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viernes, 7 de febrero de 2025

Y en el Palmar viesen a los Palomas recoger muchos sacos de arroz

«El tío Tono demostró su gratitud por este arrepentimiento desarrugando el ceño y dirigiendo algunas palabras a su hijo.

Lo sabía todo. Las cosas ocurrían tal como él las anunciaba. Tonet no había procedido como un Paloma, y el padre sufrió mucho oyendo lo que se decía de él. Le hería dolorosamente ver a su hijo viviendo a costa del tabernero y robándole además la mujer.

—¡Mentira… mentira! —contestaba el Cubano con la ansiedad del culpable—. ¡Son calumnies…!

Mejor: el tío Tono celebraba que fuese así. Lo importante era haber salido del peligro. Ahora a trabajar, a ser hombre honrado, a ayudar al padre en la tarea de enterrar sus charcas. Cuando éstas se convirtiesen en campos y en el Palmar viesen a los Palomas recoger muchos sacos de arroz, ya encontraría Tonet una compañera. Podría escoger entre todas las muchachas de los pueblos inmediatos. A un rico nadie le contesta negativamente».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Molino arrocero Roca

Calle Guillem de Castro


jueves, 15 de agosto de 2024

¿Por qué no estaba con su padre enterrando los campos...?

«Tonet, que con su pereza tanto había disgustado a su familia, se atrevió a darle consejos. ¿Por qué no trabajaba…?

Sangonera hizo un gesto de asombro. ¡También él…! ¡También el Cubano se permitía repetir los mismos consejos de los viejos del Palmar! ¿Le gustaba a él mucho el trabajo? ¿Por qué no estaba con su padre enterrando los campos, en vez de pasarse el día en casa de Cañamel al lado de Neleta, repantigado como un señor y bebiendo de lo más fino…?

El Cubano sonreía, no sabiendo qué contestar, y admiraba la lógica del ebrio al repeler sus consejos.

El vagabundo parecía enternecido por la copa que le había pagado Tonet. La calma del puerto, interrumpida a ratos por el martilleo de los calafates y el cloquear de las gallinas, excitaba su locuacidad, impulsándola a las confidencias».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"


viernes, 9 de agosto de 2024

Algunos carros cargados de arroz se alejaban, chirriando, con dirección a los grandes molinos

«En la puerta de la taberna cosían dos mujeres. Más allá alzábase una choza de paja, donde estaba el peso de la Comunidad de Catarroja. Una mujer con una balanza formada por dos espuertas pesaba las anguilas y tencas que desembarcaban los pescadores, y terminado el peso, arrojaba una anguila en una gran cesta que conservaba a su lado. Era el tributo voluntario de la gente de Catarroja. El producto de esta sisa servía para costear la fiesta de su patrón San Pedro. Algunos carros cargados de arroz se alejaban, chirriando, con dirección a los grandes molinos».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Molino de arroz en Guillem de Castro

Valencia en blanco y negro

Editorial Tívoli

Subida por Alberto Alos ♰ a VAHG

sábado, 3 de agosto de 2024

Los grandes laúdes venían de las eras cargados de arroz

«A la mañana siguiente, el barquero y la tabernera emprendieron el viaje. Tonet iría a esperarles en el puerto de Catarroja a la caída de la tarde, para cargar en su barca la provisión de hilo.

Aún estaba muy alto el sol cuando el Cubano entró a toda vela por el canal que penetraba en tierra firme con dirección a dicho pueblo. Los grandes laúdes venían de las eras cargados de arroz, y al pasar por el canal, el agua que desplazaban con sus panzas formaba tras la popa un oleaje amarillo, que invadía los ribazos y alteraba la tranquilidad cristalina de las acequias afluentes».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Recolección del arroz

Todocolección

sábado, 16 de marzo de 2024

Las Fallas según Blasco Ibáñez. 10

«La falla se derrumbó con todo su armazón medio carbonizado, y un torbellino de chispas y pavesas se elevó hasta más arriba de los tejados. El enorme brasero daba a la plaza una temperatura de horno, tiñéndolo todo de color de sangre. La gente, tostada, con las ropas humeantes, retirábase a las inmediatas calles; los de los pisos bajos cerraban las puertas, huyendo de aquella atmósfera ardiente que abrasaba los ojos y esparcía por la piel intolerable picazón, y en los balcones las vidrieras se cerraban, y los cristales flojos, caldeados por el ambiente abrasador, saltaban con estrépito.

