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martes, 18 de septiembre de 2018

El tribunal sentensia... —dijo la acequia más vieja

«La blanca alpargata del presidente hirió una baldosa de la acera, conjurando el chaparrón de protestas y faltas de respeto que veía surgir en lontananza. 

—Calle vosté. Y Batiste calló, mientras el monstruo de las siete cabezas, replegándose en el sofá de damasco, cuchicheaba preparando la sentencia. 

—El tribunal sentensia... —dijo la acequia más vieja. 

Y se hizo un silencio absoluto. 

Toda la gente de la verja mostraba en sus ojos cierta ansiedad, como si ellos fuesen los sentenciados. Estaban pendientes de los labios del viejo síndico. 

—Pagará el Batiste Borrull dos lliures de pena y cuatre sous de multa (Pagará el Bautista Borrull dos libras como pena y cuatro sueldos de multa)».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de RTVE "La barraca". 1979

viernes, 14 de septiembre de 2018

Parle vosté

«—Parle vosté (Hable usted) —dijo, avanzando un pie, la acequia más vieja, pues, por servicio secular, el tribunal, en vez de valerse de las manos, señalaba con la blanca alpargata a quien debía hablar. 

Pimentó soltó su acusación. Aquel hombre que estaba junto a él, tal vez por ser nuevo en la huerta, creía que el reparto del agua era cosa de broma y que podía hacer su santísima voluntad. 

Él, Pimentó, el atandador que representaba la autoridad de la acequia, en su partida, había dado a Batiste la hora para regar su trigo: las dos de la mañana. Pero, sin duda, el señor, no queriendo levantarse a tal hora, había dejado perder su turno, y a las cinco, cuando el agua era ya de otros, había alzado la compuerta sin permiso de nadie (primer delito), había robado el riego a los demás vecinos (segundo delito) e intentado regar sus campos, queriendo oponerse a viva fuerza a las órdenes del atandador, lo que constituía el tercero y último delito. 

El triple delincuente, volviéndose de mil colores e indignado por las palabras de Pimentó, no pudo contenerse. 

—¡Mentira y recontramentira! 

El tribunal se indignó ante la energía y la falta de respeto con que protestaba aquel hombre. Si no guardaba silencio, se le impondría una multa. Pero ¡gran cosa eran las multas para su reconcentrada cólera de hombre pacífico! Siguió protestando contra la injusticia de los hombres, contra el tribunal, que tenía por servidores a pillos y embusteros como Pimentó. 

Alteróse el tribunal: las siete acequias se encresparon. 

—¡Cuatre sous de multa! (¡Cuatro sueldos de multa!) —dijo el presidente. 

Batiste, dándose cuenta de su situación, calló asustado por haber incurrido en multa, mientras sonaban al otro lado de la verja las risas y los aullidos de alegría de sus contrarios.

Quedó inmóvil, con la cabeza baja y los ojos empañados por lágrimas de cólera, mientras su brutal enemigo acababa de formular la denuncia. 

—Parle vosté —le dijo el tribunal.

Pero en las miradas de los jueces se notaba poco interés por este intruso alborotador que venía a turbar con sus protestas la solemnidad de las deliberaciones. 

Batiste, trémulo por la ira, balbució, no sabiendo cómo empezar su defensa, por lo mismo que la creía justísima».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Tribunal de las Aguas

?

miércoles, 12 de septiembre de 2018

S'obri el tribunal

«Los siete jueces se saludaron como gente que no se ha visto en una semana. Luego hablaron de sus asuntos particulares junto a la puerta de la catedral. De cuando en cuando, abriéndose las mamparas cubiertas de anuncios religiosos, esparcíase en el ambiente calido de la plaza una fresca bocanada de incienso, semejante a la respiración húmeda de un lugar subterráneo. 

A las once y media, terminados los oficios divinos, cuando ya no salía de la basílica más que alguna devota retrasada, comenzó a funcionar el tribunal. 

Sentáronse los siete jueces en el viejo sofá; corrió de todos los lados de la plaza la gente huertana para aglomerarse en torno de la verja, estrujando sus cuerpos sudorosos, que olían a paja y lana burda, y el alguacil se colocó, rígido y majestuoso, junto al mástil, rematado por un gancho de bronce, símbolo de la acuática justicia. 

Descubriéronse las siete acequias quedando con las manos sobre las rodillas y la vista en el suelo, y el más viejo pronunció la frase de costumbre: 

—S'obri el tribunal (Se abre el tribunal.)»

