Mostrando entradas con la etiqueta Torres de Serranos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Torres de Serranos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de junio de 2026

Se detuvo en el fielato de Consumos para tomar su resguardo

«La avalancha de gente laboriosa que se dirigía a Valencia llenaba los puentes. Pepeta pasó entre los obreros de los arrabales que llegaban con el saquito del almuerzo pendiente del cuello; se detuvo en el fielato de Consumos para tomar su resguardo —unas cuantas monedas que todos los días le dolían en el alma—, y se metió por las desiertas calles, que animaba el cencerreo de la Rocha con un badajeo de melodía bucólica, haciendo soñar a los adormecidos burgueses con verdes prados y escenas idílicas de pastores».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Puente de Serranos, a la derecha el fielato

sábado, 25 de mayo de 2024

El Corpus según Blasco Ibáñez. 03

«Y seguían detrás las dansetes, escuadrones de pillería disfrazada con mugrientos trajes de turcos y catalanes, indios y valencianos, sonando roncos panderos e iniciando pasos de baile; las banderas de los gremios, trapos gloriosos con cuatro siglos de vida, pendones guerreros de la revolucionaria menestralía del siglo XVI; la sacra leyenda, tan confusa como conmovedora, de la huida a Egipto; los Pecados capitales, con estrambóticos trajes de puntas y colorines, como bufones de la Edad Media, y al frente de ellos la Virtud, bautizada con el estrambótico nombre de la "Moma"; los Reyes Magos, haciendo prodigios de equitación; heraldos a caballo; jardineros municipales a pie, con grandes ramos; carrozas triunfales, todo revuelto, trajes y gestos, como un grotesco desfile de Carnaval, y alegrado por el vivo gangueo de las dulzainas, el redoble de los tamboriles y el marcial pasacalle de las bandas.

Detrás, presidiendo la comitiva, como muda invitación hecha al público para asociarse a la fiesta, iban en las carrozas municipales media docena de señores de frac, tendidos en los blasonados almohadones, llevando sobre el vientre, como emblema concejil, la roja cincha y saludando al público con un sombrerazo protector.

—¡Atrás, niñas!—dijo doña Manuela a sus hijas—. ¡Atrás, que vienen esos brutos!

Los brutos eran los de la "degolla": un pelotón de gañanes con la cara tiznada, gabanes de arpillera con furias pintadas, y coronados de hierba, que cerraban la marcha, repartiendo zurriagazos entre los curiosos que ocupaban la primera fila con sus garrotes de lienzo, más ruidosos que ofensivos».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



La procesión de la Degolla saliendo de la casa de les Roques en la plaza dels Furs. Circa 1930

Tivoli

Cortesía de José Navarro Escrich

martes, 29 de agosto de 2023

La huerta quedaba sin autoridad, pero tranquila

«El trueno conmovió toda la huerta, despertando una tempestad de gritos y ladridos. Sento vio un abanico de chispas, sintió quemaduras en la cara; la escopeta se le fue y agitó las manos para convencerse de que estaban enteras. De seguro que el amigo había reventado.

No vio nada en el horno: habrían huido, y cuando él iba a escapar también, se abrió la puerta de la barraca y salió Pepeta en enaguas, con un candil. La había despertado el trabucazo y salía impulsada por el miedo, temiendo por su marido que estaba fuera de casa.

La roja luz del candil, con sus azorados movimientos, llegó hasta la boca del horno.

Allí estaban dos hombres en el suelo, uno sobre otro, cruzados, confundidos, formando un solo cuerpo, como si un clavo invisible los uniese por la cintura, soldándolos con sangre.

No había errado el tiro. El golpe de la vieja escopeta había sido doble.

Y cuando Sento y Pepeta, con aterrada curiosidad, alumbraron los cadáveres para verles las caras, retrocedieron con exclamaciones de asombro.

Eran el tío Batiste, el alcalde, y su alguacil el Sigró.

La huerta quedaba sin autoridad, pero tranquila».

Golpe doble

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



El alcalde y el alguacil

Tipos del siglo pasado

Todocolección

viernes, 30 de abril de 2021

Los humeantes rastros que dejaban los caballos sobre los adoquines

«Y fortalecido por tan consoladoras advertencias, el pobre chico entró en la ciudad, buscando los callejones más solitarios y tortuosos, mirando con codicia los humeantes rastros que dejaban los caballos sobre los adoquines, sin atreverse a meter en su espuerta tales riquezas por miedo de agacharse y sentir en el hombro la mano de un sayón con quepis. 

Aquello forzosamente había de acabar mal». 

