viernes, 24 de noviembre de 2017

La insolencia de una virtud salvaje

«En cambio, su criada era poco sensible a la galantería callejera. Acogíala con un gesto de rústico desprecio, un fruncimiento de labios desdeñoso: algo que mostrase la indignación de una castidad hasta la rudeza, la insolencia de una virtud salvaje».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Plaza del Mercado

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=1694486&page=520

jueves, 23 de noviembre de 2017

Las novelas regionales. 09

«El triunfo obtenido dos años más tarde por "Entre naranjos" , igualó y acaso sobrepujó, al de "La barraca". 

Hay en esta novela una parte autobiográfica muy interesante. Blasco Ibáñez había conocido en uno de sus viajes a cierta artista rusa, tiple de ópera, mujer extraordinaria, hermosa, fuerte y sádica como una walkyria, que recorría el mundo llevando consigo a una pobre muchacha a quien en sus frecuentes arrebatos de mal humor azotaba cruelmente. Fueron aquéllos unos amores de pesadilla, vehementes y rápidos; la artista, con su elevada estatura y sus bíceps de hierro, era una verdadera amazona, celosa y agresiva, de la que sus amantes necesitaban defenderse a puñetazos; instintivamente su temperamento rebelde se negaba a rendirse, y cada posesión requería una escena ancestral de lucha y de doma, en la que luego los besos servían para restañar la sangre de los golpes. 

La acción principal de la novela se desarrolla cerca de Valencia, en Alcira, pueblo lindísimo, pintoresco como un capricho de abanico, cuyo blanco caserío parece flotar sobre el océano verde de los inmensos naranjales que lo circundan».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Puente de San Bernardo

Alcira

Todocolección

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Acicalábase como una niña

«La mitad de los polvos y menjurjes que sus niñas tenían en el tocador los consumía la mamá, que en la madurez de su vida comenzó a saber como se agrandan los ojos por medio de las rayas negras, cómo se da color a las mejillas cuando éstas adquieren un fúnebre tinte de membrillo, y cómo se combate el vello traidor que alevosamente asoma en el labio y en la barba cual película de melocotón, convirtiéndose después en espantosas cerdas. Acicalábase como una niña, guardando con su cuerpo atenciones que no había tenido en su juventud. ¿Para quién se arreglaba? Ni ella misma lo sabía. Era puro deseo de retardar en apariencia la llegada de la vejez; precauciones, según propia afirmación, para no parecer la abuela de sus hijas y para sentir una indefinible satisfacción cuando en la calle echaban una flor descarriada a su garbo de buena moza».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Perfumería Selecta de Heliodoro Lillo

Calle de la Paz, 24

Anuncio guía 1916

Enric Vidaltorres‎. Valencia en blanco y negro


martes, 21 de noviembre de 2017

Las novelas regionales. 08

«Guarda este libro páginas soberbias, como las consagradas al entierro de Pascualet y al incendio de la barraca, y hasta media docena de tipos perfectamente trazados. Su autor lo escribió de un tirón y en un estado de hiperestesia que iba creciendo y agudizándose conforme se acercaba el desenlace. Los dos últimos capítulos, especialmente, llegaron a colocarle en un estado de verdadero desequilibrio mental. Sufrió alucinaciones. La noche en que terminó la novela trabajó hasta la madrugada; estaba solo; acababa de escribir la cuartilla final y levantó la cabeza: sentado delante de él vio a Pimentó. La impresión fue tan violenta, que Blasco tiró la pluma y retrocediendo, como para no ser acometido por la espalda, se retiró a su cuarto; la sombra trágica del huertano permaneció allí, de codos sobre la mesa, junto al quinqué, inmóvil en medio del silencio y la amplitud del salón obscuro».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Fotograma de la serie de RTVE "La Barraca". 1979


Aquí podéis ver la serie completa:

http://www.rtve.es/television/la-barraca/


lunes, 20 de noviembre de 2017

Con sus puestos de venta al aire libre, sus toldos viejos

«La plaza, con sus puestos de venta al aire libre, sus toldos viejos, temblones al menor soplo del viento, y bañados por el rojo sol con una transparencia acaramelada, sus vendedores vociferantes, su cielo azul sin nube alguna, su exceso de luz que lo doraba todo a fuego, desde los muros de la Lonja a los cestones de caña de las verduleras, y su vaho de hortalizas pisoteadas y frutas maduras prematuramente por una temperatura siempre cálida, hacía recordar las ferias africanas, un mercado marroquí con su multitud inquieta, sus ensordecedores gritos y el nervioso oleaje de los compradores».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Plaza del Mercado. 1888

Ayuntamiento de Valencia

http://gaiarestauracion.blogspot.com.es/

domingo, 19 de noviembre de 2017

Las novelas regionales. 07

«Así Blasco Ibáñez no paladeó las mieles de una verdadera victoria hasta dos años más tarde, en 1898, con la publicación de La barraca . 

