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domingo, 2 de noviembre de 2025

Sosteniendo el blanco y ligero altar sobre el cual iba el pobre albaet, acostado en su ataúd

«Emprendieron la marcha los chicuelos, llevando en alto grandes ramos de albahaca. Don Joaquín sabía hacer bien las cosas. Después, rompiendo el gentío, aparecieron las cuatro doncellas sosteniendo el blanco y ligero altar sobre el cual iba el pobre albaet, acostado en su ataúd, moviendo la cabeza con ligero vaivén, como si se despidiese de la barraca.

Los músicos rompieron a tocar un vals juguetón y alegre, colocándose detrás del féretro, y después de ellos abalanzáronse por el camino, formando apretados grupos, todos los curiosos.

La barraca, vomitando lejos de ella su digestión de gentío, quedó muda, sombría, con ese ambiente lúgubre de los lugares por donde acaba de pasar la desgracia».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Ilustración de José Benlliure para "La Barraca"

La Esfera. 10 de enero de 1931

domingo, 11 de agosto de 2024

Pasándole el porrón a cada bocado y riendo sus chuscadas

«Había visto a Tonet desde su escondrijo y lo llamó, sin abandonar por esto su magnífica posición. Su cuerpo se había acomodado perfectamente en la paja, y no era caso de perder el molde… Después explicó por qué estaba allí. Había comido en la taberna con unos carreteros excelentes personas, que le dieron unos mendrugos, pasándole el porrón a cada bocado y riendo sus chuscadas. Pero el tabernero, igual a todos los de su clase, apenas se fueron los parroquianos le había puesto en la puerta, sabiendo que por propia cuenta nada podía pedir. Y allí estaba matando al tiempo, que es el enemigo del hombre… ¿Había amistad entre ellos o no? ¿Era capaz de convidarle a una copa?».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Palique y trago. 1878

José Benlliure Gil

lunes, 23 de enero de 2023

O merendaban formando corro alrededor de las mesillas

«Batiste, después de mirar furtivamente desde la puerta al tabernero, que con la ayuda de su mujer y un criado despachaba a los parroquianos, volvió a la plazoleta. Allí se agregó a un corrillo de viejos que discutían sobre cuál de los tres sostenedores de la apuesta se mostraba más sereno.

Muchos labradores, cansados de admirar a los tres guapos, jugaban por su cuenta o merendaban formando corro alrededor de las mesillas. Circulaba el porrón, soltando su rojo chorrillo, que levantaba un tenue glu—glu al caer en las abiertas bocas; obsequiábanse unos a otros con puñados de cacahuetes y altramuces. En platos cóncavos de loza servían las criadas de la taberna las negras y aceitosas morcillas, el queso fresco,  las aceitunas partidas, con su caldo, en el que flotaban olorosas hierbas; y sobre las mesas veíase el pan de trigo nuevo, los rollos de rubia corteza, mostrando en su interior la miga morena y suculenta de la gruesa harina de la huerta».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Palique y trago. 1878

José Benlliure Gil

sábado, 21 de enero de 2023

Pero con una gorra de orejeras encasquetada en pleno estío sobre su rostro enorme

«Batiste, escudriñando la taberna, se fijó en el dueño, hombrón despechugado, pero con una gorra de orejeras encasquetada en pleno estío sobre su rostro enorme, mofletudo, amoratado. Era el primer parroquiano de su establecimiento: jamás se acostaba satisfecho si no había bebido en sus tres comidas medio cántaro de vino.

Por ello, sin duda, apenas si llamaba su atención esta apuesta que tan alborotada traía a la vega entera.

Su mostrador era una atalaya desde la cual, como experto conocedor, vigilaba la borrachera de sus parroquianos. Que nadie alardease de guapo dentro de su casa, pues antes de hablar ya había echado mano él a una porra que tenía bajo el mostrador, especie de as de bastos, al que le temblaban Pimentó y todos los valentones del contorno... En su casa, nada de reyertas. ¡A matarse, al camino! Y cuando se abrían las navajas y se enarbolaban taburetes en noche de domingo, Copa, sin hablar palabra ni perder la calma, surgía entre los combatientes, agarraba del brazo a los más bravos, los llevaba en vilo hasta la carretera, y, atrancando la puerta por dentro, empezaba a contar tranquilamente el dinero del cajón antes de acostarse, mientras afuera sonaban los golpes y los lamentos de la riña reanudada. Todo era asunto de cerrar una hora antes la taberna; pero dentro de ella jamás tendría la Justicia quehacer alguno mientras estuviese él detrás del mostrador».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Ilustración de José Benlliure para "La barraca"