El femater
 
Cuentos valencianos
 
Vicente Blasco Ibáñez



Puente y Torres de Serranos en 1892

Tranvía a Tavernes Blanques

http://torresdevalencia.blogspot.com/2010/01/ 

 

domingo, 10 de enero de 2021

Y la tartana se alejó dando tumbos

«El pequeño, pálido, casi exánime, echando sangre y más sangre por entre la faja, fue llevado por sus hermanos a la tartana, que aguardaba cerca de la alquería, que trajo por la mañana todo el arreglo de la paella. 

—¡Arrea, tartanero!... ¡Al hospital! Donde van los hombres cuando están en desgracia. 

Y la tartana se alejó dando tumbos que arrancaban al herido rugidos de dolor».

Guapeza valenciana

Cuentos valencianos
 
Vicente Blasco Ibáñez
 

 
Torres de Serranos
 
Todocolección

 
 
 

 

 

jueves, 16 de julio de 2020

Y triunfalmente, siguió el camino de la cárcel

«Cuando pasó ante el cafetín saludó con altivez a sus amigotes, que, asombrados, como si no hubiesen presenciado el suceso, le preguntaban qué había hecho. 

—¡Res: coses d'homens!

Y contento con su suerte, erguido y triunfalmente, siguió el camino de la cárcel, acogiendo el infeliz las miradas de la curiosidad con la prosopopeya de la estupidez satisfecha».

¡Cosas de hombres! 

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez


Trasera de las Torres de Serranos tapadas en su función de cárcel . 1893

Subida por Pilar Martínez Olmos a VAHG

jueves, 1 de agosto de 2019

O las de los guardias de Consumos sentados ante sus garitas

«Ya no creía en su madre. La fe se había rasgado en él como una virginidad irreparable. Le nacía daño el canto infantil, y para no llorar salió rápidamente del paseo, siguiendo el pretil del río.

Caminando junto a la carretera polvorienta, sin ver otras caras que las de los carreteros que marchaban perezosamente tras sus vehículos, o las de los guardias de Consumos sentados ante sus garitas, Juanito se encontraba mejor. No tenía miedo, como el poeta, a encontrarse con su dolor a solas, y caminaba por aquel lugar poco frecuentado, saboreando con gozo cruel el hondo pesar que, de vez en cuando, estallaba en ruidosos suspiros».

Arroz y Tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Puente de Serranos, a la derecha el fielato

https://valenciablancoynegro.blogspot.com/2015/02/al-mercado.html

lunes, 12 de noviembre de 2018

Veíanse los rebaños de toros

«Junto a las corrientes de agua, en el centro del cauce y en las riberas, que la humedad había cubierto de una débil capa de césped, trotaban las manadas de potros sin domar, al aire la luenga crin, arrastrando la cola por el suelo. Más allá de los puentes, al través de sus arcos de piedra, veíanse los rebaños de toros, con las patas encogidas, rumiando tranquilamente la hierba que les arrojaban los pastores, o andando perezosamente por el suelo abrasado, sintiendo nostalgia de las frescas dehesas, plantándose fieramente cada vez que los chicuelos les silbaban desde los pretiles».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Manada de toros pastando en el lecho del Turia bajo el Puente y Torres de Serranos

Subida por Juan David Forner a VAHG

jueves, 8 de noviembre de 2018

Subían los relinchos y las voces desde el fondo del cauce

«Las once. El mercado debía de estar en su mayor animación. Llegaba hasta Batiste el confuso rumor de un hervidero invisible; subían los relinchos y las voces desde el fondo del cauce. Dudaba, permanecía quieto, como el que desea retrasar el momento de una resolución importante, y, al fin, se decidió a bajar al mercado».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Feria de ganado en el río Turia. Circa 1920

Todocolección

jueves, 19 de enero de 2017

Y se metió en la ciudad por la puerta de Serranos

«Batiste fué afeitado con bastante suerte, mientras escuchaba, hundido en el sillón de esparto y teniendo los ojos entornados, la lectura del maestro, hecha con voz nasal y monótona, sus comentarios y glosas de hombre experto en la cosa pública. No sacó más que tres raspaduras y un corte en la oreja. Otras veces había sido más. Dió su medio real, y se metió en la ciudad por la puerta de Serranos.»

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Calle Serranos a través de las puertas de las Torres de Serranos, al fondo la torre de San Bartolomé

juanansoler.blogspot.com.es/


jueves, 12 de enero de 2017

Se detuvo Batiste

«Al extremo del puente, en una planicie entre dos jardines, frente a las ochavadas torres que asomaban sobre la arboleda sus arcadas ojivales, sus barbacanas y la corona de sus almenas, se detuvo Batiste...»

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Las Torres de Serranos

Todocolección