domingo, 22 de febrero de 2026

El Carnaval según Blasco Ibáñez. Y 08

«El carruaje de doña Manuela llevaba escolta. Un buen mozo con negro dominó, montando un caballo de alquiler, marchó toda la tarde como pegado a la portezuela, hablando con Concha, mientras la mamá y Amparo miraban las máscaras. Era Roberto del Campo, el cual, a pesar de su gallardía, iba resultando un posma, que sólo sabía decir floreos, sin llegar nunca a declararse. La mamá comenzaba a no encontrar tan seductor a aquel espantanovios. Dios sabe cuántas proposiciones habría perdido la niña por culpa de aquel hombre, que gozaba todas las intimidades de un novio, sin decidirse nunca a serlo. Pero Conchita hombres que las echan de listos caen cuando menos lo esperan: todo era cuestión de tiempo y de presentar buena cara».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Baile de máscaras en el teatro Principal

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viernes, 20 de febrero de 2026

El Carnaval según Blasco Ibáñez. 07

«Toda esta invasión de figurones que trotaba por la ciudad, voceando como un manicomio suelto, dirigíase a la Alameda, pasaba el puente del Real envuelta con el gentío, y así que estaban en el paseo, iban unos hacia el Plantío para dar bromas insufribles, los arneses brillantes y de sus ruedas amarillas, tan finas y ligeras que parecían las de un juguete, aparecía empequeñecida y deslustrada en el gigantesco rosario de berlinas y carretelas, faetones y dog-carts que, como arcaduces de noria, estaban toda la tarde dando vueltas y más vueltas por la avenida central del paseo.

Rafaelito habíase disfrazado de clown, y con otros de su calaña ocupaba un carro de mudanzas, sobre cuya cubierta hacían diabluras y saludaban con palabras groseras a todas las muchachas que estaban a tiro de sus voces aflautadas. ¡Vaya unos chicos graciosos!».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Carruaje por la Alameda

Archivo familia Roglá

Bivaldi

miércoles, 18 de febrero de 2026

El Carnaval según Blasco Ibáñez. 06

«Por la tarde, Nelet enganchaba la galerita, y a la Alameda, donde la fiesta tomaba el carácter de una saturnal de esclavos ebrios.

El disfraz de labrador era un pretexto para toda clase de expansiones brutales; y acompañados por el retintín de los cascabeles de las ligas, trotaban los grupos de zaragüelles planchados, chalecos de flores, mantas ondeantes y tiesos pañuelos de seda. lo infinito, como el grito de guerra de los pieles rojas, conmovía las calles. Las criadas, endomingadas, huían despavoridas al escuchar el vocerío; y pasaba la tribu al galope, dando furiosos saltos, con sus caretas horriblemente grotescas y esgrimiendo por encima de sus cabezas enormes navajas de madera pintada con manchas de bermellón en la corva hoja. Revueltos con ellos, iban los disfraces de siempre: mamarrachos con arrugadas chisteras y levitas adornadas con arabescos de naipes; bebés que asomaban la poblada barba bajo la careta y al compás del sonajero decían cínicas enormidades; diablos verdes silbando con furia y azotando con el rabo a los papanatas; gitanos con un burro moribundo y sarnoso tintado a fajas como una cebra; payasos ágiles, viejas haraposas con una repugnante escoba al hombro, y los tíos de "¡al higuí!" golpeando la caña y haciendo saltar el cebo ante el escuadrón goloso de muchachos con la boca abierta».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



El Carnaval en la Huerta de Valencia

Nuevo Mundo. 1 de marzo de 1906

lunes, 16 de febrero de 2026

El Carnaval según Blasco Ibáñez. 05

«Los estudiantes, con el manteo terciado, tricornio en mano y ondeante en la manga el lazo de la Facultad, corrían las calles como un rebaño loco, asediando a los transeúntes para sacarles el dinero en nombre de la caridad. Por la plazuela de las de Pajares desfilaron los de Medicina y Derecho, y en torno de la enhiesta bandera amarilla o roja, las músicas rompieron a tocar alegres valses, que rápidamente poblaban los balcones.