viernes, 13 de enero de 2023

Junto a la puerta principal estaba el mostrador, mugriento y pegajoso

«Junto a la puerta principal estaba el mostrador, mugriento y pegajoso; detrás de él, la triple fila de pequeños toneles, coronada por almenas de botellas conteniendo los diversos e innumerables líquidos del establecimiento. De las vigas, como bambalinas grasientas, colgaban pabellones de longanizas y morcillas o ristras de pequeños pimientos rojos y puntiagudos como dedos de diablo, y rompiendo la monotonía de tal decorado, algún jamón rojo y borlones majestuosos de chorizos.

El regalo para los paladares delicados estaba en un armario de turbios cristales, junto al mostrador. Allí, las estrellas de pastaflora, las tortas de pasa, los rollos escarchados de azúcar. las magdalenas, todo con cierto tonillo oscuro y motas sospechosas que denunciaban antigüedad, y el queso de Murviedro, tierno, fresco, de suave blancura, en piezas como panes, destilando todavía suero».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



La tertulia. 1890

José Benlliure Gil

Óleo

Colección Vicente Fuster



miércoles, 16 de noviembre de 2022

Con la reluciente mantilla

«En todas las casas se observaba rigurosamente la fiesta del domingo, y como había cosecha reciente y no poco dinero, nadie pensaba en contravenir el precepto. No se veía un solo hombre trabajando en los campos, ni una caballería en los caminos. Pasaban las viejas por las sendas con la reluciente mantilla sobre los ojos y una silleta en un brazo, como si tirase de ellas la campana que volteaba lejos, muy lejos, sobre los tejados del pueblo».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Ilustración de José Benlliure para "La barraca"


lunes, 3 de octubre de 2022

Los músicos rompieron a tocar un vals juguetón y alegre

«Emprendieron la marcha los chicuelos, llevando en alto grandes ramos de albahaca. Don Joaquín sabía hacer bien las cosas. Después, rompiendo el gentío, aparecieron las cuatro doncellas sosteniendo el blanco y ligero altar sobre el cual iba el pobre albaet, acostado en su ataúd, moviendo la cabeza con ligero vaivén, como si se despidiese de la barraca.

Los músicos rompieron a tocar un vals juguetón y alegre, colocándose detrás del féretro, y después de ellos abalanzáronse por el camino, formando apretados grupos, todos los curiosos.

La barraca, vomitando lejos de ella su digestión de gentío, quedó muda, sombría, con ese ambiente lúgubre de los lugares por donde acaba de pasar la desgracia».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Ilustración de José Benlliure para "La Barraca"

La Esfera. 10 de enero de 1931

martes, 28 de junio de 2022

Había probado todos los líquidos que se beben en la Albufera

«El hambre de placeres se despertaba en él, rabiosa y dominadora. Jugaba en la taberna hasta que Cañamel lo ponía en la puerta a media noche; había probado todos los líquidos que se beben en la Albufera, incluso la absenta pura que traen los cazadores de la ciudad para mezclarla con el agua hedionda del lago, y más de una noche, al tenderse en su camastro de la barraca, los ojos del padre le habían seguido con expresión severa, percibiendo su paso inseguro y su respiración jadeante de alcoholizado. El abuelo protestaba con palabras de indignación. Santo y bueno que le gustase el vino; al fin vivían eternamente sobre el agua, y el buen barquero debe conservar la panza caliente… ¿Pero bebidas "compuestas"…? ¡Así empezó el viejo Sangonera!»

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


La tertulia. 1890

José Benlliure Gil

Óleo

Colección Vicente Fuster

domingo, 15 de mayo de 2022

El melancólico campanilleo sonaba ahora junto a él

«El melancólico campanilleo sonaba ahora junto a él, y empezaron a pasar por el camino bultos informes, que su vista, turbia por las lágrimas, no acertaba a definir. Sintió que le tocaban con la punta de un palo; y, levantando la cabeza, vió una escueta figura, una especie de espectro que se inclinaba hacia él.

