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lunes, 28 de septiembre de 2020

Sus esbeltas torres, su Miguelete rojizo. Vídeo

«Y juntos los dos, por atajos que ellos conocían, marchaban hacia Valencia que, por encima del follaje de la alameda, marcaba en las brumas del amanecer sus esbeltas torres, su Miguelete rojizo, cuya cima parecía encenderse antes que llegasen a la tierra los primeros rayos del sol».

Noche de bodas

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez


Plaza de la Virgen. Años 60

¿Coloreada?

http://plazasdevalencia.blogspot.com/2010/01/plaza-de-la-virgen-en-1960.html




sábado, 3 de agosto de 2019

Cuando Rosario necesitaba desahogo y consuelo, iba a la playa. Vídeo

«Cuando Rosario, roja de indignación y con los ojos llorosos, necesitaba desahogo y consuelo, iba a la playa, a la barcaza-taberna, que adquiría un color sombrío y parecía envejecer como su dueña. Allí la oían silenciosamente, moviendo su cabeza, con expresión de desconsuelo, la siñá Tona y Roseta, las cuales, a pesar de su íntimo parentesco, vivian con huraña hostilidad, no coincidiendo más que en su despreciativo odio a los hombres. La barca que les servía de madriguera era como un observatorio, desde el que contemplaban lo que ocurría entre las dos familias».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



La playa

viernes, 19 de julio de 2019

La Feria de Julio según Blasco Ibáñez. 08. Vídeo

«La Bajada de San Francisco era un torrente por el que rodaban sin cesar las oleadas de gentío. Las jacas pamplonesas, cubiertas con inquietos borlajes y repiqueteantes cascabeles, pasaban como rayos por entre el gentío tirando de las tartanillas de colores claros, de los coches señoriales y de los carruajes ingleses, en cuyos bancos erguíanse como cimbreantes flores las muchachas vestidas de rosa o azul, con el rostro realzado por el marco de blanca blonda. La gente menuda, los del tendido de sol, pasaban en grupos, con la enorme bota al hombro y un garrote de Liria en la mano, oliendo a vino y vociferando, como si comenzasen a sentir la borrachera de insolación que les aguardaba en la plaza».

Arroz y Tartana

Vicente Blasco Ibáñez


La bajada de san Francisco. 1922

https://sites.google.com/site/antiguavalencia/archivofotogr%C3%A1fico


La Bajada de San Francisco 

miércoles, 29 de mayo de 2019

En toda la inmensa extensión cubierta de arrozales y naranjos. Vídeo

«Desde Valencia hasta Játiva, en toda la inmensa extensión cubierta de arrozales y naranjos que la gente valenciana encierra bajo el vago título de la Ribera , no había quien ignorase el nombre de Brull y la fuerza política que significaba».

Entre naranjos

Vicente Blasco Ibáñez



L'arròs

sábado, 24 de noviembre de 2018

Pasaban los tranvías repletos de madrugadores. Vídeo

«Comenzaba el día en la ciudad. Pasaban los tranvías repletos de madrugadores; trotaban por parejas los caballos del relevo, dirigidos por muchachos que los montaban en pelo, y por ambos lados del camino desfilaban á la conquista del pan los rebaños de obreros, todavía adormecidos, camino de las fábricas, con el saquito del almuerzo á la espalda y la colilla en la boca».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Rotonda de Caro

VAHG


Tranvías

viernes, 28 de septiembre de 2018

El vaho ardoroso de los pucheros donde se ahogaba el capullo. Vídeo

«Roseta era, de toda la familia, la más parecida a su padre: una fiera para el trabajo, como decía Batiste de sí mismo. El vaho ardoroso de los pucheros donde se ahogaba el capullo subíasele a la cabeza, escaldándole los ojos; pero, a pesar de esto, permanecía firme en su sitio, buscando en el fondo del agua hirviente los cabos sueltos de aquellas cápsulas de seda blanducha, de un suave color de caramelo, en cuyo interior acababa de morir achicharrado el gusano laborioso, la larva de preciosa baba, por el delito de fabricarse una rica mazmorra para su transformación en mariposa».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez




La cría del gusano de seda

sábado, 18 de agosto de 2018

El Tribunal de las Aguas iba a reunirse en la puerta de los Apóstoles. Vídeo

«Era jueves, y, según una costumbre que databa de siglos, el Tribunal de las Aguas iba a reunirse en la puerta de los Apóstoles de la catedral de Valencia. 

