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martes, 21 de abril de 2026

E iban deslizándose los ánades lo mismo que galeras de marfil

«En las acequias conmovíase la tersa lámina de cristal rojizo con chapuzones que hacían callar a las ranas; sonaba luego un ruidoso batir de alas e iban deslizándose los ánades lo mismo que galeras de marfil, moviendo, cual fantásticas proas, sus cuellos de serpiente.

La vida, que con la luz inundaba la vega, iba penetrando en el interior de barracas y alquerías».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Acequia de Vera. La Malvarrosa. Alboraia

Principios del XX

viernes, 19 de abril de 2024

Yo tengo a orilla del mar, cerca de Valencia, una casa llamada Malvarrosa

«Una vez se dio el caso de que los viajeros del tren correo entre Valencia y Barcelona, cuya vía se desarrolla a lo largo de la costa, pudieron contemplar desde sus vagones, en las primeras horas de la tarde, como un submarino alemán atacaba a un vapor aliado cerca de la orilla, a la vista de todos. 

El dulce y poético Mediterráneo arrojaba todas las semanas a sus orillas numerosos cadáveres y pedazos de buques rotos por la explosión de los torpedos. Yo tengo a orilla del mar, cerca de Valencia, una casa llamada Malvarrosa. Mientras estuve en París los cinco años de la guerra haciendo propaganda en favor de los aliados, mis amigos me escribieron repetidas veces dándome cuenta de los terribles hallazgos con que les sorprendía el mar algunas mañanas. Sobre la arena de la playa, junto a la escalinata de mi casa, aparecieron repetidas veces cadáveres hinchados por una larga permanencia en el mar, pobres cuerpos desfigurados por las mordeduras de los peces o la violencia de la explosión, mujeres y niños que venían como pasajeros en buques procedentes de Argelia, tripulantes de vapores aliados que transportaban artículos de comercio o primeras materias para la guerra. Todos habían ido hacia la muerte, fiando en la neutralidad, ya que no en la lealtad de un rey que se titulaban francófilo en compañía de "la canalla"».

Por España y contra el rey

Vicente Blasco Ibáñez



Chalet de Blasco Ibáñez, a la derecha "La Alcoholera"

La Malvarrosa

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=370996&page=407

domingo, 2 de julio de 2023

Desde el centro no se veían las tapias, tal era la maraña de árboles y plantas

«Allí estaba su sangre; sesenta años de trabajo. No había un pedazo de tierra inactiva, y aunque el huerto era pequeño, desde el centro no se veían las tapias, tal era la maraña de árboles y plantas: nispereros y magnolieros, bancales de claveles, bosquecillos de rosales, tupidas enredaderas de pasionarias y jazmines; todo cosas útiles que daban dinero y eran apreciadas por los tontos de la ciudad.

El viejo, insensible a las bellezas de su huerto, sólo ansiaba la cantidad. Quería segar, las flores en gavillas, como si fuesen hierba; cargar carros enteros de frutas delicadas; y este anhelo de viejo avaro e insaciable martirizaba a la pobre Borda, que, apenas descansaba un momento, vencida por la tos, oía amenazas o recibía como brutal advertencia un terronazo en los hombros».

Primavera triste

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Recolectando flores

Finca "La Malvarrosa" de Julio Robillard

La Malvarrosa


domingo, 12 de marzo de 2023

Las Fallas según Blasco Ibáñez. 07

«En un ángulo de la plaza estaba la tribuna de la música, un tablado bajo, cuyas barandillas acababan de cubrirse con telas de colorines manchadas de cera, como recuerdo de las muchas fiestas de iglesia en que se habían ostentado.

- ¡Música...! ¡músicaaaa!--gritaba la gente.

Y los músicos, azorados por el vocerío, iban hacia el tablado abriéndose paso en la muchedumbre. Era la banda de un pueblo de las cercanías; rústicos gañanes que, enfundados en un uniforme mal cortado, faja de general y ros vistoso con pompón de rabo de gallo, andaban con cierta dificultad -como si los pies, acostumbrados a alpargatas en el resto de la semana, protestasen al verse oprimidos en botitos de gomas-, mientras el sudor de su cuerpo sano y vigoroso rezumaba por todas las costuras de la guerrera.

