Mostrando entradas con la etiqueta Indumentaria valenciana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Indumentaria valenciana. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de mayo de 2024

Y pasaron ante el gentío el alcalde con su bastón de borlas negras

«En la muchedumbre se marcó una gran ondulación. ¡Ya estaba allí…! ¡la ceremonia iba a comenzar! Y pasaron ante el gentío el alcalde con su bastón de borlas negras, todos sus adláteres y el enviado de la Hacienda, un pobre empleado al que miraban los pescadores con admiración —imaginando confusamente su inmenso poder sobre la Albufera— y al mismo tiempo con odio. Aquel lechuguino era el que se tragaba la media arroba de plata.

Todos fueron subiendo con lentitud por la estrecha escalerilla de la escuela, que sólo podía contener una persona de frente. Una pareja de carabineros, fusil en mano, guardaba la puerta para impedir la entrada de las mujeres y los chicuelos, que alteraban las deliberaciones de la reunión. De vez en cuando la curiosidad de la gente menuda pretendía arrollarlos, pero los carabineros presentaban las culatas y hablaban de dar una paliza a toda la chiquillería, que con sus gritos turbaba la solemnidad del acto».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Alcalde de aldea. Valencia

José Ortiz Echagüe

martes, 21 de noviembre de 2023

Él quería lo prometido: el indulto, ¡recordons!

«Había que verles después de la paella, hablando en un rincón del huerto; el diputado, obsequioso y amable. Bolsón, cejijunto y malhumorado.

—He venido sólo por verte—decía don José, recalcando el honor que le concedía con su visita—. ¿Pero qué son esas prisas? ¿No estás bien, querido Quico? Te he recomendado al gobernador de la provincia; la Guardia civil nada te dice... ¿qué te falta?

Nada y todo. Es verdad que no le molestaban, pero aquello era inseguro, podían cambiar los tiempos y tener que volver al monte. Él quería lo prometido: el indulto, ¡recordons! Y formulaba su pretensión tan pronto en valenciano como en un castellano de pronunciación ininteligible.

—Lo tendrás, hombre, lo tendrás. Está al caer; un día de estos será».

La paella del roder

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Viejo valenciano. 1902

Joaquín Sorolla y Bastida 

Óleo. 56.5 x 49

Colección privada

lunes, 21 de agosto de 2023

Fue a pedir consejo al viejo de la barraca inmediata

«¡Cuánto había tenido que arañar los cuatro terrones que desde su bisabuelo venía regando toda la familia con sudor y sangre, para juntar el puñado de duros que en un puchero guardaba enterrados bajo de la cama! ¡En seguida se dejaba arrancar cuarenta duros!... Él era un hombre pacífico; toda la huerta podía responder por él. Ni riñas por el riego, ni visitas a la taberna, ni escopeta para echarla de majo. Trabajar mucho para su Pepeta y los tres mocosos era su única afición; pero ya que querían robarle, sabría defenderse. ¡Cristo! En su calma de hombre bonachón despertaba la furia de los mercaderes árabes, que se dejan apalear por el beduino, pero se tornan leones cuando les tocan su hacienda.

Como se aproximaba la noche y nada tenía resuelto, fue a pedir consejo al viejo de la barraca inmediata, un carcamal que sólo servía para segar brozas en las sendas, pero de quien se decía que en la juventud había puesto más de dos a pudrir tierra.

Le escuchó el viejo con los ojos fijos en el grueso cigarro que liaban sus manos temblorosas cubiertas de caspa. Hacía bien en no querer soltar el dinero. Que robasen en la carretera como los hombres, cara a cara, exponiendo la piel. Setenta años tenía, pero podían irle con tales cartitas. Vamos a ver; ¿tenía agallas para defender lo suyo?».

Golpe doble

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



El viejo del cigarrillo. 1898

Joaquín Sorolla y Bastida

Acuarela. 52 x 50,50

Museo Sorolla

miércoles, 9 de agosto de 2023

A dar tormento a la tierra, que se quejaba cubriéndose de flores

«¿Quién sabe?... Y cuando más esperanzas ponía en el porvenir, la realidad la despertaba en forma de brutal terronazo, mientras el viejo decía con voz áspera:

—Arre, que ya es hora.

Y otra vez al trabajo, a dar tormento a la tierra, que se quejaba cubriéndose de flores.

El sol caldeaba el huerto, haciendo estallar las cortezas de los árboles; en las tibias madrugadas sudaba al trabajar, como si fuese mediodía, y a pesar de esto, la Borda cada vez más delgada y tosiendo más.

Parecía que el color y la vida que faltaban en su rostro se lo arrebataban las flores, a las que besaba con inexplicable tristeza.

Nadie pensó en llamar al médico. ¿Para qué? Los médicos cuestan dinero, y el tío Tòfol no creía en ellos. Los animales saben menos que las personas, y lo pasan tan ricamente sin médicos ni boticas».

Primavera triste

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Los jardines de Valencia

Huertana escogiendo las flores para la fiesta

Todocolección

jueves, 3 de agosto de 2023

Vestida de gala para celebrar la estación

«En las horas de fuerte sol, mientras el viejo descansaba, iba la Borda de un lado a otro, mirando las bellezas de su familia, vestida de gala para celebrar la estación. ¡Qué hermosa primavera! Sin duda Dios cambiaba de sitio en las alturas, aproximándose a la tierra.

Las azucenas de blanco raso erguíanse con cierto desmayo, como las señoritas en traje de baile que la pobre Borda había admirado muchas veces en las estampas; las camelias de color carnoso hacían pensar en tibias desnudeces, en grandes señoras indolentemente tendidas, mostrando los misterios de su piel de seda; las violetas coqueteaban ocultándose entre las hojas para denunciarse con su perfume; las margaritas destacábanse como botones de oro mate; los claveles, cual avalancha revolucionaria de gorros rojos, cubrían los bancales y asaltaban los senderos; arriba, las magnolias balanceaban su blanco cogollo como un incensario de marfil que esparcía incienso más grato que el de las iglesias; y los pensamientos, maliciosos duendes, sacaban por entre el follaje sus gorras de terciopelo morado, y guiñando las caritas barbadas, parecían decir a la chica:

— Borda, Bordeta... nos asamos. ¡Por Dios! ¡Un poquito de agua!».

Primavera triste

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Labradora valenciana

Óleo. 162 x 102,5

Joaquín Sorolla y Bastida

miércoles, 28 de junio de 2023

Temblaba de frío en el huerto cogiendo fresas o cortando flores

«Era fea: angustiaba a sus vecinas y compañeras de mercado con su tosecilla continua y molesta, pero todas la querían. ¡Criatura más trabajadora!... Horas antes de amanecer ya temblaba de frío en el huerto cogiendo fresas o cortando flores; era la primera que entraba en Valencia para ocupar su puesto en el mercado; en las noches que correspondía regar, agarraba valientemente el azadón, y con las faldas remangadas ayudaba al tío Tòfol a abrir bocas en los ribazos, por donde se derramaba el agua roja de la acequia, que la tierra sedienta y requemada engullía con un glu-glu de satisfacción, y los días que había remesa para Madrid, corría como loca por el huerto saqueando los bancales, trayendo a brazadas los claveles y rosas, que los embaladores iban colocando en cestos».

Primavera triste

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Floristas

Bivaldi