miércoles, 22 de agosto de 2018

La puerta de los Apóstoles, vieja, rojiza, carcomida por los siglos

«La puerta de los Apóstoles, vieja, rojiza, carcomida por los siglos, extendiendo sus roídas bellezas a la luz del sol, formaba un fondo digno del antiguo tribunal: era como un dosel de piedra fabricado para cobijar una institución de cinco siglos.

En el tímpano aparecía la Virgen con seis ángeles de rígidas albas y alas de menudo plumaje, mofletudos, con llameante tupé y pesados tirabuzones, tocando violas y flautas, caramillos y tambores. Corrían por los tres arcos superpuestos de la portada tres guirnaldas de figurillas, ángeles, reyes y santos, cobijándose en calados doseletes. Sobre robustos pedestales exhibíanse los doce apóstoles; pero tan desfigurados, tan maltrechos, que no los hubiera conocido Jesús: los pies, roídos; las narices, rotas; las manos, cortadas; una fila de figurones, que más que apóstoles parecían enfermos escapados de una clínica, mostrando dolorosamente sus informes muñones. Arriba, al final de la portada, abríase, como gigantesca flor cubierta de alambrado, el rosetón de colores que daba luz a la iglesia, y en la parte baja, en la base de las columnas adornadas con escudos de Aragón, la piedra estaba gastada, las aristas y los follajes, borrosos por el frote de innumerables generaciones. 

En este desgaste de la portada adivinábase el paso de la revuelta y el del motín. Junto a estas piedras se había aglomerado y confundido todo un pueblo; allí se había agitado en otros siglos, vociferante y rojo de rabia, el valencianismo levantisco, y los santos de la portada, mutilados y lisos como momias egipcias, al mirar al cielo con sus rotas cabezas, Parecían estar oyendo aún la revolucionaria campana de la Unión o los arcabuzazos de las Germanías».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Puerta de los Apóstoles

Todocolección

martes, 21 de agosto de 2018

El alguacil del tribunal, que llevaba más de cincuenta años de lucha

«El alguacil del tribunal, que llevaba más de cincuenta años de lucha con esta tropa insolente y agresiva, colocaba a la sombra de la Portada ojival las piezas de un sofá de viejo damasco, y tendía después una verja baja, cerrando el espacio de acera que había de servir de sala de audiencia».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez




VAHG



lunes, 20 de agosto de 2018

A un lado alzábase la colina de San Salvador

«A un lado alzábase la colina de San Salvador con su ermita en la cumbre, rodeada de pinos, cipreses y chumberas. El tosco monumento de la piedad popular parecía hablarle como un amigo indiscreto, revelando el motivo que le hacía abandonar a los partidarios y desobedecer a su madre. 

Era algo más que la belleza del campo lo que le atraía fuera de la ciudad. Cuando los rayos del sol naciente le despertaron por la mañana en el vagón, lo primero que vio , antes de abrir los ojos, fue un huerto de naranjos, la orilla del Júcar y una casa pintada de azul, la misma que asomaba ahora, a lo lejos, entre las redondas copas de follaje, allá en la ribera del río. 

¡Cuántas veces la había visto en los últimos meses con los ojos de la imaginación!…»

Entre naranjos

Vicente Blasco Ibáñez


Monte de San Salvador. Alcira

Todocolección

domingo, 19 de agosto de 2018

Toda la huerta que tenía agravios que vengar estaba allí

«Llegaban unos tirando de sus caballejos con el serón cargado de estiércol, contentos de la colecta hecha en las calles; otros, en sus carros vacíos procurando enternecer a los guardias municipales para que los dejasen permanecer allí; y mientras los viejos conversaban con las mujeres, los jóvenes se metían en el cafetín cercano para matar el tiempo ante la copa de aguardiente, mascullando su cigarro de diez céntimos. 

Toda la huerta que tenía agravios que vengar estaba allí, gesticulante y ceñuda, hablando de sus derechos, impaciente por soltar ante los síndicos o jueces de las siete acequias el interminable rosario de sus quejas».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Tribunal de las Aguas. Bernardo Ferrándiz. 1865


La Esfera. 14 de julio de 1917

sábado, 18 de agosto de 2018

El Tribunal de las Aguas iba a reunirse en la puerta de los Apóstoles. Vídeo

«Era jueves, y, según una costumbre que databa de siglos, el Tribunal de las Aguas iba a reunirse en la puerta de los Apóstoles de la catedral de Valencia. 

