Mostrando entradas con la etiqueta La Lonja. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Lonja. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de mayo de 2026

Antes del amanecer, ya estaba en el mercado de Valencia

«Los que compraban las hortalizas al por mayor para revenderlas conocían bien a esta mujercita que, antes del amanecer, ya estaba en el mercado de Valencia sentada en sus cestos, tiritando bajo el delgado y raído mantón. Miraba con envidia, de lo que no se daba cuenta, a los que podían beber una taza de café para combatir el fresco matinal. Y con una paciencia de bestia sumisa esperaba que le diesen por las verduras el dinero que se había fijado en sus complicados cálculos para mantener a Toni y llevar la casa adelante.

Después de esta venta corría otra vez hacia su barraca, deseando salvar cuanto antes una hora de camino».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Plaza del Mercado. 1888

Archivo José Huguet

Cortesía de José Navarro Escrich

martes, 5 de mayo de 2026

Cargaba con los cestones de verduras cogidas por Toni

«Al amanecer ya estaba de vuelta del mercado. Levantábase a las tres, cargaba con los cestones de verduras cogidas por Toni al cerrar la noche anterior entre reniegos y votos contra una pícara vida en la que tanto hay que trabajar, y a tientas por los senderos, guiándose en la oscuridad como buena hija de la huerta, marchaba a Valencia, mientras su marido, aquel buen mozo que tan caro le costaba, seguía roncando dentro del caliente estudi, bien arrebujado en las mantas del camón matrimonial».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Plaza del Mercado

?

jueves, 18 de diciembre de 2025

La Navidad según Blasco Ibáñez. 08

«La peregrinación prosiguió a lo largo de unas mesas en las cuales, bajo toldos de madera, estaban apiladas las frutas del tiempo: las manzanas amarillas con la transparencia lustrosa de la cera; las peras cenicientas y rugosas atadas en racimos y colgantes de los clavos; las naranjas doradas formando pirámides sobre un trozo de arpillera, y los melones mustios por una larga conservación, estrangulados por el cordel que los sostenía días antes de los costillares de la barraca, con la corteza blanducha, pero guardando en su interior la frescura de la nieve y la empalagosa dulzura de la miel. A un extremo del mercadillo, cerca del Repeso, los panaderos con sus mesas atestadas de libretas blancas y morenas, prolongadas unas, como barcos, y redondas y con festones otras, como bonetes de paje; y un poco más allá, los "tíos" de Elche mostrando sus enormes sombreros tras la celosía formada por los racimos de dátiles de un amarillo rabioso».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Plaza del Mercado

Cortesía de José Navarro Escrich

miércoles, 29 de mayo de 2024

El Corpus según Blasco Ibáñez. 05

«Cada roca esparcía el terror y el regocijo a un tiempo. La movible batería de brazos disparaba ruidosa metralla, cubriendo el aire de objetos; los cristales caían rotos, y hasta las persianas quedaban desvencijadas bajo la granizada de confites.

En los balcones, las señoritas cubríanse el rostro con el abanico, temerosas al par que satisfechas de que las acribillasen con tan brutales obsequios. Abajo estaban los bravos, que por un chichón más o menos no querían mostrar miedo e insultaban a los de las rocas cuando se agotaban los proyectiles, hasta que aquéllos les arrojaban a la cabeza los cestones vacíos. Cada vez que caía un cartucho o un ramo sobre la gente, mil manos se levantaban ansiosas, originándose disputas por su posesión.

Pasó por fin la última roca, la Diablera, donde iba la gente de trueno, más atroz en sus obsequios y tenaz en proporcionar ganancias a los almacenes de cristales, y la calma se restableció en la plaza, comenzando a aclararse el gentío.

—¡La procesión! ¡Ya está ahí la procesión!

A este grito, las señoras mayores abandonaron las butacas de la sala, para apelotonarse en los balcones, teniendo a sus espaldas a los caballeros, que de vez en cuando se alzaban sobre las puntas de los pies para ver mejor».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



"La Roca Diablera, procesionando por delante de la Lonja y los Santos Juanes
En su origen se llamaba la Roca de Plutón y era sobre ella donde bailaban la Moma y los Momos

La portaban los panaderos y en su trasera se puede leer la referencia al dios del pan"

Subida por Pilar Martínez Olmos a VAHG

jueves, 8 de junio de 2023

El Corpus según Blasco Ibáñez. 05

«Cada roca esparcía el terror y el regocijo a un tiempo. La movible batería de brazos disparaba ruidosa metralla, cubriendo el aire de objetos; los cristales caían rotos, y hasta las persianas quedaban desvencijadas bajo la granizada de confites.

En los balcones, las señoritas cubríanse el rostro con el abanico, temerosas al par que satisfechas de que las acribillasen con tan brutales obsequios. Abajo estaban los bravos, que por un chichón más o menos no querían mostrar miedo e insultaban a los de las rocas cuando se agotaban los proyectiles, hasta que aquéllos les arrojaban a la cabeza los cestones vacíos. Cada vez que caía un cartucho o un ramo sobre la gente, mil manos se levantaban ansiosas, originándose disputas por su posesión.