¡Libro admirable! Su autor «lo vió» bien, de un golpe, y lo escribió con una vehemencia y una diafanidad de estilo inimitables. Toda «el alma» árabe, brava y sufrida de los hijos de la huerta, late allí: la lucha de los hombres con la tierra, el cariño dedicado por el labrador al caballo que trabaja con él sobre el surco y al perro que de noche vigila su hacienda; el respeto tradicional al «amo» que de hecho, ya que no de derecho, oprime todavía á sus colonos con el peso de una autoridad omnímoda y feudal; y también «el alma» del paisaje, con su cielo añilado, sus palmeras hieráticas eternamente tristes, su red de infinitos y pequeños canales, por donde el agua, semejante á un dios helénico, bordea los verdes bancales, distribuyendo en ellos, con su frescura murmurante, el regocijo de la vida. En La barraca nada falta, nada tampoco sobra; en la historia de la novela española contemporánea, este libro quedará como un modelo definitivo de nuestra literatura regional»

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois.


Fotograma de la serie de RTVE "La barraca". 1979


Aquí podéis ver la serie completa:

http://www.rtve.es/television/la-barraca/

sábado, 18 de noviembre de 2017

Y en todos los pisos bajos, tiendas de comestibles, ropas, drogas y bebidas

«Más allá, sobre el revoltijo de toldos, el tejado de cinc del mercadillo de las flores; a la derecha, las dos entradas de los pórticos del Mercado Nuevo, con las chatas columnas pintadas de amarillo rabioso; en el lado opuesto, la calle de las Mantas, como un portalón de galera antigua, empavesada con telas ondeantes y multicolores que las tiendas de ropas cuelgan como muestra de los altos balcones; en torno de la plaza, cortados por las bocacalles, grupos de estrechas fachadas, balcones aglomerados, paredes con rótulos, y en todos los pisos bajos, tiendas de comestibles, ropas, drogas y bebidas, luciendo en las puertas, como título del establecimiento, cuantos santos tiene la corte celestial y cuantos animales vulgares guarda la escala zoológica».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Droguería Abascal y Compañía

Plaza del Mercado 2 y calle Cervantes 9

Actual farmacia Rubio Abascal, calle de San Fernando

http://comercioshistoricosdevalencia.blogspot.com.es/2014/11/

viernes, 17 de noviembre de 2017

Las novelas regionales. 06

«Sirve de escenario a la obra la playa del Cabañal; todos los personajes son pescadores, gente brava y noble, que tiene torpe la palabra y el ademán pronto y vehemente.

Hay en esta novela tipos gallardamente dibujados, como el de la tía Picores, una especie de leona de la Pescadería, procaz y deslenguada, capaz de reñir a puñetazos con un hombre; el del tío Paella, padre de Dolores; el del «siñor Martínes», carabinero andaluz, perezoso y sentimental, que pasa como un soplo de poesía por la taberna de Tona; y el de su hija Roseta, aquella virgen rubia, con largos ojos azules y contemplativos, «que lo sabía todo». Y también merecen recordarse dos o tres escenas de primer orden: tales como la del naufragio, la de la bendición de la barca, y la de aquella tarde en que Pascual y Tonet deciden ir a Argel por un cargamento de tabaco. En esta última descripción, especialmente, Blasco Ibáñez se excede y mejora a sí mismo; la blancura de la playa arenosa reverberante bajo el sol; la quietud de las barcas tendidas a lo largo de la costa con un abandono casi inteligente, cual si tuviesen conciencia de que descansan; la serenidad verde del mar emperezado por el calor de la siesta; el silencio, el enorme silencio, que llena el espacio azul; y, a ratos, en la lejanía luminosa del horizonte, una vela blanca, como una pechuga de gaviota... componen un lienzo pasmoso que Joaquín Sorolla hubiese firmado».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Playa de Valencia. 1908

Joaquín Sorolla

jueves, 16 de noviembre de 2017

La Lonja de la Seda, acariciada por el sol de invierno

«En el lado opuesto la Lonja de la Seda, acariciada por el sol de invierno y luciendo sobre el fondo azul del cielo todas las esplendideces de su fachada ojival. La torre del reloj, cuadrada, desnuda, monótona, partiendo el edificio en dos cuerpos, y éstos exhibiendo los ventanales con sus bordados pétreos; las portadas que rasgan el robusto paredón, con sus entradas de embudo, compuestas de atrevidos arcos ojivales, entre los que corretean en interminable procesión grotescas figurillas de hombres y animales en todas las posiciones estrambóticas que pudo discurrir la extraviada imaginación de los artistas medievales; en las esquinas, ángeles de pesada y luenga vestidura, diadema bizantina y alas de menudo plumaje, sustentando con visible esfuerzo los escudos de las barras de Aragón y las enroscadas cintas con apretados caracteres góticos de borrosas inscripciones; arriba, en el friso, bajo las gárgolas de espantosa fealdad que se tienden audazmente en el espacio con la muda risa del aquelarre, todos los reyes aragoneses en laureados medallones, con el casco de aletas sobre el perfil enérgico, feroz y barbudo; y rematando la robusta fábrica, en la que alternan los bloques ásperos con los escarolados y encajes del cincel, la apretada rúa de almenas cubiertas con la antigua corona real».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


La Lonja

Todocolección

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Las novelas regionales. 05

«Las ilusiones de los que así le juzgaron no resultaron fallidas: Blasco las satisfizo todas publicando un año después, en 1895, su lindísima novela Flor de Mayo . 

