jueves, 14 de enero de 2021

Estaba ya en la subida de la Morera

«Estaba ya en la subida de la Morera, cuando sonó un disparo y el valentón sintió un golpe en la espalda, al mismo tiempo que se nublaba su vista y le zumbaban los oídos. 

¡Cristo! Eran ellos que acababan de herirle.

 Y llevándose la mano al cinto tiró de su pistola del quince; pero antes que volviera la cara sonó otro disparo y Pepet cayó redondo».

 Guapeza valenciana

Cuentos valencianos
 
Vicente Blasco Ibáñez
 

 
Farmacia de la Morera
 
A la derecha la manzana final del Barrio de pescadores 

Colección Verum Valentia

 

martes, 12 de enero de 2021

Marchando por la calle de las Barcas

«¡Qué hígados de hombre! Y la turba bravucona se disolvió, ansiosa de relatar en cafetines y timbas la caída de los Bandullos, añadiendo, con aire de importancia, que habían presenciado la terrible gabineta de aquel valentón que juraba el exterminio de la familia. 

Bien decía el ribereño que no tenía miedo ni le inquietaban los Bandullos. No había más que verle a las once de la noche marchando por la calle de las Barcas con desembarazada confianza».

Guapeza valenciana

Cuentos valencianos
 
Vicente Blasco Ibáñez
 

 Calle de las Barcas desde la esquina de la antigua calle Timoneda (Barrio de pescadores)

Subida por Pilar Martínez Olmos a VAHG


domingo, 10 de enero de 2021

Y la tartana se alejó dando tumbos

«El pequeño, pálido, casi exánime, echando sangre y más sangre por entre la faja, fue llevado por sus hermanos a la tartana, que aguardaba cerca de la alquería, que trajo por la mañana todo el arreglo de la paella. 

—¡Arrea, tartanero!... ¡Al hospital! Donde van los hombres cuando están en desgracia. 

Y la tartana se alejó dando tumbos que arrancaban al herido rugidos de dolor».

Guapeza valenciana

Cuentos valencianos
 
Vicente Blasco Ibáñez
 

 
Torres de Serranos
 
Todocolección

 
 
 

 

 

viernes, 8 de enero de 2021

Aprendida en los corralones de la calle Cuarte

«El pequeño, extendiendo la diestra armada de ancha faca y cubriéndose el pecho con el brazo izquierdo, saltaba como una mona, haciendo gala de la esgrima presidiaría aprendida en los corralones de la calle Cuarte».

Guapeza valenciana

Cuentos valencianos
 
Vicente Blasco Ibáñez
 
 

 
Torres de Cuarte. 1858
 
 https://carolineangus.com/

miércoles, 6 de enero de 2021

La Navidad según Blasco Ibáñez. Y 21

«--Di a Adela y a Nelet que entren.

Toda la servidumbre de la casa se plantó a estilo de coro de zarzuela ante el sillón de la señora. Entre los tres cruzábanse alegres miradas, sonrisas de satisfacción.

Era la ceremonia anual, el acto de dar los aguinaldos a los criados, por ser el día de la señora. Con majestad teatral, doña Manuela dio un duro a cada uno, más un pañuelo de seda a Visanteta, por lo satisfecha que estaba de su mérito como cocinera. El ceño de la habilidosa muchacha se dilató por primera vez en todo el día, y los tres salieron apresuradamente con la alegría del regalo, oyéndose el ruido de sus empellones y correteos.

Esto obscureció un poco la sonrisa de don Juan. Decididamente, su hermana era una loca, que odiaba el dinero. ¡Mire usted que tirar tres duros tan en tonto! ¿No hubiera quedado lo mismo con tres pesetas?

Pero su digestión de esquimal harto no le permitía indignarse, y escuchó con expresión amable a su hermana, que, inclinada sobre él, apoyándose en su misma butaca, le hablaba mimosamente, como si fuese una niña.

--Hay que seguir las costumbres, Juan; si no, los criados, en vez de respetarla a una, se encargan de desacreditarla. A ti de seguro que no le parece bien dar un duro a cada criado; a mí tampoco, pero hijo mío, la costumbre es la costumbre, y si una hace ciertas economías, la gente cree que va de capa caída, suposición que a nadie gusta. ¿No crees tú lo mismo?»

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez

 

Chachas o amas de cría (sic). Valencia. Fotógrafo Damián

Todocolección
 

lunes, 4 de enero de 2021

La Navidad según Blasco Ibáñez. 20

«Cuando volvieron al comedor, Nelet sacaba el héroe de la fiesta: un soberbio capón, panza arriba, con los robustos muslos recogidos sobre el pecho y la piel dorada, crujiente, impregnada de manteca.

Don Juan contemplábalo con miradas de amor. No; una pieza tan hermosa no la destrozaría el desmañado Juanito. A ver, Rafael, que, como aprendí de médico, entendería de estas cosas.

Las niñas protestaron, recordando las espeluznantes relaciones que su hermano las había hecho varias veces, para asustarlas, describiendo sus hazañas en el anfiteatro anatómico.

--No, Rafael no--gritó Amparito--. Si él toca el capón no comemos.

¡Vaya un asco! ¡Como si aquel estudiante honorario hubiese asistido al curso de anatomía media docena de veces...! Al fin, el tío, en vista de las protestas, se decidió a destrozar la pieza, pues en su calidad de solterón sabía un poco de todo.... ¡Brava manera de masticar! Confesaban que la comida les subía ya a la garganta; pero a pesar de esto, era tan excelente la carne tierna y jugosa, con su corteza tostada crujiendo entre los dientes, que todos despacharon su ración, masticando con lentitud y emprendiéndola después con los huesos. El tío se mostraba como un valiente.

Aparecieron los postres. Cubrióse la mesa de tajadas de melón, peras y manzanas, avellanas y nueces; pero esto pasó sin gran éxito, atreviéndose el tío sólo con algunos pedazos de fruta que le mandó Juanito.

Después, la clásica sopada , sin la cual don Juan no comprendía los banquetes: una gran fuente de crema, en la que se empapaban apretadas filas de pequeños bizcochos. Esto era lo mejor para los que, como él, carecían de dentadura. Sabía a gloria; pero a pesar de tantos elogios, recibió como en triunfo el turrón de Jijona y los pasteles de espuma. También era esto del género de don Juan, adorador de las cosas blandas, que se escurren dulcemente sin roce alguno hasta el fondo del estómago. Con la boca llena de merengue contestaba a sus sobrinas, que estaban cada vez más alegres, y aprobaba bondadosamente los cuidados de su hermana por tenerle contento. Ahora había que retirar el vino de los Escolapios: «no estaba en carácter»; y por esto el viejo saludó alegremente la aparición en la mesa de las botellas de licor de diferentes formas y clases».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



 
Postres Martí

Todocolección
 

sábado, 2 de enero de 2021

La Navidad según Blasco Ibáñez. 19

«Otro plato ligero, pero éste era francamente indígena: lomo de cerdo y longanizas con pimiento y tomate, un guiso al que daba siempre Visanteta una gracia especial, que hacía a todos mojar el pan en la roja salsa».

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Puesto de embutidos en el Mercado Central

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