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miércoles, 2 de noviembre de 2022

Flotaban los ánades en la vecina acequia

«Atravesando la vega en las horas de más sol, cuando ardía la atmósfera y moscas y abejorros zumbaban pesadamente, sentíase una impresión de bienestar dentro de esta barraca limpia y fresca. El corral delataba, a través de sus bardas de barro y estacas, la vida contenida en él. Cloqueaban las gallinas, cantaba el gallo, saltaban los conejos por las sinuosidades de un gran montón de leña tierna, y vigilados por los dos hijos pequeños de Teresa, flotaban los ánades en la vecina acequia y correteaban las manadas  de polluelos por los rastrojos, piando incesantemente, moviendo sus cuerpecillos sonrosados, cubiertos apenas de fino plumón».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Acequia de Vera. Principios del XX

https://lamalva-rosaenblancinegre.blogspot.com/


miércoles, 12 de diciembre de 2018

Los piratas de la playa arreaban alegremente sus caballerías

«Los piratas de la playa arreaban alegremente sus caballerías como legítimos poseedores del botín, sin pensar que tal vez estaba salpicado con la sangre de los infelices extranjeros que dejaban á sus espaldas tendidos sobre la arena.

En la playa, los carabineros y la muchedumbre inactiva formaban corros más curiosos que aterrados en torno de unos cuantos cadáveres tendidos entre el agua y la arena, hermosos mocetones rubios y fornidos, mostrando por entre los jirones de sus ropas la carne dura, de blancura femenil, mientras sus ojos azules, turbios é inmóviles, miraban al cielo con misteriosa expresión».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



La Patacona. 1925

https://vicenticoaa.blogspot.com/2013/03/alboraya-valencia.html

jueves, 1 de febrero de 2018

Un carabinero joven que estaba de servicio en aquella parte de la playa

«Y la siñá Tona hacía confidente de sus desdichas a Martínez, un carabinero joven que estaba de servicio en aquella parte de la playa, y pasaba las horas del calor sentado bajo el sombrajo de la taberna, con el fusil entre las rodillas, mirando vagamente el límite del mar, con el oído atento á las eternas lamentaciones de la tabernera. 

El tal Martínez era andaluz, de Huelva; un muchacho guapo y esbelto, que llevaba con mucha marcialidad el uniforme viejo de servicio y se atusaba al hablar el rubio bigote con expresión distinguida. 

La siñá Tona le admiraba. Las personas que son finas no lo pueden ocultar; a la legua se las conoce. 

Y además, ¡qué gracia en el lenguaje! ¡qué términos tan escogidos gastaba! Bien se conocía que era hombre leído. Como que había estudiado muchos años en el Seminario de su provincia; y si ahora se veía así era porque, no queriendo ser cura y deseando ver mundo, había reñido con su familia, sentando plaza, para venir al fin a meterse en carabineros».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Cuartel de Carabineros en La Patacona

Cortesía de Tequín Iglesias

jueves, 25 de mayo de 2017

Para venir al fin a meterse en carabineros

«Y la siñá Tona hacía confidente de sus desdichas a Martínez, un carabinero joven que estaba de servicio en aquella parte de la playa, y pasaba las horas del calor sentado bajo el sombrajo de la taberna, con el fusil entre las rodillas, mirando vagamente el límite del mar, con el oído atento á las eternas lamentaciones de la tabernera. 

El tal Martínez era andaluz, de Huelva; un muchacho guapo y esbelto, que llevaba con mucha marcialidad el uniforme viejo de servicio y se atusaba al hablar el rubio bigote con expresión distinguida. 

La siñá Tona le admiraba. Las personas que son finas no lo pueden ocultar; a la legua se las conoce. 

Y además, ¡qué gracia en el lenguaje! ¡qué términos tan escogidos gastaba! Bien se conocía que era hombre leído. Como que había estudiado muchos años en el Seminario de su provincia; y si ahora se veía así era porque, no queriendo ser cura y deseando ver mundo, había reñido con su familia, sentando plaza, para venir al fin a meterse en carabineros».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Cuartel de Carabineros en La Patacona

Cortesía de Tequín Iglesias