El reloj de la torre llamada el Miguelete señalaba poco más de las diez, y los huertanos juntábanse a corrillos o tomaban asiento en los bordes del tazón de la fuente que adorna la plaza, formando en torno al vaso una animada guirnalda de mantas azules y blancas, pañuelos rojos y amarillos o faldas de indiana de colores oscuros».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


http://www.tribunaldelasaguas.org/es/


El Tribunal de las Aguas 

viernes, 10 de agosto de 2018

Para hilar el sedoso capullo entre sus gruesos dedos de hijas de la huerta. Vídeo

«Una tarde volvió Batiste de Valencia muy contento del resultado de su viaje. No quería en su casa brazos inútiles. Batiste, cuando no había labor en el campo, buscaba ocupación yendo a la ciudad a recoger estiércol. Quedaba la chica, una mocetona, que, terminado el arreglo de la barraca, no servía para gran cosa, y gracias a la protección de los hijos de don Salvador, que se mostraban contentísimos con el nuevo arrendatario, acababa de conseguir que la admitiesen en una fábrica de sedas. 

Desde el día siguiente, Roseta formaría parte del rosario de muchachas que, despertando con la aurora, iban por todas las sendas con falda ondeante y la cestita al brazo camino de la ciudad, para hilar el sedoso capullo entre sus gruesos dedos de hijas de la huerta».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez

http://losojosdehipatia.com.es/cultura/historia/la-cria-del-gusano-de-seda-pervivencias-en-las-alquerias-de-valencia/





La cría del gusano de seda

martes, 24 de julio de 2018

La prontitud y buena maña de los laboriosos intrusos para arreglarse su vivienda. Vídeo

«Contempló con asombro la gente de la huerta la prontitud y buena maña de los laboriosos intrusos para arreglarse su vivienda. 

La cubierta de paja de la barraca apareció de pronto enderezada; las costillas de la techumbre, carcomidas por las lluvias, fueron reforzadas unas y sustituidas otras; una capa de paja nueva cubrió los dos planos pendientes del exterior. Hasta las crucecitas de sus extremos fueron sustituidas por otras que la navaja de Batiste trabajó cucamente, adornando sus aristas con dentelladas muescas; y no hubo en todo el contorno techumbre que se irguiera más gallarda. 

Los vecinos, al ver cómo se reformaba la barraca de Barret, colocándose recta la montera, veían en esto algo de burla y de reto».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez






viernes, 20 de julio de 2018

Y es que la horchata resulta mortal para las fieras. ¡Veneno puro! Vídeo

«Tres horas duró el desfile. Cuando el pendón del oficio volvió a la Catedral, comenzaba a anochecer. ¡Plom! ¡Rotoplom! La gloriosa bandera de los blanquers volvía a su casa gremial detrás de los tambores. El arrayan de las calles había desaparecido bajo el paso de la procesión. Ahora el suelo estaba cubierto de gotas de cera, hojas de rosa y chispas de talco. El litúrgico perfume de incienso flotaba en el ambiente. ¡Plom! ¡Rotoplom! Los tambores estaban cansados; los chavales, forzudos portadores de la bandera, jadeaban, sin ganas ya de intentar proezas de equilibrio; los respetables maestros agarrábanse a los cordones del pendón, como si éste les remolcase, quejándose de las botas nuevas y de sus juanetes; pero el león, el fatigado león (¡ah, fiera fanfarrona!), que a veces parecía próximo a tenderse en el suelo, todavía se encabritaba para asustar al paso con un rugido a los matrimonios burgueses que tiraban de una ristra de chiquillos deslumbrados por la procesión.

¡Mentira! ¡Pura fachenda! El señor Vicente sabía cómo se encontraba dentro de sus pieles. Pero a nadie obligan a “hacer” de fiera, y el que se presta a ser león debe serlo hasta el fin.

En su casa, al caer sobre el sofá como un fardo de lanas, le rodearon hijos, nueras y nietos, apresurándose a despojarle de la carátula. Apenas reconocieron su cara, congestionada y roja, que parecía manar agua por todos los surcos de sus arrugas.

Intentaron quitarle las lanas; pero otra cosa le urgía a la fiera, pidiéndola con voz sofocada. Quería beber; se asfixiaba de calor. Inútil fue que la familia protestase, hablando de enfermedades. ¡Cordones!  Él necesitaba beber en seguida. ¿Y quién osa resistir a un león enfurecido?...

Le trajeron del café más cercano mantecado en copita azul; un mantecado valenciano, de melosa dulzura e intenso perfume, destilando gotas de zumo blanco de su torcida caperuza.

