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sábado, 3 de enero de 2026

La Navidad según Blasco Ibáñez. 16

«Otro plato ligero, pero éste era francamente indígena: lomo de cerdo y longanizas con pimiento y tomate, un guiso al que daba siempre Visanteta una gracia especial, que hacía a todos mojar el pan en la roja salsa.

Cuando volvieron al comedor, Nelet sacaba el héroe de la fiesta: un soberbio capón, panza arriba, con los robustos muslos recogidos sobre el pecho y la piel dorada, crujiente, impregnada de manteca.

Don Juan contemplábalo con miradas de amor. No; una pieza tan hermosa no la destrozaría el desmañado Juanito. A ver, Rafael, que, como aprendí de médico, entendería de estas cosas.

Las niñas protestaron, recordando las espeluznantes relaciones que su hermano las había hecho varias veces, para asustarlas, describiendo sus hazañas en el anfiteatro anatómico.

—No, Rafael no —gritó Amparito— . Si él toca el capón no comemos.

¡Vaya un asco! ¡Como si aquel estudiante honorario hubiese asistido al curso de anatomía media docena de veces...! Al fin, el tío, en vista de las protestas, se decidió a destrozar la pieza, pues en su calidad de solterón sabía un poco de todo.... ¡Brava manera de masticar! Confesaban que la comida les subía ya a la garganta; pero a pesar de esto, era tan excelente la carne tierna y jugosa, con su corteza tostada crujiendo entre los dientes, que todos despacharon su ración, masticando con lentitud y emprendiéndola después con los huesos. El tío se mostraba como un valiente».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Mercado de Ruzafa


sábado, 18 de mayo de 2024

¿No le habían bautizado en la parroquia de San Valero de Ruzafa?

«—Demane la paraula —gritó una voz junto a la puerta.

¿Quién deseaba hablar para nuevas y abrumadoras reclamaciones? Se abrieron los grupos, y una gran carcajada saludó la aparición de Sangonera, que avanzaba gravemente, frotándose sus ojos enrojecidos de borracho, haciendo esfuerzos por mostrarse en su apostura digno de tomar parte en la reunión. Viendo desiertas todas las tabernas del Palmar, se había deslizado en la escuela, y  antes del sorteo creyó necesario pedir la palabra.

—¿Qué vols tú? —dijo el Jurado con mal humor, molestado por una intervención del vagabundo que venía a colmar su paciencia después de las excusas de los deudores.

¿Qué quería…? Deseaba saber por qué causa no figuraba su nombre en los sorteos de todos los años. Él tenía tanto derecho como el que más a gozar un redolí en la Albufera. Era el más pobre de todos; pero ¿no había nacido en el Palmar? ¿no le habían bautizado en la parroquia de San Valero de Ruzafa? ¿no era descendiente de pescadores? Pues debía figurar en el sorteo».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Iglesia de san Valero Obispo y san Vicente Mártir

Plaza y Mercado de Ruzafa


lunes, 22 de junio de 2020

Ya no repartía carneros a los cortantes de la ciudad

«Ya no repartía carneros a los cortantes de la ciudad; olvidaba su carrito mugriento, y, embrutecido por la sorpresa, queriendo llenar aquel algo que le faltaba sólo sabía beberse águilas en el cafetín, o ir tras Pepeta, humilde, cobarde, encogido, expresándose con la mirada más que con la lengua».

¡Cosas de hombres! 

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez


Carnicería en el Mercado de Ruzafa

VAHG

martes, 7 de febrero de 2017

I les entranyes que brillaven com l’argent

«Les paelles mostraven la panxa negrellosa i les entranyes que brillaven com l’argent, tot esperant el moment en què xisclarien sobre les flames; l’arròs en sacs; caragols de muntanya en enormes cassoles vorejades de sal que se n’eixien i mostraven les bellugadisses banyes al sol del matí; a un racó hi havia una fornada sencera de rotllos que escampaven en aquell ambient de sang i de greix la fragància del pa tendre i calent; les espècies per lliures en una capsa de llautó, i del celler eixien cuiros i més cuiros, que queien tremolosos en terra com cossos palpitants; alguns, enormes, contenien el vi negre per al dinar, i uns altres de més xicotets guardaven el nèctar de labóta del racó, aquell patriarca del qual es parlava en el poble amb respecte, i que amb el seu color clar i la seua corona de brillants era capaç de tombar al més valent.»

La cencerrada. Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez



Mercado de Ruzafa. Luis Vidal Corella

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