Obscurecía. La plaza estaba llena; las calles adyacentes seguían vomitando nuevas muchedumbres, y todos cabían a fuerza de codazos y empujones, como si fuesen elásticas las paredes de las casas. En torno de la falla agitábase un oleaje de relamidos peinados, de gorras con visera amarilla y de blusas blancas.

Las señoras refugiábanse en los portales, empinándose sobre las puntas de los pies para ver mejor; los maridos cogían a sus pequeñuelos por los sobacos y los sostenían a pulso para que contemplasen las últimas contorsiones de los monigotes».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



La Sociedad Musical Unión de Pescadores después visitar el Asilo-Hospital de San Juan de Dios

La Malvarrosa

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miércoles, 11 de enero de 2023

Las dos filas de toneles enormes que llegaban hasta el techo

«Batiste se fijó por primera vez detenidamente en la famosa taberna, con sus paredes blancas, sus ventanas pintadas de azul y los quicios chapados con vistosos azulejos de Manises.

Tenía dos puertas. Una era la de la bodega, y por entre sus hojas abiertas veíanse las dos filas de toneles enormes que llegaban hasta el techo, los montones de pellejos vacíos y arrugados, los grandes embudos y las medidas de cinc teñidas de rojo por el continuo resbalar del líquido. En el fondo de la pieza estaba el pesado carro que rodaba hasta los últimos límites de la provincia para traer las compras de vino. Esta habitación, oscura y húmeda, exhalaba un vaho de alcohol, un perfume de mosto, que embriagaba el olfato y turbaba la vista, haciendo pensar que la tierra entera iba a quedar cubierta por una inundación de vino».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Interior de la Bodega Polit. La Malvarrosa. 1957

https://www.elmundo.es/blogs/elmundo/paco-a-la-naranja/2015/07/25/camino-de-vera-alquerias.html


miércoles, 2 de noviembre de 2022

Flotaban los ánades en la vecina acequia

«Atravesando la vega en las horas de más sol, cuando ardía la atmósfera y moscas y abejorros zumbaban pesadamente, sentíase una impresión de bienestar dentro de esta barraca limpia y fresca. El corral delataba, a través de sus bardas de barro y estacas, la vida contenida en él. Cloqueaban las gallinas, cantaba el gallo, saltaban los conejos por las sinuosidades de un gran montón de leña tierna, y vigilados por los dos hijos pequeños de Teresa, flotaban los ánades en la vecina acequia y correteaban las manadas  de polluelos por los rastrojos, piando incesantemente, moviendo sus cuerpecillos sonrosados, cubiertos apenas de fino plumón».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Acequia de Vera. Principios del XX

https://lamalva-rosaenblancinegre.blogspot.com/


sábado, 24 de abril de 2021

Con su sombrajo de esteras, las mesas cojas con porrón en el centro y el fogón al aire libre

«Detrás, en previsión del apetito que el aire del mar despierta en el gastado estómago, esparcíanse los merenderos, unos con aspecto pretencioso, escalinatas y terrazas, todo frágil, como decoración de teatro, supliendo lo endeble de su construcción y lo misterioso de su cocina con pomposos títulos: Restaurant de París, Fonda del buen gusto; y entre estos pedantes de la gastronomía veraniega, los bodegones indígenas con su sombrajo de esteras, las mesas cojas con porrón en el centro y el fogón al aire libre; establecimientos que ostentaban con aire fiero sus rótulos de regocijada ortografía: El Nap, Salvaor y Neleta , y ofrecían como plato del día desde San Juan a Septiembre, los caracoles en salsa».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Merendero "La Murciana"

Playa de La Malvarrosa

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Faltando sólo que le echasen el arroz

«Aquel desfile de guapos detúvose en todos los cafetines del tránsito para refrescar con medias libras de aguardiente, convidando a los policías conocidos que encontraban al paso, y cerca de las doce llegaron a la alquería del camino de Burjasot, donde la paella burbujeaba ya sobre los sarmientos, faltando sólo que le echasen el arroz».