La expansión ruidosa de la juventud libre y sin cuidados invadía la plaza como una atronadora borrachera. Volaban los tricornios a los balcones; y había muchacho que, impulsado por alguna copita traidora, despreciaba la vulgar invitación de las escaleras y se encaramaba por la fachada, agarrándose a las rejas, para entregar un ramo de flores a la niña y pedirle un duro a la mamá. Concha y Amparo recibían una ovación y doña Manuela, roja de orgullo, repartía sonrisas y pesetas a todo el enjambre de diablos negros, voceadores y gesticuladores que se agolpaba bajo el balcón. A espaldas de ellas estaba Andresito Cuadros, que acababa de entrar en el salón con el manteo terciado, una bayeta infame que tiznaba de negro la camisa y la cara. Llevaba ramos para la mamá y las niñas, y estuvo locuaz, atrevido, aunque, con gran desencanto de Amparito, no intentó como los otros, subir por la fachada, sistema que a ella le parecía muy interesante».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



La Estudiantina de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, en las Fiestas de Carnaval de 1894

Los estudiantes de pintura: Antonio Fillol Granell, José Mongrell Torrent, Daniel Cortés Pérez, Joan Fuster Bonnin, Francisco Boví Bernardo y Ramón Stolz Seguí,  y de escultura Ricardo Causarás Casaña


sábado, 14 de febrero de 2026

El Carnaval según Blasco Ibáñez. 04

«Muchachos con pliegos de colores voceaban las décimas y cuartetas, alegres y divertidas, para las máscaras, colecciones de disparates métricos y porquerías rimadas, que por la tarde habían de provocar alaridos de alegre escándalo en la de crin, ligas multicolores con sonoros cascabeles, y caretas pintadas, capaces de oscurecer la imaginación de los escultores de la Edad Media, unas con los músculos contraídos por el dolor, un ojo saltado y arroyos de bermellón cayendo por la mejilla; otras con una frente inmensa, espantosa; caras de esqueletos con las fosas nasales hundidas y repugnantes; narices que son higos aplastados, o que se prolongan como serpenteante trompa con un cascabel en la punta; sonrisas contagiosas que provocan la carcajada y carrillos rubicundos a los que se agarra un repugnante lagarto verde».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez




Tarde de carnaval en la Alameda

Ignacio Pinazo Camarlench

jueves, 12 de febrero de 2026

El Carnaval según Blasco Ibáñez. 03

«Llegaron los tres días de Carnaval. Por las mañanas, entre las estudiantinas y comparsas que corrían las calles, pasaban las familias ostentando a algún niño infeliz enfundado en la malla de Lohengrin, el justillo de Quevedo o los rojos gregüescos de Mefistófeles. Los ciegos y ciegas que el resto del año pregonan el papelito en el que está todo lo que se canta iban en cuadrilla, guitarra al pecho, vestidos de pescadores u odaliscas, mal pergeñados, con mugrientos trajes de ropería».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Grupo con disfraces en los Viveros

Foto Escuder

Todocolección

martes, 10 de febrero de 2026

El Carnaval según Blasco Ibáñez. 02

«La entrada de la familia le deslumbraba, sintiendo el infeliz una impresión de vanidad. Las hermanitas, vestidas unas veces con trajes de sociedad, obra de una modista francesa, y que todavía estaban por pagar; graciosamente disfrazadas otras de labradoras, de pierrots o de calabresas; Rafael, de etiqueta, embutido en un gabán claro, tan corto de faldones que parecía una americana; y la mamá satisfecha del éxito alcanzado por sus niñas, y a pesar del cansancio, sonriente y majestuosa con su vestido de seda, que crujía a cada paso, y encima el amplio abrigo de terciopelo, Juanito contemplaba con el cariño de un padre este desfile desmayado que iba en busca de la cama, arrojando al paso en las sillas los adornos exteriores».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Fiesta de carnaval del Círculo de Bellas Artes. 1911

domingo, 8 de febrero de 2026

El Carnaval según Blasco Ibáñez. 01

«El Carnaval de aquel año fue muy alegre para la familia de doña Manuela.

