jueves, 24 de mayo de 2018

El Corpus según Blasco Ibáñez. 04

«Y todos estos carromatos, legados de la piedad jocosa de pasadas generaciones, eran admirados por el gentío, que, con un entusiasmo puramente meridional, se regocijaba pensando en la fiesta de la tarde, cuando las muías empenachadas se emparejasen en la aguda lanza y los carromatos conmoviesen las calles con sordo rodar, exuberantes las plataformas de arremangados mocetones disparando una lluvia de confites sobre el gentío.»

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Las Rocas en su habitual emplazamiento ante la fachada de la Basílica de la Virgen de los Desamparados. La fotografía se realizó antes de 1912, pues en ese año se redujeron de altura como consecuencia de la puesta del tendido eléctrico para los tranvías


http://liturgia.mforos.com/

miércoles, 23 de mayo de 2018

El Corpus según Blasco Ibáñez. 03

«Allí estaba la roca Valencia, enorme ascua de oro, brillante y luminosa desde la plataforma hasta el casco de la austera matrona que simboliza la gloria de la ciudad; y después, erguidos sobre los pedestales los santos patronos de las otras _rocas_: San Vicente, con el índice imperioso, afirmando la unidad de Dios; San Miguel, con la espada en alto, enfurecido, amenazando al diablo sin decidirse a pegarle; la Fe, pobre ciega, ofreciendo el cáliz donde se bebe la calma del anulamiento; el Padre Eterno, con sus barbas de lino, mirando con torvo ceño a Adán y Eva, ligeritos de ropa como si presintiesen el verano, sin otra salvaguardia del pudor que el faldellín de hojas; la Virgen, con la vestidura azul y blanca, el pelo suelto, la mirada en el cielo y las manos sobre el pecho; y al final, lo grotesco, lo estrambótico, la bufonada, fiel remedo de la simpatía con que en pasadas épocas se trataban las cosas del infierno, la _roca Diablera_; Pintón coronado de verdes culebrones, con la roja horquilla en la diestra, y a sus pies, asomando entre guirnaldas de llamas y serpientes, los Pecados capitales, horribles carátulas con lacias y apolilladas greñas, que asustaban a los chicuelos y hacían reír a los grandes.»

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Todocolección

martes, 22 de mayo de 2018

El Corpus según Blasco Ibáñez. 02

«Recordaban aquellas enormes fábricas de madera pintada, con su lanza semejante a un mástil de buque y sus ruedas cual piedras de molino, las carrozas sagradas de los ídolos indios o los carromatos simbólicos que güelfos y gibelinos llevaban a sus combates.

La gente pasaba revista con una curiosidad no exenta de ternura a la fila de rocas, como si su presencia despertara gratos recuerdos».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



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lunes, 21 de mayo de 2018

El Corpus según Blasco Ibáñez. 01

«La vela del Corpus, con sus anchas listas azules y blancas, sombreaba desde los altos mástiles la plaza de la Virgen.

La muchedumbre, endomingada, agitábase en torno de las rocas, admirando una vez más las carrozas tradicionales que todos los años salían a luz: pesados armatostes lavados y brillantes, pero con cierto aire de vetustez, luciendo en sus traseras, cual partida de bautismo, la fecha de construcción: el siglo XVII.»

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez




1919

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?p=93332126

domingo, 20 de mayo de 2018

Pepeta, apoyada en el lomo de su vaca

«A pie, y detrás del carro, como vigilando por si caía algo de éste, marchaban una mujer y una muchacha, alta, delgada, esbelta, que parecía hija de aquélla. Al otro lado del rocín, ayudando cuando el vehículo se detenía en un mal paso, iba un muchacho de unos once años. Su exterior grave delataba al niño que, acostumbrado a luchar con la miseria, es un hombre a la edad en que otros juegan. Un perrillo sucio y jadeante cerraba la marcha.

Pepeta, apoyada en el lomo de su vaca, los veía avanzar, poseída cada vez de mayor curiosidad. ¿Adónde iría esta pobre gente?»

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Ilustración de Carlos Sáenz de Tejada. 1933

Cortesía de Marga Preda

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sábado, 19 de mayo de 2018

Era la emigración de una familia entera

«Sobre el carro amontonábanse, formando pirámide hasta más arriba de los varales, toda clase de objetos domésticos. Era la emigración de una familia entera. Tísicos colchones, jergones rellenos de escandalosa hoja de maíz, sillas de esparto, sartenes, calderas, platos, cestas, verdes banquillos de cama, todo se amontonaba sobre el carro, sucio, gastado, miserable, oliendo a hambre, a fuga desesperada, como si la desgracia marchase tras de la familia pisándole los talones. En la cumbre de este revoltijo veíanse tres niños abrazados, que contemplaban los campos con ojos muy abiertos, como exploradores que visitan un país por primera vez».

La barraca

Vicente Blasco Ibañez


Ilustración de José Benlliure para "La barraca"

miércoles, 16 de mayo de 2018

Para que pasase un carro cargado que avanzaba dando tumbos y parecía venir de la ciudad

«Pepeta iba a seguir adelante, hacia su blanca barraca, que asomaba entre los árboles algunos campos más allá; pero hubo de permanecer inmóvil en el alto borde del camino, para que pasase un carro cargado que avanzaba dando tumbos y parecía venir de la ciudad.    

Su curiosidad femenina se excitó al fijarse en él».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Carro en la huerta de Valencia

Todocolección