viernes, 19 de enero de 2018

En uno de los huertos de fresas inmediatos a la ciudad

«Ulises se imaginó una gran señora, hermosa como doña Constanza. Cuando menos, debía ser marquesa. Su padrino bien merecía esto. Y se imaginó igualmente que sus encuentros debían ser por la mañana, en uno de los huertos de fresas inmediatos a la ciudad, adonde le llevaban sus padres a tomar chocolate después de oír la primera misa en los amaneceres dominicales de Abril y Mayo».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez


Huerto del Santísimo

Mundo Gráfico. 21 de abril de 1915

jueves, 18 de enero de 2018

No había llegado a perdonar a Felipe V

«Labarta, después de transcurridos doscientos años, no había llegado a perdonar a Felipe V, déspota francés que reemplazó a los déspotas austriacos. Él había suprimido los fueros de Valencia. «¡Borbón, maldito seas!…». Pero se lo decía en verso y en lemosín, circunstancias atenuantes que le permitían ser partidario de los sucesores de Felipe el Maldito y haber figurado por unos meses como diputado mudo del gobierno».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez


Retrato de Felipe V de Borbón

Museu de l'Almodí de Xàtiva

miércoles, 17 de enero de 2018

Al anunciarse unos Juegos Florales temblaban los competidores

«Al anunciarse unos Juegos Florales temblaban los competidores, temiendo que al gran don Carmelo se le ocurriese apetecer alguno de los premios. Con asombrosa facilidad se llevaba la flor natural destinada a la oda heroica, la copa de oro del romance amoroso, el par de estatuas dedicadas al más completo estudio histórico, el busto de mármol para la mejor leyenda en prosa, y hasta el «bronce de arte» recompensa del estudio filológico. Los demás sólo podían aspirar a las sobras. 

Por fortuna, se había confinado en la literatura regional, y su inspiración no admitía otro ropaje que el del verso valenciano. Fuera de Valencia y sus pasadas glorias, sólo la Grecia merecía su admiración. Una vez al año le veía Ulises puesto de frac, con el pecho constelado de condecoraciones y una cigarra de oro en la solapa, distintivo de los felibres de Provenza. 

Era que se iba a celebrar la fiesta de la literatura lemosina, en la que desempeñaba siempre un primer papel: vate premiado, discurseante, o simple ídolo, al que tributaban sus elogios otros poetas, clérigos dados a la rima, encarnadores de imágenes religiosas, tejedores de seda que sentían perturbada la vulgaridad de su existencia por el cosquilleo de la inspiración; toda una cofradía de vates populares, ingenuos y de estro casero, que recordaban a los Maestros Cantores de las viejas ciudades alemanas».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez


Juegos Florales de Lo Rat Penat. 1904

http://valenciablancoynegro.blogspot.com.es/2015/01/los-juegos-florales-de-lo-rat-penat.html

martes, 16 de enero de 2018

Los comerciantes de antigüedades no habían descubierto aún la rica Valencia

«¡Pobre notario!… Jamás había vuelto con las manos vacías cuando era llamado fuera de la ciudad por la confianza de los labriegos ricos, incapaces de creer en otra ciencia jurídica que no fuese la suya. Era el tiempo en que los comerciantes de antigüedades no habían descubierto aún la rica Valencia, donde la gente popular se vistió de seda durante siglos, y muebles, ropas y cacharros parecían impregnarse de la luz de un sol siempre igual, del azul de un ambiente siempre sereno.

Don Esteban, que se creía obligado a ser anticuario en su calidad de individuo de varias sociedades regionales, iba llenando su casa con los restos del pasado adquiridos en los pueblos o que le ofrecían espontáneamente sus clientes. No encontraba ya para los cuadros paredes libres, ni espacio en sus salones para los muebles».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez


El rastro

Joaquín Collado

lunes, 15 de enero de 2018

Las capas bordadas de los tres sacerdotes del altar mayor

«Al terminar la misa, los imponentes personajes movían la cabeza saludando a los fieles más cercanos. «Buenos días». Para ellos era como si acabase de salir el sol: las horas de antes no contaban. Y el notario, con voz melosa, ampliaba su respuesta: «Buenos días, señor marqués». «Buenos días, señor barón». Sus relaciones no iban más allá; pero Ferragut sentía por los nobles personajes la simpatía que sienten los parroquianos de un establecimiento, acostumbrados a mirarse durante años con ojos afectuosos, pero sin cruzar mas que un saludo. 

