domingo, 7 de octubre de 2018

Roseta se peinaba con calma, para deshacer a continuación su obra

«Su madre tuvo que aguardar. En vano la pobre mujer le dió prisa, revolviéndose impaciente en la barraca, como espoleada por la campana que sonaba a lo lejos. Iban a perder la misa. Mientras tanto, Roseta se peinaba con calma, para deshacer a continuación su obra, poco satisfecha de ella. Luego se arreglaba la mantilla con tirones de enfado, no encontrándola nunca de su gusto».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Retrato de valenciana

Julio Peris Brell

viernes, 5 de octubre de 2018

Pero más feas se encontraban a docenas en la huerta

«Ella no era gran cosa, lo reconocía; pero más feas se encontraban a docenas en la huerta. Y sin saber por qué, se deleitaba contemplando sus ojos de un verde claro; las mejillas moteadas de esas pecas que el sol hace surgir de la piel tostada; el pelo rubio blanquecino, con la finura fláccida de la seda; la naricita de alas palpitantes cobijando una boca sombreada por el vello de un fruto sazonado, y que al entreabrirse mostraba una dentadura fuerte e igual, de blancura de leche, cuyo brillo parecía iluminar su rostro: una dentadura de pobre».

La barraca

Vicente Blasco Ibañez


Valenciana con peineta

Francisco Pons Arnau

jueves, 4 de octubre de 2018

Pues en la huerta valenciana es impudor que las solteras no oculten los seductores adornos de la Naturaleza

«Y como si fuese una gala nueva que veía por primera vez, metióse por la cabeza con gran cuidado, cual si fuese de sutiles blondas, la saya de percal de todos los domingos. Luego se apretó mucho el corsé, como si no le oprimiese aún bastante aquella armazón de altas palas, un verdadero corsé de labradora, que aplastaba con crueldad el naciente pecho, pues en la huerta valenciana es impudor que las solteras no oculten los seductores adornos de la Naturaleza, para que nadie pueda pecaminosamente suponer en la virgen la futura maternidad».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez



Escena valenciana

Felipe Santamans

miércoles, 3 de octubre de 2018

Viendo siempre en las atropelladas escenas de su ensueño al nieto del tío Tomba

«Se despidieron con el laconismo del día anterior; pero aquella noche la muchacha se revolvió en la cama, inquieta, nerviosa, soñando mil disparates, viéndose en un camino negro, muy negro, acompañada por un perro enorme que le lamía las manos y tenía la misma cara que Tonet. Después salía un lobo a morderla, con un hocico que recordaba vagamente al odiado Pimentó, y reñían los dos animales a dentelladas y salía su padre con un garrote, y ella lloraba como si le soltasen en las espaldas los garrotazos que recibía su pobre perro; y así seguía desbarrando su imaginación, pero viendo siempre en las atropelladas escenas de su ensueño al nieto del tío Tomba, con sus ojos azules y su cara de muchacho cubierta por un vello rubio, que era el primer asomo de la edad viril».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Nuevo Mundo. 4 de febrero de 1916

lunes, 1 de octubre de 2018

Hablando con Blasco Ibáñez

Hablando con Blasco Ibáñez



Nuevo Mundo. 15 de septiembre de 1916


O las hacían caer detrás de los pajares

«Recordaba con pavor ciertas historías de la huerta oídas en la fábrica: el miedo de las jóvenes a Pimentó y otros jaques de los que se reunían en casa de Copa, desalmados que, aprovechándose de la oscuridad, empujaban a las muchachas solas al fondo de las regaderas en seco o las hacían caer detrás de los pajares. Y Roseta, que ya no era inocente después de su entrada en la fábrica, dejaba correr su imaginación hasta los últimos límites de lo horrible, viéndose asesinada por uno de estos monstruos, con el vientre abierto y rebañada Por dentro lo mismo que los niños de que hablaban las leyendas de la huerta, a los cuales unos verdugos misteriosos sacaban las mantecas, confeccionando con ellas milagrosos medicamentos para los ricos».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


En la huerta de Valencia. Un pajar

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