Guapeza valenciana

Cuentos valencianos
 
Vicente Blasco Ibáñez
 
 
Merendero "La Herradura" 
 
La Malvarrosa

https://www.facebook.com/Merendero-La-Herradura-327224134397056/


sábado, 25 de enero de 2020

Junto a los toneles pintados de rojo oscuro

«Ese después era la felicidad de Dimoni , pues representaba el momento en que, terminada la fiesta y libre de la vigilancia de los clavarios, entraba en posesión de su libertad en plena taberna. 

Allí estaba en su centro, junto a los toneles pintados de rojo oscuro, entre las mesillas de cinc jaspeadas por las huellas redondas de los vasos, aspirando el tufillo del ajoaceite, del bacalao y las sardinas fritas que se exhibían en el mostrador tras mugriento alambrado, y bajo los suculentos pabellones que formaban, colgando de las viguetas, las ristras de morcillas rezumando aceite, los manojos de chorizos moteados por las moscas, las oscuras longanizas y los ventrudos jamones espolvoreados con rojo pimentón».

Dimoni

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez



Bodega El Polit. La Malvarrosa

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martes, 10 de septiembre de 2019

El altar de Blasco Ibáñez

El altar de Blasco Ibáñez

«Esta monumental mesa de mármol de la terraza del chalé de Vicente Blasco Ibáñez es sólo una réplica de la original, como casi todo aquí. La auténtica fue una mesa de mármol de Carrara de estilo imperio con ampulosos grifos, y desapareció, como le ocurrió a todo lo que había en esta casa. Éste fue el templo de verano que Blasco se levantó en la playa de la Malva-rosa a principios del siglo XX para su propio culto, cuando la playa era un mural panorámico de Sorolla con pescadoras con el pañuelo en la cabeza, niños desnudos en la orilla, velas latinas y bueyes, mientras la acequia de Vera daba el punto fecal violeta sobre el mar que sólo supo ver Muñoz Degrain.


http://www.fundacionblascoibanez.com/

Si hay que hacer caso de las insinuaciones del sorianista Lluís Bernat, El Coixo, en su alegato contra el novelista titulado Casiquisme (sic) roig, fue un ferviente admirador, que luego sería traicionado en lo más íntimo por Blasco, quien le regaló el terreno para que se hiciese esta casa en una zona donde prosperaban las residencias de recreo modernistas de la burguesía valenciana. El chalé fue construido en 1902 por Vicente Bochons de acuerdo con los cánones del historicismo neogriego que imperaban a finales del XIX, de forma cúbica y con una nutrida ornamentación de grecas, palmetas, llagados y recuadros.


http://casamuseoblascoibanez.com/

En la fachada principal sobresalía esta soberbia terraza galería con pilares jónicos y cariátides con vistas al mar, a la que se accedía desde el despacho del escritor, donde había otra mesa de madera cuadrada, en la que Blasco ponía las botas sobre el travesaño y escribía como si condujera una diligencia, sin quitarse la chaqueta. Entonces el mar estaba más cerca de la casa, puesto que la escollera del puerto no había acumulado la arena que ahora ha permitido la construcción del paseo marítimo, y se confundía con la mesa de mármol de Carrara, como si fuera una prolongación. Sobre este fresco altar Blasco se oficiaba a sí mismo con un vaso de brandy en una mano y un habano en la otra, y en días claros se entretenía repasando los contornos de su influencia política, que iba de Sagunto y Gandia sin interrupciones. Éste era un estuche ergonómico cortado a la medida de Blasco, en el que fue tan feliz que luego intentó reproducirlo en la Costa Azul con su casa de Fontana Rosa, en Mentón, donde moriría esperando a Víctor Hugo.


http://13escultor.blogspot.com/

Tras la guerra civil, el Gobierno se incautó de la casa y durante muchos años fue la sede de la OJE. Sobre aquel brasero de republicanismo los cachorros del franquismo deglutieron grandes dosis de formación del espíritu nacional, hasta que las discotecas dejaron a la OJE obsoleta y el edifició quedó abandonado ante las desavenencias de la familia del novelista. En los años setenta en el escritorio de Blasco se pegaron los primeros chutes de heroina de Valencia, y el chalé se convirtió en una boca de lobo muy peligrosa.


http://elargonautavalenciano.blogspot.com/2018/02/recuerdos-de-1928.html

Finalmente, en 1979 el Ayuntamiento de Valencia compró el edifició por 14 millones de pesetas para restaurarlo, pero los arquitectos prefirieron derribarlo y construirlo de nuevo.




http://valenciadesaparecida.blogspot.com/

La obra se culminó a finales de 1993, y desde entonces ha funcionado como una casa museo donde se muestran algunos objetos y reliquias de interés blasquista. También hubo que hacer una réplica de la mesa con animales fabulosos en las patas, aunque ahora Blasco también es una réplica de sí mismo. Es el escritor de referencia de la derecha, y hasta los arzobispos leen las novelas de este anticlerical de La Bandera Federal».