Más de media hora ardió con toda su fuerza el informe montón de leños ennegrecidos, que al carbonizarse se cubrían de rojas escamas. Algunos maderos estaban erizados de innumerables y pequeñas llamas, como si fuesen cañerías de gas.

La muchedumbre se alejaba, con la esperanza de ver algo en las otras fallas. La temperatura bajaba, el incendio iba achicándose, la frescura de la noche penetraba en la plazuela, y balcones y puertas volvían a abrirse.

La falla seguía ardiendo, con sus estallidos de leña vieja, que sonaban como tiros».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


La primera representación gráfica de las fallas

 Viñeta publicada en el “Calendario pintoresco, profético, astrológico y lunático del Reino de Valencia”, año 1860

Alude y critica la moda del miriñaque, tan usado en aquella  época

http://enateneo.blogspot.com/2013/03/antiguas-fallas-en-valencia-parte-i.html

jueves, 15 de septiembre de 2022

Con la hoz en la mano y el saco de ropa a la espalda

«En la época de la siega del arroz, cuando miles de hombres llegaban a la Albufera de todos los extremos de la provincia, atraídos por los grandes jornales que ofrecían los propietarios faltos de brazos, Tonet se reconciliaba momentáneamente con la vida en aquel rincón del mundo. Veía caras nuevas, hacía amigos, encontraba una rara alegría en estos vagabundos que, con la hoz en la mano y el saco de ropa a la espalda, iban de un punto a otro trabajando mientras lucía el sol, para emborracharse así que llegaba la noche».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Siega del arroz

Bivaldi

domingo, 17 de octubre de 2021

Metido en el barro de los arrozales, entre sanguijuelas y sapos

«Cuando desistió el tío Paloma de la ruda educación de su nieto, éste respiró.

Se aburría acompañando a su padre a las tierras del Saler, y pensaba con inquietud en su porvenir viendo al tío Tono metido en el barro de los arrozales, entre sanguijuelas y sapos, con las piernas mojadas y el busto abrasado por el sol».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


La Albufera. Plantación de arroz

https://quinalafem.blogspot.com/2017/03/1665-all-i-pebre-albuferenc.html


viernes, 1 de octubre de 2021

La Albufera la transformaban los hombres con sus cultivos

«Todo cambiaba en aquel mundo del que jamás había salido el viejo. La Albufera la transformaban los hombres con sus cultivos y desfigurábanse las familias, como si las tradiciones del lago se perdiesen para siempre. Los hijos de los barqueros se hacían siervos de la tierra; los nietos levantaban el brazo armado de piedras contra sus abuelos; en el lago se veían barcazas cargadas de carbón; los campos de arroz se extendían por todas partes, avanzaban en el lago, tragándose el agua, y roían la selva, trazando grandes claros en ella. ¡Ay, Señor! ¡Para ver todo aquello, para presenciar la destrucción de un mundo que él consideraba eterno, más valía morirse!»

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



La recolección del arroz

Cortesía de José Navarro Escrich

jueves, 26 de agosto de 2021

Con las grandes barcazas que venían de la parte del Saler

«Pero Tono contestó con gruñidos de mal humor, manifestando su propósito de seguir adelante, y el viejo volvió a sumergirse en su odio silencioso. ¡Ah, el testarudo…! Desde entonces deseó toda clase de calamidades para las tierras del hijo, como un medio de domar su orgullosa resistencia. Nada preguntaba en casa, pero al cruzarse su barquichuelo en el lago con las grandes barcazas que venían de la parte del Saler, se enteraba de la marcha de la cosecha y sentía cierta satisfacción cuando le anunciaban que el año sería malo. Su testarudo hijo iba a morir de hambre. Aún tendría que pedirle de rodillas, para comer, la llave del antiguo vivero con la montera de paja desfondada que tenía junto al Palmar».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Transporte del arroz

La Albufera

?

sábado, 31 de agosto de 2019

Había que fijarse en las ventajas del cultivo del arroz: poco trabajo y gran provecho

