miércoles, 31 de mayo de 2017

Formaban un campamento en el centro del cauce

«Los carros de los labriegos, con sus toldos claros, formaban un campamento en el centro del cauce, y a lo largo de la ribera, puestas en fila, estaban las bestias a la venta: mulas negras y coceadoras, con rojos caparazones y ancas brillantes, agitadas por nerviosa inquietud; caballos de labor, fuertes, pero tristes, cual siervos condenados a eterna fatiga, mirando con sus ojos vidriosos a todos los que pasaban, como si adivinasen al nuevo tirano, y pequeñas y vivarachas jacas, hiriendo el polvo con sus cascos, tirando del ronzal que las mantenía atadas al muro».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Mercado de caballerías

Cauce del Turia

La Semana Gráfica. 2 de abril de 1927

martes, 30 de mayo de 2017

Como fantasmas que caminasen en tierra firme

«Los altos ribazos ocultaban la red de canales, las anchas «carreras» por donde navegaban los barcos de vela cargados de arroz. Sus cascos permanecían invisibles y las grandes velas triangulares se deslizaban sobre el verde de los campos, en el silencio de la tarde, como fantasmas que caminasen en tierra firme».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


Vista de La Albufera. 1929

Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)


lunes, 29 de mayo de 2017

Con aquella dulzaina vieja, resquebrajada

«Y él, con los carrillos hinchados, la mirada vaga perdida en lo alto y resoplando sin cesar en la picuda dulzaina, acogía la rústica ovación con la indiferencia de un ídolo. 

Era popular y compartía la general admiración con aquella dulzaina vieja, resquebrajada, la eterna compañera de sus correrías, la que, cuando no rodaba en los pajares o bajo las mesas de las tabernas, aparecía siempre cruzada bajo el sobaco, como si fuera un nuevo miembro creado por la Naturaleza en un acceso de filarmonía».

Cuentos valencianos. Dimoni

Vicente Blasco Ibáñez


Dolçainer. 1929

Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)

domingo, 28 de mayo de 2017

Se alejó el carromato con suspiros de desvencijamiento

«Se alejó el carromato con suspiros de desvencijamiento y chirridos de hierro viejo, y la mujercita, con sus cestas al brazo, quedó inmóvil en la acera, como si despertase asombrada, no creyendo en la realidad de una reconciliación con su rival».

Flor de Mayo

Vicente Blasco Ibáñez


"De regreso". Atardecer con carreta de caballos. 1927

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Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)

sábado, 27 de mayo de 2017

Había que fijarse en las ventajas del cultivo del arroz

«No; él se rebelaba; quería sacar a la familia de su miserable postración; trabajar, no sólo para comer, sino para el ahorro. Había que fijarse en las ventajas del cultivo del arroz: poco trabajo y gran provecho. Era una verdadera bendición del cielo; nada en el mundo daba más. Se planta en junio y se recolecta en septiembre; un poco de abono y otro poco de trabajo; total, tres meses; se coge la cosecha, las aguas del lago, hinchadas por las lluvias del invierno, cubren los campos, y ¡hasta el año siguiente! La ganancia se guarda, y en los meses restantes se pesca a la luz del sol y se caza ocultamente para mantener la familia. ¿Qué más podía desear…? El abuelo había sido un pobre, y después de una vida de perro sólo logró construir aquella barraca, donde vivían eternamente ahumados. Su padre, a quien tanto respetaba, no había conseguido guardar un mendrugo para la vejez. Que le dejasen a él trabajar a gusto, y su hijo, el pequeño Tonet, sería rico, cultivaría campos cuyos límites se perderían de vista, y sobre el solar de la barraca tal vez se levantase con el tiempo una casa mejor que todas las del Palmar. Hacía mal su padre en indignarse porque sus descendientes cultivaban la tierra. Más valía ser labrador que vivir errante en el lago, pasando hambre muchas veces y exponiéndose a recibir el balazo de un guarda de la Dehesa».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


