miércoles, 7 de agosto de 2019

Detrás, parejas del bou con idéntica altura e iguales colores

«Reinaba en esta población improvisada, tal vez deshecha a la noche para esparcirse por la inmensidad de la faja azul que cerraba el horizonte, el orden y la simetría de una ciudad moderna tirada a cordel. 

En primera fila, junto a las olas que se adelgazaban como láminas de cristal sobre los arabescos de arena, estaban las barcas pequeñas, las que pescan al volantí, pequeños y airosos esquifes, que parecían la vistosa pollada de las grandes barcas alineadas detrás, parejas del bou con idéntica altura e iguales colores».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Barcos de pesca. 1915 

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo sobre lienzo

Museo Sorolla

martes, 6 de agosto de 2019

Con la gorra calada hasta las orejas, repasando las redes

«Los mástiles latinos, inclinados graciosamente hacia la proa con sus puntas gruesas y romas, formaban un bosque de lanzas; entrecruzábanse las embreadas cuerdas, como lianas y trepadoras de aquella selva de palos; bajo las gruesas velas caídas en las cubiertas, rebullía toda una población anfibia, al aire las rojizas piernas, con la gorra calada hasta las orejas, repasando las redes o atizando el fogón, en el que burbujeaba el suculento caldo de pescado, y sobre la ardiente arena descansaban las ventrudas quillas pintadas de blanco o azul, como panzas de monstruos marinos tendidos voluptuosamente bajo las caricias del sol».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Redes de pescar. 1893

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 60 x 70

Colección privada 


lunes, 5 de agosto de 2019

Los enormes bueyes para el arrastre de las barcas

«La playa estaba en reposo. La casa dels bous, donde rumiaban en sus establos los enormes bueyes para el arrastre de las barcas, alzaba su cuadrada mole con rojizo tejado y azules cuadrantes en sus paredes sobre las largas filas de barcas puestas en seco, que formaban en la orilla una ciudad nómada con calles y encrucijadas; algo semejante a un campamento griego de la edad heroica, donde las birremes puestas en seco servían de trincheras».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Pareja de bueyes en la playa del Cabañal, al fondo Las Termas

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domingo, 4 de agosto de 2019

Agazapados a la sombra de un laúd

«Aunque el día era de invierno, picaba tanto el sol, que el Retor y Tonet estaban en la playa, agazapados a la sombra de un laúd viejo encallado en la arena. Tiempo les quedaba de tostarse cuando saliesen al mar. 

Los dos hablaban lentamente, como adormecidos por el brillo y el calor de la playa. ¡Vaya un día hermoso! Parecíales imposible que estuviesen en vísperas de Semana Santa, época de los aguaceros y de los repentinos temporales».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


A la sombra de la barca. 1903 - 1904

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 42 x 54,50

Museo Sorolla

sábado, 3 de agosto de 2019

Cuando Rosario necesitaba desahogo y consuelo, iba a la playa. Vídeo

«Cuando Rosario, roja de indignación y con los ojos llorosos, necesitaba desahogo y consuelo, iba a la playa, a la barcaza-taberna, que adquiría un color sombrío y parecía envejecer como su dueña. Allí la oían silenciosamente, moviendo su cabeza, con expresión de desconsuelo, la siñá Tona y Roseta, las cuales, a pesar de su íntimo parentesco, vivian con huraña hostilidad, no coincidiendo más que en su despreciativo odio a los hombres. La barca que les servía de madriguera era como un observatorio, desde el que contemplaban lo que ocurría entre las dos familias».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



La playa

viernes, 2 de agosto de 2019

Acribillada por los profundos agujeros de las granadas francesas

«Levantó la cabeza y vio que se había separado del pretil, siguiendo por el camino de ronda. Ante él alzaban sus pesadas moles cilíndricas las dos torres de la puerta de Cuarte, con la rojiza costra acribillada por los profundos agujeros de las granadas francesas y las de las insurrecciones republicanas».

Arroz y Tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Torres de Quart

Todocolección

jueves, 1 de agosto de 2019

O las de los guardias de Consumos sentados ante sus garitas

«Ya no creía en su madre. La fe se había rasgado en él como una virginidad irreparable. Le nacía daño el canto infantil, y para no llorar salió rápidamente del paseo, siguiendo el pretil del río.

Caminando junto a la carretera polvorienta, sin ver otras caras que las de los carreteros que marchaban perezosamente tras sus vehículos, o las de los guardias de Consumos sentados ante sus garitas, Juanito se encontraba mejor. No tenía miedo, como el poeta, a encontrarse con su dolor a solas, y caminaba por aquel lugar poco frecuentado, saboreando con gozo cruel el hondo pesar que, de vez en cuando, estallaba en ruidosos suspiros».

Arroz y Tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Puente de Serranos, a la derecha el fielato

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