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lunes, 8 de junio de 2026

Teniendo al lado el cesto de la ropa para lavar

«Las mujeres agachábanse en los ribazos, teniendo al lado el cesto de la ropa para lavar. Saltaban en las sendas los pardos conejos, con su sonrisa marrullera, enseñando, al huir, las rosadas posaderas partidas por el rabo en forma de botón, y sobre los montones de rubio estiércol, el gallo, rodeado de sus cloqueantes odaliscas, lanzaba un grito de sultán celoso —¡su quiquiriquí!—, con la pupila ardiente y las barbillas rojas de cólera».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Acequia del Gas

Actual avenida del Mediterráneo

José Huguet

Bivaldi

miércoles, 1 de abril de 2026

La Semana Santa Marinera según Blasco Ibáñez. 05

«El Retor era por herencia capitán de los judíos, y todavía de noche saltó de la cama para embutirse en el hermoso traje guardado en el arcón durante el resto del año y considerado por toda la familia como el tesoro de la casa.

¡Válgale Dios y qué angustias pasaba el pobre Retor, cada año más rechoncho y fornido, para embutirse en la apretada malla de algodón!

Su mujer, en ropas menores, al aire la exuberante pechuga, zarandeábale tirando de un lado, apretando por otro, para ajustar dentro del mallón las cortas piernas y el vientre de su Retor , mientras que Pascualet, sentado en la cama, miraba con asombro a su padre, como si no le reconociera con aquel casco de indio bravo erizado de plumajes y el terrible sable de caballería que al menor movimiento chocaba contra los muebles y rincones, produciendo un estrépito de mil diablos.

Por fin terminó el penoso tocado. Algo mal estaba, pero ya era hora de acabar. Las ropas interiores, arrolladas por la opresión de la malla, apelotonábanse, y las piernas del judío parecían plagadas de tumores; apretábale el vientre el maldito calzón hasta hacerle palidecer; la celada, por exceso de engrase, le caía sobre el rostro, lastimándole la nariz; pero ¡la dignidad ante todo! y tirando del sablote é imitando con voz sonora el redoble del tambor, púsose a dar majestuosas zancadas por la habitación, como si su hijo fuese un príncipe a quien hacía guardia.

Dolores le miraba con sus ojos dorados y misteriosos ir de un lado a otro como un oso enjaulado. Tentábanla a la risa las piernas tortuosas; pero no; mejor estaba vestido así que cuando volvía a casa por la noche con el traje alquitranado y el aire de una bestia abrumada por el cansancio».

Flor de Mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Semana Santa Marinera

?

Colección Ferran Belda

jueves, 26 de marzo de 2026

La Semana Santa Marinera según Blasco Ibáñez. 02

«La chavalería del pueblo echábase a la calle disfrazada con los extraños trajes de una mascarada tradicional, que no otra cosa resultaba la procesión del Encuentro».

Flor de Mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Semana Santa Marinera

Calle Progreso. El Cabanyal

Foto Desfilis

Bivaldi

jueves, 9 de octubre de 2025

Esa virginidad que tendrá la novela valenciana que escribí con grandísimo entusiasmo

«Y puedo deciros que la novela valenciana es la que he hecho con más entusiasmo, porque al mismo tiempo que hacía vivir al artista, había en torno a mí algo, un ambiente de familia, algo sincero e íntimo que debo confesar no he encontrado cuando hacía otras novelas, otras novelas que he hecho con más maestría, con lo que llaman los franceses métier, conociendo mejor mi oficio, no con la inexperiencia de cuando joven, pero que no tendrán la frescura, esa virginidad que tendrá la novela valenciana que escribí con grandísimo entusiasmo».

Valencia y lo valenciano

Fragmento del discurso pronunciado por Don Vicente Blasco Ibáñez en Valencia el 16 de mayo de 1921, en agradecimiento por el nombramiento de Director Honoris Causa del Centro de Cultura Valenciana



Homenaje a "La barraca"

Calle de La barraca

Semana de homenaje a Blasco Ibáñez. Mayo 1921





lunes, 28 de octubre de 2024

«Quiero que me entierren en el más modesto cementerio valenciano...»

«Quiero que me entierren en el más 
modesto cementerio valenciano, 
junto al Mare Nostrum que llenó de ideal mi espíritu, quiero que mi cuerpo se confunda con esta tierra de Valencia que es el amor de todos mis amores».