Reconoció al tío Tomba: el único de la huerta a quien no debía ningún pesar.

El pastor, tenido por brujo, poseía la adivinación asombrosa de los ciegos. Apenas reconoció a Batiste pareció comprender toda su desgracia. Tentó con el palo la escopeta que estaba a sus pies, y volvió la cabeza, como si buscase en la oscuridad la barraca de Pimentó.

Hablaba con lentitud, con una tristeza reposada, como hombre acostumbrado a las miserias de un mundo del que pronto había de salir. Adivinó el llanto de Batiste.

—Fill meu!... Fill meu!...

Todo lo que ocurría ahora lo esperaba él, ¡hijo mío! Ya se lo había dicho el primer día que lo encontró instalado en las tierras malditas: "¡Le traerían desgracia!...".

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Ilustración de José Benlliure para "La barraca"


martes, 3 de mayo de 2022

O se sentaba en los taburetes de cuerda, ante las mesillas de pino

«Aquel mocito que aún no había cumplido los dieciocho años, y del que se hablaba mucho en el pueblo, tenía su escenario favorito, adonde corría apenas dejaba atracada en el canal la barca del padre o la del abuelo.

Era la taberna de Cañamel, un establecimiento nuevo del que se hacían lenguas en toda la Albufera. No estaba, como las otras tabernillas, instalada en una barraca de techo bajo y ahumado, sin más respiradero que la puerta. Tenía casa propia, un edificio que entre las barracas de paja parecía portentoso, con paredes de mampostería pintadas de azul, techo de tejas y dos puertas, una a la única calle del pueblo y otra al canal. El espacio entre las dos puertas estaba siempre lleno de cultivadores de arroz y de pescadores, gente que bebía de pie frente al mostrador, contemplando como hipnotizada las dos filas de rojos toneles, o se sentaba en los taburetes de cuerda, ante las mesillas de pino, siguiendo interminables partidas de brisca y de truque».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Palique y trago

Óleo. 47 x 60

José Benlliure y Gil

Museo del Prado

martes, 28 de julio de 2020

Hasta las devotas a la puerta de la iglesia murmuraban

«La gente estaba conforme en que el tío Sento había perdido la razón. Cuanto poseía antes de casarse y todo lo que había heredado de la siñá Tomasa iba a ser de Marieta, de aquella mosca muerta, que había conseguido turbarle de tal modo que hasta las devotas a la puerta de la iglesia murmuraban si la chica tendría hecho pacto con el Malo y habría dado al viejo polvos seguidores».

La cencerrada

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez



La salida de misa en Rocafort

José Benlliure Ortiz

viernes, 29 de mayo de 2020

El Corpus según Blasco Ibáñez. 06

«Y seguían detrás las dansetes, escuadrones de pillería disfrazada con mugrientos trajes de turcos y catalanes, indios y valencianos, sonando roncos panderos e iniciando pasos de baile; las banderas de los gremios, trapos gloriosos con cuatro siglos de vida, pendones guerreros de la revolucionaria menestralía del siglo XVI; la sacra leyenda, tan confusa como conmovedora, de la huida a Egipto; los Pecados capitales, con estrambóticos trajes de puntas y colorines, como bufones de la Edad Media, y al frente de ellos la Virtud, bautizada con el estrambótico nombre de la _Moma_; los Reyes Magos, haciendo prodigios de equitación; heraldos a caballo; jardineros municipales a pie, con grandes ramos; carrozas triunfales, todo revuelto, trajes y gestos, como un grotesco desfile de Carnaval, y alegrado por el vivo gangueo de las dulzainas, el redoble de los tamboriles y el marcial pasacalle de las bandas».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Personajes de la Procesión del Corpus

José Benlliure 

domingo, 2 de febrero de 2020

Sentados unos en los cuadrados taburetes de algarrobo

«La taberna sentíase halagada por la presencia de un huésped que llevaba tras sí la concurrencia, e iban entrando los admiradores a bandadas; no había bastantes manos para llenar porrones, esparcíase por el ambiente un denso olor de lana burda y sudor de pies, y a la luz del humoso quinqué veíase a la respetable asamblea, sentados unos en los cuadrados taburetes de algarrobo con asiento de esparto y otros en cuclillas en el suelo, sosteniéndose con fuertes manos las abultadas mandíbulas, como si éstas fueran a desprenderse de tanto reír».