"Plantá de l'arrós". 1935

Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)

viernes, 26 de mayo de 2017

Prefería corretear por la Dehesa

«El barquero vio claro: lo que su nieto odiaba, con una repulsión instintiva que ponía de pie su voluntad, era el trabajo. En vano el tío Paloma le hablaba de la gran pesca que harían al día siguiente en el Recatí , el Rincón de la olla o cualquier otro punto de la Albufera. Apenas el barquero se descuidaba, su nieto había desaparecido. Prefería corretear por la Dehesa con los chicuelos de la vecindad, tenderse al pie de un pino y pasar las horas oyendo el canto de los gorriones en las redondas copas, o contemplando el aleteo de las mariposas blancas y los abejorros bronceados sobre las flores silvestres».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


La Dehesa

Todocolección

jueves, 25 de mayo de 2017

Para venir al fin a meterse en carabineros

«Y la siñá Tona hacía confidente de sus desdichas a Martínez, un carabinero joven que estaba de servicio en aquella parte de la playa, y pasaba las horas del calor sentado bajo el sombrajo de la taberna, con el fusil entre las rodillas, mirando vagamente el límite del mar, con el oído atento á las eternas lamentaciones de la tabernera. 

El tal Martínez era andaluz, de Huelva; un muchacho guapo y esbelto, que llevaba con mucha marcialidad el uniforme viejo de servicio y se atusaba al hablar el rubio bigote con expresión distinguida. 

La siñá Tona le admiraba. Las personas que son finas no lo pueden ocultar; a la legua se las conoce. 

Y además, ¡qué gracia en el lenguaje! ¡qué términos tan escogidos gastaba! Bien se conocía que era hombre leído. Como que había estudiado muchos años en el Seminario de su provincia; y si ahora se veía así era porque, no queriendo ser cura y deseando ver mundo, había reñido con su familia, sentando plaza, para venir al fin a meterse en carabineros».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Cuartel de Carabineros en La Patacona

Cortesía de Tequín Iglesias

miércoles, 24 de mayo de 2017

Dimoni era un borracho

«Dimoni era un borracho. Los prodigios de su dulzaina, que, por lo maravillosos, le habían valido el apodo no llamaban tanto la atención, como las asombrosas borracheras que pillaba en las grandes fiestas».

Cuentos valencianos. Dimoni

Vicente Blasco Ibáñez


Ilustración de Juan González Alacreu para "Cuentos valencianos"

martes, 23 de mayo de 2017

Quiso que entrase con cierta dignidad en su nuevo oficio

«El aprendizaje comenzó bien. Hasta entonces le habían vestido con la ropa vieja de su padre, pero la siñá Tona quiso que entrase con cierta dignidad en su nuevo oficio, y una tarde, cerrando la taberna, fueron al Grao a un bazar del puerto, donde vendían ropas hechas para los marineros. Pascualet recordó durante muchos años la tal tienda, que le parecía el santuario del lujo. Los ojos se le fueron tras los chaquetones azules, los impermeables de amarillo hule, las enormes botas de aguas, prendas todas que sólo usaban los patrones, y salió orgulloso con su hatillo de grumete, compuesto de dos camisas mallorquinas, tiesas, ásperas y burdas, como si fuesen de papel de lija; una faja de lana negra, un traje completo de bayeta, de un amarillo rabioso; una barretina roja para calársela hasta el cuello en el mal tiempo y gorra de seda negra para bajar a tierra. Por fin, le vestían a su medida; ya no tendría que luchar con las chaquetas de su padre, que en los días de viento se hinchaban como velas, haciéndole correr por la playa más aprisa que quería. De zapatos no había que hablar. Él no recordaba haber metido jamás en tal tormento sus ágiles pies».

Flor de Mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Pesca del bou

http://enateneo.blogspot.com.es/

lunes, 22 de mayo de 2017

En Monte-Olivete sentábanse en el banco de piedra

«En Monte-Olivete sentábanse en el banco de piedra que circunda la ovalada plaza; henchíase el moquero de Tónica de cacahuetes y altramuces, y volvían a emprender la marcha, siempre por la orilla del río, más agreste ahora, con filas de seculares álamos y verdes cañares, que se estremecían rumorosos al viento con un quejido triste».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Plaza de Monteolivete

Todocolección



domingo, 21 de mayo de 2017

Que sacaron de la casa de expósitos

«Tono ansiaba cumplir los deseos de su mujer. No le disgustaba una niña en la casa; serviría de ayuda a la enferma. Y los dos hicieron un viaje a la ciudad, trayendo de allá una niña de seis años, una bestezuela tímida, arisca y fea, que sacaron de la casa de expósitos. Se llamaba Visanteta, pero todos, para que no olvidase su origen, con esa crueldad inconsciente de la incultura popular, la llamaron la Borda».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Sala de cunas de la Inclusa valenciana en una imagen de principios del siglo XX

Barberá Masip

http://hojasdeboj.com/


sábado, 20 de mayo de 2017

¡ Dimoni !... ¡Ya está ahí Dimoni !