Pero ¡mantecaditos a un león! ¡Haaam! Se lo tragó de golpe, ¡y como si nada! La sed, el calor, le agobiaban de nuevo, y rugía pidiendo otros refrescos.

La familia, por economía, pensó en la horchata de un cafetín cercano. A ver, que le trajesen un jarro lleno. Y el señor Vicente bebió y bebió, hasta que fue innecesario quitarle las pieles. ¿Para qué? Una pulmonía doble acabó con él en pocas horas. El glorioso y peludo “uniforme” de la familia le sirvió de mortaja.

Así murió el león de los blanquers; el último león de Valencia.

Y es que la horchata resulta mortal para las fieras. ¡Veneno puro!»

El último león

Vicente Blasco Ibáñez


La horchata

lunes, 2 de julio de 2018

Donde la paella burbujeaba ya sobre los sarmientos. Vídeo

«Por un contraste caprichoso, aquellos buenos mozos malcarados exhibían como gala el pie pequeño, usaban botas de tacón alto adornado con pespuntes, lo que les daba cierto aire de afeminamiento, así como los pantalones estrechos y las chaquetas ajustadas, marcando protuberancias musculosas o míseros armazones de piel y huesos en que los nervios suplían a la robustez. 

Los había que empuñaban escandalosos garrotes o barras de hierro forradas de piel, golpeando con estrépito los adoquines, como si quisieran anunciar el paso de la tierra; pero otros usaban bastoncillos endebles o no se apoyaban en nada, pues bastante compañía llevaban sobre las caderas, con el cuchillo como un machete y la pistola del quince, más segura que el revólver. 

Aquel desfile de guapos detúvose en todos los cafetines del tránsito para refrescar con medias libras de aguardiente, convidando a los policías conocidos que encontraban al paso, y cerca de las doce llegaron a la alquería del camino de Burjasot, donde la paella burbujeaba ya sobre los sarmientos, faltando sólo que le echasen el arroz».

Guapeza valenciana. Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez


La paella valenciana



viernes, 8 de junio de 2018

La huerta seguía risueña y rumorosa, impregnada de luz y de suspiros. Vídeo

«De un salto puso recta su pesada y musculosa humanidad, y echó a correr, sin aguardar a oír más explicaciones. 

Su mujer vió cómo corría a campo traviesa hasta un cañar inmediato a las tierras malditas. Allí se arrodilló, se echó sobre el vientre, para espiar por entre las cañas, como un beduíno al acecho, y, pasados algunos minutos, volvió a correr, perdiéndose en aquel dédalo de sendas, cada una de las cuales conducía a una barraca, a un campo donde se encorvaban los hombres haciendo brillar en el aire su azadón como un relámpago de acero. 

La huerta seguía risueña y rumorosa, impregnada de luz y de suspiros, aletargada bajo la cascada de oro del sol de la mañana. 

Pero a lo lejos sonaban voces y llamamientos: la noticia se transmitía a grito pelado de un campo a otro campo, y un estremecimiento de alarma, de extrañeza, de indignación, corría por toda la vega, como si no hubiesen transcurrido los siglos y circulara el aviso de que en la playa acababa de aparecer una galera argelina buscando cargamento de carne blanca».

La barraca

Vicente Blasco Ibañez


Un passeig per l'horta

miércoles, 14 de marzo de 2018

Las Fallas según Blasco Ibáñez. 10. Vídeo

«En un ángulo de la plaza estaba la tribuna de la música, un tablado bajo, cuyas barandillas acababan de cubrirse con telas de colorines manchadas de cera, como recuerdo de las muchas fiestas de iglesia en que se habían ostentado.

- ¡Música...! ¡músicaaaa!--gritaba la gente.

Y los músicos, azorados por el vocerío, iban hacia el tablado abriéndose paso en la muchedumbre. Era la banda de un pueblo de las cercanías; rústicos gañanes que, enfundados en un uniforme mal cortado, faja de general y ros vistoso con pompón de rabo de gallo, andaban con cierta dificultad -como si los pies, acostumbrados a alpargatas en el resto de la semana, protestasen al verse oprimidos en botitos de gomas-, mientras el sudor de su cuerpo sano y vigoroso rezumaba por todas las costuras de la guerrera.»

