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miércoles, 10 de junio de 2026

Se detuvo en el fielato de Consumos para tomar su resguardo

«La avalancha de gente laboriosa que se dirigía a Valencia llenaba los puentes. Pepeta pasó entre los obreros de los arrabales que llegaban con el saquito del almuerzo pendiente del cuello; se detuvo en el fielato de Consumos para tomar su resguardo —unas cuantas monedas que todos los días le dolían en el alma—, y se metió por las desiertas calles, que animaba el cencerreo de la Rocha con un badajeo de melodía bucólica, haciendo soñar a los adormecidos burgueses con verdes prados y escenas idílicas de pastores».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Puente de Serranos, a la derecha el fielato

viernes, 30 de abril de 2021

Los humeantes rastros que dejaban los caballos sobre los adoquines

«Y fortalecido por tan consoladoras advertencias, el pobre chico entró en la ciudad, buscando los callejones más solitarios y tortuosos, mirando con codicia los humeantes rastros que dejaban los caballos sobre los adoquines, sin atreverse a meter en su espuerta tales riquezas por miedo de agacharse y sentir en el hombro la mano de un sayón con quepis. 

Aquello forzosamente había de acabar mal». 

El femater
 
Cuentos valencianos
 
Vicente Blasco Ibáñez



Puente y Torres de Serranos en 1892

Tranvía a Tavernes Blanques

http://torresdevalencia.blogspot.com/2010/01/ 

 

jueves, 1 de agosto de 2019

O las de los guardias de Consumos sentados ante sus garitas

«Ya no creía en su madre. La fe se había rasgado en él como una virginidad irreparable. Le nacía daño el canto infantil, y para no llorar salió rápidamente del paseo, siguiendo el pretil del río.

Caminando junto a la carretera polvorienta, sin ver otras caras que las de los carreteros que marchaban perezosamente tras sus vehículos, o las de los guardias de Consumos sentados ante sus garitas, Juanito se encontraba mejor. No tenía miedo, como el poeta, a encontrarse con su dolor a solas, y caminaba por aquel lugar poco frecuentado, saboreando con gozo cruel el hondo pesar que, de vez en cuando, estallaba en ruidosos suspiros».

Arroz y Tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Puente de Serranos, a la derecha el fielato

https://valenciablancoynegro.blogspot.com/2015/02/al-mercado.html

lunes, 12 de noviembre de 2018

Veíanse los rebaños de toros

«Junto a las corrientes de agua, en el centro del cauce y en las riberas, que la humedad había cubierto de una débil capa de césped, trotaban las manadas de potros sin domar, al aire la luenga crin, arrastrando la cola por el suelo. Más allá de los puentes, al través de sus arcos de piedra, veíanse los rebaños de toros, con las patas encogidas, rumiando tranquilamente la hierba que les arrojaban los pastores, o andando perezosamente por el suelo abrasado, sintiendo nostalgia de las frescas dehesas, plantándose fieramente cada vez que los chicuelos les silbaban desde los pretiles».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Manada de toros pastando en el lecho del Turia bajo el Puente y Torres de Serranos

Subida por Juan David Forner a VAHG

lunes, 5 de noviembre de 2018

Un poco más allá sonaban las enormes tijeras en continuo movimiento

«Muchachos cerriles que aspiraban a ser mancebos en las barberías de la ciudad hacían allí sus primeras armas. Y mientras se amaestraban infiriendo cortes o poblando las cabezas de trasquilones y peladuras, el amo daba conversación a los parroquianos sentados en el banco del paseo, o leía en alta voz un periódico a este auditorio, que con la quijada en ambas manos, escuchaba impasible. 

A los que se sentaban en el sillón de los tormentos pasábanles un pedazo de jabón de piedra por las mejillas, y frota que frota, hasta que levantaba espuma. Después venía el navajeo cruel, los cortes, que aguantaba firmemente el cliente con la cara manchada de sangre. Un poco más allá sonaban las enormes tijeras en continuo movimiento, pasando y repasando sobre la redonda testa de algún mocetón presumido, que quedaba esquilado como perro de aguas; el colmo de la elegancia: larga greña sobre la frente y la media cabeza atrás cuidadosamente rapada».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Barberos en el puente de Serranos

J. Lévy, 1888

Archivo José Huguet

sábado, 3 de noviembre de 2018

A la sombra de los altos plátanos funcionaban las peluquerías de la gente huertana

«A la sombra de los altos plátanos funcionaban las peluquerías de la gente huertana, los barberos de cara al sol. Un par de sillones con asiento de esparto y brazos pulidos por el uso, un anafe en el que hervía el puchero del agua, los paños de dudoso color y unas navajas melladas, que arañaban el duro cutis de los parroquianos con rascones espeluznantes, constituían toda la fortuna de estos establecimientos al aire libre».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Barberos en el puente de Serranos

J. Lévy, 1888

Archivo José Huguet

Esperando que le llegara el turno para limpiarse de unas barbas de dos semanas

«Al extremo del puente, en una planicie entre dos jardines, frente a las ochavadas torres que asomaban sobre la arboleda sus arcadas ojivales, sus barbacanas y la corona de sus almenas, se detuvo Batiste, pasándose las manos por el rostro. Tenía que visitar a los amos, los hijos de don Salvador, a pedirles a préstamo un piquillo para completar la cantidad que iba a costarle la compra de un rocín que sustituyese al Morrut. Y como el aseo es el lujo del pobre, se sentó en un banco de piedra, esperando que le llegara el turno para limpiarse de unas barbas de dos semanas, punzantes y duras como púas, que ennegrecían su cara».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Barberos en el puente de Serranos

J. Lévy, 1888

Archivo José Huguet