«Desde Cullera a Sagunto, en toda la valenciana vega no había pueblo ni poblado donde no fuese conocido. Apenas su dulzaina sonaba en la plaza, los muchachos corrían desalados, las comadres llamábanse unas a otras con ademán gozoso y los hombres abandonaban la taberna. 

—¡ Dimoni !... ¡Ya está ahí Dimoni ! 

Y él, con los carrillos hinchados, la mirada vaga perdida en lo alto y resoplando sin cesar en la picuda dulzaina, acogía la rústica ovación con la indiferencia de un ídolo. 

Era popular y compartía la general admiración con aquella dulzaina vieja, resquebrajada, la eterna compañera de sus correrías, la que, cuando no rodaba en los pajares o bajo las mesas de las tabernas, aparecía siempre cruzada bajo el sobaco, como si fuera un nuevo miembro creado por la Naturaleza en un acceso de filarmonía».

Cuentos valencianos. Dimoni

Vicente Blasco Ibáñez


viernes, 19 de mayo de 2017

Entraba por la noche en la barraca con el monot al brazo

«Aparte de estos desahogos, el tío Paloma conservaba una actitud fría y aislada en medio de la familia del hijo. Entraba por la noche en la barraca con el monot al brazo, una bolsa de red y aros de madera que contenía algunas anguilas, y empujaba con el pie a su nuera para que le dejase sitio en el fogón. Él mismo se preparaba la cena. Unas veces enrollaba las anguilas atravesándolas con una varita y las guisaba al ast , tostándolas pacientemente por todos los lados sobre las llamas. Otras iba a buscar en la barca su antiguo caldero lleno de remiendos, y guisaba en suc alguna tenca enorme o confeccionaba una sebollá , mezclando cebollas con anguilas, como si preparase la comida de medio pueblo».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


El Palmar. 1932

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jueves, 18 de mayo de 2017

En las calles comenzaba el movimiento

«En las calles comenzaba el movimiento. Iban por las aceras con paso ligero las criadas con sus blancas cestas; los barrenderos amontonaban el barro de la noche anterior; andaban por el arroyo con lento cencerreo las vacas de leche; abríanse las puertas de las tiendas, empavesándose con multicolores muestras, y en su interior sonaba el áspero roce de las escobas arrojando a la calle nubes de polvo, que adquiría una transparencia de oro al filtrarse entre los rayos del sol».

Flor de Mayo

Vicente Blasco Ibáñez



http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=370996&page=571



miércoles, 17 de mayo de 2017

¡Rosario!... ¿Eres tú?

«Pepeta oyó que la llamaban. En la puerta de una escalerilla le hacía señas una buena moza, despechugada, fea, sin otro encanto que el de una juventud próxima a desaparecer: los ojos húmedos, el moño torcido, y en las mejillas manchas de colorete de la noche anterior: una caricatura, un payaso del vicio.

La labradora, apretando los labios con un mohín de orgullo y desdén para que las distancias quedasen bien marcadas, comenzó a ordeñar las ubres de la Rocha dentro del jarro que le presentaba la moza. Esta no quitaba la vista de la labradora. 

—Pepeta! —dijo con voz indecisa, como si no tuviese la certeza de que era ella misma. 

Levantó su cabeza Pepeta; fijó por primera vez sus ojos en la mujerzuela, y también pareció dudar.

—¡Rosario!... ¿Eres tú? 

Sí, ella era: lo afirmaba con tristes movimientos de cabeza. Y Pepeta, inmediatamente, manifestó su asombro. ¡Ella allí!... ¡Hija de unos padres tan honrados!... ¡Qué vergüenza, Señor!...»

