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miércoles, 13 de mayo de 2026

La Rocha, que así apodaban a la vaca por sus rubios pelos, mugía dulcemente

«Entraba de nuevo en funciones para desarrollar una segunda industria: después de las hortalizas, la leche. Y tirando del ronzal de una vaca rubia, que llevaba pegado al rabo como amoroso satélite un ternerillo juguetón, volvía a la ciudad con la varita bajo el brazo y la medida de estaño para servir a los clientes.

La Rocha, que así apodaban a la vaca por sus rubios pelos, mugía dulcemente, estremeciéndose bajo una gualdrapa de arpillera, herida por el fresco de la mañana, volviendo sus ojos húmedos hacia la barraca, que se quedaba atrás, con su establo negro, de ambiente pesado, en cuya paja olorosa pensaba con voluptuosidad del sueño no satisfecho.

Pepeta la arreaba con su vara. Se hacía tarde, e iban a quejarse los parroquianos. Y la vaca Y el ternerillo trotaban por el centro del camino de Alboraya, hondo, fangoso, surcado de profundas carrileras».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Venta de leche ambulante

Plaza de la Virgen

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jueves, 23 de abril de 2026

Vomitando hacia la ciudad las vacas de leche

«Chirriaban las puertas al abrirse, veíanse bajo los emparrados figuras blancas que se desperezaban con las manos tras el cogote, mirando el iluminado horizonte. Quedaban de par en par los establos, vomitando hacia la ciudad las vacas de leche, los rebaños de cabras, los caballejos de los estercoleros. Entre las cortinas de árboles enanos que ensombrecían los caminos, vibraban cencerros y campanillas, y cortando este alegre cascabeleo sonaba el enérgico ¡arre, aca! animando a las bestias reacias».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Venta de leche ambulante

Plaza de la Virgen

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viernes, 16 de octubre de 2020

Y tendrían el honor de sentarse en el banquillo de la Audiencia

«Con la escoba al hombro y arrastrando los cubos de agua, pasaban, macilentos y humildes, ante los penados, pensando en cuando llegarían a ser de causa y tendrían el honor de sentarse en el banquillo de la Audiencia por algo gordo , librándose con esto de doblar todo el día el espinazo sobre los rojos baldosines e ir pieza tras pieza lavando el hediondo piso, sin quitar la vista del cabo y del cimbreante vergajo, pronto a arrollarse al cuerpo como angulosa serpiente».

La corrección

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez


 
Palau de la Generalitat (antigua Audiencia). 1888
 
Valencia en 1888. José Huguet Chanza
 
Cortesía de José Navarro Escrich