Las niñas se divirtieron. Rafaelito era socio de todos los círculos distinguidos y decentes donde se baila, mientras arriba, en una habitación con luces verdes, guardada y vigilada como antro de conspiradores, rueda la ruleta con sus vivos colorines o se agrupan los aficionados en torno de las cuatro cartas del monte».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Billete de señora del Círculo Valenciano. 1903

Archivo de Rafael Solaz

viernes, 6 de febrero de 2026

Crecería la cosecha como un mar de espigas cobrizas sobre el cadáver de Tonet

«La tierra cumpliría su misión: crecería la cosecha como un mar de espigas cobrizas sobre el cadáver de Tonet. Pero a él… ¿qué le restaba que hacer en el mundo?

Lloró el padre contemplando el vacío de su existencia, la soledad que le esperaba hasta la muerte, lisa, monótona, interminable, como aquel lago que brillaba ante sus ojos, sin una barca que cortase su rasa superficie.

Y mientras el lamento del tío Tono rasgaba como un alarido de desesperación el silencio del amanecer, la Borda, viendo de espaldas a su padre, inclinóse al borde de la fosa y besó la lívida cabeza con un beso ardiente, de inmensa pasión, de amor sin esperanza, osando, ante el misterio de la muerte, revelar por primera vez el secreto de su vida».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"

miércoles, 4 de febrero de 2026

Yacía tendido el cadáver del suicida

«Cerca del amanecer la luz se apagó. Habían encontrado el cadáver, después de dos horas de busca angustiosa, tal como lo vio el abuelo: con la cabeza hundida en el barro, los pies fuera del agua y el pecho convertido en una masa sanguinolenta, destrozado a boca de jarro por la metralla de los cartuchos de caza.

Lo recogieron con sus tridentes del fondo del agua. El padre, al clavar su fitora en aquel bulto blanducho, izándolo a la barca con sobrehumano esfuerzo, creyó que la hundía en su propio pecho.

Después fue la marcha lenta, angustiosa, mirando a todos lados, como criminales que temen ser sorprendidos. La Borda, siempre sollozante, perchaba en la proa; el padre ayudábala en el otro extremo de la barca; y entre estas dos figuras rígidas, que recortaban su negra silueta en la difusa luz de la noche estrellada, yacía tendido el cadáver del suicida».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"

lunes, 2 de febrero de 2026

Él iría solo; pero ¡por Dios! debía decirle el sitio

«—Pero… ¿ahón está? —preguntaba ansioso el padre.

Él iría solo; pero ¡por Dios! debía decirle el sitio. Si el abuelo no hablaba sentíase capaz de pasar el resto de la vida registrando el lago, aunque hiciera público su secreto.

—En la mata del Bolodró —dijo por fin el viejo—. Te costará d’encontrar.

Y cerró los ojos, inclinando la cabeza para reanudar aquel sueño del que no quería salir.

El tío Tono hizo un gesto a la Borda. Cogieron sus azadones de enterradores, sus perchas de barqueros, los agudos tridentes que servían para la pesca de las piezas gruesas, encendieron un farol en la luz del candil, y en el silencio de la noche atravesaron el pueblo para embarcarse en el canal».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"

sábado, 31 de enero de 2026

El tío Tono habló por fin

«El tío Tono habló por fin. Su voz no temblaba, pero velábase con la débil ronquera de la emoción.

La muerte vergonzosa de aquel desdichado era un final digno de su conducta. Se lo había predicho: acabaría mal. Cuando se nace pobre, la pereza es el crimen. Así lo ha arreglado Dios, y hay que conformarse… Pero ¡ay! era su hijo… ¡su hijo! ¡la carne de su carne! Su férrea rectitud de hombre honrado mostrábase insensible ante la catástrofe; pero allá dentro del pecho sentía cierta opresión, como si le hubieran arrancado parte de sus entrañas y estuviesen a aquellas horas sirviendo de pasto a las anguilas de la Albufera».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"

jueves, 29 de enero de 2026

¡Calla, calla! —dijo el padre

«Un lamento prolongado, estridente, salió del ángulo obscuro de la barraca donde estaba la cocina, como si en esta lobreguez degollasen a alguien. Era la Borda que gemía, aterrada por la noticia.

—¡Silensi, chiqueta! —gritó imperiosamente el viejo.

—¡Calla, calla! —dijo el padre.

