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domingo, 6 de febrero de 2022

Nos vamos a Vichy: mamá necesita las aguas

«-Imagínate una guerra. ¡Qué horror! La vida social, paralizada. Se acabarían las reuniones, los trajes, los teatros. Hasta es posible que no se inventasen modas. Todas las mujeres, de luto. ¿Concibes eso?… Y París, desierto… ¡Tan bonito como lo encontraba yo esta tarde venía en tu busca!… No, no puede ser. Figúrate que el mes próximo nos vamos a Vichy: mamá necesita las aguas; luego a Biarritz. Después iré a un castillo del Loira».

Los cuatro jinetes del Apocalipsis

Vicente Blasco Ibáñez



Source des Célestins. 1932

Vichy. Francia

lunes, 31 de enero de 2022

La fontana de Vaucluse, cantada por Petrarca

«Cuando penetraron en el hall los envolvió una atmósfera vibrante de música y saturada de humo de tabaco rubio, con ligero perfume de opio. Sillones y divanes estaban ocupados por gentes de lengua inglesa; la oleada diaria de viajeros que pasa veinticuatro horas en Aviñón, ve el castillo de los Papas, la fontana de Vaucluse, cantada por Petrarca, y continúa su descenso por la Provenza, hacia la Costa Azul».

El Papa del mar

Vicente Blasco Ibáñez




La fontana de Vaucluse

Todocolección

lunes, 4 de febrero de 2019

Al desembarcar había estado dos horas en un café de Boulogne

«Sabía a qué atenerse. Había desembarcado a las diez de la noche, aún no hacía veinticuatro horas que pisaba tierra, y su mentalidad era la de un hombre que viene de lejos, a través de las inmensidades oceánicas, de los horizontes sin obstáculos, y se sorprende viéndose asaltado por las preocupaciones que gobiernan a los grandes grupos humanos. Al desembarcar había estado dos horas en un café de Boulogne, contemplando cómo las familias burguesas pasaban la velada en la monótona placidez de una vida sin peligros. Luego, el tren especial de los viajeros de América le había conducido a París, dejándolo a las cuatro de la madrugada en un andén de la estación del norte entre los brazos de Pepe Argensola, joven español al que llamaba unas veces mi secretario y otras mi escudero, por no saber con certeza qué funciones desempeñaba cerca de su persona. En realidad era una mezcla de amigo y de parásito, el camarada pobre complaciente y activo que acompañaba al señorito de familia rica en mala inteligencia con sus padres, participando de las alternativas de su fortuna, recogiendo las migajas de los días prósperos e inventando expedientes para conservar las apariencias en las horas de penuria».

Los cuatro jinetes del Apocalipsis

Vicente Blasco Ibáñez


Boulogne sur Mer

Todocolección