Miquel Alberola

El País. 27 de agosto de 2001

viernes, 6 de septiembre de 2019

El que le hablaba era el guardavía

«De pronto, Juanito se sintió cogido por los brazos, zarandeado y empujado hacia atrás con tal fuerza, que estuvo próximo a caer. 

--Pero ¿adonde va usted? ¿Está usted loco...? 

El que le hablaba era el guardavía, un mocetón de blusa azul con iniciales rojas».

Arroz y Tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Paso ferroviario de Renfe en el camino Farinós

https://valenciadesaparecida.blogspot.com/

sábado, 3 de agosto de 2019

Cuando Rosario necesitaba desahogo y consuelo, iba a la playa. Vídeo

«Cuando Rosario, roja de indignación y con los ojos llorosos, necesitaba desahogo y consuelo, iba a la playa, a la barcaza-taberna, que adquiría un color sombrío y parecía envejecer como su dueña. Allí la oían silenciosamente, moviendo su cabeza, con expresión de desconsuelo, la siñá Tona y Roseta, las cuales, a pesar de su íntimo parentesco, vivian con huraña hostilidad, no coincidiendo más que en su despreciativo odio a los hombres. La barca que les servía de madriguera era como un observatorio, desde el que contemplaban lo que ocurría entre las dos familias».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



La playa

jueves, 9 de mayo de 2019

Pasaba como rápida exhalación por la tabernilla de la playa

«Tona acabó por no ocuparse de la chiquilla, a pesar de ser la única compañera en aquella vivienda, que en las tardes del invierno parecía estar en pleno desierto. Tonet y la hija del tartanero eran su continua preocupación. 

Aquella perdida habíase propuesto robarle toda su familia. Ya no se contentaba con Tonet, y éste llevaba a casa de Dolores a su hermano el Retor, el cual, al saltar a tierra, pasaba como rápida exhalación por la tabernilla de la playa, yendo a descansar en casa del tartanero, donde resultaba para los novios un testigo poco molesto».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


La Murciana

Playa de la Malvarrosa

https://www.facebook.com/restaurantelamurciana/

miércoles, 16 de enero de 2019

Donde las paellas de arroz burbujeaban su caldo substancioso

«Corrían con gracioso contoneo sobre la ardiente arena más de veinte gallinas, capitaneadas por un gallo matón y vocinglero que se las tenía tiesas con todos los perros vagabundos que correteaban la playa; al través de los cañizos oíase el gruñido de un cerdo atacado del asma de la obesidad, y frente al mostrador, bajo el sombrajo, flameaban a todas horas dos fogones, donde las paellas de arroz burbujeaban su caldo substancioso o el pescado chirriaba, dorándose entre el azulado vapor del aceite frito. Había allí prosperidad y abundancia».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Cocinando una paella en la playa de La Malvarrosa

http://lamalva-rosaenblancinegre.blogspot.com/

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Yo tengo a orilla del mar, cerca de Valencia, una casa llamada Malvarrosa

«Una vez se dio el caso de que los viajeros del tren correo entre Valencia y Barcelona, cuya vía se desarrolla a lo largo de la costa, pudieron contemplar desde sus vagones, en las primeras horas de la tarde, como un submarino alemán atacaba a un vapor aliado cerca de la orilla, a la vista de todos. 