Y la infeliz sollozó sordamente, oprimida en su dolor por la firmeza de aquellos dos hombres de férrea voluntad, que, al ser mordidos por la desgracia, permanecían con el exterior impasible, sin la más leve emoción en los ojos».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"

martes, 27 de enero de 2026

El tío Paloma no usó de paliativos para dar la noticia

«La noche fue lúgubre en la barraca de los Palomas. A la luz moribunda del candil, el abuelo y el padre, sentados frente a frente, hablaron mucho tiempo, con su gravedad de seres distanciados por el carácter, que sólo podían aproximarse a impulsos de la desgracia.

El tío Paloma no usó de paliativos para dar la noticia. Había visto al chico muerto, con el pecho destrozado por dos cargas de perdigones, hundido en el barro de la mata, con los pies fuera del agua, junto al barquito abandonado. El tío Tono apenas pestañeó. Sólo sus labios se apretaron convulsivamente, y con las manos crispadas se arañó las rodillas».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"

domingo, 25 de enero de 2026

Debía llorar toda su vida, ya que era la perdición de una familia

«Debía llorar toda su vida, ya que era la perdición de una familia. ¡Qué conservase su dinero! No sería él quien viniera a pedírselo a cambio del silencio… Y si quería saber dónde estaba su amante, dónde su hijo, no tenía más que mirar al lago. La Albufera, madre de todos, guardaba el secreto con tanta fidelidad como él.

Neleta quedó aterrada por esta revelación; pero aún en medio de su inmensa sorpresa miraba con inquietud al viejo, temiendo por su porvenir al verlo confiado al mutismo del tío Paloma.

El viejo se golpeó una vez más el pecho. ¡Qué viviese feliz y gozase su riqueza! Él callaría siempre».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"

viernes, 23 de enero de 2026

¡Plora, gosa, plora! —decía el barquero con irritación

«Neleta, derecha tras el mostrador, buscó en vano a Tonet con su mirada.

El viejo adivinó.

—No’l esperes —dijo con voz fosca—. No tornará més…

Y con acento reconcentrado le preguntó si se sentía mejor, hablando de la palidez de su rostro con una intencíón que hizo estremecerse a Neleta.

La tabernera adivinó inmediatamente que el tío Paloma conocía su secreto.

—Pero ¿y Tonet? —volvió a preguntar con voz angustiosa.

El viejo hablaba volviendo los ojos, como si deseara no verla, para conservar su forzada calma. Tonet no volvería más. Había huido lejos, muy lejos, a un país de donde nunca se vuelve. Era lo mejor que podía haber hecho… Así, todo quedaba arreglado y en el misterio.

—¿Pero vosté…? ¿vosté…? —gimió Neleta con angustia, temiendo que el viejo hablase.

El tío Paloma callaría. Lo afirmó golpeándose el pecho. Despreciaba a su nieto, pero tenía interés en que nada se supiera. El nombre de los Palomas, después de siglos de honrado prestigio, no estaba para ser arrastrado por un perezoso y una perra.

—¡Plora, gosa, plora! —decía el barquero con irritación».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"

miércoles, 21 de enero de 2026

Y fiestas de santos valencianos, que eran los primeros del cielo para el tío Caragol —San Vicente Mártir, San Vicente Ferrer, la Virgen de los Desamparados y el Cristo del Grao—, aparecía la humeante paella

«En los domingos y fiestas de santos valencianos, que eran los primeros del cielo para el tío Caragol —San Vicente Mártir, San Vicente Ferrer, la Virgen de los Desamparados y el Cristo del Grao—, aparecía la humeante paella, vasto redondel de arroz, sobre cuya arena de hinchados granos yacían despedazadas varias aves. El cocinero sorprendía a su gente repartiendo cebollas crudas, voluminosas, de acre perfume que arrancaba lágrimas y una blancura de marfil. Eran un regalo de príncipe mantenido en secreto. No había mas que quebrarlas de un puñetazo para que soltasen su viscosidad, y luego se perdían en los paladares como bocados crujientes de un pan dulce y picante, alternando con las cucharadas de arroz».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez



Comiendo paella

lunes, 19 de enero de 2026

El mismo cazador aconsejaba al tío Paloma una reserva absoluta

«El mismo cazador aconsejaba al tío Paloma una reserva absoluta. ¡Qué no se le escapase una palabra! Nada habían visto. Debía recomendar el silencio a su pobre nieto, fugitivo, sin duda, por la impresión de la terrible sorpresa. El lago había vuelto a tragarse el secreto, y sería una candidez que ellos hablasen, sabiendo cómo marea la justicia a los inocentes cuando cometen la tontería de ir en su busca. Los hombres honrados deben evitar todo contacto con la ley… Y el pobre señor, después de desembarcar en tierra firme, no se metió en su tartana hasta que el barquero, cada vez más pensativo, le juró varias veces que sería mudo».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"

sábado, 17 de enero de 2026

Caída en la proa de la barca estaba la escopeta de Cañamel

«Caída en la proa de la barca estaba la escopeta de Cañamel. Tonet la miró con expresión irónica. ¡Bien reiría el tabernero si le viese! Por primera vez, el parásito engordado a su sombra iba a emplear para una acción buena algo de lo que le había usurpado.

Con tranquilidad de autómata se descalzó un pie, arrojando lejos la alpargata. Montó las dos llaves de la escopeta, y desabrochándose la blusa y la camisa, se inclinó sobre el arma hasta apoyar en el doble cañón su pecho desnudo.

El pie descalzo subió dulcemente a lo largo de la culata buscando los gatillos, y una doble detonación conmovió con tanta fuerza el carrizal, que de todos lados salieron revoloteando las aves, locas de miedo».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"

jueves, 15 de enero de 2026

El crimen levantábase ante él, como si no hubiera transcurrido el tiempo

«No fue muy lejos. La proa del barquito se hundió entre las cañas, y el miserable, soltando la percha, se dejó caer en el fondo de la embarcación con la cabeza oculta entre las manos. Por mucho tiempo callaron los pájaros, cesaron los ruidos en el carrizal, como si la vida oculta entre las cañas callase, aterrada por un rugido salvaje, un lamento entrecortado, que parecía el hipo de un moribundo.

El miserable lloraba. Después del embrutecimiento, que le había conservado en completa insensibilidad, el crimen levantábase ante él, como si no hubiera transcurrido el tiempo, como si acabase de cometerlo. Cuando creía próximo a borrarse para siempre el recuerdo de su delito, la fatalidad lo hacía renacer, lo paseaba ante sus ojos, ¡y en qué forma!».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"

martes, 13 de enero de 2026

Tonet se irguió, con la mirada loca

«Pasó junto a la barca del abuelo, y el cazador se llevó la mano a los ojos como si le hiriese un relámpago.

—¡Mare de Deu! —gimió aterrado, mientras la escopeta se le iba de las manos.

Tonet se irguió, con la mirada loca, estremecido de pies a cabeza, como si el aire faltase de pronto en sus pulmones. Vio junto a la borda de su barca un lío de trapos, y en él algo lívido y gelatinoso erizado de sanguijuelas: una cabecita hinchada, deforme, negruzca, con las cuencas vacías y colgando de una de ellas el globo de un ojo; todo tan repugnante, tan hediondo, que parecía entenebrecer repentinamente el agua y el espacio, haciendo que en pleno sol cayese la noche sobre el lago».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"

domingo, 11 de enero de 2026

Ya disparaba don Joaquín contra los pájaros

«Cuando volvió al lado de su abuelo ya disparaba don Joaquín contra los pájaros que, inquietos y asustados, cambiaban de guarida, pasando por el espacio descubierto.

Asomábanse las pollas a aquel callejón desprovisto de cañas que dejaba su paso al descubierto. Dudaban un momento en arriesgarse, pero por fin, unas volando y otras a nado pasaban la vía de agua, y en el mismo momento alcanzábalas el disparo del cazador.