¡Qué emoción tan fuerte, tan inolvidable, deja este libro!... Es pesimista, es trágico; sus últimas páginas, especialmente, tienen toda la amargura del mar, y por su arquitectura cae en absoluto dentro de aquellos moldes en que «el padre» melancólico y casto de la novela moderna, Emilio Zola, fabricaba los suyos. Y, sin embargo, ¡qué extraño raudal de luz, qué alegre vigor y qué intensas ráfagas de ruda poesía hay en él!...»

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois



Pescaderas en la Playa de Levante. Cabañal

http://enateneo.blogspot.com.es/

martes, 14 de noviembre de 2017

Iban deslizándose los ánades lo mismo que galeras de marfil

«En las acequias conmovíase la tersa lámina de cristal rojizo con chapuzones que hacían callar a las ranas; sonaba luego un ruidoso batir de alas e iban deslizándose los ánades lo mismo que galeras de marfil, moviendo, cual fantásticas proas, sus cuellos de serpiente».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Molino de "Nou Moles" sobre la acequia de Favara. 1908. Actual calle de Torres Torres

Archivo de José Huguet

http://valenciadesaparecida.blogspot.com.es/2015/05/

lunes, 13 de noviembre de 2017

Las novelas regionales. 04

«De todos los libros de esta época, "Arroz y tartana" es, indudablemente, el más flojo; y, sin embargo, tanto por el número y calidad de sus tipos, como por el raro «calor de humanidad» que hay en él, es una obra recia, de estirpe balzaciana. 

Vivir con «arroz y tartana» significa vivir ostentosamente, aparentando poseer mucho más de lo que se tiene y sin cuidarse de la bancarrota, del crac final».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois



Baile de mascaras en el teatro Principal

http://juanansoler.blogspot.com.es/

domingo, 12 de noviembre de 2017

El popular "pardalot"con su cola de abanico

«Arriba, la fachada de piedra lisa, amarillenta, carcomida, con un retablo de gastada es cultura, dos portadas vulgares, una fila de ventanas bajo el alero, santos berroqueños al nivel de los tejados, y como final, el campanil triangular con sus tres balconcillos, su reloj descolorido y descompuesto, rematado todo por la fina pirámide, a cuyo extremo, a guisa de veleta y posado sobre una esfera, gira pesadamente el pájaro fabuloso, el popular "pardalot"con su cola de abanico».

Arroz y Tartana

Vicente Blasco Ibáñez


El Pardalot

Subida por José Vicente Luján Estellés a VAHG

sábado, 11 de noviembre de 2017

Las novelas regionales. 03

«Su complexión le lleva a sentir el amor a la Naturaleza con extraordinaria intensidad; aunque siempre escribió en prosa, es un verdadero y altísimo poeta de la vida, un enamorado fervoroso de la tierra, semejante a aquellos sacerdotes de los antiguos cultos que asistían de rodillas al orto del sol. Dueño de una paleta riquísima, los colores del iris le sirven dócilmente y le pertenecen como esclavos; su estilo esplendoroso, ardiente como un mantón filipino, le envuelve bajo el prestigio asiático, hecho de oro y de seda, de un manto real; y a su conjuro, los rincones de la huerta valenciana se rebullen y despiertan, y aparecen a nuestros ojos con toda su cegante luminosidad meridional. Sigamos al maestro en su éxodo desde el lago maravilloso de la Albufera a los bosques de Alcira, aljofarados de oro por las naranjas; desde las ruinas druídicas de Sagunto la heroica a las playas soleadas y rientes del Cabañal; y sentiremos cómo la poesía, simultáneamente enérgica y perezosa, de aquella tierra sultana, nos penetra y concluye enseñoreándose de nuestro ánimo: por todas partes triunfan el amarillo quemante del sol, el azul vigoroso del espacio, el verde esmeralda de la planicie cultivada, inmensa y prolífica; y aquí y allá, rompiendo la monotonía griega de este acorde magnífico, la belleza árabe de las palmeras litúrgicas, implorantes como sacerdotes en oración, abriendo desmayadamente sus ramas en un gesto de inconsolable dolor; y las barracas enjalbegadas de blanco, con sus techumbres puntiagudas defendidas por una cruz. Y, finalmente, las noches valencianas, noches diáfanas, en las que las olas empenachadas de espuma sonríen misteriosamente bajo la luna con sonrisa de plata, y en que el cielo, bañado en la serenidad lívida de la luz astral, parece más alto...»

