«—Pero… ¿ahón está? —preguntaba ansioso el padre.
Él iría solo; pero ¡por Dios! debía decirle el sitio. Si el abuelo no hablaba sentíase capaz de pasar el resto de la vida registrando el lago, aunque hiciera público su secreto.
—En la mata del Bolodró —dijo por fin el viejo—. Te costará d’encontrar.
Y cerró los ojos, inclinando la cabeza para reanudar aquel sueño del que no quería salir.
El tío Tono hizo un gesto a la Borda. Cogieron sus azadones de enterradores, sus perchas de barqueros, los agudos tridentes que servían para la pesca de las piezas gruesas, encendieron un farol en la luz del candil, y en el silencio de la noche atravesaron el pueblo para embarcarse en el canal».
Cañas y barro
Vicente Blasco Ibáñez