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Certamen de Bandas en la Plaza de toros de Valencia

Foto Desfilis

Todocolección


lunes, 5 de marzo de 2018

Las Fallas según Blasco Ibáñez. 01. Vídeo

«Llegó la fiesta de San José, que aquel año tuvo para la familia excepcional importancia. Desde una semana antes, la granujería corría las calles arrastrando sillas rotas y esteras agujereadas, pidiendo a gritos, con monótona canturía, "¡ Una estoreta velleta ...!"»

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


viernes, 23 de febrero de 2018

Que llaman a cualquier rancho arroz a la valenciana. Vídeo

«Cuando anclaban en puertos de pesca abundante, acometía la magna obra de guisar un arroz abanda . Los marmitones llevaban a la mesa del capitán la olla donde habían hervido los pescados mantecosos, revueltos con langostas, almejas y toda clase de mariscos. Él se reservaba el honor de ofrecer la gran fuente con su pirámide de arroz dorado y suelto. 

Hervido aparte ( abanda ), cada grano estaba repleto del suculento caldo de la olla. Era un arroz que contenía en sus entrañas la concentración de todas las substancias del mar. Como si cumpliese una ceremonia litúrgica, iba entregando medio limón a cada uno de los que ocupaban la mesa. El arroz sólo debe comerse luego de humedecerlo con este rocío perfumado, que evoca la imagen de un jardín oriental. Únicamente desconocían esta voluptuosidad los infelices de tierra adentro, que llaman a cualquier rancho arroz a la valenciana».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez



Original receta de la paella valenciana de un programa alemán de los años 60

Youtube

viernes, 2 de febrero de 2018

A la hora en que los faros empezaban a perforar la sombra naciente. Vídeo

«Algunas noches, a la hora en que los faros empezaban a perforar la sombra naciente con sus primeras puñaladas de fuego, sentíase melancólico, y olvidando la diferencia de edad, hablaba a su sobrino como si fuese un compañero de navegación».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez






lunes, 22 de enero de 2018

En los domingos y fiestas de santos valencianos... aparecía la humeante paella. Vídeo

«En los domingos y fiestas de santos valencianos, que eran los primeros del cielo para el tío Caragol —San Vicente Mártir, San Vicente Ferrer, la Virgen de los Desamparados y el Cristo del Grao—, aparecía la humeante paella, vasto redondel de arroz, sobre cuya arena de hinchados granos yacían despedazadas varias aves. El cocinero sorprendía a su gente repartiendo cebollas crudas, voluminosas, de acre perfume que arrancaba lágrimas y una blancura de marfil. Eran un regalo de príncipe mantenido en secreto. No había mas que quebrarlas de un puñetazo para que soltasen su viscosidad, y luego se perdían en los paladares como bocados crujientes de un pan dulce y picante, alternando con las cucharadas de arroz.»

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez


domingo, 29 de octubre de 2017

Llegada de los restos de Blasco Ibáñez a Valencia. Vídeo

Llegada de los restos de Blasco Ibáñez a Valencia. Vídeo

«El 28 de enero de 1928 fallecía Vicente Blasco Ibáñez en Mentón (Francia), en su villa de Fontana Rosa, pero habría que esperar cinco años para que sus restos regresaran a Valencia, tal y como era su deseo. Fue el día 29 de octubre de 1933, con la II República española ya instaurada desde hacía dos años, cuando llegaron los restos mortales del escritor valenciano a bordo del acorazado Jaime I, buque insignia de la armada española, para descansar definitivamente en su ciudad natal.

El traslado de los restos fue todo un acontecimiento para la Valencia de principios del siglo XX y el resultado de una organización y coordinación que comenzó con la creación del Comité Pro Traslado de los Restos de Blasco Ibáñez a su ciudad natal y en la que se involucró el Gobierno de la República.

El BOE, en su Decreto de 26 de octubre de 1933 publicaba que sería una División Naval la que se encargaría de recoger los restos y los honores que, en forma de salva de 19 cañonazos, recibiría el féretro. Además otro Decreto de 28 de octubre del mismo año señalaba que al escritor fallecido, desde su llegada a Valencia, se le rindieran los honores militares que las Ordenanzas señalaban para el cadáver de un Ministro civil que falleciera en el ejercicio de su cargo y una Orden circular designaba el 28 de octubre como fecha de entrega de los restos a Valencia.


Dos expediciones, una por mar y otra por tierra, partieron desde España. La primera, en tren desde Valencia, salió el domingo 22 de octubre. Hicieron noche en ruta, descansando en los coches-cama hasta las 8, hora en la que llegaron a Barcelona. Allí enlazaron con el exprés directo a Francia, concretamente a Marsella, donde llegaron a las 21 horas. Al día siguiente, se recorrieron los kilómetros restantes hasta Mentón, donde quedaron alojados en el Hotel Des Anglais, situado en la orilla del mar y cerca de Fontana Rossa.

