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viernes, 3 de mayo de 2024

Y poner la proa hacia Valencia

«Los tripulantes habían cortado la red para no zozobrar con su peso y huían hacia Valencia, perseguidos por el furioso Levante, que levantaba enormes olas, rectas como muros, arrolladoras y voraces y que de pronto se combaban y caían con ensordecedor estrépito, sólo comparable al de los truenos que rasgaban continuamente el espacio.

Era preciso imitar el ejemplo, librarse del peso que entorpecía la maniobra y poner la proa hacia Valencia.

La cuerda de la red fué cortada, desapareció arrastrado por las olas el peso que parecía apresar a la barca, y la Flor de Mayo obedeció con más facilidad el timón».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Puerto de Valencia

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sábado, 27 de abril de 2024

Sólo faltaba lo otro, el terrible Levante

«La masa de sombras que se aproximaba agrandándose por momentos, se abrió con la luz cárdena de un relámpago; después sonó el trueno, como  si todo el cielo fuese una inmensa pieza de tela que se rasgaba con estrépito.

Sólo faltaba lo otro, el terrible Levante, que barre impetuosamente con hálito de muerte todo el golfo de Valencia; y el Levante llegó.

La Flor de Mayo tendióse de costado sobre el agua, como si una mano poderosa, agarrando su quilla, pugnase por voltearla. El agua invadió la cubierta, y la gigantesca vela se extendió como una sábana sobre las olas, aleteando, volviendo a caer como un pájaro moribundo.

Esta caída de lado, que iba a hacerles zozobrar, fué obra de un instante: el primer impulso del vendaval que, pillando de lleno la tendida vela, la aplastó sobre el agua, tumbando a la barca».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Temporal en el dique norte (El paretó)

martes, 24 de octubre de 2023

Odiaba la navegación a vapor como un sacrilegio marítimo

«Por una respetuosa admiración venían a sentarse en la acera algunos de aquellos vejestorios que habían recibido de él en otro tiempo órdenes y palos, y juntos hablaban con cierta melancolía de la gran calle, como el capitán llamaba al Atlántico, contando las veces que habían pasado de una acera a otra, de África a América, corriendo temporales y chasqueando a los polizontes del mar. En verano, los días que no apretaba el dolor y las piernas estaban fuertes, bajaban a la playa, y el capitán, enardecido a la vista del mar, desahogaba sus dos odios. Odiaba a Inglaterra por haber oído silbar más de una vez las balas de sus cañones. Odiaba la navegación a vapor como un sacrilegio marítimo. Aquellos penachos de humo que pasaban por el horizonte eran los funerales de la marina. Ya no quedaban sobre el agua hombres de oficio; ahora el mar era de los fogoneros».

Lobos de mar

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Vapor "Vicente Ferrer"

"Trasmediterránea. Hacia el nuevo milenio"


martes, 26 de septiembre de 2023

En el muelle se agolpaban los del oficio

«Los niños, vestidos de blanco y rosa, saltaban y corrían tras sus juguetes, o formaban alegres corros girando como ruedas de colores.

En el muelle se agolpaban los del oficio: su vista, acostumbrada a las inmensidades del mar, había reconocido lo que remolcaba la barca. Pero Antonio sólo miraba, al extremo de la escollera, a una mujer alta, escueta y negruzca, erguida sobre un peñasco, y cuyas faldas arremolinaba el viento.

Llegaron al muelle. ¡Qué ovación! Todos querían ver de cerca el enorme animal. Los pescadores, desde sus botes, lanzaban envidiosas miradas; los pilletes, desnudos, de color de ladrillo, echábanse al agua para tocarle la enorme cola».

En el mar

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Puerto de Valencia

Cortesía de José Navarro Escrich

sábado, 2 de septiembre de 2023

Una verdadera flota lo ocupaba todas las noches

«El puertecillo estaba lleno. Una verdadera flota lo ocupaba todas las noches, sin espacio apenas para moverse; pero con el aumento de barcas había venido la carencia de pesca.

Las redes sólo sacaban algas o pez menudo; morralla de la que se deshace en la sartén. Los atunes habían tomado este año otro camino, y nadie conseguía izar uno sobre su barca.

