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jueves, 9 de agosto de 2018

Finca "La Malvarrosa". Cuarta parte

Finca "La Malvarrosa". Cuarta parte

«Las flechas Navales instalaron en «La Malvarrosa» su Escuela. En la Prensa se publicó que gracias a las buenas gestiones del señor Gobernador Planas de Tovar se había conseguido una magnífica finca para la Escuela.

El jardín, que tantos recuerdos guardaba para mí, fue arrasado y convertido en un campo de fútbol, el opio que Franco dio a su pueblo. Las cariátides de la terraza pompeyana fueron suprimidas, quizá por considerarlas inmorales, así como también las estatuas del jardín.


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Como es natural, toda la distribución interior de la casa fue modificada. La galería pompeyana quedó cerrada por muros con ventanas y lo que fue la casa de un gran artista se convirtió en un cuartel. Allí estuvieron Flechas Navales sin pagar un céntimo veinte años, desde enero de 1942 hasta el 21 de febrero de 1962, año en que quedó terminada la nueva Escuela en el puerto de Valencia, y a donde se trasladaron, abandonando los restos de «La Malvarrosa» con todos los cristales rotos, los dos pararrayos arrancados, el pozo artesiano destruido y un destrozo general que daba pena verlo.

A mi vuelta del exilio, después de treinta y seis años, un día me armé de valor y fui a ver «La Malvarrosa»; me hizo el efecto de que el caballo de Atila había galopado sobre ella.


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Cuando, por fin, se fueron los Flechas Navales obligaron a mi hijo a firmar un documento en el que se lavaban las manos de los destrozos producidos en la finca, afirmando que, mientras habían hecho el traslado a la nueva Escuela, habían entrado unos maleantes, destrozándolo todo. Como es natural, mi hijo, antes de exponerse a volver a la cárcel por segunda vez, firmó. La lectura de dicho documento hace reír, por no llorar. ¿Cómo es posible que unos maleantes pudieran en unas horas modificar la estructura de una casa, arrasar un jardín y cegar un pozo artesiano?

Fue nuestra otra vez «La Malvarrosa», pero había quedado inhabitable y no podíamos volverla a su primitivo estado, pues para ello se necesitaba un capital de que carecíamos. Años más tarde, resuelta la cuestión económica, nos interesó más a mi hermano Mario y a mí construir un monumento a nuestro padre en el cementario civil, como más adelante explicaré.

A mediados del año 62, un sacerdote del Patriarca se puso en comunicación con nosotros para rogarnos le dejáramos albergar una familia de gitanos en lo que quedaba de «La Malvarrosa», ya que a los pobres los echaban del solar en que vivían hacía años, para construir una finca.


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No tuvimos inconveniente de hacer una obra de caridad, pues aquella casa ya no era la de nuestros padres, sino una ruina, y por lo menos que sirviera para acoger a unas pobres gentes. Allí se trasladaron y a los pocos días de llegar nació una churumbela que tuvo que ser lavada con agua del mar.»

Libertad Blasco - Ibáñez Blasco

Revista "Blanco y negro". 19 de octubre de 1977

martes, 7 de agosto de 2018

Finca "La Malvarrosa". Tercera parte

Finca "La Malvarrosa". Tercera parte

«En 1939 tuvimos que exiliarnos. El Tribunal de Responsabilidades Políticas se incautó de todos nuestros bienes,dejando, inexplicablemente, libre «La Malvarrosa». Hasta que un día de 1941 fue a ver a mi yerno Vicente Asensi Genovés, un delegado de Flechas Navales, a pedirle que le alquilara o cediera «La Malvarrosa» para instalar allí la Escuela de dichas Flechas Navales. Mi hijo político le hizo saber que aquella finca era para recreo de la familia y que nunca se había pensado en alquilarla a nadie.


Escuela de los Flechas navales en el chalet de Blasco

ABC. 15 de agosto de 1945

A los pocos días, el gobernador de Valencia, señor Planas de Tovar, al cual eI pueblo le puso por mote «Ganas de Estorbar», mandó llamar a mi hijo. En aquella época, todo aquel que no era adicto al régimen franquista sabía que una llamada de esta clase suponía una detención y no había más que resignarse, pues era imposible la huida. Así, pues, temiendo lo peor, se personó en el despacho del gobernador, el cual lo recibió con gran violencia, teniendo encima de la mesa del despacho una cachiporra y un «boxer», y ante el asombro de mi yerno, que era completamente apolítico, le reprochó el que se hubiera opuesto a los grandes designios del glorioso Movimiento y, por tanto, quedaba arrestado en los calabozos.