Vicente Blasco Ibáñez



Aspecto de la playa durante el discurso pronunciado por Blasco Ibáñez  en el acto de la inauguración del Asilo para los inválidos del mar

Cabañal. Valencia. 19 de febrero de 1911


sábado, 31 de agosto de 2024

Que esparcía el olor del cáñamo recién hilado

«El tartanero acabó de sacar del vehículo los gruesos paquetes de hilo, y, ayudado por Tonet, fué arrojándolos en la proa de la barca, donde formaron un montón amarillento, que esparcía el olor del cáñamo recién hilado.

Neleta pagó al tartanero. ¡Salud y buen viaje! Y el hombre, chasqueando el látigo, hizo emprender a su caballo el camino de Catarroja».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Cordeleros. Valencia. 1893

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 51 x 70

Colección privada

martes, 30 de julio de 2024

Hilo del mejor, del que se fabrica en la playa del Cabañal

«Una noche cenaron en la taberna Tonet y su abuelo para tratar seriamente del negocio. Había que comprar hilo del mejor, del que se fabrica en la playa del Cabañal para los pescadores de mar. El tío Paloma iría a comprarlo, como conocedor experto, pero le acompañaría el tabernero, que quería pagar directamente, temiendo ser engañado si entregaba el dinero al viejo».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Cordeleros. 1893 

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 51 x 70 

Colección privada

domingo, 21 de abril de 2024

Lavaban la ropa o fregaban los platos en un agua infecta

«A la orilla de la acequia del Gas, las mujeres, en cuclillas, moviendo sus inquietas posaderas, lavaban la ropa o fregaban los platos en un agua infecta que discurría sobre fango negruzco cargado de mortales emanaciones».

Flor de Mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Acequia del Gas en el Cabañal. 1906

Actualmente avenida Mediterráneo desde la calle del Doctor Lluch

viernes, 22 de marzo de 2024

La Semana Santa Marinera según Blasco Ibáñez. 02

«La chavalería del pueblo echábase a la calle disfrazada con los extraños trajes de una mascarada tradicional, que no otra cosa resultaba la procesión del Encuentro».

Flor de Mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Semana Santa Marinera

¿Calle Progreso?

Bivaldi

domingo, 31 de diciembre de 2023

La Navidad según Blasco Ibáñez. 14

«La humeante sopera descansó en el centro de la mesa, con el cucharón de plata metido en las entrañas, y rápidamente se llenaron los platos. ¡Soberbia sopa! Flotaban en su superficie las lunas de grasa, y entre las rebanaditas de pan impregnadas de suculento líquido, los menudillos de la gallina, las tiernas yemas de color de ámbar y los negruzcos hígados, que se deshacían al entrar en la boca. Todos comían con apetito, especialmente don Juan, que, a pesar de su sobriedad de avaro, era un tragón terrible al entrar en mesa ajena.

Rafael, en cuatro cucharadas, se tragó su ración, poniéndose al nivel de los demás cuando salió el cocido, dos fuentes magníficas, que exhalaban un vaho consolador, un tufillo alimenticio que se colaba hasta el fondo del estómago. En la una, las patatas amarillentas, los reventones garbanzos sacando fuera del estuche de piel su carne rojiza, la col, que se deshacía como manteca vegetal, los nabos blancos y tiernos, con su olorcillo amargo; y en la otra fuente las grandes tajadas de ternera, con su complicada filamenta y su brillante jugo; el tocino temblón como gelatina nacarada; la negra morcilla reventando, para asomar sus entrañas al través de la envoltura de tripa; y el escandaloso chorizo, demagogo del cocido, que todo lo pinta de rojo, comunicando al caldo el ardor de un discurso de club.

¡Hola! Ya se presentaba la gallina del puchero. ¿Que quién la parte? Juanito mismo.

Y el buen muchacho, obediente a la voz de su tío, púsose en pie, y empuñando un enorme tenedor y el afilado trinchante, hizo una carnicería que elevó protestas. Doña Manuela le miró severamente. Pero ¡cuán desmañado era!

Don Juan intervino, viendo que su sobrino se conmovía:

—Vaya, otra vez lo hará mejor el chico, ahora... a lo que estamos.