El dulce y poético Mediterráneo arrojaba todas las semanas a sus orillas numerosos cadáveres y pedazos de buques rotos por la explosión de los torpedos. Yo tengo a orilla del mar, cerca de Valencia, una casa llamada Malvarrosa. Mientras estuve en París los cinco años de la guerra haciendo propaganda en favor de los aliados, mis amigos me escribieron repetidas veces dándome cuenta de los terribles hallazgos con que les sorprendía el mar algunas mañanas. Sobre la arena de la playa, junto a la escalinata de mi casa, aparecieron repetidas veces cadáveres hinchados por una larga permanencia en el mar, pobres cuerpos desfigurados por las mordeduras de los peces o la violencia de la explosión, mujeres y niños que venían como pasajeros en buques procedentes de Argelia, tripulantes de vapores aliados que transportaban artículos de comercio o primeras materias para la guerra. Todos habían ido hacia la muerte, fiando en la neutralidad, ya que no en la lealtad de un rey que se titulaban francófilo en compañía de "la canalla"».

Por España y contra el rey

Vicente Blasco Ibáñez


sábado, 13 de octubre de 2018

Condenada al agua de los pozos y al líquido bermejo y fangoso que corría por las acequias

«La Fuente de la Reina era el orgullo de toda aquella parte de la huerta, condenada al agua de los pozos y al líquido bermejo y fangoso que corría por las acequias. 

Estaba frente a una alquería abandonada, y era cosa antigua y de mucho mérito, al decir de los más sabios de la huerta: obra de los moros, según Pimentó; monumento de la época en que los apóstoles iban bautizando pillos por el mundo, según declaraba con majestad de oráculo el tío Tomba. 

Al atardecer avanzaban por los caminos, orlados de álamos con inquieto follaje de plata, grupos de muchachas que llevaban su cántaro inmóvil y derecho sobre su cabeza, recordando con su rítmico paso y su figura esbelta a las canéforas griegas. 

Este desfile daba a la huerta valenciana algo de sabor bíblico. Recordaba la poesía árabe cantando a la mujer junto a la fuente con el cántaro a sus pies, uniendo en un solo cuadro las dos pasiones más vehementes del oriental: la belleza y el agua».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Puente moro sobre la acequia de Vera. La Iglesia de Vera (Malvarrosa) al fondo

http://lamalva-rosaenblancinegre.blogspot.com/

lunes, 13 de agosto de 2018

El altar de Blasco Ibáñez

El altar de Blasco Ibáñez

«Esta monumental mesa de mármol de la terraza del chalé de Vicente Blasco Ibáñez es sólo una réplica de la original, como casi todo aquí. La auténtica fue una mesa de mármol de Carrara de estilo imperio con ampulosos grifos, y desapareció, como le ocurrió a todo lo que había en esta casa. Éste fue el templo de verano que Blasco se levantó en la playa de la Malva-rosa a principios del siglo XX para su propio culto, cuando la playa era un mural panorámico de Sorolla con pescadoras con el pañuelo en la cabeza, niños desnudos en la orilla, velas latinas y bueyes, mientras la acequia de Vera daba el punto fecal violeta sobre el mar que sólo supo ver Muñoz Degrain.


http://www.fundacionblascoibanez.com/

Si hay que hacer caso de las insinuaciones del sorianista Lluís Bernat, El Coixo, en su alegato contra el novelista titulado Casiquisme (sic) roig, fue un ferviente admirador, que luego sería traicionado en lo más íntimo por Blasco, quien le regaló el terreno para que se hiciese esta casa en una zona donde prosperaban las residencias de recreo modernistas de la burguesía valenciana. El chalé fue construido en 1902 por Vicente Bochons de acuerdo con los cánones del historicismo neogriego que imperaban a finales del XIX, de forma cúbica y con una nutrida ornamentación de grecas, palmetas, llagados y recuadros.


http://casamuseoblascoibanez.com/

En la fachada principal sobresalía esta soberbia terraza galería con pilares jónicos y cariátides con vistas al mar, a la que se accedía desde el despacho del escritor, donde había otra mesa de madera cuadrada, en la que Blasco ponía las botas sobre el travesaño y escribía como si condujera una diligencia, sin quitarse la chaqueta. Entonces el mar estaba más cerca de la casa, puesto que la escollera del puerto no había acumulado la arena que ahora ha permitido la construcción del paseo marítimo, y se confundía con la mesa de mármol de Carrara, como si fuera una prolongación. Sobre este fresco altar Blasco se oficiaba a sí mismo con un vaso de brandy en una mano y un habano en la otra, y en días claros se entretenía repasando los contornos de su influencia política, que iba de Sagunto y Gandia sin interrupciones. Éste era un estuche ergonómico cortado a la medida de Blasco, en el que fue tan feliz que luego intentó reproducirlo en la Costa Azul con su casa de Fontana Rosa, en Mentón, donde moriría esperando a Víctor Hugo.


