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martes, 8 de febrero de 2022

Hablando de la célebre Universidad de Deusto, la gran obra del jesuitismo

«Hablando de la célebre Universidad de Deusto, la gran obra del jesuitismo, que alza su mole romana en los alrededores de Bilbao, escribe Blasco Ibáñez estas palabras elocuentes:

"En mitad del parque, sobre una eminencia del terreno, habían levantado los jesuítas una imagen de San José con un arco de focos eléctricos. Mientras dormían los buenos padres, el semicírculo luminoso recordaba a los pueblos de la ría y a la misma Bilbao que allí estaba la orden poderosa y dominadora, pronta siempre a ponerse de pie, no queriendo abdicar ni ocultarse ni aun en la obscuridad de la noche. El doctor hallaba natural que fuese San José el escogido para esta glorificación; el santo resignado y sin voluntad, con la pureza gris de la impotencia, hermoso molde escogido por aquellos educadores para formar la sociedad del porvenir"».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois



Universidad de Deusto

Todocolección

lunes, 4 de noviembre de 2019

Que alimenta la voracidad insaciable de los Altos Hornos

«Al año siguiente, en 1904, Blasco Ibáñez publicó El intruso, cuya trama se desenvuelve en Bilbao, la tierra fuerte, hecha de hierro, que alimenta la voracidad insaciable de los Altos Hornos. La catedral es el símbolo de la religión tradicional, quietista y como momificada, que subsiste aislada del mundo y confía a la autoridad y esclarecimiento de su larga historia la salud de su porvenir: El intruso, por el contrario, es la máscara de la religión moderna, la religión militante, que huye del reposo claustral porque comprende que en él está la muerte, y ambula por las calles, y frecuenta salones y publica libros y estrena obras y funda establecimientos de enseñanza y establece compañías anónimas de navegación y acomete negocios de ferrocarriles y de minas, y procura, en fin, asociarse a todas las palpitaciones de la existencia contemporánea. El intruso, para decirlo de una vez, es el jesuíta; «la especie» más inteligente y ladina, y por lo mismo más temible, de la muchedumbre ensotanada; el amo despótico, aunque aparentemente se muestre risueño y tolerante, de muchas fortunas y de muchas conciencias».

Mis contemporáneos

Eduardo Zamacois


Altos Hornos. Bilbao. 1890

Hauser y Menet