Acto conmemorativo del IV Centenario de Luís Vives, organizado por el Instituto de España, celebrado en el Salón de plenos del Ayuntamiento de Valencia. 03/06/40. El gobernador Tovar, segundo por la izquierda

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Allí permaneció varias semanas, a donde iba mi hija diariamente a llevarle la comida, sin comprender el porqué de la detención de su marido. Llevaban casados diecisiete días. Uno de ios guardias de la puerta, quizá cumpliendo órdenes o quizá compadecido de su afligida juventud, te dijo confidencialmente a mi hija que, mientras no entregase la llave de «La Malvarrosa», no soltarían a su marido y que pasado un tiempo reglamentario deberían trasladarlo de los calabozos de Gobernación a la cárcel, donde quedaría fichado y sería más difícil el sacarlo. Como es natural, mi hija, al día siguiente, entregó la llave en la secretaría de Gobernación, en donde con rabia la tiró encima de la mesa diciendo que se negaba a firmar ningún documento.


Fachada principal del chalet de la Malvarrosa

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Días después fue puesto en libertad mi hijo, digo mi hijo, pues así lo consideré siempre y lo quise tanto o más que a mis propios hijos; cumpíió el resto de la condena en su domicilio y teniendo que pagar una multa de 5.000 pesetas, que en aquel tiempo era una cantidad respetable, teniéndose que empeñar por no disponer de recursos económicos.

Todo esto quedó reflejado en la Prensa de la época, y el suelto entonces publicado decía que al señor Vicente Asensi se le multaba con 5.000 pesetas por haber hablado mal del Movimiento».

Libertad Blasco - Ibáñez Blasco

Revista "Blanco y negro". 19 de octubre de 1977

domingo, 5 de agosto de 2018

Finca "La Malvarrosa". Segunda parte

Finca "La Malvarrosa". Segunda parte

«En la segunda planta estaba la verdadera vivienda con los dormitorios, un saloncito estilo imperio, la cocina y el comedor estilo valenciano con sillas de cuerda, platos de cerámica, chimenea, etc., que daba a !a gran galería que se extendía a lo largo de toda la fachada, que era de estilo pompeyano, decorada y dirigida por el gran amigo de mi padre Joaquín Sorolla, ayudado por dos de sus discípulos, Francisco Merenciano y VIcente Santaolaria, que reprodujeron las pinturas de la casa del Veti y del Poeta de las ruinas de Pompeya.



La cocina y el comedor

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La terraza de estilo pompeyano

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En las dos esquinas de la galería estaban dos grandes cariátides hechas por Rafael Rubio, profesor de Bellas Artes de Valencia, que sostenían el techo de la tercera planta.



Blasco y su segunda esposa, Elena Ortúzar, posando ante las cariátides obra de Rafael Rubio

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En el centro había, y hay, una gran mesa de mármol blanco de Carrara, de forma rectangular, sostenida por cuatro leones alados, que mi padre 'hizo traer de Italia, la cual aún está entre las ruinas de lo que fue aquella poética casa, pues por su mucho peso no se puede sacar más que con una grúa, y la lástima es que el piso está cediendo y el gran bloque de mármol se está desnivelando. Para que no se perdiera, el día que se termine de hundir el suelo, la hemos donado al Museo de Cerámica de Valencia; pero hasta el presente no han tenido interés en recogerla.


Blasco sentado en la famosa mesa de mármol

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En dicha mesa comíamos en verano contemplando el mar, que por cierto en aquella época estaba mucho más cerca da la finca de lo que está ahora; quizá el motivo sea la construcción de la escollera.


Blasco junto a su primera esposa, María Blasco, y sus hijos

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La tercera planta lo ocupaba el despacho de mi padre, con grandes ventanales que enfrentaban a su mesa de escribir, y sentado en ella no vela más que el mar, dándole la impresión de ir embarcado. Allí escribió «Sonnica la cortesana», «Entre naranjos», «Cañas y barro», «La catedral» y «El intruso».