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Barraca valenciana

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viernes, 10 de noviembre de 2017

Las lóbregas y húmedas covachuelas donde los hojalateros establecen sus tiendas

«Desde el lugar que ocupaba veía al frente la iglesia de los Santos Juanes, con su terraza de oxidadas barandillas, teniendo abajo, casi en los cimientos, las lóbregas y húmedas covachuelas donde los hojalateros establecen sus tiendas desde fecha remota».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Covetes de Sant Joan. Circa 1940

Archivo de Rafael Solaz

http://valenciablancoynegro.blogspot.com.es/2012/04/

jueves, 9 de noviembre de 2017

Las novelas regionales. 02

«En estas obras, Vicente Blasco Ibáñez, aunque incorrecto muchas veces, y a ratos, quizá, frondoso y plateresco en demasía, se muestra, sin embargo, como un artista fascinante y magnífico, evocador insuperable de horizontes. Toda la orquestal polifonía de la Naturaleza resuena a la vez en su cerebro y es recogida ordenadamente por su sensibilidad delicadísima: no sólo «ve» la realidad, sino que al mismo tiempo la huele, la oye y la siente, cual si la tuviese entre sus brazos: por lo mismo, ni un aroma, ni una nota, ni un color, ni un detalle, se escapan a su penetración vigilante. Guardan estos libros un fragor incesante de pasiones, un revertimiento constante de jugos vitales, una especie de convulsión pánica, que así agita las simientes echadas en el surco, como desborda los ríos y enardece las almas. Alternativamente, luciendo una facilidad elástica donde jamás se atisba el menor rastro de cansancio, Blasco Ibáñez tan pronto se refugia en los caracteres y los diseca y escudriña discreta y sutilmente, como vuelve al mundo objetivo, reconstituyéndolo de diversos modos; unas veces con labor mesurada y paciente de miniaturista, otras a largos trazos, con brochazos heroicos, cual si le tentase la majestad sencilla y enorme del cielo tendido sobre el mar».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Visita a La Albufera durante la Semana de Homenaje en Valencia. 1921

http://casamuseoblascoibanez.com/

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Conocía bien la plaza; había pasado en ella una parte de su juventud

«Conocía bien la plaza; había pasado en ella una parte de su juventud, y cuando de tarde en tarde iba al Mercado por ser víspera de festividad en que se encendían todos los hornillos de su cocina, experimentaba la impresión del que tras un largo viaje por países extraños vuelve a su verdadera patria».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Plaza del Mercado. 1888

http://valenciaparaisoterrenalesp.blogspot.com.es/

martes, 7 de noviembre de 2017

Las novelas regionales. 01

«Son seis las novelas correspondientes a este primer período, y las denomino así por desarrollarse todas ellas en la región valenciana, con tipos y paisajes y hasta modismos de lenguaje arrancados a la gran hermosura bravía de la huerta; no por juzgarlas menos interesantes y comprensivas, ni tampoco inferiores a las que su autor desenvolvió más tarde en amplios escenarios: pues la emoción artística no reside en la magnitud decorativa del «marco», ni en la condición noble de las figuras, como enseñan todavía ridículamente vulgares textos de retórica, sino en esa eficacia descriptiva y en esa habilidad para trazar caracteres reales, que han de llevar al libro, al mármol o al lienzo, el estremecimiento sagrado de la Vida».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Oro de ley. 15 de enero de 1926

lunes, 6 de noviembre de 2017

Ya estaban en la verdadera Albufera

«El viento comenzaba a refrescar. La vela se hinchó con nuevas sacudidas y la cargada barca inclinóse hasta mojar las espaldas de los que se sentaban en la borda. En torno de la proa, las aguas, partidas con violencia, cantaban un gluglu cada vez más fuerte. Ya estaban en la verdadera Albufera, en el inmenso lluent, azul y terso como un espejo veneciano, que retrataba invertidos los barcos y las lejanas orillas con el contorno ligeramente serpenteado».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


La Albufera

https://www.delcampe.net/

domingo, 5 de noviembre de 2017

No debemos vivir para ser ricos, ni para ser célebres

«—¿Cree usted en la gloria, como fin de la vida? ¿Ama usted el dinero? 

El maestro no vacila al contestar. 

—La gloria, como el dinero, como el amor—declara—, son «adornos» de la vida, y nada más; arrequives brillantes que la embellecen y nos la ofrecen bajo un disfraz amable. Pero el verdadero fin de la vida está, sencillamente, «en vivir». No debemos vivir para ser ricos, ni para ser célebres, ni para endiosar a una mujer, digan lo que quieran los falsos poetas: la vida goza de substantividad propia; se justifica a sí misma... 

Y esta respuesta enérgica y breve compendia el alma, toda el alma, de este hombre excepcional, conquistador rezagado, mezcla feliz de artista y de aventurero, que, sin apoyo de nadie, supo vencer á la pobreza y darle a la Vida un zarpazo de león».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Aspecto de la playa durante el discurso pronunciado por Blasco Ibáñez 
en el acto de la inauguración del Asilo para los inválidos del mar

Cabañal. Valencia. 19 de febrero de 1911

http://elargonautavalenciano.blogspot.com.es/

sábado, 4 de noviembre de 2017

Sobre el inmenso arrozal, se destacaban las casas del Saler

«Terminaba el lago. Otra vez la barca penetraba en una red de canales, y lejos, muy lejos, sobre el inmenso arrozal, se destacaban las casas del Saler, el pueblecito de la Albufera más cercano a Valencia, con el puerto ocupado por innumerables barquichuelos y grandes barcas que cortaban el horizonte con sus mástiles sin labrar, semejantes a pinos mondados».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


http://barracavalenciana.blogspot.com.es/

viernes, 3 de noviembre de 2017

La mujer—exclama—no es toda la vida...

«—¿Y de la mujer—pregunto—qué opina usted? ¿Cree usted en su complejidad, en su perfidia?... 

Adivino su respuesta, pero quiero recibirla de sus labios. ¡Bah!... Vicente Blasco Ibáñez sonríe, se encoge de hombros y por su rostro pasa la expresión satisfecha, un poco petulante, del hombre que, en lances de amor, ha triunfado muchas veces. 

—La mujer—exclama—no es toda la vida... ¡ni siquiera la mitad de la vida!... con ser, indudablemente, lo mejor que hay en ella. No es que yo la desprecie, como los orientales, pero tampoco sufrí jamás su imperio tiránico. Yo soy un macho, un gozador, no un sentimental. Yo opino que la mujer es una de las muchas cosas legítimamente codiciables y dignas de conquista que hay bajo el sol».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Elena Ortúzar. La segunda esposa de Blasco Ibáñez

http://elargonautavalenciano.blogspot.com.es/

jueves, 2 de noviembre de 2017

Que acaba de devanarse ante sus ojos una visión de cinematógrafo

«—Cuanto más sencillo es un autor—dice Blasco—menos esfuerzo cuesta su lectura. Por lo mismo procuro siempre escribir sin oropeles retóricos, llanamente, con el propósito único de que el lector «se olvide» de que está leyendo, y al terminar la última página le parezca que sale de un sueño, o que acaba de devanarse ante sus ojos una visión de cinematógrafo».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois




Programa de mano del estreno en el Teatro Principal
de "Los cuatro jinetes del Apocalipsis"

20 de marzo de 1923

Todocolección

miércoles, 1 de noviembre de 2017

El Panteón del Olvido

«A mi muerte quisiera ser llevado en hombros por estos hombres de 
"El Progreso Pescador"»


Blasco Ibáñez pronunciando un discurso durante la inauguración de."El Asilo para Inválidos del Mar".

El Pueblo. 20 de febrero de 1911

«Quiero descansar en el más modesto cementerio valenciano. Junto al Mare Nostrum que llenó de ideal mi espíritu, quiero que mi cuerpo se confunda con esta tierra de Valencia que es el amor de todos mis amores».

«En 1933 Javier Goerlich, por encargo del Ayuntamiento de Valencia  proyecta el Mausoleo para Blasco Ibañez a ubicar junto al Cementerio General de Valencia. Se trata de un proyecto grandilocuente destinado a morada eterna de este tan importante novelista y político valenciano.  








Mucho se habló de este proyecto,  que nunca llegó a materializarse y que fue objeto de mofa en un ninot de 1935 titulado “Panteón del olvido”. 


En 1939 y por motivos obvios, el proyecto fue paralizado y abandonado definitivamente. 

El proyecto constructivo del mausoleo y panteón corrió a cargo de Goerlich, mientras que el sarcófago propiamente dicho fue realizado por el escultor Mariano Benlliure, amigo este de Blasco Ibañez y también de Goerlich, pese a la diferencia de edad existente entre ellos.  



El sarcófago, en la actualidad está ubicado en el Convento del Carmen de Valencia, en la calle Museo 8, concretamente entrando en el claustro gótico en la primera capilla que encontramos abierta a la izquierda.»

Fundación Goerlich

martes, 31 de octubre de 2017

¡Si parecía dormido!

«¡Pobre Pascualet!... ¡Infeliz Obispillo! Con su guirnalda extravagante y su cara pintada estaba hecho un mamarracho. Más ternura dolorosa inspiraba su cabecita pálida, con el verdor de la muerte, caída en la almohada de su madre, sin más adornos que sus cabellos rubios.

Pero todo esto no impedía que las buenas huertanas se entusiasmasen ante su obra. «¡Miradlo!... ¡Si parecía dormido! ¡Tan hermoso!, ¡tan sonrosado!...» Jamás se había visto un albaet como éste

Y llenaban de flores los huecos de su caja: flores sobre la blanca vestidura, flores esparcidas en la mesa, apiladas, formando ramos en los extremos. Era la vega entera abrazando el cuerpo de aquel niño que tantas veces había visto saltar por sus senderos como un pájaro, extendiendo sobre su frío cuerpo una oleada de perfumes y colores.»