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Estampa. 29 de junio de 1935

domingo, 9 de septiembre de 2018

Eran los amos del agua; en sus manos estaba la vida de las familias

«Terminó el alguacil de arreglar el tribunal, y plantóse a la entrada de la verja, esperando a los jueces. Iban llegando, solemnes, con una majestad de labriegos ricos, vestidos de negro, con blancas alpargatas y pañuelo de seda bajo el ancho sombrero. 

Cada uno llevaba tras sí un cortejo de guardas de acequia, de pedigüeños que antes de la hora de la justicia buscaban predisponer el ánimo del tribunal en su favor.

La gente labradora miraba con respeto a estos jueces salidos de su clase, cuyas deliberaciones no admitían apelación. Eran los amos del agua; en sus manos estaba la vida de las familias, el alimento de los campos, el riego oportuno, cuya carencia mata una cosecha. Y los habitantes de la extensa vega, cortada por el río nutridor como una espina erizada de púas que eran sus canales, designaban a los jueces por el nombre de las acequias que representaban».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Tribunal de las Aguas

Todocolección

martes, 21 de agosto de 2018

El alguacil del tribunal, que llevaba más de cincuenta años de lucha

«El alguacil del tribunal, que llevaba más de cincuenta años de lucha con esta tropa insolente y agresiva, colocaba a la sombra de la Portada ojival las piezas de un sofá de viejo damasco, y tendía después una verja baja, cerrando el espacio de acera que había de servir de sala de audiencia».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez




VAHG



domingo, 19 de agosto de 2018

Toda la huerta que tenía agravios que vengar estaba allí

«Llegaban unos tirando de sus caballejos con el serón cargado de estiércol, contentos de la colecta hecha en las calles; otros, en sus carros vacíos procurando enternecer a los guardias municipales para que los dejasen permanecer allí; y mientras los viejos conversaban con las mujeres, los jóvenes se metían en el cafetín cercano para matar el tiempo ante la copa de aguardiente, mascullando su cigarro de diez céntimos. 

Toda la huerta que tenía agravios que vengar estaba allí, gesticulante y ceñuda, hablando de sus derechos, impaciente por soltar ante los síndicos o jueces de las siete acequias el interminable rosario de sus quejas».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Tribunal de las Aguas. Bernardo Ferrándiz. 1865


La Esfera. 14 de julio de 1917

sábado, 18 de agosto de 2018

El Tribunal de las Aguas iba a reunirse en la puerta de los Apóstoles. Vídeo

«Era jueves, y, según una costumbre que databa de siglos, el Tribunal de las Aguas iba a reunirse en la puerta de los Apóstoles de la catedral de Valencia. 

El reloj de la torre llamada el Miguelete señalaba poco más de las diez, y los huertanos juntábanse a corrillos o tomaban asiento en los bordes del tazón de la fuente que adorna la plaza, formando en torno al vaso una animada guirnalda de mantas azules y blancas, pañuelos rojos y amarillos o faldas de indiana de colores oscuros».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


http://www.tribunaldelasaguas.org/es/


El Tribunal de las Aguas 

viernes, 6 de julio de 2018

Hasta se aprovechaba de los descuidos de los labradores colindantes para robarles una parte de riego

«Ya no tenía dinero para salir de apuros; sólo contaba con lo que produjesen los campos. Y completamente solo, ocultando a la familia su situación, teniendo que sonreír cuando estaba entre su mujer y sus hijas, las cuales le recomendaban que no se esforzase tanto, el pobre Barret se entreizó a la más disparatada locura del trabajo. 

Olvidó el sueño. Parecíale que sus hortalizas crecían con menos rapidez que las de los vecinos; quiso él solo cultivar todas las tierras; trabajaba de noche a tientas; el menor nubarrón de granizo le ponía fuera de sí, trémulo de miedo; y él, tan bondadoso, tan honrado, hasta se aprovechaba de los descuidos de los labradores colindantes para robarles una parte de riego».

La barraca

Vicente Blasco Ibañez


Guarda de acequia descansando

Estampa. 29 de junio de 1935

lunes, 6 de febrero de 2017

El Tribunal de las Aguas iba a reunirse

«Era jueves, y, según una costumbre que databa de siglos, el Tribunal de las Aguas iba a reunirse en la puerta de los Apóstoles de la catedral de Valencia. 

El reloj de la torre llamada el Miguelete señalaba poco más de las diez, y los huertanos juntábanse a corrillos o tomaban asiento en los bordes del tazón de la fuente que adorna la plaza, formando en torno al vaso una animada guirnalda de mantas azules y blancas, pañuelos rojos y amarillos o faldas de indiana de colores oscuros.»

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Tribunal de las Aguas


http://valenciablancoynegro.blogspot.com.es/