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lunes, 13 de octubre de 2025

Donde se abandona a los niños como un fardo enojoso

«Tonet veía ante él un camino interminable, infinito, y sentía que las fuerzas le abandonaban. Nunca llegaría a las calles de la ciudad, desiertas al amanecer, a los portales de las iglesias, donde se abandona a los niños como un fardo enojoso. Era fácil desde el Palmar, en la soledad silenciosa del dormitorio, decir: "Tonet, haz esto"; pero la realidad se encargaba después de ponerse delante con sus obstáculos infranqueables».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Torno y puerta del Hospital. 1964

Calle de Quevedo

Subida por Elisa Ortiz a VAHG

miércoles, 24 de enero de 2024

Acudieron las gentes del Hospital

«Cuando entró en el patio del Hospital, el tartanero saltó de su asiento, y acariciando su caballo esperó inútilmente que bajasen aquel par de borrachos.

Fue a abrir, y vio que por el estribo de hierro se deslizaban hilos de sangre.

—¡Socorro! ¡Socorro!—gritó abriendo de un golpe.

Entró la luz en el interior de la tartana. Sangre por todas partes. Uno en el suelo, con la cabeza junto a la portezuela. El otro caído en la banqueta, con el cuchillo en la mano y la cara blanca como de papel mascado.

Acudieron las gentes del Hospital, y manchándose hasta los codos, vaciaron aquella tartana, que parecía un carro del Matadero cargado de carne muerta, rota, agujereada por todas partes».

En la boca del horno

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Portada del Hospital Civil en 1888

Valencia en 1888

Cortesía de José Navarro Escrich

jueves, 18 de enero de 2024

¡Al Hospital!

«El Menut se hizo atrás para evitar el golpe. También él mostró deseos de agarrarse allí mismo; pero se contuvo viendo una tartana que se aproximaba lentamente, balanceándose sobre los baches de la ronda y con su conductor todavía adormecido.

—¡Che, tartanero... para!

Y abalanzándose a la portezuela, la abrió con estrépito e invitó a subir a Tono, que retrocedía con asombro. Él no tenía dinero: ni esto. Y metiéndose una uña entre los dientes, tiraba hacia afuera.

El joven quería terminar pronto. «Yo pagaré.» Y hasta ayudó a subir a su enemigo, entrando después de él y subiendo con presteza las persianas de las ventanillas.

—¡Al Hospital!».

En la boca del horno

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Hospital Provincial

Cortesía de José Navarro Escrich

martes, 25 de abril de 2023

Bajaba gente de Torrente y otros pueblos que se dedicaban al comercio de escobas

«Y se indignaba recordando la respuesta que daban los de Catarroja. El Palmar llevaba este nombre porque era remotamente una isleta cubierta de palmitos. En otros siglos bajaba gente de Torrente y otros pueblos que se dedicaban al comercio de escobas, se establecían en la isla, y después de hacer provisión de palmitos para todo el año, levantaban el vuelo. Poco a poco fueron quedándose algunas familias. Los escoberos se convirtieron en pescadores, viendo que esto daba mayores ganancias, y, más listos y avezados por su vida errante a los progresos del mundo, inventaron  lo de los redolíns, consiguiendo para éste un privilegio de los reyes y perjudicando a los de Catarroja, gente sencilla que nunca había salido de la Albufera…».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



El granerer. 1890

Antiguo Hospital General de Valencia

Cortesía de José Navarro Escrich