Pasó por fin la última roca, la Diablura, donde iba la gente de trueno, más atroz en sus obsequios y tenaz en proporcionar ganancias a los almacenes de cristales, y la calma se restableció en la plaza, comenzando a aclararse el gentío.

—¡La procesión! ¡Ya está ahí la procesión!

A este grito, las señoras mayores abandonaron las butacas de la sala, para apelotonarse en los balcones, teniendo a sus espaldas a los caballeros, que de vez en cuando se alzaban sobre las puntas de los pies para ver mejor».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



"La Roca Diablera, procesionando por delante de la Lonja y los Santos Juanes

En su origen se llamaba la Roca de Plutón y era sobre ella donde bailaban la Moma y los Momos

La portaban los panaderos y en su trasera se puede leer la referencia al dios del pan"

Subida por Pilar Martínez Olmos a VAHG

lunes, 28 de marzo de 2022

Su madre ya no podía ir al Mercado de Valencia

«Neleta era también como de la familia. Su madre ya no podía ir al Mercado de Valencia. La humedad de la Albufera parecía habérsele filtrado hasta la médula de los huesos, paralizando su cuerpo, y la pobre mujer permanecía inmóvil en su barraca, gimiendo a impulsos de los dolores de reumática, gritando como una condenada y sin poder ganarse el sustento. Las compañeras del Mercado la daban como limosna algo de sus cestas, y la pequeña, cuando sentía hambre en su barraca, corría a la de Tonet, ayudando a la Borda en sus tareas con una autoridad de niña mayor. El tío Tono la acogía bien. Su generosidad de luchador en continuo combate con la miseria le hacía ayudar a todos los caídos».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Plaza del Mercado

Colección José Aleixandre

Levante-emv.com/fotos/valencia/2021/12/05/lucia-lonja-valencia-principios-siglo-60301783.html


lunes, 28 de octubre de 2019

La plaza del Mercado estaba bañada por el ardiente sol

«A aquella hora, la plaza del Mercado estaba bañada por el ardiente sol de una tarde de verano. Las moscas, revoloteando en la atmósfera de luz, brillaban como movibles chispas de oro; los tejados destacaban sus agudos contornos sobre el espacio azul y límpido. Frente al Principal, un grupo de soldados comía melones; en las puertas de las tiendas asomaban los dependientes curiosos; un corro de granujillas del Mercado jugaba a las chapas frente a los pórticos, y el resto de la plaza estaba solitario, con las aceras limpias de cestones y toldos, tostándose sus baldosas con aquella luz intensa y deslumbrante que lo caldeaba todo».

Arroz y Tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Plaza del Mercado. 1914

https://valenciablancoynegro.blogspot.com/2010/

martes, 11 de junio de 2019

El Corpus según Blasco Ibáñez. 10

«Ya habían sonado las cuatro. En los balcones abríanse, como flores gigantescas, sombrillas de brillantes colores, agitábanse grandes abanicos con aleteo de pájaro, y abajo la muchedumbre removíase inquieta, chocando con las apretadas filas de sillas que orlaban el arroyo. Sonó un rugido a un extremo de la plaza, e inmediatamente fue contestado por un griterío general.

--¡Ya están ahí...! ¡ya están ahí!

Y hubo empellones, codazos, remolinos de cabezas, empujando todos al que estaba delante para ver mejor.

A lo lejos, empequeñecida por la distancia, apareció la primera roca, en torno de la cual, como jinetes liliputienses, hacían caracolear sus caballos los soldados encargados de abrir paso. Un alegre cascabeleo dominaba los ruidos de la plaza y las voces enérgicas del postillón en traje de la huerta, que gritaba «¡ arre ! ¡ arre !» manejando con rara maestría una docena de ramales».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



La Roca de San Vicente a su paso por la Lonja. 1910

http://valenciablancoynegro.blogspot.com.es/2014/06/

miércoles, 30 de mayo de 2018

El Corpus según Blasco Ibáñez. 10

«Ya habían sonado las cuatro. En los balcones abríanse, como flores gigantescas, sombrillas de brillantes colores, agitábanse grandes abanicos con aleteo de pájaro, y abajo la muchedumbre removíase inquieta, chocando con las apretadas filas de sillas que orlaban el arroyo. Sonó un rugido a un extremo de la plaza, e inmediatamente fue contestado por un griterío general.

--¡Ya están ahí...! ¡ya están ahí!

Y hubo empellones, codazos, remolinos de cabezas, empujando todos al que estaba delante para ver mejor.