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez




Fotografía post mortem

Fotógrafo J. Llopis

Todocolección

La fotografía post mortem

https://es.wikipedia.org/wiki/Fotograf%C3%ADa_post_mortem

lunes, 30 de octubre de 2017

Que llaman a cualquier rancho arroz a la valenciana

«Cuando anclaban en puertos de pesca abundante, acometía la magna obra de guisar un arroz abanda. Los marmitones llevaban a la mesa del capitán la olla donde habían hervido los pescados mantecosos, revueltos con langostas, almejas y toda clase de mariscos. Él se reservaba el honor de ofrecer la gran fuente con su pirámide de arroz dorado y suelto.

Hervido aparte (abanda), cada grano estaba repleto del suculento caldo de la olla. Era un arroz que contenía en sus entrañas la concentración de todas las substancias del mar. Como si cumpliese una ceremonia litúrgica iba entregando medio limón a cada uno de los que ocupaban la mesa. El arroz sólo debe comerse luego de humedecerlo con este rocío perfumado, que evoca la imagen de un jardín oriental. Únicamente desconocían esta voluptuosidad los infelices de tierra adentro, que llaman a cualquier rancho arroz a la valenciana.»

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez


Subasta de pescado en el Puerto de Valencia. 1971

Luis Vidal, publicada en "Valencianos de la mar" de María Ángeles Arazo

domingo, 29 de octubre de 2017

Llegada de los restos de Blasco Ibáñez a Valencia. Vídeo

«El 28 de enero de 1928 fallecía Vicente Blasco Ibáñez en Mentón (Francia), en su villa de Fontana Rosa, pero habría que esperar cinco años para que sus restos regresaran a Valencia, tal y como era su deseo. Fue el día 29 de octubre de 1933, con la II República española ya instaurada desde hacía dos años, cuando llegaron los restos mortales del escritor valenciano a bordo del acorazado Jaime I, buque insignia de la armada española, para descansar definitivamente en su ciudad natal.

El traslado de los restos fue todo un acontecimiento para la Valencia de principios del siglo XX y el resultado de una organización y coordinación que comenzó con la creación del Comité Pro Traslado de los Restos de Blasco Ibáñez a su ciudad natal y en la que se involucró el Gobierno de la República.

El BOE, en su Decreto de 26 de octubre de 1933 publicaba que sería una División Naval la que se encargaría de recoger los restos y los honores que, en forma de salva de 19 cañonazos, recibiría el féretro. Además otro Decreto de 28 de octubre del mismo año señalaba que al escritor fallecido, desde su llegada a Valencia, se le rindieran los honores militares que las Ordenanzas señalaban para el cadáver de un Ministro civil que falleciera en el ejercicio de su cargo y una Orden circular designaba el 28 de octubre como fecha de entrega de los restos a Valencia.

Dos expediciones, una por mar y otra por tierra, partieron desde España. La primera, en tren desde Valencia, salió el domingo 22 de octubre. Hicieron noche en ruta, descansando en los coches-cama hasta las 8, hora en la que llegaron a Barcelona. Allí enlazaron con el exprés directo a Francia, concretamente a Marsella, donde llegaron a las 21 horas. Al día siguiente, se recorrieron los kilómetros restantes hasta Mentón, donde quedaron alojados en el Hotel Des Anglais, situado en la orilla del mar y cerca de Fontana Rossa.

La segunda Expedición, capitaneada por el Ministro de la Marina, Sigfrido Blasco y el Alcalde de Valencia zarpó desde Cartagena a las 11.10 horas del 24 de octubre con los buques encargados de transportar los restos desde Francia a Valencia.

El mismo día que zarpó la delegación española, a las 7 de la tarde en Mentón, comenzaron los actos oficiales. Se trasladó el féretro que encierra los restos mortales de Blasco Ibáñez desde el cementerio de Mentón al gran salón de fiestas del Ayuntamiento. Allí el féretro fue expuesto sobre amplio catafalco y le dieron guardia de honor, los Scouts des Eclaireurs Francais, miembros de la Societé de Gimnastique, de la Liga de los Derechos del Hombre de Mentón y la delegación española. Los restos se pudieron visitar hasta el mediodía del jueves 26 de octubre.

Esa mañana, los restos se trasladaron frente al Ayuntamiento, donde a las tres de la tarde dio comienzo la ceremonia de traslado de los restos. Sonaron el himno francés y español y el presidente del Comité francés pro restos de Blasco Ibáñez Mr. Laurens y el alcalde Mr. Camaret pronunciaron sus discursos. 

Terminado el acto 12 marinos españoles y 12 franceses condujeron el féretro hasta el embarcadero del puerto, pasando por todas las grandes vías de Mentón.

