viernes, 20 de octubre de 2017

Después doy un paseo y en seguida reanudo mi trabajo

«—Inmediatamente—continúa—me siento a escribir y produzco sin descanso hasta las cuatro de la tarde. A esa hora vuelvo a comer bien. Después doy un paseo y en seguida reanudo mi trabajo. A las once ceno. Luego me acuesto, y en la cama leo hasta las dos ó las tres de la madrugada. Como ve usted, duermo muy poco».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Blasco Ibáñez junto a su familia en La Malvarrosa

http://www.fundacionblascoibanez.com/vicente-blasco-ibanez

jueves, 19 de octubre de 2017

A la sombra de un laúd viejo encallado en la arena

«Aunque el día era de invierno, picaba tanto el sol, que el Retor y Tonet estaban en la playa, agazapados a la sombra de un laúd viejo encallado en la arena. Tiempo les quedaba de tostarse cuando saliesen al mar».

Flor de Mayo

Vicente Blasco Ibáñez



A la sombra de la barca

Joaquín Sorolla

miércoles, 18 de octubre de 2017

Los hombres que comen poco me parecen seres débiles; no me gustan...

«—Antes—dice—yo trabajaba en condiciones fatales. Allá en Valencia, en la redacción de El Pueblo , diario fundado por mí, después de redactar el artículo de fondo y de ajustar el periódico y de recibir a todos los representantes de los comités republicanos que iban a visitarme, me ponía a escribir novelas. Esto no ocurría nunca hasta pasadas las dos de la madrugada. Así compuse mis primeros libros: Arroz y tartana , Flor de Mayo , La barraca ... Ahora laboro con más comodidad. En todo tiempo me levanto temprano, a las ocho, y me sirven el desayuno: ¡un verdadero almuerzo!... Porque yo, si no como mucho, no hago nada... Es más: los hombres que comen poco me parecen seres débiles; no me gustan...»

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Todocolección

martes, 17 de octubre de 2017

Fue aquella, tal vez, la única ocasión en que el futuro novelista tuvo vergüenza de su juventud

«La política también le atraía. Cierta noche habló tempestuosamente en un meeting , ante un público ardoroso y rugiente, como mar encrespado, de carpinteros, zapateros y albañiles; su palabra triunfó y centenares de manos callosas le aplaudieron vehementes. Terminado el acto, dirigióse a su casa, rodeado por un nutrido grupo de admiradores. Blasco Ibáñez caminaba mecido por el humo de su victoria, orgulloso, como si llevase ceñida a sus sienes la clásica corona de roble y laurel que las vírgenes vestales adjudicaban en los Juegos Olímpicos. Al llegar a su domicilio, dos agentes le detuvieron. 

—Dese usted preso. 

La multitud iba a protestar; los más entusiastas cerraban ya los puños, dispuestos a defender a golpes la libertad de su héroe. Pero Blasco les contuvo. ¡Nadie se mueva! Estaba encantado; se veía camino de la cárcel; sin duda, era un conspirador temible cuando la autoridad se molestaba en detenerle. No fue el miedo lo que entonces estremeció su alma, sino la ambición de gloria, la alegría, la seguridad de que empezaba a ser hombre notable y de que muy pronto, acaso al día siguiente, la Prensa hablaría de él. Ahora la prisión, como antaño los azotes maternales, le producían un bienestar sedante, indecible. Verdaderamente, su carrera de hombre político no podía empezar mejor. Con este cortejo de ilusiones, se dejó llevar al Gobierno civil, donde se encontró con su madre. ¡Oh suprema decepción! No era al revolucionario temible, sino al muchacho travieso, fugado de su casa, a quien la policía había detenido. Blasco hubo de rendirse; ¿qué hacer? Era menor de edad. Fue aquella, tal vez, la única ocasión en que el futuro novelista tuvo vergüenza de su juventud».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Blasco a la edad de 15 años

http://elargonautavalenciano.blogspot.com.es/

lunes, 16 de octubre de 2017

Ahí tengo mi barca

«—Oye, Cupido; ahí tengo mi barca; ya sabes; la que mi padre encargó a Valencia para regalármela. Costillaje de acero; madera magnífica; más segura que un navío. Tú entiendes el río… más de una vez te he visto remar; yo no soy manco… ¿Vamos? 

—Andando—dijo el barbero con resolución. 

Buscaron una antorcha, y ayudados por varios mocetones, trajeron la barca de Rafael hasta una escalerilla de la ribera».

Entre naranjos

Vicente Blasco Ibáñez


Nazaret?. Octubre de 1957

Las Provincias. Pérez Aparisi

Subida por Ramón Sánchez Castelló‎ a VAHG

domingo, 15 de octubre de 2017

El agua subía con lentitud, amenazando a la ciudad

«— ¿Munta?… —preguntaban los que vivían en el interior. 

— Sí que munta —contestaban los ribereños. 

El agua subía con lentitud, amenazando a la ciudad que audazmente había echado raíces en medio de su curso. Pero a pesar del peligro, los vecinos no iban más allá de una alarmada curiosidad. Nadie sentía miedo ni abandonaba su casa para pasar los puentes, buscando un refugio en tierra firme. ¿Para qué? Aquella inundación sería como todas. Era inevitable de vez en cuando la cólera del río: hasta había que agradecerla, pues constituía diversión inesperada; una agradable paralización de trabajo. La confianza moruna daba tranquilidad a la gente. Lo mismo había hecho en tiempo de sus padres, de sus abuelos y tatarabuelos, y nunca se llevó la población: algunas casas la vez que más. ¿Y había de sobrevenir ahora la catástrofe?…»

Entre naranjos

Vicente Blasco Ibáñez



Riada de 1957. Cauce del Turia

http://www.ofmval.org/

sábado, 14 de octubre de 2017

Encogíanse bajo el diluvio, como protestando de aquel cambio brusco en el país del sol

«Las primeras lluvias del invierno caían con insistencia sobre la comarca. El cielo gris, cargado de nubes, parecía tocar la copa de los árboles. La tierra rojiza de los campos obscurecíase bajo el continuo chaparrón; los caminos hondos y tortuosos, entre las tapias y setos de los huertos, convertíanse en barrancos; paralizábase la vida laboriosa del cultivo y los pobres naranjos, tristes y llorosos, encogíanse bajo el diluvio, como protestando de aquel cambio brusco en el país del sol».

Entre naranjos

Vicente Blasco Ibáñez


Riada de 1957. Puente de Campanar, enlaza la avenida de Pérez Galdós 
con la avenida del Maestro Rodrigo

Colección de Andrés Giménez

http://valenciadesaparecida.blogspot.com.es/2012/10/