La segunda Expedición, capitaneada por el Ministro de la Marina, Sigfrido Blasco y el Alcalde de Valencia zarpó desde Cartagena a las 11.10 horas del 24 de octubre con los buques encargados de transportar los restos desde Francia a Valencia.

El mismo día que zarpó la delegación española, a las 7 de la tarde en Mentón, comenzaron los actos oficiales. Se trasladó el féretro que encierra los restos mortales de Blasco Ibáñez desde el cementerio de Mentón al gran salón de fiestas del Ayuntamiento. Allí el féretro fue expuesto sobre amplio catafalco y le dieron guardia de honor, los Scouts des Eclaireurs Francais, miembros de la Societé de Gimnastique, de la Liga de los Derechos del Hombre de Mentón y la delegación española. Los restos se pudieron visitar hasta el mediodía del jueves 26 de octubre.

Esa mañana, los restos se trasladaron frente al Ayuntamiento, donde a las tres de la tarde dio comienzo la ceremonia de traslado de los restos. Sonaron el himno francés y español y el presidente del Comité francés pro restos de Blasco Ibáñez Mr. Laurens y el alcalde Mr. Camaret pronunciaron sus discursos. 

Terminado el acto 12 marinos españoles y 12 franceses condujeron el féretro hasta el embarcadero del puerto, pasando por todas las grandes vías de Mentón.

En el puerto les esperaba los acorazados Jaime I y los barcos Churruca y Alcalá Galiano. Los restos del escritor valenciano se embarcaron en el Jaime I con los honores establecidos.

Ya en Valencia una comitiva presidida por el presidente de la República Niceto Alcalá Zamora y multitud de personalidades, entre las que se encontraban Alejandro Lerroux y Francesc Macià, inauguraron un acto multitudinario con la que Valencia recibió los restos mortales de Blasco Ibáñez. A a las 9 de la mañana del 28 de octubre de 1933 arribaban al puerto de Valencia el acorazado Jaime I y los destructores Churruca y Alcalá Galiano.

A las 10 de la mañana se desembarcó el féretro sobre el muelle de Poniente. En el momento de tocar tierra, soltaron 20.000 palomas. En marcha la comitiva fúnebre, el féretro fue llevado por marineros valencianos hasta su llegada a la Avenida del Puerto, donde fue tomado a hombros por grupos de veinte hombres pertenecientes al partido que Blasco fundó.

La comitiva hizo el siguiente recorrido por las calles de la capital: Avenida del Puerto y puente de Aragón, (dónde cruzado el puente se incorporó la comitiva de honor, presidida por el Presidente de la República) continuó por la plaza Bolivar, Avenida de Navarro Reverter, plaza de la República, calle de Colón, calle Játiva, Avenida de Nicolás Salmerón y plaza de Emilio Castelar (donde desde los balcones y tribunas instaladas despidieron el duelo familiares y autoridades). La comitiva continuó por la Avenida Blasco Ibáñez, Avenida de Pablo Iglesias, plaza del Mercado hasta la Lonja, en cuyo Salón Columnario se instaló la capilla ardiente. Por ella, durante la semana que estuvo instalada, desfilaron autoridades, familiares y centenares de valencianos que quisieron rendir homenaje al escritor. 

El domingo 5 de noviembre, a las 10 de la mañana, fueron trasladados los restos desde la Lonja hasta el Cementerio municipal, pasando por su casa natalicia (Calle Flor de Mayo) y por la redacción de EL PUEBLO (Calle don Juan de Austria)». 

http://archivo.dival.es/





jueves, 24 de agosto de 2017

Cada vez se cultivaba más arroz en las orillas del lago. Vídeo

«Tono, por primera vez en la vida, osaba oponerse a las palabras de su padre. Pescaría, como siempre, el resto del año. Pero ahora era casado, las atenciones de la casa resultaban mayores, y sería una imprudencia despreciar los magníficos jornales de la siega. A él le pagaban mejor que a los otros, por su fuerza y su asiduidad en el trabajo. Los tiempos había que tomarlos como venían; cada vez se cultivaba más arroz en las orillas del lago, las antiguas charcas se cubrían de tierra, los pobres se hacían ricos, y él no era tan tonto que perdiese su parte en la nueva vida».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez