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jueves, 19 de enero de 2023

¡Perra mar!... ¡Chochino Levante!

«¡Recristo! Era muy triste morir a la vista de los amigos, oyendo casi sus voces y sin poder recibir auxilio. ¡Perra mar!... ¡Chochino Levante! Y el Retor, enfurecido, insultaba a las olas, y en su desesperación las escupía, mientras la barca tan pronto se encabritaba hasta ponerse derecha, como se  arrojaba proa abajo en los hirvientes remolinos. Causaba vértigos el zarandeo interminable, y el mástil lo mismo se inclinaba a babor metiendo la verga en el agua, como caía sobre el costado opuesto, desapareciendo en las olas la mitad de la cubierta.

¡Allá va! ya empezaban los golpes de muerte. Y una ola lívida, traidora, sin espuma y sin ruido, cayó sobre la popa, cubriendo toda la barca, barriéndola con una manotada feroz».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



La tragedia de la barca "Grao"


Estampa. 7 de enero de 1933

viernes, 14 de diciembre de 2018

Sirviéndole de tumba el armazón de tablas

«Y la infeliz mujer, siempre esperando en el puerto con sus dos hijos, tan pronto desesperada como animándose con extraña esperanza, hasta que por fin, a los doce días, una escampavía que costeaba persiguiendo el contrabando, condujo a la playa la barca del tío Pascualo con la quilla al aire, negra, lustrosa con la viscosidad del mar, flotando lúgubremente como gigantesco ataúd y rodeada de un enjambre de extraños peces, pequeños monstruos que parecían atraídos por un cebo que husmeaban á través de las quebrantadas tablas.

Sacaron la barca a la orilla. El mástil estaba roto a ras de la cubierta, la cala llena de agua; y cuando los pescadores pudieron bajar á ella para acabar de vaciarla a fuerza de cubos, sus pies hundidos entre las cuerdas y cestones que aun estaban allí revueltos, tropezaron con algo blando y viscoso que les hizo gritar con instintivo horror. Era un muerto. Y hundiendo sus brazos en el agua que quedaba en el fondo de la bodega, sacaron un cuerpo hinchado, verdoso, con el vientre enorme próximo a estallar, la cabeza destrozada como repugnante masa, y en todo el cuerpo mordeduras de voraces pececillos que, no soltando su presa, erizábanse sobre el cadáver, comunicándole espeluznantes estremecimientos.

Era el tío Pascualo; pero tan horrible, que la viuda prorrumpió en lamentos, sin atreverse a tocar la masa repugnante. Algún golpe de mar le había arrojado al fondo de la cala antes que la barca se perdiese, y allí se quedó con la cabeza destrozada, sirviéndole de tumba el armazón de tablas, ilusión de toda su vida, que representaba treinta años de economías amasadas ochavo sobre ochavo».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


La tragedia de la barca "Grao"

Estampa. 7 de enero de 1933

https://fullesgroguesvoramar.blogspot.com/2018/05/la-tragedia-de-la-barca-grao.html