Blasco en su despacho

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Estampa

Ei jardín era muy amplio y los árboles fueron casi todos plantados por la mano de mi padre, entre ellos cuatro árboles llamados del Paraíso, que daban unas florecillas amarillas de mucho aroma que no he vuelto a ver en ningún iugar y que fue capricho de mi madre, que mi padre se apresuró a complacer. También había palmeras, eucaliptus, una higuera, un laurel, una gran parra que formaba un túnel y las paredes cubiertas de madreselvas.



Blasco Ibáñez con su familia en la Malvarrosa

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En los jardines del chalet

Estampa

Entre aquel verdor estaban diseminadas las estatuas de: «El esclavo», de Miguel Ángel; las Venus de Médicis y de Arlé, el Apolo y un monumento a Dante, etc. También había una gran alberca o balsa para regar el jardín y donde la chiquillería, formada por mis hermanos y yo, nos bañábamos tos días que el mar estaba revuelto.


Fachada trasera del chalet de la Malvarrosa

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Allí transcurrió nuestra infancia y, posteriormente, la de mis hijos. «La Malvarrosa» es una casa ligada a mi vida. Fue siempre el lugar predilecto de mi madre y allí pasamos veranos encantadores».

Libertad Blasco - Ibáñez Blasco

Revista "Blanco y negro". 19 de octubre de 1977

viernes, 3 de agosto de 2018

Finca "La Malvarrosa". Primera parte

Finca "La Malvarrosa". Primera parte


La Malvarrosa

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=370996&page=407

«En mayo del pasado año de 1976 di a la prensa una pequeña explicación, al pueblo de Valencia en particular y a todos en general, de lo que fue de la editorial Prometeo, fundada por mi padre Vicente Blasco Ibáñez y, desgraciadamente, hoy desaparecida.


Sede de la Editorial PROMETEO

Calle Germanías 33. Valencia 

Fundada en 1914 y cuyo director artístico fue Vicente Blasco Ibáñez

El edificio, construido entre 1913 y 1914, ha sido derribado para construir otro "moderno"

Actualmente, no existe ninguna placa conmemorativa o similar que recuerde aquella época de gran importancia para la cultura valenciana y universal

Foto y texto cortesía de Marga Preda

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Ya que existe ahora libertad de prensa me decido a dar otra explicación de lo que fue de la finca «La Malvarrosa».


Aspecto que tenia la Malvarrosa en 1910 

El chalet de Vicente Blasco Ibáñez a la izquierda de la imagen

Subidas por Jose Vicente Luján Estellés a VAHG


La Acequia de Vera a principios del XX

http://lamalva-rosaenblancinegre.blogspot.com/

Antes de pasar adelante debo dar gracias a todos aquellos que se han interesado por ella en los periódicos, aunque algunos, con un total desconocimiento de lo ocurrido, me hayan acusado de tenerla abandonada.

Mi padre compró el terreno en 1901 a la Alcoholera Española, a la cual pertenecía y que lindaba con la finca, por la cantidad de 500 pesetas, cuyo recibo conservo. Hizo construir la casa para resolver el verano de su familia, ya que tenía cuatro hijos pequeños, y el lugar era muy hermoso, muy romántico, rodeado de huerta, palmeras, adelfas, tamarindos y cañaverales.


El chalet y la alcoholera a la derecha

http://lamalva-rosaenblancinegre.blogspot.com/


Aspecto que tenia la Malvarrosa en 1910 

El chalet de Vicente Blasco Ibáñez a la izquierda de la imagen

Subidas por Jose Vicente Luján Estellés a VAHG

En la parte de atrás estaba la casa de perfumes da don Julio Robillard, que cuando los fabricaba embalsamaban el ambiente; por eso, mi padre Ie puso a la casa «La Malvarrosa», nombre que posteriormente denominó a toda la playa, cuyo verdadero nombre era «Playa de Levante».


Fabrica de perfumes Robillard

Subida por Pilar Martínez Olmos a VAHG


Calderas de la fábrica de perfumes

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La fábrica vista desde la actual Plaza de la Iglesia de Vera

http://lamalva-rosaenblancinegre.blogspot.com/

La casa tenía tres plantas. En la primera estaba la gran biblioteca y un saloncito para el piano que mi madre, María Blasco del Cacho, tocaba con gran maestría, así como también mi tía Pilar, hermana de mi padre.»

Libertad Blasco - Ibáñez Blasco

Revista "Blanco y negro". 19 de octubre de 1977