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domingo, 4 de mayo de 2025

Sólo las madres sienten una ternura instintiva e inmensa por sus hijos desde el momento que nacen

«Tonet, para explicarse esta frialdad, recordaba lo que muchas veces había oído a su abuelo. Sólo las madres sienten una ternura instintiva e inmensa por sus hijos desde el momento que nacen. Los padres no los aman en seguida: necesitan que transcurra el tiempo, y sólo cuando crece el pequeño se sienten unidos a él por un continuo contacto, con cariño reflexivo y grave».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



El primer hijo. 1890

Óleo. 48 x 65

Colección privada

Joaquín Sorolla y Bastida

sábado, 26 de abril de 2025

La Pascua según Blasco Ibáñez. Y 03

«Cuando se hacía momentáneamente el silencio en el comedor, oíase cómo se regocijaba fuera la plebe; el rasgueo de la guitarra, el estallido de los cohetes, el cacareo de las mujeres; y algunas veces el estruendo venía de abajo, de la cocina, donde sonaban el vozarrón de Nelet y las corridas medrosas de las criadas, con chillidos de protesta débil. También allí partían huevos.

Las personas mayores la emprendieron con el dulce, y el señor Cuadros descorchó frascos de licor de colores vivos e infernales, que hacían retorcer el estómago. Las copitas de color rosa besaban las bocas, dejando en los rojos labios de las jóvenes adorables gotitas de azúcar líquido.

La sobremesa, alborozada y ruidosa, duró mucho rato. Nadie miraba el reloj del comedor, que seguía indiferente marcando el curso del tiempo. Cuando sonaron las nueve, todos se sobresaltaron. Fuera del hotel la algazara iba disminuyendo.

Doña Manuela hizo prometer a sus amigos que la honrarían con su visita en los dos restantes días de la Pascua, y comenzaron los preparativos de marcha. Las criadas comparecieron rojas y sudorosas. Bien habían bromeado con Nelet y el cochero del señor López».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Después del almuerzo. 1890

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 36 x 60,5

Colección particular

lunes, 16 de septiembre de 2024

Y sólo se decidían a abandonar sus silletas de esparto junto al fuego para ir al mostrador en busca de nuevos vasos

«Los parroquianos de Cañamel sentábanse en torno de la chimenea, y sólo se decidían a abandonar sus silletas de esparto junto al fuego para ir al mostrador en busca de nuevos vasos»

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Taberna valenciana. 1889 - 1890

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 50 x 70

Museo Sorolla

sábado, 31 de agosto de 2024

Que esparcía el olor del cáñamo recién hilado

«El tartanero acabó de sacar del vehículo los gruesos paquetes de hilo, y, ayudado por Tonet, fué arrojándolos en la proa de la barca, donde formaron un montón amarillento, que esparcía el olor del cáñamo recién hilado.

Neleta pagó al tartanero. ¡Salud y buen viaje! Y el hombre, chasqueando el látigo, hizo emprender a su caballo el camino de Catarroja».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Cordeleros. Valencia. 1893

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 51 x 70

Colección privada

miércoles, 7 de agosto de 2024

Esperando la mano de alquitrán con que las cubrían los calafates

«Tonet fondeó su embarcación frente a la taberna del puerto y echó pie a tierra

Vio enormes montones de paja de arroz, en los que picoteaban las gallinas, dando al amarradero el aspecto de un corral. En la ribera construían barquitos los carpinteros, y el eco de sus martilleos se perdía en la calma de la tarde. Las embarcaciones nuevas, de madera amarilla recién cepillada, estaban sobre bancos, esperando la mano de alquitrán con que las cubrían los calafates».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Calafates. 1894

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 50.5 x: 71

Museo de Bellas Artes de Asturias. Oviedo

martes, 30 de julio de 2024

Hilo del mejor, del que se fabrica en la playa del Cabañal

«Una noche cenaron en la taberna Tonet y su abuelo para tratar seriamente del negocio. Había que comprar hilo del mejor, del que se fabrica en la playa del Cabañal para los pescadores de mar. El tío Paloma iría a comprarlo, como conocedor experto, pero le acompañaría el tabernero, que quería pagar directamente, temiendo ser engañado si entregaba el dinero al viejo».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Cordeleros. 1893 

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 51 x 70 

Colección privada

martes, 7 de mayo de 2024

Era llegado el momento de virar; el instante supremo

«El Retor ostentaba la serenidad sublime de las grandes ocasiones. ¡Oído todo el mundo! Atención a lo que él mandase y a obedecer con prontitud.