http://13escultor.blogspot.com/

Tras la guerra civil, el Gobierno se incautó de la casa y durante muchos años fue la sede de la OJE. Sobre aquel brasero de republicanismo los cachorros del franquismo deglutieron grandes dosis de formación del espíritu nacional, hasta que las discotecas dejaron a la OJE obsoleta y el edifició quedó abandonado ante las desavenencias de la familia del novelista. En los años setenta en el escritorio de Blasco se pegaron los primeros chutes de heroina de Valencia, y el chalé se convirtió en una boca de lobo muy peligrosa.


http://elargonautavalenciano.blogspot.com/2018/02/recuerdos-de-1928.html

Finalmente, en 1979 el Ayuntamiento de Valencia compró el edifició por 14 millones de pesetas para restaurarlo, pero los arquitectos prefirieron derribarlo y construirlo de nuevo.




La obra se culminó a finales de 1993, y desde entonces ha funcionado como una casa museo donde se muestran algunos objetos y reliquias de interés blasquista. También hubo que hacer una réplica de la mesa con animales fabulosos en las patas, aunque ahora Blasco también es una réplica de sí mismo. Es el escritor de referencia de la derecha, y hasta los arzobispos leen las novelas de este anticlerical de La Bandera Federal».

Miquel Alberola

El País. 27 de agosto de 2001

sábado, 11 de agosto de 2018

Finca "La Malvarrosa". Epílogo

Finca "La Malvarrosa". Epílogo


«Sobre esta mesa, si me muero, quiero 
que me velen los pescadores».

Vicente Blasco Ibáñez

«Hoy, sus habitantes no pueden ser más que gentes marginadas, ignorantes del tiempo histórico que esta casa posee, evitando que sus muros y techos se derrumben un poco más, o que la mesa de mármol ceda definitivamente. Mañana será lo que la resurgente conciencia valenciana decida.»

El País. 28 de enero de 1978



La Vanguardia

«Mientras se recuperaba el pasado, una pieza de nuestro pasado más reciente se iba cayendo a trozos: el chalet de Blasco Ibáñez.

Pocas ruinas más anunciadas y derrotas más pregonadas que ésta. ¿Era demasiado tarde cuando en 1980 el Ayuntamiento compró el chalet? Los informes municipales parecían desmentirlo. Pero tampoco nadie parecía tener mucha ilusión en apuntalar sus viejas paredes. En realidad, muchas opiniones se decantaban por la operación “borrón y cuenta nueva”. Más valía que se desmoronara y luego ya se reconstruiría de nueva planta. Ya veríamos si con los planos originales o con un nuevo diseño. Otra opción defendía que al menos convenía apuntalar las cuatro fachadas que todavía se mantenían en pie, componer al menos la apariencia externa y rediseñar por completo el interior, adaptándolo a unas necesidades que se irían determinando. Se mantendría así su efecto visual de gran contenido simbólico.

Cuando el Ayuntamiento parece que quiere tomárselo en serio y estudiarlo es en julio de 1983. Pero pasadas las Navidades del 85, el chalet fue simplemente derrocado.»

Historia de la Malvarrosa (Nacida del agua)

Antonio Sanchis Pallarés


http://solerdos.blogspot.com.es/


Paco Dolz

«También se decretó la restauración de determinados inmuebles, el tiempo fue corriendo y al acometer la empresa lo mejor era tirarlo todo patas al aire, que eso aconteció ahora en la playa valenciana de la Malvarrosa, con el chalet de Blasco Ibáñez, años y años abandonado y a merced de los vagabundos. La casa del novelista no tenía arreglo y se optó por levantar otra nueva teniendo a la vista su estampa antigua. Para los devotos del escritor, la torre de la Malvarrosa cobraba un valor sentimental.»

La Vanguardia. 11 de febrero de 1984


Las Provincias


http://arteyartificios.blogspot.com.es/