En este espacio angosto el tiro era seguro, y don Joaquín gozaba las satisfacciones de un gran tirador viendo la facilidad con que abatía las piezas. La Centella se arrojaba del barquito, alcanzaba a nado los pájaros, todavía vivos, y los traía con expresión triunfante hasta las manos del cazador. La escopeta del tío Paloma no estaba inactiva. El viejo tenía empeño en halagar al parroquiano, adulándole a tiros, como era su costumbre. Cuando veía un pájaro próximo a escapar, disparaba, haciendo creer al burgués que era él quien lo había derribado».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Embarque de cazadores en La Albufera

Todocolección

viernes, 9 de enero de 2026

El silencio de la mañana era profundo en este rincón de la Albufera

«Los dos barquitos entraron en un callejón de agua entre los altos carrizos. La anea crecía a manojos entre los senills; las cañas se confundían con los juncos, y las plantas trepadoras, con sus campanillas blancas y azules, se enredaban en esta selva acuática formando guirnaldas. La confusa maraña de raíces daba una apariencia de solidez a los macizos de cañas. En el callejón, el agua mostraba en su fondo extrañas vegetaciones que subían hasta la superficie, no sabiéndose en ciertos momentos si navegaban los barquitos o se arrastraban sobre campos verdosos cubiertos por un débil cristal.

El silencio de la mañana era profundo en este rincón de la Albufera, que aún parecía más salvaje a la luz del sol; de vez en cuando, un chillido de pájaro en la espesura, un ruido de burbujas en el agua, delatando la presencia de bichos ocultos entre las viscosidades del fondo».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



Fotograma de la serie de TVE "Cañas y barro"

miércoles, 7 de enero de 2026

La Navidad según Blasco Ibáñez. Y 18

«—Di a Adela y a Nelet que entren.

Toda la servidumbre de la casa se plantó a estilo de coro de zarzuela ante el sillón de la señora. Entre los tres cruzábanse alegres miradas, sonrisas de satisfacción.

Era la ceremonia anual, el acto de dar los aguinaldos a los criados, por ser el día de la señora. Con majestad teatral, doña Manuela dio un duro a cada uno, más un pañuelo de seda a Visanteta, por lo satisfecha que estaba de su mérito como cocinera. El ceño de la habilidosa muchacha se dilató por primera vez en todo el día, y los tres salieron apresuradamente con la alegría del regalo, oyéndose el ruido de sus empellones y correteos.

Esto obscureció un poco la sonrisa de don Juan. Decididamente, su hermana era una loca, que odiaba el dinero. ¡Mire usted que tirar tres duros tan en tonto! ¿No hubiera quedado lo mismo con tres pesetas?

Pero su digestión de esquimal harto no le permitía indignarse, y escuchó con expresión amable a su hermana, que, inclinada sobre él, apoyándose en su misma butaca, le hablaba mimosamente, como si fuese una niña.

—Hay que seguir las costumbres, Juan; si no, los criados, en vez de respetarla a una, se encargan de desacreditarla. A ti de seguro que no le parece bien dar un duro a cada criado; a mí tampoco, pero hijo mío, la costumbre es la costumbre, y si una hace ciertas economías, la gente cree que va de capa caída, suposición que a nadie gusta. ¿No crees tú lo mismo?».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Doncellas

Cortesía de José Navarro Escrich

lunes, 5 de enero de 2026

La Navidad según Blasco Ibáñez. 17

«Aparecieron los postres. Cubrióse la mesa de tajadas de melón, peras y manzanas, avellanas y nueces; pero esto pasó sin gran éxito, atreviéndose el tío sólo con algunos pedazos de fruta que le mandó Juanito.

Después, la clásica sopada, sin la cual don Juan no comprendía los banquetes: una gran fuente de crema, en la que se empapaban apretadas filas de pequeños bizcochos. Esto era lo mejor para los que, como él, carecían de dentadura. Sabía a gloria; pero a pesar de tantos elogios, recibió como en triunfo el turrón de Jijona y los pasteles de espuma. También era esto del género de don Juan, adorador de las cosas blandas, que se escurren dulcemente sin roce alguno hasta el fondo del estómago. Con la boca llena de merengue contestaba a sus sobrinas, que estaban cada vez más alegres, y aprobaba bondadosamente los cuidados de su hermana por tenerle contento. Ahora había que retirar el vino de los Escolapios: "no estaba en carácter"; y por esto el viejo saludó alegremente la aparición en la mesa de las botellas de licor de diferentes formas y clases».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez




Postre Martí

Todocolección