Dimoni

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez


La tertulia. 1890

José Benlliure Gil

Óleo

 Colección Vicente Fuster

jueves, 31 de octubre de 2019

¡Si parecía dormido!

«¡Pobre Pascualet!... ¡Infeliz Obispillo! Con su guirnalda extravagante y su cara pintada estaba hecho un mamarracho. Más ternura dolorosa inspiraba su cabecita pálida, con el verdor de la muerte, caída en la almohada de su madre, sin más adornos que sus cabellos rubios. 

Pero todo esto no impedía que las buenas huertanas se entusiasmasen ante su obra. «¡Miradlo!... ¡Si parecía dormido! ¡Tan hermoso!, ¡tan sonrosado!...» Jamás se había visto un albaet como éste

Y llenaban de flores los huecos de su caja: flores sobre la blanca vestidura, flores esparcidas en la mesa, apiladas, formando ramos en los extremos. Era la vega entera abrazando el cuerpo de aquel niño que tantas veces había visto saltar por sus senderos como un pájaro, extendiendo sobre su frío cuerpo una oleada de perfumes y colores.»

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Ilustración de José Benlliure para La barraca

sábado, 8 de junio de 2019

El Corpus según Blasco Ibáñez. 07

«Y seguían detrás las dansetes, escuadrones de pillería disfrazada con mugrientos trajes de turcos y catalanes, indios y valencianos, sonando roncos panderos e iniciando pasos de baile; las banderas de los gremios, trapos gloriosos con cuatro siglos de vida, pendones guerreros de la revolucionaria menestralía del siglo XVI; la sacra leyenda, tan confusa como conmovedora, de la huida a Egipto; los Pecados capitales, con estrambóticos trajes de puntas y colorines, como bufones de la Edad Media, y al frente de ellos la Virtud, bautizada con el estrambótico nombre de la _Moma_; los Reyes Magos, haciendo prodigios de equitación; heraldos a caballo; jardineros municipales a pie, con grandes ramos; carrozas triunfales, todo revuelto, trajes y gestos, como un grotesco desfile de Carnaval, y alegrado por el vivo gangueo de las dulzainas, el redoble de los tamboriles y el marcial pasacalle de las bandas».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Personajes de la Procesión del Corpus

José Benlliure 

jueves, 16 de mayo de 2019

Les resultaba desabrido el vino de las tabernas

«En una de esas escapatorias fue cuando cometió el gran disparate, que costó a su madre un mes de llantos e innumerables alaridos. Tonet, con otros amigotes, sentó plaza en la marina de guerra. Estaban hastiados de la vida del Cabañal; les resultaba desabrido el vino de las tabernas».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Palique y trago. 1878

José Benlliure Gil

sábado, 16 de marzo de 2019

Las Fallas según Blasco Ibáñez. 09

«Aún era de día y ya se impacientaba la muchedumbre.

--¡Fueeego...! ¡fueeego...!--gritaban a coro los de la blusa blanca.

Los organizadores de la falla se resistían. Había que esperar a que cerrase la noche. Pero la muchedumbre estaba dominada por esa impaciencia que, entre la gente levantina, basta que sea manifestada por uno para que los demás se sientan contagiados.

--¡Fueeego..! ¡fueeego...!--seguían aullando de los cuatro lados de la plazoleta. Y de la desembocadura de un callejón sin adoquinar salió una pedrada certera, que dejó trémulo al monigote del centro, llevándosele medio tupé. Aplausos y carcajadas, y a los pocos minutos servían de blanco todos los bebés de la orquesta. Había que comenzar en, seguida. El cafetinero lo ordenaba a gritos desde su puerta, y los cofrades braceaban y se desgañitaban en torno de la falla pidiendo un poco de calma, mientras un compañero se introducía en el cuadrado de lienzo con dos botellas de petróleo. Cuando los biombos transparentaron una mancha roja que rápidamente se agrandaba entre incesante chisporroteo, la muchedumbre lanzó un «¡oh!» de satisfacción. Comenzaban a arder las esteras viejas, las sillas cojas y demás muebles recogidos en los desvanes del barrio y amontonados en el interior de la falla. El rojo resplandor iluminaba la parte baja de los figurones».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



El Cant de l'estoreta

José Benlliure

Cortesía de José Navarro Escrich

sábado, 27 de octubre de 2018

La feroz pillería lo había arrojado en una acequia

«Una tarde, la pobre mujer de Batiste apeló a gritos a Dios y a los santos viendo el estado en que llegaban sus pequeños. 

