domingo, 26 de abril de 2026

En los rojizos surcos saltaban las alondras

«Ya era de día completamente.

El espacio se había limpiado de tenues neblinas, transpiración nocturna de los húmedos campos y las rumorosas acequias. Iba a salir el sol. En los rojizos surcos saltaban las alondras con la alegría de vivir un día más, y los traviesos gorriones, posándose en las ventanas todavía cerradas, picoteaban las maderas, diciendo a los de adentro con su chillido de vagabundos acostumbrados a vivir de gorra: "¡Arriba, perezosos! ¡A trabajar la tierra para que comamos nosotros!..."».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Barracas en la huerta de Valencia

Barberá Masip

Bivaldi

sábado, 25 de abril de 2026

En las puertas de las barracas saludábanse los que iban hacia la ciudad

«En las puertas de las barracas saludábanse los que iban hacia la ciudad y los que se quedaban a trabajar los campos.

—Bon día mos done Deu! (¡Buen día nos dé Dios!)

—Bon día!

Y tras este saludo, cambiado con toda la gravedad propia de una gente que lleva en sus venas sangre moruna y sólo puede hablar de Dios con gesto solemne, se hacía el silencio si el que pasaba era un desconocido, y si era íntimo se le encargaba la compra en Valencia de pequeños objetos para la mujer o para la casa».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Barraca en la huerta de Valencia

Barberá Masip

Bivaldi

jueves, 23 de abril de 2026

Vomitando hacia la ciudad las vacas de leche

«Chirriaban las puertas al abrirse, veíanse bajo los emparrados figuras blancas que se desperezaban con las manos tras el cogote, mirando el iluminado horizonte. Quedaban de par en par los establos, vomitando hacia la ciudad las vacas de leche, los rebaños de cabras, los caballejos de los estercoleros. Entre las cortinas de árboles enanos que ensombrecían los caminos, vibraban cencerros y campanillas, y cortando este alegre cascabeleo sonaba el enérgico ¡arre, aca! animando a las bestias reacias».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Venta de leche ambulante

Plaza de la Virgen

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martes, 21 de abril de 2026

E iban deslizándose los ánades lo mismo que galeras de marfil

«En las acequias conmovíase la tersa lámina de cristal rojizo con chapuzones que hacían callar a las ranas; sonaba luego un ruidoso batir de alas e iban deslizándose los ánades lo mismo que galeras de marfil, moviendo, cual fantásticas proas, sus cuellos de serpiente.

La vida, que con la luz inundaba la vega, iba penetrando en el interior de barracas y alquerías».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Acequia de Vera. La Malvarrosa. Alboraia

Principios del XX

domingo, 19 de abril de 2026

De todos los extremos de la vega llegaban chirridos de ruedas

«Animábanse los caminos con filas de puntos negros y movibles, como rosarios de hormigas, marchando hacia la ciudad. De todos los extremos de la vega llegaban chirridos de ruedas, canciones perezosas interrumpidas por el grito que arrea a las bestias, y, de cuando en cuando, como sonoro trompetazo del amanecer, rasgaba el espacio un furioso rebuzno del cuadrúpedo paria, como protesta del rudo trabajo que pesaba sobre él apenas nacido el día».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



La Fuente de San Luis desde la calle de Mosén Palanca, la iglesia es la de San Luis Beltrán. Años 20

 Archivo de José Huguet


viernes, 17 de abril de 2026

Y la tierra roja, cuidadosamente labrada

«El espacio se empapaba de luz; disolvíanse las sombras como tragadas por los abiertos surcos y las masas de follaje. En la indecisa neblina del amanecer iban fijando sus contornos húmedos y brillantes las filas de moreras y frutales, las ondulantes líneas de cañas, los grandes cuadros de hortalizas, semejantes a enormes pañuelos verdes, y la tierra roja, cuidadosamente labrada».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Huerta de Valencia

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miércoles, 15 de abril de 2026

Despertaba la huerta

«Despertaba la huerta, y sus bostezos eran cada vez más ruidosos. Rodaba el canto del gallo de barraca en barraca. Los campanarios de los pueblecitos devolvían con ruidoso badajeo el toque de misa primera que sonaba a lo lejos, en las torres de Valencia, esfumadas por la distancia. De los corrales salía un discordante concierto animal: relinchos de caballos, mugidos de corderos, ronquidos de cerdos; un despertar ruidoso de bestias que, al sentir la fresca caricia del alba cargada del acre perfume de vegetación, deseaban correr por los campos».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Huerta de Valencia

Barberá Masip

Bivaldi