jueves, 31 de enero de 2019

Tendíanse como unos príncipes

«Después venía el huroneo en busca del vino que la tripulación había dejado olvidado en el fondo del porrón de lata; y los gatos, si no había trabajo, tendíanse como unos príncipes en la proa, con la camisa fuera de los pantalones y la panza al aire, arrullados por el cabeceo de la barca y las cosquillas de la brisa».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Niños en la playa II. 1908

Óleo. 81 x 106

Hispanic Society of America. Nueva York


martes, 29 de enero de 2019

Entonces entraba la rebañadura mendrugo en mano

«No se equivocaba el muchacho al decir que había nacido para el mar. En la barca del tío Borrasca se encontraba mucho mejor que en la otra encallada en la arena, junto a la cual gruñía el cerdo y cacareaban las gallinas. Trabajaba mucho, y además de su pitanza percibía algunos puntapiés del viejo patrón, cariñoso en tierra, pero que una vez sobre su barca no respetaba ni a su mismo padre. Trepaba al mástil a poner el farol o arreglar una cuerda con la ligereza de un gato; ayudaba á tirar de las redes cuando llegaba el momento de chorrar; baldeaba la cubierta, alineaba en la cala los grandes cestos del pescado y soplaba el fogón, cuidando de que el caldero estuviera siempre en su punto para que no se quejara la gente de a bordo. Pero como compensación a estos trabajos, ¡cuántas satisfacciones! Al terminar el patrón y los suyos la comida que él y otro gato de la barca presenciaban inmóviles y respetuosos, dejábanles las sobras a los chicos, y los dos sentábanse a proa con el negro caldero entre las piernas y un pan bajo del brazo. Ellos sacaban la mejor parte, y cuando las cucharas tropezaban ya con el fondo, entonces entraba la rebañadura mendrugo en mano, hasta que el metal quedaba limpio y brillante, como si acabasen de fregarlo».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Comida en la barca. 1898

Óleo. 180 x 250

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid

Joaquín Sorolla y Bastida

Vicente Antonio Juan: Vicente Blasco Ibáñez. Apuntes biográficos. 01

Apuntes biográficos. 01

«Oficialmente, Vicente Blasco Ibáñez nació el 29 de enero del 1867 pero sobre la fecha exacta del acontecimiento, existen algunas discrepancias.



Casa natal de Blasco Ibañez

http://lapidasconmemorativasvalencia.blogspot.com/2015/06/vicente-blasco-ibanez-en-su-casa-natal.html

Según la última biografía publicada por Javier Varela1 en 2015, y de acuerdo con la partida de bautismo, el recién nacido registrado con el nombre Vicente Antonio Juan, fue  bautizado el 30 de enero de 1867, en la iglesia parroquial de los Santos Juanes de Valencia, de la cual los padres eran feligreses. El documento registraba que el niño  “...nació el día anterior a la una de la tarde, hijo legítimo de Gaspar Blasco, natural de Aguilar y de Ramona Ibáñez, natural de Calatayud”. Los padrinos fueron Antonio Pinilla, natural de Sestrica, un pueblo de la provincia de Zaragoza y Vicenta Martínez, tía de doña Ramona, natural de Calatayud.

Calle Jaboneria Nueva, a finales del siglo XVIII

Archivo Rafael Solaz

De acuerdo a estos datos, el niño habría nacido el 29 de enero pero según el padre, el acontecimiento ocurrió un día antes: «El día 28 de enero 1867 tuvimos un hijo que se llama Vicente»; como se indica en la biografía escrita por Libertad Blasco, la hija de Blasco Ibáñez.

Otra versión es la que aparece en la biografía publicada en 1977 por Pilar Tortosa, una familiar cercana a Blasco Ibáñez,  donde se sugiere que la fecha correcta sería el 27 de enero, citando a José María Meliá Bernabeu - Pigmalión (1885–1974), periodista y escritor valenciano, amigo y secretario del novelista:

«Íbamos en un tranvía hacia la playa; Blasco Ibáñez había leído un trabajo mío sobre hombres célebres y signos del Zodiaco, y al recordarle yo que había nacido en martes, me interrumpió: 

—No, me dijo, yo nací en domingo. En las partidas de Bautismo figuran las fechas que se declaran, pero mis padres me dijeron que yo había nacido un domingo 27 de enero». 

También, la autora menciona otras equivocaciones encontradas en la partida de nacimiento de Blasco Ibáñez: en donde debe decir «comerciante», refiriéndose a la ocupación del padre, se lee «cocinero», y se sitúa la villa de Calatayud, lugar de nacimiento de la madre, en la provincia de Teruel en lugar de Zaragoza».