«No; él se rebelaba; quería sacar a la familia de su miserable postración; trabajar, no sólo para comer, sino para el ahorro. Había que fijarse en las ventajas del cultivo del arroz: poco trabajo y gran provecho. Era una verdadera bendición del cielo; nada en el mundo daba más. Se planta en junio y se recolecta en septiembre; un poco de abono y otro poco de trabajo; total, tres meses; se coge la cosecha, las aguas del lago, hinchadas por las lluvias del invierno, cubren los campos, y ¡hasta el año siguiente! La ganancia se guarda, y en los meses restantes se pesca a la luz del sol y se caza ocultamente para mantener la familia. ¿Qué más podía desear…? El abuelo había sido un pobre, y después de una vida de perro sólo logró construir aquella barraca, donde vivían eternamente ahumados. Su padre, a quien tanto respetaba, no había conseguido guardar un mendrugo para la vejez. Que le dejasen a él trabajar a gusto, y su hijo, el pequeño Tonet, sería rico, cultivaría campos cuyos límites se perderían de vista, y sobre el solar de la barraca tal vez se levantase con el tiempo una casa mejor que todas las del palmar. Hacía mal su padre en indignarse porque sus descendientes cultivaban la tierra. Más valía ser labrador que vivir errante en el lago, pasando hambre muchas veces y exponiéndose a recibir el balazo de un guarda de la Dehesa».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


Campo de trilla. La Albufera

Nuevo Mundo. 16 de diciembre de 1927


viernes, 23 de agosto de 2019

Que Tono había tomado en arriendo, cerca del Saler, ciertas tierras de arroz propiedad de una señora de Valencia

«Pero antes de que le salieran los dientes, lo que ocurrió para el tío Paloma fue el hecho más inesperado de su vida. Le dijeron en la taberna que Tono había tomado en arriendo, cerca del Saler, ciertas tierras de arroz propiedad de una señora de Valencia; y cuando por la noche abordó a su hijo, quedó estupefacto viendo que no negaba el crimen».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


La "fanguechá"

https://lavalldesegoblog.wordpress.com/

miércoles, 21 de agosto de 2019

¡Habría que ver a un hijo suyo, a un Paloma , convertido en «labrador»…!

«Iban a cultivarlo todo; echaban tierra y más tierra sobre el lago. Por poco que él viviese, aún había de ver cómo la última anguila, falta de espacio, se marchaba moviendo el rabo por la boca del Perelló, desapareciendo en el mar. ¡Y Tono metido en esta obra de piratas! ¡Habría que ver a un hijo suyo, a un Paloma , convertido en «labrador»…! Y el viejo reía, como si imaginase un suceso irrealizable».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Plantando el arroz

La Albufera

https://quinalafem.blogspot.com/

viernes, 12 de julio de 2019

Trabajar todo el día con barro a la cintura

«Esta tarea de trabajar en el barro, de martirizar los campos, correspondía a los forasteros, a los que vivían lejos de la Albufera. Los hijos del lago estaban libres de tal esclavitud. Por algo les había puesto Dios junto a aquella agua que era una bendición. En su fondo estaba la comida, y era un disparate, una vergüenza, trabajar todo el día con barro a la cintura, las piernas comidas de sanguijuelas y la espalda tostada por el sol, para coger unas espigas que, finalmente, no eran para ellos. ¿Iba su hijo a hacerse «labrador»…? Y al formular esta pregunta, el viejo metía en sus palabras todo el asombro, la inmensa extrañeza de un eco inaudito, como si hablase de que algún día la Albufera podía quedarse en seco».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


Plantando el arroz. La Albufera

Todocolección

jueves, 11 de julio de 2019

Despreciaba el lago para buscar la vida en los campos

«Con esta satisfacción coincidió un disgusto. Su hijo parecía olvidar las tradiciones de la familia. Despreciaba el lago para buscar la vida en los campos, y en septiembre cuando recogían el arroz y los jornales se pagaban caros, abandonaba la barca, haciéndose segador, como muchos otros que excitaban la indignación del tío Paloma»

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


Siembra del arroz en La Albufera

http://vicenticoaa.blogspot.com.es/2014/07/

miércoles, 29 de mayo de 2019

En toda la inmensa extensión cubierta de arrozales y naranjos. Vídeo

«Desde Valencia hasta Játiva, en toda la inmensa extensión cubierta de arrozales y naranjos que la gente valenciana encierra bajo el vago título de la Ribera , no había quien ignorase el nombre de Brull y la fuerza política que significaba».

Entre naranjos

Vicente Blasco Ibáñez



L'arròs

sábado, 24 de febrero de 2018

Los dioses sólo se alimentaban con arroz abanda

«Ulises asentía a las reflexiones del cocinero, llevándose a la boca la primera cucharada con gesto interrogante… Luego sonreía, sumiéndose en gastronómica embriaguez. «¡Magnífico, tío Caragol !». Su buen humor le hacía afirmar que los dioses sólo se alimentaban con arroz abanda en su hotel del Olimpo. Lo había leído en los libros. Y Caragol , presintiendo en esto un elogio, contestaba gravemente: «Así es, mi capitán». Toni y los otros oficiales masticaban con la cabeza baja, interrumpiéndose únicamente para lamentar que el viejo se hubiese quedado corto al medir la ambrosía».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez


Pescadería del Mercado Central. 1972

Subida por Carlos Iborra a VAHG

lunes, 1 de enero de 2018

La Navidad según Blasco Ibáñez. 21

«La humeante sopera descansó en el centro de la mesa, con el cucharón de plata metido en las entrañas, y rápidamente se llenaron los platos. ¡Soberbia sopa! Flotaban en su superficie las lunas de grasa, y entre las rebanaditas de pan impregnadas de suculento líquido, los menudillos de la gallina, las tiernas yemas de color de ámbar y los negruzcos hígados, que se deshacían al entrar en la boca. Todos comían con apetito, especialmente don Juan, que, a pesar de su sobriedad de avaro, era un tragón terrible al entrar en mesa ajena

Rafael, en cuatro cucharadas, se tragó su ración, poniéndose al nivel de los demás cuando salió el cocido, dos fuentes magníficas, que exhalaban un vaho consolador, un tufillo alimenticio que se colaba hasta el fondo del estómago. En la una, las patatas amarillentas, los reventones garbanzos sacando fuera del estuche de piel su carne rojiza, la col, que se deshacía como manteca vegetal, los nabos blancos y tiernos, con su olorcillo amargo; y en la otra fuente las grandes tajadas de ternera, con su complicada filamenta y su brillante jugo; el tocino temblón como gelatina nacarada; la negra morcilla reventando, para asomar sus entrañas al través de la envoltura de tripa; y el escandaloso chorizo, demagogo del cocido, que todo lo pinta de rojo, comunicando al caldo el ardor de un discurso de club.

¡Hola! Ya se presentaba la gallina del puchero. ¿Que quién la parte? Juanito mismo.

Y el buen muchacho, obediente a la voz de su tío, púsose en pie, y empuñando un enorme tenedor y el afilado trinchante, hizo una carnicería que elevó protestas. Doña Manuela le miró severamente. Pero ¡cuán desmañado era!

Don Juan intervino, viendo que su sobrino se conmovía:

--Vaya, otra vez lo hará mejor el chico, ahora... a lo que estamos.

Y pasaron a los platos los trozos de la gallina: la jugosa pechuga, el cuello cartilaginoso, los melosos muslos y el armazón chorreando grasa, que chupaba doña Manuela con un regodeo de gata golosa».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Puesto de aves en el Mercado Central de Valencia

La Semana Gráfica. 27 de diciembre de 1930

martes, 12 de septiembre de 2017

Alma valenciana. Segunda parte

«"La tierra quiere ser amada", dice Michelet, y la tierra valenciana, dividida en pequeñas parcelas, teniendo sobre sí, a todas horas, una familia que necesita sacar su sustento de reducida superficie, se ve peinada, acicalada y nutrida con infinito cariño. El estiércol la alimenta y vigoriza a cada nueva cosecha; el arado la revuelve apenas se endurece, formando costras; las yerbecillas de espontánea germinación son arrancadas así que asoman, y el agua rojiza que circula por la complicada red arterial de las acequias, refresca y alisa su superficie antes de que el sol la caldee y resquebraje. Así se realiza el milagro de que una población de las más densas de España viva desahogadamente, sin miseria, en tan reducido espacio. El jornalero apenas existe. Cada uno cultiva su campo, como los ciudadanos de las antiguas repúblicas».

Alma valenciana

Vicente Blasco Ibáñez


Siembra del arroz en La Albufera. 1960

http://vicenticoaa.blogspot.com.es/2014/07/

jueves, 24 de agosto de 2017

Cada vez se cultivaba más arroz en las orillas del lago. Vídeo

«Tono, por primera vez en la vida, osaba oponerse a las palabras de su padre. Pescaría, como siempre, el resto del año. Pero ahora era casado, las atenciones de la casa resultaban mayores, y sería una imprudencia despreciar los magníficos jornales de la siega. A él le pagaban mejor que a los otros, por su fuerza y su asiduidad en el trabajo. Los tiempos había que tomarlos como venían; cada vez se cultivaba más arroz en las orillas del lago, las antiguas charcas se cubrían de tierra, los pobres se hacían ricos, y él no era tan tonto que perdiese su parte en la nueva vida».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez