Mostrando entradas con la etiqueta Paella. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paella. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de enero de 2026

Y fiestas de santos valencianos, que eran los primeros del cielo para el tío Caragol —San Vicente Mártir, San Vicente Ferrer, la Virgen de los Desamparados y el Cristo del Grao—, aparecía la humeante paella

«En los domingos y fiestas de santos valencianos, que eran los primeros del cielo para el tío Caragol —San Vicente Mártir, San Vicente Ferrer, la Virgen de los Desamparados y el Cristo del Grao—, aparecía la humeante paella, vasto redondel de arroz, sobre cuya arena de hinchados granos yacían despedazadas varias aves. El cocinero sorprendía a su gente repartiendo cebollas crudas, voluminosas, de acre perfume que arrancaba lágrimas y una blancura de marfil. Eran un regalo de príncipe mantenido en secreto. No había mas que quebrarlas de un puñetazo para que soltasen su viscosidad, y luego se perdían en los paladares como bocados crujientes de un pan dulce y picante, alternando con las cucharadas de arroz».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez



Comiendo paella

miércoles, 22 de enero de 2025

En los domingos y fiestas de santos valencianos... aparecía la humeante paella

«En los domingos y fiestas de santos valencianos, que eran los primeros del cielo para el tío Caragol —San Vicente Mártir, San Vicente Ferrer, la Virgen de los Desamparados y el Cristo del Grao—, aparecía la humeante paella, vasto redondel de arroz, sobre cuya arena de hinchados granos yacían despedazadas varias aves. El cocinero sorprendía a su gente repartiendo cebollas crudas, voluminosas, de acre perfume que arrancaba lágrimas y una blancura de marfil. Eran un regalo de príncipe mantenido en secreto. No había mas que quebrarlas de un puñetazo para que soltasen su viscosidad, y luego se perdían en los paladares como bocados crujientes de un pan dulce y picante, alternando con las cucharadas de arroz».

Mare Nostrum
 
Vicente Blasco Ibáñez



Paella familiar

?

viernes, 17 de noviembre de 2023

Hubo gran paella en el huerto del alcalde

«Fue un día de fiesta para la cabeza del distrito la repentina visita del diputado, un señorón de Madrid, tan poderoso para aquellas buenas gentes, que hablaban de él como de la Santísima Providencia. Hubo gran paella en el huerto del alcalde; un festín pantagruélico, amenizado por la banda del pueblo y contemplado por todas las mujeres y chiquillos, que asomaban curiosos tras las tapias.

La flor del distrito estaba allí: los curas de cuatro o cinco pueblos, pues el diputado era defensor del orden y los sanos principios; los alcaldes y todos los muñidores que en tiempos de elección trotaban por los caminos trayéndole a don José las actas incólumes para que manchase su blanca virginidad con cifras monstruosas.

Entre las sotanas nuevas y los trajes de fiesta oliendo a alcanfor y con los pliegues del arca, destacábanse majestuosos los lentes de oro y el negro chaqué del diputado; pero a pesar de toda su prosopopeya, la Providencia del distrito apenas si llamaba la atención».

La paella del roder

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Comiendo paella

sábado, 14 de agosto de 2021

Siguiendo con mirada famélica el hervor del arroz en la paella

«Siguiendo con mirada famélica el hervor del arroz en la paella, los segadores de la masía, escuchaban al tío Correchola, un vejete huesudo que enseñaba por la entreabierta camisa un matorral de pelos grises.

Las caras rojas, barnizadas por el sol, brillaban con el reflejo de las llamas del hogar».

El establo de Eva

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez



Paella en La Albufera

https://www.facebook.com/TakePaella/photos/a.263036348851672/310632550758718/

viernes, 22 de enero de 2021

En los domingos y fiestas de santos valencianos, que eran los primeros del cielo para el tío Caragol

«En los domingos y fiestas de santos valencianos, que eran los primeros del cielo para el tío Caragol —San Vicente Mártir, San Vicente Ferrer, la Virgen de los Desamparados y el Cristo del Grao—, aparecía la humeante paella, vasto redondel de arroz, sobre cuya arena de hinchados granos yacían despedazadas varias aves. El cocinero sorprendía a su gente repartiendo cebollas crudas, voluminosas, de acre perfume que arrancaba lágrimas y una blancura de marfil. Eran un regalo de príncipe mantenido en secreto. No había mas que quebrarlas de un puñetazo para que soltasen su viscosidad, y luego se perdían en los paladares como bocados crujientes de un pan dulce y picante, alternando con las cucharadas de arroz.»

Mare Nostrum
 
Vicente Blasco Ibáñez


 
Cocinando una paella
 
 Eva Ros Godoy

?

 

martes, 17 de noviembre de 2020

El meloso socarraet, el bocado más exquisito de la paella

«Eran gente de buenas tragaderas, y pronto salió a luz el fondo de la sartén, viéndose, por los profundos agujeros que las cucharas de palo abrían en la masa de arroz, el meloso socarraet, el bocado más exquisito de la paella».

Guapeza valenciana

Cuentos valencianos
 
Vicente Blasco Ibáñez
 
 
"La Paella al mitg com te que ser..." (sic)
 
Valencia. Años 60
 
Todocolección

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Faltando sólo que le echasen el arroz

«Aquel desfile de guapos detúvose en todos los cafetines del tránsito para refrescar con medias libras de aguardiente, convidando a los policías conocidos que encontraban al paso, y cerca de las doce llegaron a la alquería del camino de Burjasot, donde la paella burbujeaba ya sobre los sarmientos, faltando sólo que le echasen el arroz».

Guapeza valenciana

Cuentos valencianos
 
Vicente Blasco Ibáñez
 
 
Merendero "La Herradura" 
 
La Malvarrosa

https://www.facebook.com/Merendero-La-Herradura-327224134397056/


sábado, 29 de agosto de 2020

No se comía en la misma paella, sino en platos

«Aquello era un banquete de señóres; no se comía en la misma paella, sino en platos, y bebíase en vasos, lo que embarazaba a muchos de los comensales, acostumbrados a arrojar un mendrugo sobre el arroz como señal de que era llegado el momento de pasar el porrón de mano en mano. 

La cortesía labriega mostrábase con toda su pegajosidad y falta de limpieza. Ofrecíanse de un extremo a otro del banquete un muslo tierno y jugoso, y de unos dedos a otros llegaba a su destino. Todo era obsequios, como si cada uno no tuviese en su plato lo mismo que le ofrecían».

La cencerrada

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez



Comiendo paella

http://elsocarraet.blogspot.com/

jueves, 27 de agosto de 2020

Esa preocupación de la mujer campesina que considera como una falta de pudor el comer mucho en público

«¡Cuerpo de Dios, y qué bien lo hacía todo aquella gente! Las dentaduras, fortalecidas por la diaria comida de salazón, chocaban alegremente, y los ojos miraban con ternura aquellas paellas como circos, en las cuales los pedazos de pollo eran casi tantos como los granos de arroz, hinchados por el sustancioso caldo. 

Con el pañuelo al pecho a guisa de servilleta, había bigardón que tragaba como un ogro, mientras las mujeres hacían dengues, llevándose a la boca la puntita de la cuchara con dos granos de arroz, mostrando esa preocupación de la mujer campesina que considera como una falta de pudor el comer mucho en público».

La cencerrada

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez



Comiendo una paella en familia

Colección Francisco Roglá

miércoles, 16 de enero de 2019

Donde las paellas de arroz burbujeaban su caldo substancioso

«Corrían con gracioso contoneo sobre la ardiente arena más de veinte gallinas, capitaneadas por un gallo matón y vocinglero que se las tenía tiesas con todos los perros vagabundos que correteaban la playa; al través de los cañizos oíase el gruñido de un cerdo atacado del asma de la obesidad, y frente al mostrador, bajo el sombrajo, flameaban a todas horas dos fogones, donde las paellas de arroz burbujeaban su caldo substancioso o el pescado chirriaba, dorándose entre el azulado vapor del aceite frito. Había allí prosperidad y abundancia».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Cocinando una paella en la playa de La Malvarrosa

http://lamalva-rosaenblancinegre.blogspot.com/

domingo, 16 de septiembre de 2018

Como en todos los días de corrida, Juan Gallardo almorzó temprano

«Como en todos los días de corrida, Juan Gallardo almorzó temprano. Un pedazo de carne asada fue su único plato. Vino, ni probarlo: la botella permaneció intacta ante él. Había que conservarse sereno. Bebió dos tazas de café negro y espeso, y encendió un cigarro enorme, quedando con los codos en la mesa y la mandíbula apoyada en las manos, mirando con ojos soñolientos a los huéspedes que poco a poco ocupaban el comedor».