La vela estaba caída sobre cubierta; la verga podía tocarse con las manos, y a pesar de la poca lona puesta al viento, la barca corría con vertiginosa rapidez, pasando el agua sobre la cubierta, mientras el mástil crujía lastimeramente.

Era llegado el momento de virar; el instante supremo: si les cogía de lado uno de aquellos colls de mar rectos, que se desplomaban como murallas viejas, podían dar el adiós a la vida.

El patrón, puesto de pie valientemente, sin soltar el timón, examinaba todas las tumefacciones gigantescas que avanzaban veloces. Buscaba en la cordillera movible un espacio llano, un momento de calma que le permitiera virar sin riesgo de que la barca fuese pillada de costado».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Una ráfaga de viento. 1904

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 81 x 96

IVAM. Institut Valencià d'Art Modern. Valencia

domingo, 5 de mayo de 2024

Sólo las madres sienten una ternura instintiva e inmensa por sus hijos

«Tonet, para explicarse esta frialdad, recordaba lo que muchas veces había oído a su abuelo. Sólo las madres sienten una ternura instintiva e inmensa por sus hijos desde el momento que nacen. Los padres no los aman en seguida: necesitan que transcurra el tiempo, y sólo cuando crece el pequeño se sienten unidos a él por un continuo contacto, con cariño reflexivo y grave».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Madre. 1895

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 125 x 169

Museo Sorolla

lunes, 29 de abril de 2024

Giraba como una peonza en las aguas bullentes

«El tío Batiste y el Retor, arrastrándose por la cubierta, llegaron hasta el mástil, y deshaciendo el nudo de las jarcias, arriaron la vela.

Esta maniobra salvó a la barca que, libre de la presión de la vela, se enderezó con un golpe de mar.

La Flor de Mayo, con el timón abandonado, giraba como una peonza en las aguas bullentes, que se hinchaban con lívidas y arrolladoras tumefacciones.

El Retor corrió a popa a agarrar la caña. La barca se movía con dificultad. Arrastraba la pesadísima red que momentos antes había contribuído a su salvación, sirviendo de contrapeso a la vela combatida por el huracán».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Mar de tormenta. Valencia. 1899

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 43 x 64

Museo Sorolla

viernes, 5 de abril de 2024

La Pascua según Blasco Ibáñez. Y 03

«Cuando se hacía momentáneamente el silencio en el comedor, oíase cómo se regocijaba fuera la plebe; el rasgueo de la guitarra, el estallido de los cohetes, el cacareo de las mujeres; y algunas veces el estruendo venía de abajo, de la cocina, donde sonaban el vozarrón de Nelet y las corridas medrosas de las criadas, con chillidos de protesta débil. También allí partían huevos.

Las personas mayores la emprendieron con el dulce, y el señor Cuadros descorchó frascos de licor de colores vivos e infernales, que hacían retorcer el estómago. Las copitas de color rosa besaban las bocas, dejando en los rojos labios de las jóvenes adorables gotitas de azúcar líquido.

La sobremesa, alborozada y ruidosa, duró mucho rato. Nadie miraba el reloj del comedor, que seguía indiferente marcando el curso del tiempo. Cuando sonaron las nueve, todos se sobresaltaron. Fuera del hotel la algazara iba disminuyendo.

Doña Manuela hizo prometer a sus amigos que la honrarían con su visita en los dos restantes días de la Pascua, y comenzaron los preparativos de marcha. Las criadas comparecieron rojas y sudorosas. Bien habían bromeado con Nelet y el cochero del señor López».   

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Después del almuerzo. 1890

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 36 x 60,5

Colección particular

martes, 21 de noviembre de 2023

Él quería lo prometido: el indulto, ¡recordons!

«Había que verles después de la paella, hablando en un rincón del huerto; el diputado, obsequioso y amable. Bolsón, cejijunto y malhumorado.

—He venido sólo por verte—decía don José, recalcando el honor que le concedía con su visita—. ¿Pero qué son esas prisas? ¿No estás bien, querido Quico? Te he recomendado al gobernador de la provincia; la Guardia civil nada te dice... ¿qué te falta?

