miércoles, 13 de mayo de 2020

Que por las mañanas revendía fruta en el mercado

«No era extraño, pues, que un hombre de tantas prendas rodeado del ambiente de la popularidad y poseedor de irresistibles seducciones, trajese loca a Pepeta (a) la Buena Mosa , una vaca brava que por las mañanas revendía fruta en el mercado, y con su falda acorazada, pañuelo de pita, patillas en las sienes y puntas de bandolina en la frente, pasaba la vida a la puerta de su casa, tan dispuesta a arañarse con la primera vecina como a conmover a toda la calle con alguno de sus escándalos de muchachota cerril».

¡Cosas de hombres! 

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez


Antiguo Mercado del Cabañal

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lunes, 11 de mayo de 2020

La siñá Serafina estaba orgullosa de aquel hijo

«La siñá Serafina estaba orgullosa de aquel hijo que la llamaba mamá . Ella era la encargada de hacer saber a las vecinas las onzas de oro que Visentico había traído de allá, y al número que marcaba, ya bastante exagerado, la gente añadía ceros sin remordimiento. Además, se hablaba con respeto supersticioso de cierto papelote que el licenciado guardaba, y en el cual el Estado se comprometía a dar tanto y cuanto... cuando mudase de fortuna».

¡Cosas de hombres! 

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez



Nuevo Mundo. 7 de marzo de 1912

sábado, 9 de mayo de 2020

La festividad de la Virgen de los Desamparados según Blasco Ibáñez

«Desde las Pascuas que era grande la intimidad entre las dos familias; Juanito había oído hablar la noche anterior de cierto plan de esparcimiento matutino, como principio de fiesta, por ser los días de Amparito. Oirían la primera misa en la capilla de los Desamparados, porque a doña Manuela, como buena valenciana, le parecía que ninguna misa del resto del año valía tanto como aquélla y después tomarían chocolate en un huerto de fresas, bajo un toldo de plantas trepadoras, recreándose el olfato con el olor de los campos de flores y el humillo del espeso soconusco.

El día de la Virgen fue con Tónica y su amiga a la primera misa en la capilla de los Desamparados. Dentro del templo sonaba la música; la multitud, oprimida en la mezquina rotonda, esparcíase por la plaza hasta la fuente, adornada con un ridículo templete que parecía de confitería. Todos estaban en actitud reverente, sin ver otra cosa de la misa que las obscuras puertas, en cuyo fondo brillaban como chispas de oro las luces de los altares, sintiendo en sus descubiertas cabezas el vientecillo de primavera, semejante al halago de una mano invisible, tibia y olorosa. En esta confusión, cuando Juanito, sacando los codos, guardaba de empujones a las dos mujeres, vio a corta distancia a su familia y la del señor Cuadros».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


La Semana Gráfica. 11 de mayo de 1929

jueves, 7 de mayo de 2020

Y escuchar las estupendas historias con credulidad asombrosa

«Cuando Visentico, el hijo de la siñá Serafina, volvió de Cuba, la calle de Borruil púsose en conmoción. 

En torno de su petaca, siempre repleta de picadura de La Habana, agrupábase la chavalería del barrio, ansiosa de liar pitillos y escuchar las estupendas historias con credulidad asombrosa. 

—En Matanzas tuve yo una mulatita que quería nos casáramos lueguito.... lueguito. Tenía millones; pero yo no quise, porque me tira mucho esta tierresita .

Y esto era mentira. Seis años había permanecido fuera de Valencia, y decía tener olvidado el valenciano, a pesar de lo mucho que «le tiraba la tierresita». Había salido de allí con lengua, y volvía con un merengue derretido, a través del cual las palabras tomaban el tono empalagoso de una flauta melancólica».

¡Cosas de hombres! 

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez




Soldaddo contando su experiencia a familiares y amigos

Nuevo Mundo. 14 de marzo de 1912

martes, 5 de mayo de 2020

Y ya no comió más en la mesa de los clavarios

«Pero, aunque él decía a todo que sí, maldito lo que le seducía la proposición. ¡Casarse ellos! Bueno va... ¡Cómo se burlaría la gente! Mejor estaban así las cosas. 

Y en vista de su tozuda resistencia, si no le quitaron las fiestas, por ser el más barato y mejor de los dulzaineros, despojáronle de todos los honores anexos a su cargo, y ya no comió más en la mesa de los clavarios, ni se le dio el pan bendito, ni se permitió que entrasen en las iglesias el día de la fiesta semejante par de herejazos».

Dimoni

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez


Clavarios en Valencia

Foto Lucas Luna

Todocolección

domingo, 3 de mayo de 2020

El viejo les hablaba del Cristo del Grao

«El viejo les hablaba del Cristo del Grao, cuya estampa ocupaba el sitio más visible de la cocina, y todos oían como un relato nuevo la llegada por el mar de la santa imagen, tendida sobre una escalera, dentro de un buque que se hizo humo luego de soltar su milagroso cargamento.

Había sido esto cuando el Grau no era mas que un grupo de chozas lejos de las murallas de Valencia y amenazado por los desembarcos de los piratas moros. Durante muchos años, Caragol había sacado en hombros y descalzo la sagrada escalera el día de la fiesta. Ahora, otros hombres de mar disfrutaban de tal honor, y él, viejo y cegato, aguardaba entre el público de la procesión para lanzarse sobre la enorme reliquia, pasando sus ropas por la madera.»

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez


Procesión del Cristo del Grao. 1913

Barberá Masip

viernes, 1 de mayo de 2020

Siempre serio y pronto para el trabajo

«Siempre serio y pronto para el trabajo, Tono no daba a su padre el más leve disgusto. El tío Paloma, que no podía pescar acompañado, pues al menor descuido se enfurecía e intentaba pegar al camarada, jamás reñía a su hijo, y cuando, entre bufidos de mal humor, intentaba darle una orden, ya el muchacho, adivinándola, había puesto manos a la obra.»

Cañas y barro

Vicente Blasco Ibáñez



La Albufera

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