Rufina estaba aterrada por esta situación. No había dinero en casa; debían en el horno y en la tienda, y el señor Tomás, un patrón retirado, dueño del pueblo por sus judiadas, les amenazaba continuamente si no entregaban algo de los cincuenta duros con intereses que les había prestado para la terminación de aquella barca tan esbelta y tan velera que consumió todos sus ahorros».

En el mar

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Puerto de Valencia. 1904

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 47.63 x 73.66

Colección privada

sábado, 24 de junio de 2023

Ya puede darse por satisfecho con salvar la vida. Irá a África

«Al anochecer llegó la noticia. Sí que había firmica. Aquella señora que Rafael se imaginaba allá en Madrid con todos los esplendores y adornos que el Padre Eterno tiene en los altares, vencida por telegramas y súplicas, prolongaba la vida del sentenciado.

El indulto produjo en la cárcel un estrépito de mil demonios, como si cada uno de los presos hubiera recibido la orden de libertad.

—Alégrate, mujer—decía en el rastrillo el cura a la mujer del indultado—. Ya no matan a tu marido: no serás viuda.

La muchacha permaneció silenciosa, como si luchara con ideas que se desarrollaban en su cerebro con torpe lentitud.

—Bueno—dijo al fin tranquilamente—. ¿Y cuándo saldrá?

—¡Salir!... ¿Estás loca? Nunca. Ya puede darse por satisfecho con salvar la vida. Irá a África, y como es joven y fuerte, aún puede ser que viva veinte años.

Por primera vez lloró la mujer con toda su alma; pero su llanto no era de tristeza, era de desesperación, de rabia.

—Vamos, mujer—decía el cura irritado—. Eso es tentar a Dios. Le han salvado la vida, ¿lo entiendes? Ya no está condenado a muerte... ¿Y aún te quejas?

Cortó su llanto la mocetona. Sus ojos brillaron con expresión de odio.

—Bueno: que no lo maten... Me alegro. Él se salva, pero yo, ¿qué?...

Y tras larga pausa, añadió entre gemidos que estremecían su carne morena, ardorosa y de brutal perfume:

—Aquí la condenada soy yo».

La condenada

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Nuevo Mundo. 7 de marzo de 1912


jueves, 19 de enero de 2023

¡Perra mar!... ¡Chochino Levante!

«¡Recristo! Era muy triste morir a la vista de los amigos, oyendo casi sus voces y sin poder recibir auxilio. ¡Perra mar!... ¡Chochino Levante! Y el Retor, enfurecido, insultaba a las olas, y en su desesperación las escupía, mientras la barca tan pronto se encabritaba hasta ponerse derecha, como se  arrojaba proa abajo en los hirvientes remolinos. Causaba vértigos el zarandeo interminable, y el mástil lo mismo se inclinaba a babor metiendo la verga en el agua, como caía sobre el costado opuesto, desapareciendo en las olas la mitad de la cubierta.

¡Allá va! ya empezaban los golpes de muerte. Y una ola lívida, traidora, sin espuma y sin ruido, cayó sobre la popa, cubriendo toda la barca, barriéndola con una manotada feroz».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



La tragedia de la barca "Grao"


Estampa. 7 de enero de 1933

martes, 22 de noviembre de 2022

Distinguía ahora claramente la muchedumbre que pululaba sobre la escollera

«Las escotillas estaban bien cerradas, y por esto la barca, después de pasar sobre ella las montañas de agua, volvía a reaparecer flotando valientemente.

El patrón se convencía de lo desesperado de la situación. Estaban cogidos por la horrible marejada de la escollera. Seguir adelante corriendo el temporal, era ya imposible; había que meterse en el puerto o perecer en la entrada.

Distinguía ahora claramente la muchedumbre que pululaba sobre la escollera, alcanzada muchas veces por el oleaje; llegaba a la barca su griterío de terror».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Entrada al Puerto de Valencia. 1901

http://vicenticoaa.blogspot.com/

viernes, 21 de octubre de 2022

Con el aspecto triste de los rebaños enfermos, desembarcaban en los puertos

«Un día circuló la noticia de que el hijo del tío Tono estaba en Valencia. La guerra había terminado. Los batallones, sin armas, con el aspecto triste de los rebaños enfermos, desembarcaban en los puertos. Eran espectros del hambre, fantasmas de la fiebre, amarillos como esos cirios que sólo se ven en las ceremonias fúnebres, con la voluntad de vivir brillando en sus ojos profundos como una estrella en el fondo de un pozo. Todos marchaban a sus casas, incapaces para el trabajo, destinados a morir antes de un año en el seno de las familias, que habían dado un hombre y recibían una sombra».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Soldados repatriados tras el desastre de Cuba llegando al puerto de Valencia. 1898