Sangre y arena

Vicente Blasco Ibáñez


La paella de Valencia

«Se desvela el misterio. Fin de la trama, según Vidal. Ahora resulta que Manolete no es un mito  por la inmensa emoción que provocaba su toreo. Ni por su dignidad profesional, tanta  que le lleva a morir en una plaza de pueblo toreando toros de Miura. No, Manolete es un mito sí, pero por comerse un plato de paella con Carlos Arruza, cuando el resto del país estaba asolado por la hambruna.

Curiosa forma ésta de escribir la historia del toreo».

http://larazonincorporea.blogspot.com/2011/05/el-toreo-de-manolete-v-el-mito-la.html



lunes, 2 de julio de 2018

Donde la paella burbujeaba ya sobre los sarmientos. Vídeo

«Por un contraste caprichoso, aquellos buenos mozos malcarados exhibían como gala el pie pequeño, usaban botas de tacón alto adornado con pespuntes, lo que les daba cierto aire de afeminamiento, así como los pantalones estrechos y las chaquetas ajustadas, marcando protuberancias musculosas o míseros armazones de piel y huesos en que los nervios suplían a la robustez. 

Los había que empuñaban escandalosos garrotes o barras de hierro forradas de piel, golpeando con estrépito los adoquines, como si quisieran anunciar el paso de la tierra; pero otros usaban bastoncillos endebles o no se apoyaban en nada, pues bastante compañía llevaban sobre las caderas, con el cuchillo como un machete y la pistola del quince, más segura que el revólver. 

Aquel desfile de guapos detúvose en todos los cafetines del tránsito para refrescar con medias libras de aguardiente, convidando a los policías conocidos que encontraban al paso, y cerca de las doce llegaron a la alquería del camino de Burjasot, donde la paella burbujeaba ya sobre los sarmientos, faltando sólo que le echasen el arroz».

Guapeza valenciana. Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez


La paella valenciana



viernes, 23 de febrero de 2018

Que llaman a cualquier rancho arroz a la valenciana. Vídeo

«Cuando anclaban en puertos de pesca abundante, acometía la magna obra de guisar un arroz abanda . Los marmitones llevaban a la mesa del capitán la olla donde habían hervido los pescados mantecosos, revueltos con langostas, almejas y toda clase de mariscos. Él se reservaba el honor de ofrecer la gran fuente con su pirámide de arroz dorado y suelto. 

Hervido aparte ( abanda ), cada grano estaba repleto del suculento caldo de la olla. Era un arroz que contenía en sus entrañas la concentración de todas las substancias del mar. Como si cumpliese una ceremonia litúrgica, iba entregando medio limón a cada uno de los que ocupaban la mesa. El arroz sólo debe comerse luego de humedecerlo con este rocío perfumado, que evoca la imagen de un jardín oriental. Únicamente desconocían esta voluptuosidad los infelices de tierra adentro, que llaman a cualquier rancho arroz a la valenciana».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez



Original receta de la paella valenciana de un programa alemán de los años 60

Youtube

lunes, 22 de enero de 2018

En los domingos y fiestas de santos valencianos... aparecía la humeante paella. Vídeo

«En los domingos y fiestas de santos valencianos, que eran los primeros del cielo para el tío Caragol —San Vicente Mártir, San Vicente Ferrer, la Virgen de los Desamparados y el Cristo del Grao—, aparecía la humeante paella, vasto redondel de arroz, sobre cuya arena de hinchados granos yacían despedazadas varias aves. El cocinero sorprendía a su gente repartiendo cebollas crudas, voluminosas, de acre perfume que arrancaba lágrimas y una blancura de marfil. Eran un regalo de príncipe mantenido en secreto. No había mas que quebrarlas de un puñetazo para que soltasen su viscosidad, y luego se perdían en los paladares como bocados crujientes de un pan dulce y picante, alternando con las cucharadas de arroz.»

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez