con inquietud al viejo, temiendo por su porvenir al verlo confiado al mutismo del tío Paloma.
El viejo se golpeó una vez más el pecho. ¡Qué viviese feliz y gozase su riqueza! Él callaría siempre».
Cañas y barro
Vicente Blasco Ibáñez