Nada y todo. Es verdad que no le molestaban, pero aquello era inseguro, podían cambiar los tiempos y tener que volver al monte. Él quería lo prometido: el indulto, ¡recordons! Y formulaba su pretensión tan pronto en valenciano como en un castellano de pronunciación ininteligible.

—Lo tendrás, hombre, lo tendrás. Está al caer; un día de estos será».

La paella del roder

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Viejo valenciano. 1902

Joaquín Sorolla y Bastida 

Óleo. 56.5 x 49

Colección privada

miércoles, 15 de noviembre de 2023

Y mientras tanto, los calafates, brocha en mano

«El gentío se llevó las velas, las anclas, los remos: hasta desmontamos el mástil, que se cargó en hombros una turba de muchachos, llevándolo en procesión al otro extremo del pueblo. La barca quedó hecha un pontón, tan pelada como usted la ve.

Y mientras tanto, los calafates, brocha en mano, pinta que pinta. El Socarrao se desfiguraba como un burro de gitano. Con cuatro brochazos fue borrado el nombre de popa; y de los folios de los costados, de esos malditos letreros, que son la cédula de toda embarcación, no quedó ni rastro».

La barca abandonada

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Calafateando. Valencia. 1894

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 10 x 17

Museo Sorolla

lunes, 13 de noviembre de 2023

Una mañana, a la sombra de la barca abandonada

«Una mañana, a la sombra de la barca abandonada, cuando el mar hervía bajo el sol y parecía un cielo de noche de verano, azul y espolvoreado de puntos de luz, un viejo pescador me contó la historia».

La barca abandonada

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Pescadoras a la sombra de la barca. 1902

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 18×30

Colección privada

sábado, 11 de noviembre de 2023

Un ser desconocido que se moría entre aquellas otras barcas

«Hasta de nombre carecía. La popa estaba lisa y en los costados ni una señal del número de filiación y nombre de la matrícula, un ser desconocido que se moría entre aquellas otras barcas, orgullosas de sus pomposos nombres, como mueren en el mundo algunos, sin desgarrar el misterio de su vida».

La barca abandonada

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Barcas en la arena. Valencia. 1908

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo

Colección particular

jueves, 9 de noviembre de 2023

Y la arena, arrastrada por el viento, había invadido su cubierta

«El sol había derretido su pintura; las tablas se agrietaban y crujían con la sequedad, y la arena, arrastrada por el viento, había invadido su cubierta. Pero su perfil fino, sus flancos recogidos y la gallardía de su construcción delataban una embarcación ligera y audaz, hecha para locas carreras, con desprecio a los peligros del mar. Tenía la triste belleza de esos caballos viejos que fueron briosos corceles y caen abandonados y débiles sobre la arena de la plaza de toros».

La barca abandonada

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Día de tempestad. Valencia. 1899

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 46 cm x 68.2

Colección privada

domingo, 5 de noviembre de 2023

Embadurnándoles los flancos con caliente alquitrán

«Los botes ligeros, con sus vientres blancos y azules y el mástil graciosamente inclinado, formaban una fila avanzada al borde de la playa, donde se deshacían las olas y una delgada lámina de agua bruñía el suelo cual si fuese de cristal; detrás, con la embetunada panza sobre la arena, estaban las negras barcas del bou, las parejas que aguardaban el invierno para lanzarse al mar, barriéndolo con su cola de redes; y en último término, los laúdes en reparación, los abuelos, junto a los cuales agitábanse los calafates, embadurnándoles los flancos con caliente alquitrán, para que otra vez volviesen a emprender sus penosas y monótonas navegaciones por el Mediterráneo: unas veces a las Baleares con sal, otras a la costa de Argel con frutas de la huerta levantina, y muchas con melones y patatas para los soldados rojos de Gibraltar».

La barca abandonada

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Calafates. 1894

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 50.5 x: 71

Museo de Bellas Artes de Asturias. Oviedo

sábado, 28 de octubre de 2023

A ver: ¡gente que me siga! Hay que salvar a esos pobres

«Una barca desarbolada iba como pelota de ola en ola hacia la siniestra punta. La gente gritaba en la playa viendo a los tripulantes tendidos en la cubierta, anonadados por la proximidad de la muerte. Se hablaba de ir hasta la barca, de echarla un cabo, de atraerla a la playa; pero los más audaces, mirando las olas que se desplomaban llenando el espacio de polvo de agua, callábanse atemorizados. La barca que saliera daría la voltereta antes de mover un remo.