Su hijo Ulises se aburría en la iglesia obscura y casi desierta, siguiendo los monótonos incidentes de una misa cantada. Los rayos del sol, chorros oblicuos de oro que venían de lo alto iluminando espirales de polvo, moscas y polillas, le hacían pensar nostálgicamente en las manchas verdes de la huerta, las manchas blancas de los caseríos, los penachos negros del puerto, repleto de vapores, y la triple fila de convexidades azules coronadas de espuma que venían a deshacerse con cadencioso estruendo sobre la playa color de bronce. 

Cuando dejaban de brillar las capas bordadas de los tres sacerdotes del altar mayor y aparecía en el púlpito otro sacerdote blanco y negro, Ulises volvía la vista a una capilla lateral. El sermón representaba para él media hora de somnolencia poblada de esfuerzos imaginativos. Lo primero que buscaban sus ojos en la capilla de Santa Bárbara era una arca clavada en la pared a gran altura, un sepulcro de madera pintada, sin otro adorno que esta inscripción: Aquí yace doña Constanza Augusta, Emperatriz de Grecia».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez


"Inauguración" * de la Iglesia de san Juan del Hospital. 1967

Foto Finezas

Todocolección

* http://opusdei.es/es-es/article/iglesia-san-juan-del-hospital-valencia-aniversario-reapertura/

domingo, 14 de enero de 2018

Había que añadir además la calidad de los fieles que asistían a sus oficios

«En su nave única quedaba muy poco de este exterior romántico. El gusto barroco del siglo XVII había ocultado la bóveda ojival bajo otra de medio punto, cubriendo además las paredes con un revoque de yeso. Pero sobrevivían a la despiadada restauración los retablos medioevales, los blasones nobiliarios, los sepulcros de los caballeros de San Juan con inscripciones góticas, y esto bastaba para mantener despierto el entusiasmo del notario. 

Había que añadir además la calidad de los fieles que asistían a sus oficios. Eran pocos y escogidos; siempre los mismos. Unos se dejaban caer en su asiento, flácidos y gotosos, sostenidos por un criado viejo o por la esposa, que iba con pobre mantilla, lo mismo que una ama de gobierno. Otros oían la misa de pie, irguiendo su descarnada cabeza, que presentaba un perfil de pájaro de combate, cruzando sobre el pecho las manos siempre negras, enguantadas de lana en el invierno y de hilo en el verano. Los nombres de todos ellos los conocía Ferragut por haberlos leído en las Trovas de Mosén Febrer (1), métrico relato en lemosín de los hombres de guerra que vinieron al cerco de Valencia desde Aragón, Cataluña, el Sur de Francia, Inglaterra y la remota Alemania».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez


"Inauguración" * de la Iglesia de san Juan del Hospital. 1967

Foto Finezas

Todocolección

* http://opusdei.es/es-es/article/iglesia-san-juan-del-hospital-valencia-aniversario-reapertura/



sábado, 13 de enero de 2018

Al ver las paredes que rodean el templo

«El notario, que en su juventud había leído a Walter Scott, experimentaba la dulce impresión del que vuelve a su país de origen al ver las paredes que rodean el templo, viejas y con almenas. La Edad Media era el período en que habría querido vivir. Y el buen don Esteban, pequeño, rechoncho y miope, sentía en su interior un alma de héroe nacido demasiado tarde al pisar las seculares losas del templo de los Hospitalarios. Las otras iglesias enormes y ricas le parecían monumentos de insípida vulgaridad, con sus fulguraciones de oro, sus escarolados de alabastro y sus columnas de jaspe. Ésta la habían levantado los caballeros de San Juan, que, unidos a los del Temple, ayudaron al rey don Jaime en la conquista de Valencia. 

Al atravesar un pasillo cubierto, desde la calle al patio interior, saludaba a la Virgen de la Reconquista traída por los freires de la belicosa Orden: imagen de piedra tosca, con colores y oros imprecisos, sentada en un sitial románico. Unos naranjos agrios destacaban su verde ramazón sobre los muros de la iglesia, ennegrecida sillería perforada por largos ventanales cegados con tapia. De los estribos salientes de su refuerzo surgían, en lo más alto, monstruosos endriagos de piedra, carcomida».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez



"Inauguración" * de la Iglesia de san Juan del Hospital. 1967

Foto Finezas

Todocolección

* http://opusdei.es/es-es/article/iglesia-san-juan-del-hospital-valencia-aniversario-reapertura/