Aquel día la batalla había sido dura. ¡Ah los bandidos! Los dos mayores estaban magullados; era lo de siempre: no había que hacer caso. Pero el pequeñín, el Obispo, como cariñosamente le llamaba su madre, estaba mojado de pies a cabeza, y lloraba temblando de miedo y de frío. 

La feroz pillería lo había arrojado en una acequia de aguas estancadas, y de allí lo sacaron sus hermanos cubierto de légamo nauseabundo. 

Teresa lo acostó en su cama al ver que el pobrecito seguía temblando entre sus brazos, agarrándose a su cuello y murmurando con voz semejante a un balido: 

—Mare! Mare!... 

La madre reanudó sus lamentaciones. 

—¡Señor, dadnos paciencia! 

Toda aquella gentuza, grandes y chicos, se habían propuesto acabar con la familia».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Ilustración de José Benlliure para "La barraca"

miércoles, 24 de octubre de 2018

Era el rebaño del tío Tomba, que se aproximaba

«Algunas tardes oíase un melancólico son de esquilas, y toda la escuela se agitaba de contento. Era el rebaño del tío Tomba, que se aproximaba. Todos sabían que llegando el viejo con su ganado había un par de horas de asueto. 

Si parlanchín era el pastor, no le íba en zaga el maestro. Ambos emprendían una interminable conversación, y los discípulos abandonaban los bancos para oírlos de cerca o iban a jugar con las ovejas, que rumiaban la hierba de los ribazos cercanos. 

A don Joaquín le inspiraba gran simpatía el viejo. Había corrido mundo, tenía la deferencia de hablarle siempre en castellano, era entendido en hierbas medicinales, sin arrebatarle por esto sus clientes; en fin: que resultaba la única persona de la huerta capaz de alternar con él. 

La aparición era siempre igual. Primero llegaban las ovejas a la puerta dé la escuela, metían la cabeza, husmeaban, curiosas, e iban retirándose con cierto desprecio, convencidas de que allí no había más pasto que el intelectual, y valía poco. Después se presentaba el tío Tomba, caminando con seguridad por aquella tierra conocida pero con el cayado por delante, único auxilio de sus moribundos ojos».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez




Ilustración de José Benlliure para "La barraca"

martes, 23 de octubre de 2018

Dos por dos..., cuatro...

«A causa de esto, desde la mañana hasta el anochecer, la vieja barraca soltaba por su puerta una melopea fastidiosa, de la que se burlaban todos los pájaros del contorno. 

—Pa...dre nuestro, que... estás... en los cielos... 

—Santa... María... 

—Dos por dos..., cuatro... 

Y los gorriones, los pardillos y las calandrias, que huían de los chicos como del demonio cuando los veían en cuadrilla por los senderos, posábanse con la mayor confianza en los árboles inmediatos, y hasta se paseaban con sus saltadoras patitas frente a la puerta de la escuela, riéndose con escandalosos gorjeos de sus fieros enemigos al verlos enjaulados, bajo la amenaza de la caña, condenados a mirarlos de reojo, sin poder moverse y repitiendo un canto tan fastidioso y feo.

De cuando en cuando enmudecía el coro y sonaba, majestuosa, la voz de don Joaquín, soltando su chorro de sabiduría. 

—¿Cuántas son las obras de misericordia?... 

—Dos por siete, ¿cuántas son?... 

Y rara vez quedaba contento de las contestaciones. 

—Son ustedes unos bestias. Me oyen como si les hablase en griego. ¡Y pensar que los trato con toda finura, como en un colegio de la ciudad, para que aprendan ustedes buenas formas y sepan hablar como las personas!... En fin, tienen ustedes a quien parecerse: son tan brutos como sus señores padres, que ladran, les sobra dinero para ir a la taberna e inventan mil excusas para no darme el sábado los dos cuartos que me pertenecen».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Ilustración de José Benlliure para "La barraca"