En el puerto les esperaba los acorazados Jaime I y los barcos Churruca y Alcalá Galiano. Los restos del escritor valenciano se embarcaron en el Jaime I con los honores establecidos.

Ya en Valencia una comitiva presidida por el presidente de la República Niceto Alcalá Zamora y multitud de personalidades, entre las que se encontraban Alejandro Lerroux y Francesc Macià, inauguraron un acto multitudinario con la que Valencia recibió los restos mortales de Blasco Ibáñez. A a las 9 de la mañana del 28 de octubre de 1933 arribaban al puerto de Valencia el acorazado Jaime I y los destructores Churruca y Alcalá Galiano.

A las 10 de la mañana se desembarcó el féretro sobre el muelle de Poniente. En el momento de tocar tierra, soltaron 20.000 palomas. En marcha la comitiva fúnebre, el féretro fue llevado por marineros valencianos hasta su llegada a la Avenida del Puerto, donde fue tomado a hombros por grupos de veinte hombres pertenecientes al partido que Blasco fundó.

La comitiva hizo el siguiente recorrido por las calles de la capital: Avenida del Puerto y puente de Aragón, (dónde cruzado el puente se incorporó la comitiva de honor, presidida por el Presidente de la República) continuó por la plaza Bolivar, Avenida de Navarro Reverter, plaza de la República, calle de Colón, calle Játiva, Avenida de Nicolás Salmerón y plaza de Emilio Castelar (donde desde los balcones y tribunas instaladas despidieron el duelo familiares y autoridades). La comitiva continuó por la Avenida Blasco Ibáñez, Avenida de Pablo Iglesias, plaza del Mercado hasta la Lonja, en cuyo Salón Columnario se instaló la capilla ardiente. Por ella, durante la semana que estuvo instalada, desfilaron autoridades, familiares y centenares de valencianos que quisieron rendir homenaje al escritor. 

El domingo 5 de noviembre, a las 10 de la mañana, fueron trasladados los restos desde la Lonja hasta el Cementerio municipal, pasando por su casa natalicia (Calle Flor de Mayo) y por la redacción de EL PUEBLO (Calle don Juan de Austria)». 

http://archivo.dival.es/





sábado, 28 de octubre de 2017

Era Joaquín Sorolla

«Muchas veces, al vagar por la playa preparando mentalmente mi novela, encontré a un pintor joven –sólo tenía cinco años más que yo– que laboraba a pleno sol, reproduciendo mágicamente sobre sus lienzos el oro de la luz, el color invisible del aire, el azul palpitante del Mediterráneo, la blancura transparente y sólida al mismo tiempo de las velas, la mole rubia y carnal de los grandes bueyes cortando la ola majestuosamente al tirar las barcas.

Este pintor y yo nos habíamos conocido de niños, perdiéndonos luego de vista. Venía de Italia y acababa de obtener sus primeros triunfos.

Convertido al realismo en el arte y abominando de la pintura aprendida en las escuelas, tenía por único maestro al mar valenciano, admirando fervorosamente su luminoso esplendor.

Trabajamos juntos, él en sus lienzos, yo en mi novela, teniendo enfrente el mismo modelo. Así se reanudó nuestra amistad, y fuimos hermanos, hasta que hace poco nos separó la muerte.

Era Joaquín Sorolla».

Prólogo posterior a la novela Flor de Mayo. 1923

Vicente Blasco Ibáñez



Sorolla pintando "Niños en la playa". 1916

http://casamuseoblascoibanez.com/

viernes, 27 de octubre de 2017

Blasco Ibáñez es "un desordenado"

«El autor de La barraca no prepara los elementos de sus libros con la meticulosidad ahincada y paciente de que los novelistas franceses hablan en sus autobiografías; su temperamento, siervo tumultuoso y ardiente de la impresión, se lo impide. Blasco Ibáñez es "un desordenado"».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Blasco en La Malvarrosa

http://casamuseoblascoibanez.com/

jueves, 26 de octubre de 2017

Una población de casas blancas

«Retirado de los negocios después de cuarenta años de navegación con toda clase de riesgos y aventuras, el capitán Llovet era el vecino más importante del Cabañal, una población de: casas blancas de un solo piso, de calles anchas, rectas y ardientes de sol, semejante a una pequeña ciudad americana».

Lobo de mar. La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez


Actual calle Arcipreste Vicente Gallart (Canyamelar)

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=370996&page=450

miércoles, 25 de octubre de 2017

El tintero queda vacío, el lápiz se rompe

«Es—dice el autor de Safo —como un flujo de calor vital que nos sube al cerebro; nos sentimos dominados, invadidos por el asunto, y empezamos a escribir febrilmente. Nada nos detiene entonces: el tintero queda vacío, el lápiz se rompe; no importa; seguimos adelante. Nos irritamos contra la noche que llega y nos cegamos en la penumbra del crepúsculo esperando la lámpara que no traen. Le disputamos el tiempo a la comida y al sueño. Si es necesario marcharse, ir al campo, emprender un viaje, no podemos resolvernos a dejar el trabajo y continuamos escribiendo de pie, sobre una maleta...»