—A ver: ¡gente que me siga! Hay que salvar a esos pobres.

Era la voz ruda e imperiosa del capitán Llovet. Se erguía sobre sus torpes piernas, la mirada brillante y fiera, las manos temblorosas por la cólera que le infundía el peligro. Las mujeres le miraban asombradas; los hombres retrocedían, formando ancho corro en torno de él, que prorrumpió en juramentos, agitando sus manos como si fuera a cerrar a golpes con toda la chusma. Le enfurecía el silencio de aquella gente, como si estuviera ante una tripulación insubordinada».

Lobos de mar

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Recogiendo la vela. 1908

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 91 x 112

Colección privada

jueves, 26 de octubre de 2023

Los grupos de blusas azules, las faldas ondeantes

«En los días tempestuosos del invierno, siempre le veían en la playa con la nariz palpitante, olfateando la tormenta, como si aún estuviera sobre cubierta preparándose a resistir el tiempo.

Una mañana lluviosa vio correr la gente hacia el mar, y allá fue él, contestando con gruñidos a la familia, que le hablaba de su reuma. Entre las negras barcas encalladas en la orilla destacábanse sobre el mar, lívido y cubierto de espumarajos, los grupos de blusas azules, las faldas ondeantes por el vendaval, con las que se resguardaban de la lluvia las mujeres. Lejos, en la bruma que cerraba el horizonte, corrían como ovejas asustadas las barcas pescadoras, con la vela casi recogida y negruzca por el agua, sosteniendo una lucha de terribles saltos, enseñando la quilla en cada cabriola, antes de doblar la punta del puerto, amontonamiento de peñascos rojos barnizados por las olas, entre los cuales hervía una espuma amarillenta, bilis del irritado mar».

Lobos de mar

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Playa de Valencia. Pescadoras

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 30,9 x 47,5


Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia

viernes, 20 de octubre de 2023

En la playa del Cabañal, la gente, reunida a la sombra de las barcas

«Y junto con esto, inesperados arranques de generosidad: socorros a manos llenas a las familias de sus marineros. En un arrebato de cólera era capaz de matar a uno de los suyos; pero si alguien caía al agua, se arrojaba para salvarle, sin miedo al mar ni a sus voraces bestias. Enloquecía de furor si los compradores de negros le engañaban en unas cuantas pesetas, y en la misma noche gastaba tres o cuatro mil duros celebrando una de aquellas orgías que le habían hecho famoso en la Habana. «Pega antes que habla», decían de él los marineros, y recordaban que, en alta mar, sospechando que su segundo conspiraba contra él, le había deshecho el cráneo de un pistoletazo. Aparte de esto, un hombre divertidísimo, a pesar de su cara fosca y su mirada dura. En la playa del Cabañal, la gente, reunida a la sombra de las barcas, reía recordando sus bromas».

Lobos de mar

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



A la sombra de la barca. 1903 - 1904

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 42 x 54,50

Museo Sorolla

lunes, 16 de octubre de 2023

El capitán Llovet era el vecino más importante del Cabañal

«Retirado de los negocios después de cuarenta años de navegación con toda clase de riesgos y aventuras, el capitán Llovet era el vecino más importante del Cabañal, una población de: casas blancas de un solo piso, de calles anchas, rectas y ardientes de sol, semejante a una pequeña ciudad americana.

La gente de Valencia que veraneaba allí miraba con curiosidad al viejo lobo de mar, sentado en un gran sillón bajo el toldo de listada lona que sombreaba la puerta de su casa. Cuarenta años pasados a la intemperie, en la cubierta de su buque, sufriendo la lluvia y los rociones del oleaje, le habían infiltrado la humedad hasta los mismos huesos, y, esclavo del reuma, permanecía los más de los días inmóvil en su sillón, prorrumpiendo en quejidos y juramentos cada vez que se ponía en pie».

Lobos de mar

La condenada y otros cuentos

Vicente Blasco Ibáñez



Lobo de mar. 1894

Joaquín Sorolla y Bastida

Acuarela. 35,5 x 48,5

Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. Argentina