El reloj de la torre llamada el Miguelete señalaba poco más de las diez, y los huertanos juntábanse a corrillos o tomaban asiento en los bordes del tazón de la fuente que adorna la plaza, formando en torno al vaso una animada guirnalda de mantas azules y blancas, pañuelos rojos y amarillos o faldas de indiana de colores oscuros».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


http://www.tribunaldelasaguas.org/es/


El Tribunal de las Aguas 

viernes, 17 de agosto de 2018

Dos rahonetes no més...

«Al llegar Batiste a las inmediaciones de la taberna de Copa, un hombre apareció en el camino, saliendo de una senda inmediata, y marchó hacia él lentamente, dando a entender su deseo de hablarle. 

Batiste se detuvo, lamentando en su interior no llevar consigo ni una mala navaja, ni una hoz, pero sereno, tranquilo, irguiendo su cabeza redonda con la expresión imperiosa tan temida por su familia y cruzando sobre el pecho los forzudos brazos de antiguo mozo de molino. 

Conocía a aquel hombre, aunque jamás había hablado con él. Era Pimentó. 

Al fin ocurría el encuentro que tanto había temido. 

El valentón midió con una mirada al odiado intruso, y le habló con voz melosa, esforzándose por dar a su ferocidad y mala intención un acento de bondadoso consejo. 

Quería decirle dos razones: hacía tiempo que lo deseaba; pero ¿cómo hacerlo, si nunca salía de sus tierras? 

—Dos rahonetes no més... (Dos razoncitas nada más.). 

Y soltó el par de razones, aconsejándole que dejase cuanto antes las tierras del tío Barret. Debía creer a los hombres que le querían bien, a los conocedores de las costumbres de la huerta. Su presencia allí era una ofensa, y la barraca casi nueva, un insulto a la pobre gente. Había que seguir su consejo e irse a otra parte con su familia.

Batiste sonreía irónicamente, mientras hablaba Pimentó, y éste, al fin, pareció confundido por la serenidad del intruso, anonadado al encontrar un hombre que no sentía miedo en su presencia.

¿Marcharse él?... No había guapo que le hiciera abandonar lo que era suyo, lo que estaba regado con su sudor y había de dar el pan a su familia. El era un hombre pacífico, ¿estamos?; pero si le buscaban las cosquillas, era tan valiente como el que más. Cada cual que se meta en su negocio, y él haría bastante cumpliendo con el suyo sin faltar a nadie.

Luego, pasando ante el matón, continuó su camino, volviéndole la espalda con una confianza despectiva.

Pimentó, acostumbrado a que le temblase toda la huerta, se mostraba cada vez más desconcertado por la serenidad de Batiste.

—Es la darrera paraula? (¿Es la última palabra?) —le gritó cuando estaba ya a cierta distancia. 

—Sí; la darrera —contestó Batiste sin volverse».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Fotograma de la película "La barraca". 1946

jueves, 16 de agosto de 2018

El tal sujeto no cosecharía el trigo

«Y Pimentó se rascaba la frente oyéndolos, con cierta confusión. 

¿Qué iba a hacer?... Su propósito era decirle dos palabritas a aquel advenedizo que se metía a cultivar lo que no era suyo; una indicación muy seria para que «no fuera tonto» y se volviese a su tierra, pues allí nada tenía que hacer. Pero el tal sujeto no salía sus campos, y no era cosa de ir a amenazarle en su propia casa. Esto sería dar el cuerpo demasiado, teniendo en cuenta lo que podría ocurrir luego. Había que ser cauto y guardar la salida. En fin...: un poco de paciencia. El lo único que podía asegurar es que el tal sujeto no cosecharía el trigo, ni las habas, ni todo lo que había plantado en los campos de Barret. Aquello sería para el demonio».

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Trillando el trigo

La Semana Gráfica. 7 de noviembre de 1931


Cribando el trigo

La Semana Gráfica. 7 de noviembre de 1931


Típico horno de la huerta valenciana

La Semana Gráfica. 7 de noviembre de 1931


Interior del Molino de Vera

La Semana Gráfica. 7 de noviembre de 1931