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jueves, 15 de noviembre de 2018

Aparecían las fachadas mojadas por el aguacero, los tejados brillantes como espejos, los aleros destilando las últimas gotas

«En las calles desiertas y mojadas, despertaban extrañas sonoridades los pasos de los primeros transeuntes. Por las puertas cerradas escapábase, al través de las rendijas, la respiración de todo un pueblo en las últimas delicias de un sueño tranquilo. 

Aclarábase el espacio lentamente, como si arriba fuesen rasgándose una por una las innumerables gasas tendidas ante la luz. Penetraba en las encrucijadas, hasta en los últimos rincones, una claridad gris y fría, que sacaba de la sombra los pálidos contornos de la ciudad; y como un esfumado paisaje de linterna mágica con el foco de luz fija lentamente en sus perfiles, aparecían las fachadas mojadas por el aguacero, los tejados brillantes como espejos, los aleros destilando las últimas gotas y los árboles de los paseos, desnudos y escuetos como escobas, sacudiendo el invernal ramaje, con el tronco musgoso destilando humedad».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Vista de la calle de la Paz en Valencia. 1922

Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)

martes, 27 de junio de 2017

El Retor era todo un marinero

«El Retor era todo un marinero, fornido, cachazudo, bravo en el peligro. De gato había ascendido a ser el tripulante de más confianza en la barca del tío Borrasca , y cada mes solía entregar a su madre cuatro o cinco duros de ahorros para que los guardase».

Flor de Mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Vista de barca arrastrada por bueyes

Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)

martes, 20 de junio de 2017

Navegué en las barcas de El Cabañal

«Ansiaba ver de cerca y no de oídas las cosas que pretendía describir. [...] Navegué en las barcas de El Cabañal, haciendo la vida ruda de sus tripulantes, interviniendo en las operaciones de la pesca en alta mar. Como ya van transcurridos cerca de treinta años, hasta me atrevo a decir que también navegué en una barca de contrabandistas, yendo a "trabajar" con ellos en la costa de Argel».

Vicente Blasco Ibáñez



Vigor. 1928

Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)

lunes, 29 de mayo de 2017

Con aquella dulzaina vieja, resquebrajada

«Y él, con los carrillos hinchados, la mirada vaga perdida en lo alto y resoplando sin cesar en la picuda dulzaina, acogía la rústica ovación con la indiferencia de un ídolo. 

Era popular y compartía la general admiración con aquella dulzaina vieja, resquebrajada, la eterna compañera de sus correrías, la que, cuando no rodaba en los pajares o bajo las mesas de las tabernas, aparecía siempre cruzada bajo el sobaco, como si fuera un nuevo miembro creado por la Naturaleza en un acceso de filarmonía».

Cuentos valencianos. Dimoni

Vicente Blasco Ibáñez


Dolçainer. 1929

Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)

domingo, 28 de mayo de 2017

Se alejó el carromato con suspiros de desvencijamiento

«Se alejó el carromato con suspiros de desvencijamiento y chirridos de hierro viejo, y la mujercita, con sus cestas al brazo, quedó inmóvil en la acera, como si despertase asombrada, no creyendo en la realidad de una reconciliación con su rival».

Flor de Mayo

Vicente Blasco Ibáñez


"De regreso". Atardecer con carreta de caballos. 1927

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Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)

sábado, 27 de mayo de 2017

Había que fijarse en las ventajas del cultivo del arroz

«No; él se rebelaba; quería sacar a la familia de su miserable postración; trabajar, no sólo para comer, sino para el ahorro. Había que fijarse en las ventajas del cultivo del arroz: poco trabajo y gran provecho. Era una verdadera bendición del cielo; nada en el mundo daba más. Se planta en junio y se recolecta en septiembre; un poco de abono y otro poco de trabajo; total, tres meses; se coge la cosecha, las aguas del lago, hinchadas por las lluvias del invierno, cubren los campos, y ¡hasta el año siguiente! La ganancia se guarda, y en los meses restantes se pesca a la luz del sol y se caza ocultamente para mantener la familia. ¿Qué más podía desear…? El abuelo había sido un pobre, y después de una vida de perro sólo logró construir aquella barraca, donde vivían eternamente ahumados. Su padre, a quien tanto respetaba, no había conseguido guardar un mendrugo para la vejez. Que le dejasen a él trabajar a gusto, y su hijo, el pequeño Tonet, sería rico, cultivaría campos cuyos límites se perderían de vista, y sobre el solar de la barraca tal vez se levantase con el tiempo una casa mejor que todas las del Palmar. Hacía mal su padre en indignarse porque sus descendientes cultivaban la tierra. Más valía ser labrador que vivir errante en el lago, pasando hambre muchas veces y exponiéndose a recibir el balazo de un guarda de la Dehesa».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


"Plantá de l'arrós". 1935

Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)