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Blasco Ibáñez en su estudio de La Malvarrosa

http://casamuseoblascoibanez.com/

martes, 24 de octubre de 2017

En una ocasión llegué a escribir treinta horas sin descansar

«Le pregunto: 

—¿Tiene usted la concepción fácil? 

—Mucho—responde—; yo soy un impresionista y un intuitivo; por lo mismo, esa lucha terrible entre el pensamiento y la forma, de que tanto se lamentan otros autores, apenas existe para mí. Es cuestión de temperamento. Yo creo que las obras de arte se ven instantáneamente o no se ven nunca: si lo primero, el asunto se agarra con tal fuerza a mi imaginación y me absorbe y posee tan en absoluto, que, para descansar, necesito llevarlo al papel de un tirón. El alboroto nervioso que me produce la redacción de los últimos capítulos, especialmente, constituye para mí una verdadera enfermedad: se me cansan la mano y el pecho, me duelen los ojos, el estómago, y, sin embargo, no puedo dejar de escribir; el desenlace tira de mí, me esclaviza, me golpea en la nuca, me enloquece; parezco sonámbulo; me hablan y no oigo; quiero salir a dar un paseo y no me atrevo; la mesa me atrae y vuelvo al trabajo. Muchas veces he escrito diez y seis y diez y ocho horas seguidas. En una ocasión llegué a escribir treinta horas sin descansar más que el tiempo indispensable para beberme alguna taza de caldo o de café...»

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Blasco Ibáñez en su estudio del chalet de la Malvarrosa. 1902

http://elargonautavalenciano.blogspot.com.es/2015/02/ecos-de-la-guerra-la-casa-del-artista.html

lunes, 23 de octubre de 2017

Y volvió en una de esas barcas

«Seguro de que únicamente en «lo vivido» reside el estremecimiento mago, motivo de toda suprema belleza, de tal suerte que nada que previamente no haya sacudido el temperamento del artista, sea novelista, pintor o músico, puede utilizarse como límpido origen o sólido cimiento de ninguna obra de arte, aplicóse devotamente a pasar por cuanto luego había de servirle de molde a sus libros. Así, para escribir Flor de Mayo, fue a Tánger y volvió en una de esas barcas, llamadas laúdes, que se dedican al contrabando de tabaco».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois



Vela latina

Todocolección

domingo, 22 de octubre de 2017

La barraca también pasó casi inadvertida

«El resultado obtenido por los primeros libros de Blasco Ibáñez fue insignificante. De Arroz y tartana, que apareció en 1894, y de Flor de Mayo, apenas vendió quinientos ejemplares; La barraca también pasó casi inadvertida, y fue preciso que años después el famoso hispanófilo G. Hérelle, que la compró casualmente en San Sebastián un día de toros, entusiasmado con su lectura la tradujese al francés, para que nuestra prensa y nuestro público reconociesen el mérito de esta novela ejemplar».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Fotograma de la película mexicana "La barraca"

Dirigida por Roberto Gavaldón en 1944 - 1945 (según fuentes),
con guión de Libertad Blasco Ibáñez y  Paulino Masip 

http://literaturacinemusica.blogspot.com.es/

sábado, 21 de octubre de 2017

Valencia y lo valenciano. Y 09

«Mi propósito en el año próximo es dar la vuelta al mundo. Pero allí donde esté habrá un valenciano, un gran valenciano que está dispuesto a servir a su país y a hacer todo lo que pueda por su gloria futura y su gloria pasada, para que Valencia sea, si puede ser, la ciudad española del arte y tal vez de la literatura, y para que al mismo tiempo nuestro pasado resplandezca con todas las glorias que merece, como una de las grandezas más grandes de la grandeza de la nación española».

Valencia y lo valenciano

Fragmento del discurso pronunciado por Don Vicente Blasco Ibáñez en Valencia el 16 de mayo de 1921, en agradecimiento por el nombramiento de Director Honoris Causa del Centro de Cultura Valenciana


Palacio Municipal de la Exposición

Aquí quería instalar Blasco Ibáñez el Museo

http://elargonautavalenciano.blogspot.com.es/2016/02/epoca-de-carnaval-1911.html

viernes, 20 de octubre de 2017

Después doy un paseo y en seguida reanudo mi trabajo

«—Inmediatamente—continúa—me siento a escribir y produzco sin descanso hasta las cuatro de la tarde. A esa hora vuelvo a comer bien. Después doy un paseo y en seguida reanudo mi trabajo. A las once ceno. Luego me acuesto, y en la cama leo hasta las dos ó las tres de la madrugada. Como ve usted, duermo muy poco».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Blasco Ibáñez junto a su familia en La Malvarrosa

http://www.fundacionblascoibanez.com/vicente-blasco-ibanez