Marga Preda

https://elargonautavalenciano.blogspot.com/2016/01/la-familia-blasco-ibanez-1867.html

«Vicente Blasco Ibáñez nació en Valencia, en la calle de la Jabonería Nueva, número 2, llamada luego Flor de Mayo y hoy en día Barón de Cárcer, el 27 de Enero de 1867, no el 28, como se había señalado siempre. Tomamos este dato de Pigmalión, quien asegura haberlo recogido de los labios del propio novelista, el cual estaba orgulloso de tal fecha, puesto que un 27 de enero había nacido también Mozart.


Fachada de la casa natal de Blasco Ibáñez (destruida en 1939)

http://www.cervantesvirtual.com/



Placa que se instaló en la casa natal de Vicente Blasco Ibáñez (destruida en 1939)

http://www.cervantesvirtual.com/


Placa en recuerdo al lugar donde estuvo la casa natalicia de Blasco Ibáñez

http://www.bv.gva.es/

Nació en las inmediaciones del Mercado Central, barrio destacado en la acción narrativa de Arroz y tartana (1894) y en Flor de mayo (1895) —las dos primeras novelas de las que se siente satisfecho el autor— quien relega al olvido una vasta producción anterior con certero criterio ya que, si desde su más temprana infancia brotó incontenible un venero de imaginación, el novelista no había encontrado aún su estilo inconfundible, y su lenguaje —salvo chispazos aislados— era demasiado discursivo y grandilocuente. 


http://juanansoler.blogspot.com.es/


http://elargonautavalenciano.blogspot.com.es/


Plaza del Mercado. 1888 

Colección Diaz Prósper

Sus padres —don Gaspar Blasco Teruel y doña Ramona Ibáñez Martínez— eran oriundos de la provincia de Teruel, de cuyas tierras áridas y frías tantos aragoneses emigraron en busca del grato clima y de la riqueza floreciente de Valencia. Gran parte del comercio —sobre todo el del ramo de la alimentación y del vestido, así como el de la servidumbre— era desempeñado por aragoneses, “churros” en la terminología entre compasiva y despectiva de los oriundos levantinos. 


Padres de Blasco Ibáñez.

Gaspar Blasco Teruel y Ramona Ibáñez Martínez

Archivo Rafael Solaz

La situación económica de los padres de Blasco no era tan precaria como la de la mayoría de aragoneses que, temporal o definitivamente, tenían que dejar sus tierras de origen. El futuro novelista sintetizaría como las dos notas más destacadas de su carácter la valentía y la gallardía, propias del valenciano, y la tozudez, típica del aragonés».

Vicente Blasco Ibáñez. Ese diedro de luces y sombras

José Mas y Mª Teresa Mateu

lunes, 28 de enero de 2019

Quiero que me entierren en el más modesto cementerio valenciano

«Quiero que me entierren en el más 
modesto cementerio valenciano, 
junto al Mare Nostrum que llenó de ideal mi espíritu, quiero que mi cuerpo se confunda con esta tierra de Valencia que es el amor de todos mis amores».

Vicente Blasco Ibáñez


Blasco Ibáñez pronunciando un discurso 
durante la Fiesta de "La barraca"

17 de mayo de 1921

Cortesía de Marga Preda

domingo, 27 de enero de 2019

Fueron al Grao a un bazar del puerto

«El aprendizaje comenzó bien. Hasta entonces le habían vestido con la ropa vieja de su padre, pero la siñá Tona quiso que entrase con cierta dignidad en su nuevo oficio, y una tarde, cerrando la taberna, fueron al Grao a un bazar del puerto, donde vendían ropas hechas para los marineros. Pascualet recordó durante muchos años la tal tienda, que le parecía el santuario del lujo. Los ojos se le fueron tras los chaquetones azules, los impermeables de amarillo hule, las enormes botas de aguas, prendas todas que sólo usaban los patrones, y salió orgulloso con su hatillo de grumete, compuesto de dos camisas mallorquinas, tiesas, ásperas y burdas, como si fuesen de papel de lija; una faja de lana negra, un traje completo de bayeta, de un amarillo rabioso; una barretina roja para calársela hasta el cuello en el mal tiempo y gorra de seda negra para bajar a tierra. Por fin, le vestían a su medida; ya no tendría que luchar con las chaquetas de su padre, que en los días de viento se hinchaban como velas, haciéndole correr por la playa más aprisa que quería. De zapatos no había que hablar. Él no recordaba haber metido jamás en tal tormento sus ágiles pies».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez




1927

Todocolección