Y pasaron a los platos los trozos de la gallina: la jugosa pechuga, el cuello cartilaginoso, los melosos muslos y el armazón chorreando grasa, que chupaba doña Manuela con un regodeo de gata golosa».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Mercado de aves

Calle de los Ángeles. Cabañal

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miércoles, 15 de noviembre de 2023

Y mientras tanto, los calafates, brocha en mano

«El gentío se llevó las velas, las anclas, los remos: hasta desmontamos el mástil, que se cargó en hombros una turba de muchachos, llevándolo en procesión al otro extremo del pueblo. La barca quedó hecha un pontón, tan pelada como usted la ve.

Y mientras tanto, los calafates, brocha en mano, pinta que pinta. El Socarrao se desfiguraba como un burro de gitano. Con cuatro brochazos fue borrado el nombre de popa; y de los folios de los costados, de esos malditos letreros, que son la cédula de toda embarcación, no quedó ni rastro».

La barca abandonada

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Calafateando. Valencia. 1894

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 10 x 17

Museo Sorolla

lunes, 13 de noviembre de 2023

Una mañana, a la sombra de la barca abandonada

«Una mañana, a la sombra de la barca abandonada, cuando el mar hervía bajo el sol y parecía un cielo de noche de verano, azul y espolvoreado de puntos de luz, un viejo pescador me contó la historia».

La barca abandonada

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Pescadoras a la sombra de la barca. 1902

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 18×30

Colección privada

sábado, 11 de noviembre de 2023

Un ser desconocido que se moría entre aquellas otras barcas

«Hasta de nombre carecía. La popa estaba lisa y en los costados ni una señal del número de filiación y nombre de la matrícula, un ser desconocido que se moría entre aquellas otras barcas, orgullosas de sus pomposos nombres, como mueren en el mundo algunos, sin desgarrar el misterio de su vida».

La barca abandonada

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Barcas en la arena. Valencia. 1908

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo

Colección particular

jueves, 9 de noviembre de 2023

Y la arena, arrastrada por el viento, había invadido su cubierta

«El sol había derretido su pintura; las tablas se agrietaban y crujían con la sequedad, y la arena, arrastrada por el viento, había invadido su cubierta. Pero su perfil fino, sus flancos recogidos y la gallardía de su construcción delataban una embarcación ligera y audaz, hecha para locas carreras, con desprecio a los peligros del mar. Tenía la triste belleza de esos caballos viejos que fueron briosos corceles y caen abandonados y débiles sobre la arena de la plaza de toros».

La barca abandonada

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Día de tempestad. Valencia. 1899

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 46 cm x 68.2

Colección privada

martes, 7 de noviembre de 2023

Y las embarcaciones de pesca eran armadas y lanzadas al agua

«En el curso de un año, la playa cambiaba de vecinos; los laúdes ya reparados se hacían a la mar y las embarcaciones de pesca eran armadas y lanzadas al agua; sólo una barca abandonada y sin arboladura permanecía enclavada en la arena, triste, solitaria, sin otra compañía que la del carabinero que se sentaba a su sombra».

La barca abandonada

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Arrastrando la barca

Playa del Cabañal

Al fondo se puede apreciar el Balneario Las Arenas

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domingo, 5 de noviembre de 2023

Embadurnándoles los flancos con caliente alquitrán

«Los botes ligeros, con sus vientres blancos y azules y el mástil graciosamente inclinado, formaban una fila avanzada al borde de la playa, donde se deshacían las olas y una delgada lámina de agua bruñía el suelo cual si fuese de cristal; detrás, con la embetunada panza sobre la arena, estaban las negras barcas del bou, las parejas que aguardaban el invierno para lanzarse al mar, barriéndolo con su cola de redes; y en último término, los laúdes en reparación, los abuelos, junto a los cuales agitábanse los calafates, embadurnándoles los flancos con caliente alquitrán, para que otra vez volviesen a emprender sus penosas y monótonas navegaciones por el Mediterráneo: unas veces a las Baleares con sal, otras a la costa de Argel con frutas de la huerta levantina, y muchas con melones y patatas para los soldados rojos de Gibraltar».

La barca abandonada

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Calafates. 1894

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 50.5 x: 71

Museo de Bellas Artes de Asturias. Oviedo

lunes, 30 de octubre de 2023

Sólo consiguieron mover la barca y que se deslizara algunos pasos

«—¡Presente, capitá!

Los lobos de mar, con su ídolo al frente, abriéronse paso para echar al mar una de las barcas. Rojos, congestionados por el esfuerzo, con el cuello hinchado por la rabia, sólo consiguieron mover la barca y que se deslizara algunos pasos. Irritados contra su vejez, intentaron un nuevo esfuerzo; pero la muchedumbre protestaba contra su locura, y cayó sobre ellos, desapareciendo los viejos arrebatados por sus familias.

—¡Dejadme, cobardes! ¡Al que me toque, lo mato!--rugía el capitán Llovet.

Pero por primera vez aquel pueblo, que le adoraba, puso la mano en él. Le sujetaron como a un loco, sordos a sus súplicas, indiferentes a sus maldiciones.

La barca, abandonada de todo auxilio, corría a la muerte dando tumbos sobre las olas. Ya estaba próxima a los peñascos, ya iba a estrellarse entre torbellinos de espuma, y aquel hombre que tanto había despreciado la vida del semejante, que había nutrido a los tiburones con tribus enteras y que llevaba un nombre aterrador como una leyenda lúgubre, revolvíase furioso, sujeto por cien manos, blasfemando porque no le dejaban arriesgar la existencia socorriendo a unos desconocidos, hasta que, agotadas sus fuerzas, acabó llorando como un niño».

Lobos de mar

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Playa de El Cabañal

?

sábado, 28 de octubre de 2023

A ver: ¡gente que me siga! Hay que salvar a esos pobres

«Una barca desarbolada iba como pelota de ola en ola hacia la siniestra punta. La gente gritaba en la playa viendo a los tripulantes tendidos en la cubierta, anonadados por la proximidad de la muerte. Se hablaba de ir hasta la barca, de echarla un cabo, de atraerla a la playa; pero los más audaces, mirando las olas que se desplomaban llenando el espacio de polvo de agua, callábanse atemorizados. La barca que saliera daría la voltereta antes de mover un remo.

—A ver: ¡gente que me siga! Hay que salvar a esos pobres.

Era la voz ruda e imperiosa del capitán Llovet. Se erguía sobre sus torpes piernas, la mirada brillante y fiera, las manos temblorosas por la cólera que le infundía el peligro. Las mujeres le miraban asombradas; los hombres retrocedían, formando ancho corro en torno de él, que prorrumpió en juramentos, agitando sus manos como si fuera a cerrar a golpes con toda la chusma. Le enfurecía el silencio de aquella gente, como si estuviera ante una tripulación insubordinada».

Lobos de mar

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Recogiendo la vela. 1908

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 91 x 112

Colección privada

domingo, 22 de octubre de 2023

Se había metido en su casa del Cabañal

«El capitán Llovet, como decían en la playa, era un gitano de mar, y trataba su barco como a un burro de feria, haciéndole sufrir transformaciones maravillosas.

Cruel y generoso, pródigo de su sangre y de la ajena, duro para el negocio y manirroto para el placer, los negociantes de Cuba le habían apodado el Capitán Magnífico, y así seguían llamándole los pocos marineros de su antigua tripulación que aún arrastraban por la playa las piernas reumáticas, tosiendo y encorvando el pecho.

Casi arruinado por empresas comerciales, al retirarse de la trata se había metido en su casa del Cabañal, viendo pasar la vida ante su puerta, sin otra distracción que jurar como un condenado cuando el reuma le hacía permanecer inmóvil en su asiento».

Lobos de mar

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Calle de la Reina esquina Vicente Guillot


viernes, 20 de octubre de 2023

En la playa del Cabañal, la gente, reunida a la sombra de las barcas

«Y junto con esto, inesperados arranques de generosidad: socorros a manos llenas a las familias de sus marineros. En un arrebato de cólera era capaz de matar a uno de los suyos; pero si alguien caía al agua, se arrojaba para salvarle, sin miedo al mar ni a sus voraces bestias. Enloquecía de furor si los compradores de negros le engañaban en unas cuantas pesetas, y en la misma noche gastaba tres o cuatro mil duros celebrando una de aquellas orgías que le habían hecho famoso en la Habana. «Pega antes que habla», decían de él los marineros, y recordaban que, en alta mar, sospechando que su segundo conspiraba contra él, le había deshecho el cráneo de un pistoletazo. Aparte de esto, un hombre divertidísimo, a pesar de su cara fosca y su mirada dura. En la playa del Cabañal, la gente, reunida a la sombra de las barcas, reía recordando sus bromas».

Lobos de mar

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



A la sombra de la barca. 1903 - 1904

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 42 x 54,50

Museo Sorolla