miércoles, 31 de mayo de 2017

Formaban un campamento en el centro del cauce

«Los carros de los labriegos, con sus toldos claros, formaban un campamento en el centro del cauce, y a lo largo de la ribera, puestas en fila, estaban las bestias a la venta: mulas negras y coceadoras, con rojos caparazones y ancas brillantes, agitadas por nerviosa inquietud; caballos de labor, fuertes, pero tristes, cual siervos condenados a eterna fatiga, mirando con sus ojos vidriosos a todos los que pasaban, como si adivinasen al nuevo tirano, y pequeñas y vivarachas jacas, hiriendo el polvo con sus cascos, tirando del ronzal que las mantenía atadas al muro».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Mercado de caballerías

Cauce del Turia

La Semana Gráfica. 2 de abril de 1927

martes, 30 de mayo de 2017

Como fantasmas que caminasen en tierra firme

«Los altos ribazos ocultaban la red de canales, las anchas «carreras» por donde navegaban los barcos de vela cargados de arroz. Sus cascos permanecían invisibles y las grandes velas triangulares se deslizaban sobre el verde de los campos, en el silencio de la tarde, como fantasmas que caminasen en tierra firme».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


Vista de La Albufera. 1929

Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)


lunes, 29 de mayo de 2017

Con aquella dulzaina vieja, resquebrajada

«Y él, con los carrillos hinchados, la mirada vaga perdida en lo alto y resoplando sin cesar en la picuda dulzaina, acogía la rústica ovación con la indiferencia de un ídolo. 

Era popular y compartía la general admiración con aquella dulzaina vieja, resquebrajada, la eterna compañera de sus correrías, la que, cuando no rodaba en los pajares o bajo las mesas de las tabernas, aparecía siempre cruzada bajo el sobaco, como si fuera un nuevo miembro creado por la Naturaleza en un acceso de filarmonía».

Cuentos valencianos. Dimoni

Vicente Blasco Ibáñez


Dolçainer. 1929

Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)

domingo, 28 de mayo de 2017

Se alejó el carromato con suspiros de desvencijamiento

«Se alejó el carromato con suspiros de desvencijamiento y chirridos de hierro viejo, y la mujercita, con sus cestas al brazo, quedó inmóvil en la acera, como si despertase asombrada, no creyendo en la realidad de una reconciliación con su rival».

Flor de Mayo

Vicente Blasco Ibáñez


"De regreso". Atardecer con carreta de caballos. 1927

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Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)

sábado, 27 de mayo de 2017

Había que fijarse en las ventajas del cultivo del arroz

«No; él se rebelaba; quería sacar a la familia de su miserable postración; trabajar, no sólo para comer, sino para el ahorro. Había que fijarse en las ventajas del cultivo del arroz: poco trabajo y gran provecho. Era una verdadera bendición del cielo; nada en el mundo daba más. Se planta en junio y se recolecta en septiembre; un poco de abono y otro poco de trabajo; total, tres meses; se coge la cosecha, las aguas del lago, hinchadas por las lluvias del invierno, cubren los campos, y ¡hasta el año siguiente! La ganancia se guarda, y en los meses restantes se pesca a la luz del sol y se caza ocultamente para mantener la familia. ¿Qué más podía desear…? El abuelo había sido un pobre, y después de una vida de perro sólo logró construir aquella barraca, donde vivían eternamente ahumados. Su padre, a quien tanto respetaba, no había conseguido guardar un mendrugo para la vejez. Que le dejasen a él trabajar a gusto, y su hijo, el pequeño Tonet, sería rico, cultivaría campos cuyos límites se perderían de vista, y sobre el solar de la barraca tal vez se levantase con el tiempo una casa mejor que todas las del Palmar. Hacía mal su padre en indignarse porque sus descendientes cultivaban la tierra. Más valía ser labrador que vivir errante en el lago, pasando hambre muchas veces y exponiéndose a recibir el balazo de un guarda de la Dehesa».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


"Plantá de l'arrós". 1935

Vicente Martínez Sanz (con permiso expreso de la familia)

viernes, 26 de mayo de 2017

Prefería corretear por la Dehesa

«El barquero vio claro: lo que su nieto odiaba, con una repulsión instintiva que ponía de pie su voluntad, era el trabajo. En vano el tío Paloma le hablaba de la gran pesca que harían al día siguiente en el Recatí , el Rincón de la olla o cualquier otro punto de la Albufera. Apenas el barquero se descuidaba, su nieto había desaparecido. Prefería corretear por la Dehesa con los chicuelos de la vecindad, tenderse al pie de un pino y pasar las horas oyendo el canto de los gorriones en las redondas copas, o contemplando el aleteo de las mariposas blancas y los abejorros bronceados sobre las flores silvestres».

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez


La Dehesa

Todocolección

jueves, 25 de mayo de 2017

Para venir al fin a meterse en carabineros

«Y la siñá Tona hacía confidente de sus desdichas a Martínez, un carabinero joven que estaba de servicio en aquella parte de la playa, y pasaba las horas del calor sentado bajo el sombrajo de la taberna, con el fusil entre las rodillas, mirando vagamente el límite del mar, con el oído atento á las eternas lamentaciones de la tabernera. 

El tal Martínez era andaluz, de Huelva; un muchacho guapo y esbelto, que llevaba con mucha marcialidad el uniforme viejo de servicio y se atusaba al hablar el rubio bigote con expresión distinguida. 

La siñá Tona le admiraba. Las personas que son finas no lo pueden ocultar; a la legua se las conoce. 

Y además, ¡qué gracia en el lenguaje! ¡qué términos tan escogidos gastaba! Bien se conocía que era hombre leído. Como que había estudiado muchos años en el Seminario de su provincia; y si ahora se veía así era porque, no queriendo ser cura y deseando ver mundo, había reñido con su familia, sentando plaza, para venir al fin a meterse en carabineros».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Cuartel de Carabineros en La Patacona

Cortesía de Tequín Iglesias