"Tiempos Modernos: Estampas de la Valencia de 1900". Francisco Pérez Puche

Subida por Ximo Paloma‎ a VAHG


miércoles, 21 de septiembre de 2022

Y huían hacia Valencia, perseguidos por el furioso Levante

«La Flor de Mayo, con el timón abandonado, giraba como una peonza en las aguas bullentes, que se hinchaban con lívidas y arrolladoras tumefacciones.

El Retor corrió a popa a agarrar la caña. La barca se movía con dificultad. Arrastraba la pesadísima red que momentos antes había contribuído a su salvación, sirviendo de contrapeso a la vela combatida por el huracán.

El patrón vio a la otra barca de la pareja sin aparejo, con el mástil roto, alejarse, presentando la popa.

Los tripulantes habían cortado la red para no zozobrar con su peso y huían hacia Valencia, perseguidos por el furioso Levante, que levantaba enormes olas, rectas como muros, arrolladoras y voraces y que de pronto se combaban y caían con ensordecedor estrépito, sólo comparable al de los truenos que rasgaban continuamente el espacio».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Entrada al puerto de Valencia en día de Levante
 
La Ilustración Española y Americana
 
8 de julio de 1884
 
De la obra de Javier Juste
 
Xilografía a la contrafibra - 281 x 182 mm



domingo, 1 de mayo de 2022

La tempestad, la tormenta que desde el amanecer estaba esperando el tío Batiste

«El tío Batiste, tendido en la proa y mojado por los espumarajos de las olas, miraba al horizonte por la parte de Levante, donde el celaje plomizo parecía condensarse, formando una masa de negruzco vapor.

Llamaba a Pascual para que prestase atención; pero el Retor tenía fijos sus ojos en el grupo de tripulantes que tiraban de la red. Por una casualidad, Tonet y su sobrino estaban juntos, y la semejanza de sus rostros resaltaba aun más ante la mirada del patrón.

—Pascualo... Pascualo—gritó el viejo pescador con voz algo temblorosa—. Ya está ahí.

¿Quién?... ¡Quién había de ser! La tempestad, la tormenta que desde el amanecer estaba esperando el tío Batiste».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Temporal en el dique norte (El paretó)


viernes, 17 de septiembre de 2021

La aglomeración de barcas tragábase hombres y más hombres

«Continuaba el embarque. La aglomeración de barcas tragábase hombres y más hombres; las mujeres hablaban con animación del tiempo de la pesca, que esperaban fuese buena; de la temporada que se preparaba, en la cual podría haber pan abundante en sus casas; y los grumetes corrían desolados por el muelle, descalzos y apestando a brea, para hacer los últimos encargos de sus patrones, embarcar la galleta y cargar el tonelillo del vino».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Barcas de pesca en el Puerto de Valencia. 1907

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 81 x 101

Museo Sorolla


lunes, 13 de septiembre de 2021

Por las pendientes tablas que unían las barcas con el muelle, pasaban pies descalzos

«Y por las pendientes tablas que unían las barcas con el muelle, pasaban pies descalzos, calzones amarillos, caras tostadas, todo el mísero rebaño que nace y muere en la playa sin conocer más mundo que la extensión azul; gente embrutecida por el peligro, sentenciada a muerte, para que tierra adentro otros seres, sentados ante el adamascado mantel, puedan contemplar como joyeles de coral los rojos langostinos o se conmuevan con estremecimientos de gula ante la enorme merluza nadando en apetitosa salsa. El hambre iba a lanzarse en el peligro para satisfacer a la opulencia».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Puerto de Valencia. 1897


Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 151.13 x 89

Cincinnati Art Museum. Cincinnati. Ohio

jueves, 9 de septiembre de 2021

Todo el pueblo acudía al puerto

«Todo el pueblo acudía al puerto; las mujeres y los niños corrían por los muelles buscando en la confusión de mástiles, cuerdas y cascos incrustados unos en otros, la barca donde iban los suyos. Era la emigración anual a los desiertos del mar; la caída en perpetuo peligro para sacar el pan de las misteriosas profundidades, que unas veces se dejan extraer mansamente sus riquezas y otras se alborotan amenazando de muerte a los audaces argonautas».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Puerto de Valencia

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martes, 4 de mayo de 2021

Ayudaba todos los años el día de la fiesta a llevar en hombros la Santa Cruz del Grao

«Aparte de esto, sabía muchas cosas no menos útiles; por ejemplo, que el que salía a pescar el día de las Almas, corría el peligro de sacar algún muerto envuelto en las redes, y el que ayudaba todos los años el día de la fiesta a llevar en hombros la Santa Cruz del Grao, no podía ahogarse nunca».

