miércoles, 29 de abril de 2020

Pero, ¡gran demonio!, cásate al menos

«Aquello era un escándalo, una profanación, y los curas de los pueblos sermoneaban al dulzainero: 

—Pero, ¡gran demonio!, cásate al menos, ya que esa perdida se empeña en no dejarte ni aun en la procesión. Yo me encargaré de arreglaros los papeles».

Dimoni

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez


Boda valenciana

Estampa. 4 de mayo de 1935

lunes, 27 de abril de 2020

Con expresión triunfante, con la dulzaina hacia arriba

«En medio, él, erguido, con expresión triunfante, con la dulzaina hacia arriba, como si fuese una descomunal nariz que olía el cielo; a un lado, el pillete, haciendo sonar el tamboril, y al opuesto, la Borracha , exhibiendo con satisfacción, como un segundo tambor, aquel vientre, que se hinchaba cual globo próximo a estallar, que la hacía ir con paso tardo y vacilante y que en su insolente redondez subía escandalosamente el delantero de la falda, dejando al descubierto los hinchados pies bailoteando en viejos zapatos y aquellas piernas negras, secas y sucias como los palillos que movía el tamborilero».

Dimoni

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez


Nit d'albaes

http://collabrials.blogspot.com/

sábado, 25 de abril de 2020

Comprometiéndose con ella la solemnidad de las procesiones

«No lo abandonaba. Un buen mozo como él estaba expuesto a peligros; y no satisfecha con acompañarle en sus viajes de artista, marchaba a su lado al frente de la procesión, sin miedo a los cohetes y mirando con cierta hostilidad a todas las mujeres.

Cuando la Borracha quedó embarazada, la gente se moría de risa, comprometiéndose con ella la solemnidad de las procesiones».

Dimoni

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez


Procesión por la huerta de Valencia. 1920

Colección de Ferran Belda

jueves, 23 de abril de 2020

Sorprendidos en lo mejor de su pasión

«Su felicidad era tan grande, que se desbordaba fuera de la casucha. Acariciándose en medio de las calles con el impudor inocente de una pareja canina, y muchas veces, camino de los pueblos donde se celebraba fiesta, huían a campo traviesa, sorprendidos en lo mejor de su pasión por los gritos de los carreteros, que celebraban con risotadas el descubrimiento. El vino y el amor engordaban a Dimoni : echaba panza, iba de ropa más cuidado que nunca y sentíase tranquilo y satisfecho al lado de la Borracha , aquella mujer cada vez más seca y negruzca que, pensando únicamente en cuidarle, no se ocupaba en remendar las sucias faldillas que se escurrían de sus hundidas caderas».

Dimoni

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez



En la huerta de Valencia

Todocolección

martes, 21 de abril de 2020

Les bastaba el amarse mucho

«¡Casarse!... ¿Para qué? Valiente cosa les importaba lo que dijera la gente. Para ellos no se habían fabricado las leyes ni los convencionalismos sociales. Les bastaba el amarse mucho, tener un mendrugo de pan a mediodía y, sobre todo, algún crédito en la taberna.

Dimoni mostrábase absorto, como si ante su vista se hubiese abierto ignorada puerta, mostrándole una felicidad tan inmensa como desconocida. Desde la niñez, el vino y la dulzaina habían absorbido todas sus pasiones; y ahora, a los veintiocho años, perdía su pudor de borracho insensible, y como uno de aquellos cirios de fina cera que llameaban en las procesiones, derretíase en brazos de la Borracha , sabandija escuálida, fea, miserable, ennegrecida por el fuego alcohólico que ardía en su interior, apasionada hasta vibrar como una cuerda tirante y que a él le parecía el prototipo de la belleza».

Dimoni

Cuentos valencianos

Vicente Blasco Ibáñez



En ña huerta de Valencia. "Festechant"

Todocolección

domingo, 19 de abril de 2020

Las Fiestas de San Vicente Ferrer según Blasco Ibáñez

«La fiesta del santo popular verificábase con el aparato de costumbre. En los puntos más céntricos de la ciudad habíanse levantado los «altares», enormes fábricas de madera y cartompiedra que llegaban a los tejados, con decoración gótica o corintia, erizados de mecheros de gas, y en su parte media la repisa, en la que se ostentaba el diplomático de Caspe con su hábito de dominico y un dedo en alto entre cirios y flores.


V Centenario de la muerte de san Vicente Ferrer. 1919 

Altar del Pilar ?

Abajo, la plataforma del escenario, donde se representaban los milacres, piezas dramáticas, cándidas y sencillas como sus versos lemosines, cuyo argumento, girando en torno del mismo punto, trata siempre de las querellas feudales entre Centelles y Vilaraguts, de la conversión de los moros de Granada o de alguna treta de los impíos contra el elocuente apóstol, todo sazonado al final con el necesario milagro del santo y el correspondiente sermón en endecasílabos.


Representación de un "Miracle"

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La multitud agolpábase ante los altares para oír mejor a los actores, granujillas del barrio, roncos de tanto vocear los versos, orondos en sus trajes de ropería; orgullosos de lucir el bonete con pluma y tirar de la espada cuando lo requería el _milacre_; y era de ver la atención con que escuchaba la predicación de San Vicente, representado siempre por un muchacho paliducho, pedante y melancólico, y las carcajadas con que celebraba las majaderías del motilón, personaje bufo que pasaba el tiempo tragando pan, sorbiendo rapé, sonándose las narices en un pañuelo como una sábana y agujereado como una criba, y diciendo estupideces subidas de color, todo para mayor edificación de los devotos del santo. Un mar de cabezas agitábase ante aquellas plataformas que recordaban el teatro primitivo, lo mismo el tablado de Esquilo que la carreta de Lope de Rueda.


Altar san Vicente Ferrer. El Tossal. 1930 

La Semana Gráfica. 3 de mayo de 1930

Entre una y otra representación tocaban las músicas alegres polcas, y la granujería de siempre, agarrada de un modo repugnante, improvisaba academias de baile en las aceras, chocando muchas veces contra las mesas donde las buenas mozas de vestido almidonado, pañuelo de seda y cara bravia vendían garbanzos tostados, orejones y ciruelas pasas.


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En la plaza de la Constitución vio a don Eugenio, que miraba de lejos el milacre, apoyado en el viejo bastón y mostrando su carita de pascua por el embozo de su capa azul, que no abandonaba hasta bien entrado el verano».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez

viernes, 17 de abril de 2020

La Semana Santa Marinera según Blasco Ibáñez. Y 15

«Al día siguiente, cuando las campanas comenzaban a voltear el toque de gloria, cuando se disparaban tiros en las calles y los muchachos aporreaban las puertas con garrotes, la Garbosa, aquella ruina del mar, aparejada como una barca pescadora, extendía su gran vela latina, blanca, fuerte y nueva, y se alejaba de la playa del Cabañal; contoneábase pesadamente sobre las olas como una belleza arruinada que oculta su vetustez, marchando en busca de la última conquista».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Disparo de una traca el Sábado de Gloria en la Plaza de la Virgen

La Semana Gráfica. 14 de abril de 1928