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Fotograma de la serie de TVE "La Barraca". 1979

martes, 16 de mayo de 2017

Esto entraba en la diversión

«Los curiosos, enardecidos por el tiroteo, seguían con mirada ansiosa al pájaro que lograba escapar; interesábanse en las terribles disputas de los cazadores, reclamando todos la misma pieza; no se fijaban en la lluvia de perdigones fríos que caían en torno de ellos; y si «por casualidad» se perdía un ojo o se sentía escozor en el cuerpo... ¿qué iban a hacer? esto entraba en la diversión».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Tiro pichón. Playa de Levante

http://ateneomusicaldelpuerto.net/

lunes, 15 de mayo de 2017

El rojizo humo envolvía al corro

«Primero el disparo aislado del preferido que paga mejor; después tiroteo graneado; y al fin descargas cerradas, mientras el colombaire se agitaba como un energúmeno, con la fiebre de la destrucción, y rugía «¡ a ell, a ell !» como si su voz fuese el ladrido de toda una jauría. El rojizo humo envolvía al corro; y arriba, en el espacio azul, puro, ideal, deshonrado por un crimen, veíase caer al palomo inerte, apelotonado, atravesado por veinte tiros, como un miserable puñado de plumas».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


XXXII Campeonato Mundial de Tiro Pichón

Valencia. 1968

Todocolección

domingo, 14 de mayo de 2017

Después tomarían chocolate en un huerto de fresas

«Desde las Pascuas que era grande la intimidad entre las dos familias; Juanito había oído hablar la noche anterior de cierto plan de esparcimiento matutino, como principio de fiesta, por ser los días de Amparito. Oirían la primera misa en la capilla de los Desamparados, porque a doña Manuela, como buena valenciana, le parecía que ninguna misa del resto del año valía tanto como aquélla y después tomarían chocolate en un huerto de fresas, bajo un toldo de plantas trepadoras, recreándose el olfato con el olor de los campos de flores y el humillo del espeso soconusco».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Huerto del Santísimo

Mundo Gráfico. 1915

sábado, 13 de mayo de 2017

La multitud, oprimida en la mezquina rotonda, esparcíase por la plaza hasta la fuente

«El día de la Virgen fue con Tónica y su amiga a la primera misa en la capilla de los Desamparados. Dentro del templo sonaba la música; la multitud, oprimida en la mezquina rotonda, esparcíase por la plaza hasta la fuente, adornada con un ridículo templete que parecía de confitería. Todos estaban en actitud reverente, sin ver otra cosa de la misa que las obscuras puertas, en cuyo fondo brillaban como chispas de oro las luces de los altares, sintiendo en sus descubiertas cabezas el vientecillo de primavera, semejante al halago de una mano invisible, tibia y olorosa. En esta confusión, cuando Juanito, sacando los codos, guardaba de empujones a las dos mujeres, vio a corta distancia a su familia y la del señor Cuadros».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



La Semana Gráfica. 11 de mayo de 1929

viernes, 12 de mayo de 2017

Y aquello era una batalla

«En el centro del corro los enormes jaulones, donde aleteaban inquietos los pajarracos de la Albufera o los pardos palomos, estremeciéndose a cada descarga, temiendo que les tocase el turno de volar por entre la lluvia de plomo; y junto a ellos el héroe de la fiesta, el colombaire , un mocetón despechugado, al aire los bíceps de hércules, limpiándose el sudor, girando como una peonza, haciendo toda clase de muecas y voceando la frase sacramental «¡ a pacte !» antes de soltar las alas que oprimía entre sus manos ¡Allá va...! Y aquello era una batalla».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Tiro al palomo en el año 1915

Estaba situado en el cauce del rio, avenida de Jacinto Benavente 
en la confluencia de la calle Burriana