Flor de Mayo

Vicente Blasco Ibáñez
 


Fiestas del Cristo del Grao

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domingo, 2 de mayo de 2021

El viejo les hablaba del Cristo del Grao

«El viejo les hablaba del Cristo del Grao, cuya estampa ocupaba el sitio más visible de la cocina, y todos oían como un relato nuevo la llegada por el mar de la santa imagen, tendida sobre una escalera, dentro de un buque que se hizo humo luego de soltar su milagroso cargamento.

Había sido esto cuando el Grau no era mas que un grupo de chozas lejos de las murallas de Valencia y amenazado por los desembarcos de los piratas moros. Durante muchos años, Caragol había sacado en hombros y descalzo la sagrada escalera el día de la fiesta. Ahora, otros hombres de mar disfrutaban de tal honor, y él, viejo y cegato, aguardaba entre el público de la procesión para lanzarse sobre la enorme reliquia, pasando sus ropas por la madera».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez
 

Fiestas del Cristo del Grao
 
Llegada del Cristo al puerto de Valencia

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domingo, 18 de abril de 2021

Le recordaba aquel empleíllo en las obras del puerto

«Pero su Tonet estaba más buen mozo que nunca, con trajes nuevos, un puñado de duros en el bolsillo y metido siempre en el café, si es que no iba a Valencia con sus amigotes a arriesgar unas cuantas pesetas en las timbas de cuartos o a alborotar en el barrio de Pescadores. A pesar de esto, cuando veía a su tío, por no perder el derecho de la importunidad, le recordaba aquel empleíllo en las obras del puerto que perseguía en su época de penuria».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Bendición de las obras del Puerto de Valencia

Mundo Gráfico. 13 de agosto de 1913

 

lunes, 11 de mayo de 2020

La siñá Serafina estaba orgullosa de aquel hijo

«La siñá Serafina estaba orgullosa de aquel hijo que la llamaba mamá . Ella era la encargada de hacer saber a las vecinas las onzas de oro que Visentico había traído de allá, y al número que marcaba, ya bastante exagerado, la gente añadía ceros sin remordimiento. Además, se hablaba con respeto supersticioso de cierto papelote que el licenciado guardaba, y en el cual el Estado se comprometía a dar tanto y cuanto... cuando mudase de fortuna».

¡Cosas de hombres! 

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez



Nuevo Mundo. 7 de marzo de 1912

jueves, 23 de enero de 2020

Las nubecillas de humo de las embarcaciones de vapor

«La Garbosa avanzaba lentamente por la inmensidad circular, vasto anfiteatro de tranquilas aguas, en cuyos límites, como puntos indecisos, marcábanse las nubecillas de humo de las embarcaciones de vapor. 

Tan lenta era la marcha de la barca, que apenas si su proa agitaba las aguas: la vela pendía muchas veces inmóvil del mástil, barriendo la cubierta con su orla».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Barcos mercantes en el puerto de Valencia. 1907

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 25.8 x 35.5

Tacoma Art Museum. Tacoma, Washington

domingo, 19 de enero de 2020

Y el día amaneció entre nubecillas rojas

«Pasó la noche con tranquilidad, y el día amaneció entre nubecillas rojas, con el mismo calor que si hubiera llegado el verano. 

Palpitaba la vela con aleteo de ave, hinchada apenas por las tibias ráfagas que cosquilleaban la superficie del mar, bruñida, inmóvil y azulada como espejo veneciano.  

La tierra habíase perdido de vista. A babor, disfuminadas en el horizonte como vapores del amanecer, marcábanse vagamente dos manchas de color de rosa, Tonet las señalaba a sus compañeros. Aquéllo era Ibiza».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Puerto de Valencia. 1907

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 70,60 x 110,50

Museo Sorolla