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lunes, 30 de octubre de 2023

Sólo consiguieron mover la barca y que se deslizara algunos pasos

«—¡Presente, capitá!

Los lobos de mar, con su ídolo al frente, abriéronse paso para echar al mar una de las barcas. Rojos, congestionados por el esfuerzo, con el cuello hinchado por la rabia, sólo consiguieron mover la barca y que se deslizara algunos pasos. Irritados contra su vejez, intentaron un nuevo esfuerzo; pero la muchedumbre protestaba contra su locura, y cayó sobre ellos, desapareciendo los viejos arrebatados por sus familias.

—¡Dejadme, cobardes! ¡Al que me toque, lo mato!--rugía el capitán Llovet.

Pero por primera vez aquel pueblo, que le adoraba, puso la mano en él. Le sujetaron como a un loco, sordos a sus súplicas, indiferentes a sus maldiciones.

La barca, abandonada de todo auxilio, corría a la muerte dando tumbos sobre las olas. Ya estaba próxima a los peñascos, ya iba a estrellarse entre torbellinos de espuma, y aquel hombre que tanto había despreciado la vida del semejante, que había nutrido a los tiburones con tribus enteras y que llevaba un nombre aterrador como una leyenda lúgubre, revolvíase furioso, sujeto por cien manos, blasfemando porque no le dejaban arriesgar la existencia socorriendo a unos desconocidos, hasta que, agotadas sus fuerzas, acabó llorando como un niño».

Lobos de mar

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Playa de El Cabañal

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jueves, 31 de agosto de 2023

Comprándose una barca para pescar por cuenta propia

«A las dos de la mañana llamaron a la puerta de la barraca.

—¡Antonio! ¡Antonio!

Y Antonio saltó de la cama. Era su compadre, el compañero de pesca, que le avisaba para hacerse, a la mar.

Había dormido poco aquella noche. A las once todavía charlaba con Rufina, su pobre mujer, que se revolvía inquieta en la cama hablando de los negocios. No podían marchar peor. ¡Vaya un verano! En el anterior, los atunes habían corrido el Mediterráneo en bandadas interminables. El día que menos, se mataban doscientas o trescientas arrobas; el dinero circulaba como una bendición de Dios, y los que, como Antonio, guardaron buena conducta e hicieron sus ahorrillos, se emanciparon de la condición de simples marineros, comprándose una barca para pescar por cuenta propia».

En el mar

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Bendiciendo la barca. 1895

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 50,1 x 71

Museo de Bellas Artes de Asturias. Colección Masaveu. Oviedo

viernes, 13 de noviembre de 2020

Los carabineros del puesto más próximo estaban untados

«No había cuidado; los carabineros del puesto más próximo estaban untados y vigilaban para avisar si llegaba el jefe. A los que no había que perder de vista era a la tropa silenciosa que hacía la descarga, gente demasiado lista de manos que gustaba de aprovecharse del barullo, y creía aquello de quien roba a un ladrón, etc. No; pues de él no se reirían, ¡redeu! al primero que escondiera un fardo, le pegaba un tiro». 

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez

 
Esperando las barcas

Playa del Cabañal

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?p=68555811 


miércoles, 28 de agosto de 2019

En torno de un esqueleto de madera nueva

«Los calafates agitábanse mazo en mano en torno de un esqueleto de madera nueva, que parecía de lejos la osamenta de un monstruo prehistórico».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Calafates en la playa del Cabañal

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viernes, 16 de agosto de 2019

Consideraba el contrabando como la profesión más natural

«Y el honradote Retor, incapaz de faltar a lo que le previniese el alguacil del pueblo o el cabo de mar, reíase como un bendito al pensar en aquel alijo de tabaco que hacía tiempo le danzaba en la cabeza, y le parecía ver ya sobre la arena los fardos de lona embreada. Como buen hijo de la costa, recordando las hazañas de sus mayores, consideraba el contrabando como la profesión más natural y honrada para un hombre aburrido de la pesca».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Esperando la llegada de las barcas del bou

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miércoles, 14 de agosto de 2019

Tendidos en línea recta el Cabañal, el Cañamelar, el Cap de Fransa

«Y después, como una larga cola de tejados, la vista encontraba tendidos en línea recta el Cabañal, el Cañamelar, el Cap de Fransa, una masa prolongada de construcciones de mil colores, que decrecían conforme se alejaban del puerto; al principio fincas con muchos pisos y esbeltas torrecillas, y en el lejano extremo, lindante con la vega, blancas barracas con la caperuza de paja torcida por los vendavales».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Vista aérea. 1920

https://valenciablancoynegro.blogspot.com/2010/01/el-cabanyal-en-1920.html

lunes, 12 de agosto de 2019

Donde en verano se plantan las barraquetes para los bañistas de Valencia

«Y sin esperar contestación púsose en pie y fue hasta la proa de la vieja barca para ver si alguien escuchaba al otro lado. 

Nadie. La playa estaba desierta. No se veía una sola persona en la extensión de arena donde en verano se plantan las barraquetes para los bañistas de Valencia. A lo último veíase el puerto erizado de mástiles con banderas, vergas entrecruzadas, chimeneas encarnadas y negras y grúas que parecían horcas».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Casetas de baño en la playa de Levante. Circa 1930 

Barberá Masip

https://valenciablancoynegro.blogspot.com/2015/09/

jueves, 8 de agosto de 2019

Ondeaban izadas en los mástiles las redes rojizas puestas a secar

«Ondeaban izadas en los mástiles las redes rojizas puestas a secar, las camisetas de franela, los calzones de bayeta amarilla, y por encima de este vistoso empavesado pasaban las gaviotas trazando círculos, como si estuvieran borrachas de sol, hasta que se dejaban caer por un instante en el mar azul y tranquilo, agitado por leves estremecimientos e hirviente con burbujas luminosas bajo el calor del mediodía».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Playa del Cabañal

Todocolección

lunes, 5 de agosto de 2019

Los enormes bueyes para el arrastre de las barcas

«La playa estaba en reposo. La casa dels bous, donde rumiaban en sus establos los enormes bueyes para el arrastre de las barcas, alzaba su cuadrada mole con rojizo tejado y azules cuadrantes en sus paredes sobre las largas filas de barcas puestas en seco, que formaban en la orilla una ciudad nómada con calles y encrucijadas; algo semejante a un campamento griego de la edad heroica, donde las birremes puestas en seco servían de trincheras».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Pareja de bueyes en la playa del Cabañal, al fondo Las Termas

https://www.ebay.fr/

sábado, 3 de agosto de 2019

Cuando Rosario necesitaba desahogo y consuelo, iba a la playa. Vídeo

«Cuando Rosario, roja de indignación y con los ojos llorosos, necesitaba desahogo y consuelo, iba a la playa, a la barcaza-taberna, que adquiría un color sombrío y parecía envejecer como su dueña. Allí la oían silenciosamente, moviendo su cabeza, con expresión de desconsuelo, la siñá Tona y Roseta, las cuales, a pesar de su íntimo parentesco, vivian con huraña hostilidad, no coincidiendo más que en su despreciativo odio a los hombres. La barca que les servía de madriguera era como un observatorio, desde el que contemplaban lo que ocurría entre las dos familias».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



La playa