A lo lejos, empequeñecida por la distancia, apareció la primera roca, en torno de la cual, como jinetes liliputienses, hacían caracolear sus caballos los soldados encargados de abrir paso. Un alegre cascabeleo dominaba los ruidos de la plaza y las voces enérgicas del postillón en traje de la huerta, que gritaba "¡arre ! ¡ arre !" manejando con rara maestría una docena de ramales

Las rocas, una tras otra, fueron desfilando por la plaza, produciendo cada una de ellas una verdadera revolución. Trotaban, arrastrando los pesados armatostes, las docenas de muías gordas y lustrosas salidas de las cuadras de los molinos, con los rabos encintados, las cabezas adornadas con vistosas borlas y entre las orejas tiesos y ondulantes penachos. Cogidos a sus bridas corrían los criados de los molineros, atletas de ligera alpargata, despechugados y con los brazos al aire, que, a la voz de "¡alto!", se colgaban de las cabezadas, haciendo parar en seco a las briosas bestias. Colgando de las traseras de los carromatos balanceábanse racimos de chicuelos, que al menor vaivén caían en la arena, saliendo milagrosamente de entre las patas de los caballos. En las plataformas iban los de la Lonja, tratantes en trigo, molineros, gente campechana y amiga del estruendo, que, en mangas de camisa, botonadura de diamantes y gruesa cadena de oro en el chaleco, arrojaban a los balcones con la fuerza de proyectiles los ramilletes húmedos y los cartuchos de confites duros como balas, con más almidón que azúcar».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



La Roca de San Vicente a su paso por la Lonja. 1910


http://valenciablancoynegro.blogspot.com.es/2014/06/

lunes, 18 de diciembre de 2017

La Navidad según Blasco Ibáñez. 07

«En este ancho espacio, que es para Valencia vientre y pulmón a un tiempo, el día de Nochebuena reinaba una agitación que hacía subir hasta más arriba de los tejados un sordo rumor de colosal avispero.

La plaza, con sus puestos de venta al aire libre, sus toldos viejos, temblones al menor soplo del viento, y bañados por el rojo sol con una transparencia acaramelada, sus vendedores vociferantes, su cielo azul sin nube alguna, su exceso de luz que lo doraba todo a fuego, desde los muros de la Lonja a los cestones de caña de las verduleras, y su vaho de hortalizas pisoteadas y frutas maduras prematuramente por una temperatura siempre cálida, hacía recordar las ferias africanas, un mercado marroquí con su multitud inquieta, sus ensordecedores gritos y el nervioso oleaje de los compradores.»

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Plaza del Mercado

Todocolección

jueves, 16 de noviembre de 2017

La Lonja de la Seda, acariciada por el sol de invierno

«En el lado opuesto la Lonja de la Seda, acariciada por el sol de invierno y luciendo sobre el fondo azul del cielo todas las esplendideces de su fachada ojival. La torre del reloj, cuadrada, desnuda, monótona, partiendo el edificio en dos cuerpos, y éstos exhibiendo los ventanales con sus bordados pétreos; las portadas que rasgan el robusto paredón, con sus entradas de embudo, compuestas de atrevidos arcos ojivales, entre los que corretean en interminable procesión grotescas figurillas de hombres y animales en todas las posiciones estrambóticas que pudo discurrir la extraviada imaginación de los artistas medievales; en las esquinas, ángeles de pesada y luenga vestidura, diadema bizantina y alas de menudo plumaje, sustentando con visible esfuerzo los escudos de las barras de Aragón y las enroscadas cintas con apretados caracteres góticos de borrosas inscripciones; arriba, en el friso, bajo las gárgolas de espantosa fealdad que se tienden audazmente en el espacio con la muda risa del aquelarre, todos los reyes aragoneses en laureados medallones, con el casco de aletas sobre el perfil enérgico, feroz y barbudo; y rematando la robusta fábrica, en la que alternan los bloques ásperos con los escarolados y encajes del cincel, la apretada rúa de almenas cubiertas con la antigua corona real».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


La Lonja

Todocolección

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Alma valenciana. Tercera parte

«En la capital, la vida es semejante. Existen fabricas modernas con sus rebaños de obreros sometidos a la dura y degradante ley de los jornales; pero aún vive la industria doméstica, como recuerdo de aquella Valencia que extendía sus sederías por Europa, sin tener grandes talleres, y en la que cada obrero montaba el telar en su casa o se asociaba con tres o cuatro camaradas para laborar en el porche en fraternal cooperación».

Alma valenciana

Vicente Blasco Ibáñez


La Lonja de la Seda

Todocolección

sábado, 10 de junio de 2017

El Corpus según Blasco Ibáñez. 10

«Ya habían sonado las cuatro. En los balcones abríanse, como flores gigantescas, sombrillas de brillantes colores, agitábanse grandes abanicos con aleteo de pájaro, y abajo la muchedumbre removíase inquieta, chocando con las apretadas filas de sillas que orlaban el arroyo. Sonó un rugido a un extremo de la plaza, e inmediatamente fue contestado por un griterío general.

--¡Ya están ahí...! ¡ya están ahí!

Y hubo empellones, codazos, remolinos de cabezas, empujando todos al que estaba delante para ver mejor.

A lo lejos, empequeñecida por la distancia, apareció la primera roca , en torno de la cual, como jinetes liliputienses, hacían caracolear sus caballos los soldados encargados de abrir paso. Un alegre cascabeleo dominaba los ruidos de la plaza y las voces enérgicas del postillón en traje de la huerta, que gritaba «¡ arre ! ¡ arre !» manejando con rara maestría una docena de ramales».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez




La Roca de San Vicente a su paso por la Lonja. 1910

http://valenciablancoynegro.blogspot.com.es/2014/06/