El arco que se ve correspondia a un derramador de la
acequia de Rovella

Fotografía subida al foro Remember Valencia, entrada 21003

http://valenciadesaparecida.blogspot.com.es/2011_07_01_archive.html

jueves, 11 de mayo de 2017

Se contaban las escopetas a centenares

«Deteníanse a contemplar los incidentes del tiro de palomo establecido en el cauce del río, pedregoso, inmenso, surcado por unas cuantas venillas de agua, que se cruzaban caprichosamente, formando verdes archipiélagos. La afición meridional al estruendo, el instinto de raza, ansioso de correr la pólvora, revelábase en el inmenso corro, donde se contaban las escopetas a centenares y el tirador de chaqué disparaba junto al aficionado de blusa».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Todocolección

miércoles, 10 de mayo de 2017

Con sus ropas lavadas en el agua pútrida de los canales

«El viejo, con su desprecio a la mujer, escupía viendo las jóvenes, entre las cuales se ocultaba su futura nuera. No; no eran gran cosa aquellas vírgenes del lago, con sus ropas lavadas en el agua pútrida de los canales, oliendo a barro y las manos impregnadas de una viscosidad que parecía penetrar hasta los huesos».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


Lavando en La Albufera. Circa 1925

http://vicenticoaa.blogspot.com.es/2013/06/valencia-albufera.html

martes, 9 de mayo de 2017

Enorgullecíase de ser hombre de agua

«Enorgullecíase de ser hombre de agua, y muchas veces prefería seguir las revueltas de los canales antes que acortar distancias marchando por los ribazos. No pisaba voluntariamente otra tierra que la de la Dehesa, para disparar unos cuantos escopetazos a los conejos, huyendo a la aproximación de los guardas, y por su gusto hubiese comido y dormido dentro de la barca, que era para él lo que el caparazón de un animal acuático. Los instintos de las primitivas razas lacustres revivían en el viejo».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


Perchando en La Albufera

http://solerdos.blogspot.com.es/

lunes, 8 de mayo de 2017

La casa de la familia Blasco Ibáñez en Burjassot

La casa de la familia Blasco Ibáñez en Burjassot

«Pocas son las “torretas miramar” que quedan en Burjassot como testigos de aquella colonia veraniega en que se convertía la localidad en pascua y verano. Hoy, totalmente restaurado, es sede de una entidad crediticia en sus bajos y de la dirección de la Policía Local de Burjassot, pero el edificio ubicado en el número 2 de la plaza de Emilio Castelar posee una historia muy dilatada. Aquí adquirieron un terreno y en él levantaron la casa los padres de Vicente Blasco Ibáñez. 



Aquel adolescente pasaba allí los veranos y las pascuas hasta que se hizo adulto, pero el recuerdo de aquellos días lo tenía tan grabado en su memoria que en cuanto pudo lo dejó reflejado en su novela Arroz y Tartana. 


Entrada a Burjassot

http://www.burjassot.org/

En la última década del siglo XIX se instaló en la planta baja del edificio el bar de Pedrós, local donde en una conversación entre tertulianos se fraguó la decisión de la construcción entre 1895 y 1897 del Trinquete de Burjassot en los terrenos de la familia Sequera.

Después de la Guerra Civil, la “torreta miramar” pasó a ser propiedad del ayuntamiento, que optó por instalar en su piso superior una moderna biblioteca, mientras se mantenía el bar de Pedrós en la planta baja. Atrás quedaría aquel primer intento de creación en 1934 de una biblioteca en el “Embarronat” de los Silos, ante la negativa de Valencia, pero ahora, gracias a la iniciativa del ayuntamiento y a la buena mano del director general de Archivos y Bibliotecas, Miguel Bordonau Mas, muy ligado a Burjassot, donde llegó a formar una familia, se inauguraba una biblioteca modélica y casi única entre poblaciones no capitales de provincia. 


La casa de la familia Blasco Ibáñez

De la publicación

Durante muchos años aquella biblioteca fue germen cultural y sede de exposiciones y concursos de pintura, escultura o carteles anunciadores de las fiestas. 

A partir de 1950 comienza la colaboración asidua del periodista y escritor Vicente Andrés Estellés en cuantos certámenes literarios o culturales se organizan. En 1960 la biblioteca contaba ya con 3.800 volúmenes, 31.000 lectores y 824 socios, pero se quedaba pequeña conforme crecía la población y el número de lectores. 


Ayuntamiento de Burjassot

http://www.burjassot.org/

Por ello, cuando se reconvirtió en Casa de la Cultura el edificio de los condes de Trigona, durante casi un siglo sede de la Estación Fitopatológica, se trasladó la biblioteca a sus nuevas dependencias, mientras quedaba sin uso la casita que había construido con tanto esfuerzo la familia Blasco Ibáñez.»

Luis Manuel Expósito Navarro


domingo, 7 de mayo de 2017

Aquellas eran tierras: siempre verdes

«Todo lo despreciaba y olvidaba contemplando sus tierras. Y Batiste sentíase poseído de un dulce éxtasis al verse cultivador de la huerta feraz que tantas veces había envidiado cuando pasaba por la carretera de Valencia a Sagunto. 

Aquellas eran tierras: siempre verdes, con las entrañas incansables engendrando una cosecha tras otra, circulando el agua roja a todas horas como vivificante sangre por las innumerables acequias regadoras que surcaban su superficie como una complicada red de venas y arterias; fecundas hasta alimentar familias enteras con cuadros que, por lo pequeños, parecían pañuelos de follaje. Los campos secos de Sagunto recordábalos como un infierno de sed, del que, afortunadamente, se había librado».

La barraca

Viente Blasco Ibáñez


Fotograma de la serie de Televisión Española "La barraca". 1979

sábado, 6 de mayo de 2017

Despreciaba a las gentes que cultivaban las tierras de arroz

«Estaba contento de su existencia, y eso que cada vez era más dura y difícil, conforme entraba en años. ¡Barquero, siempre barquero! Despreciaba a las gentes que cultivaban las tierras de arroz. Eran «labradores», y para él esta palabra significaba el mayor insulto».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


La Albufera

http://enateneo.blogspot.com.es/

viernes, 5 de mayo de 2017

Despedazábanse en los corros enormes sandías

«Despedazábanse en los corros enormes sandías; hundíanse las botas en tajadas como medias lunas; pringábanse las caras con el rojo zumo: extendíanse los arrugados moqueros bajo la barba para no mancharse, y, al fin, la gente, con el vientre hinchado de agua, sumíase en dulce beatitud, escuchando como angélicas melodías los arañazos de los acordeones.»

Cosas de hombres. Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez



Mercado de Abastos de San Agustín

Luis Vidal Corella

miércoles, 3 de mayo de 2017

Ahora, otros hombres de mar disfrutaban de tal honor

«El viejo les hablaba del Cristo del Grao, cuya estampa ocupaba el sitio más visible de la cocina, y todos oían como un relato nuevo la llegada por el mar de la santa imagen, tendida sobre una escalera, dentro de un buque que se hizo humo luego de soltar su milagroso cargamento.

Había sido esto cuando el Grau no era mas que un grupo de chozas lejos de las murallas de Valencia y amenazado por los desembarcos de los piratas moros. Durante muchos años, Caragol había sacado en hombros y descalzo la sagrada escalera el día de la fiesta. Ahora, otros hombres de mar disfrutaban de tal honor, y él, viejo y cegato, aguardaba entre el público de la procesión para lanzarse sobre la enorme reliquia, pasando sus ropas por la madera.»

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez


Procesión de 1913

Barberá Masip

martes, 2 de mayo de 2017

Que volvían de misa con el devocionario en la mano

«El Mercado le atraía los domingos en las primeras horas de la mañana, e iba a lucir sus arreos entre los puestos de las floristas. Allí permanecía confundido en el grupo de curiosos que atisbaban las caras hermosas, y lo mismo abrían paso a las señoritas que volvían de misa con el devocionario en la mano, que echaban piropos a las criadas emperejiladas, que, doblándose al peso de las cestas, metíanse entre la varonil barrera para comprar un mazo de flores.»

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Plaza del Mercado. 1905

http://juanansoler.blogspot.com.es/



lunes, 1 de mayo de 2017

Siempre serio y pronto para el trabajo

«Siempre serio y pronto para el trabajo, Tono no daba a su padre el más leve disgusto. El tío Paloma , que no podía pescar acompañado, pues al menor descuido se enfurecía e intentaba pegar al camarada, jamás reñía a su hijo, y cuando, entre bufidos de mal humor, intentaba darle una orden, ya el muchacho, adivinándola, había puesto manos a la obra.»

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


La Albufera