jueves, 14 de febrero de 2019

Un carabinero joven que estaba de servicio en aquella parte de la playa

«Y la siñá Tona hacía confidente de sus desdichas a Martínez, un carabinero joven que estaba de servicio en aquella parte de la playa, y pasaba las horas del calor sentado bajo el sombrajo de la taberna, con el fusil entre las rodillas, mirando vagamente el límite del mar, con el oído atento a las eternas lamentaciones de la tabernera».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Esperando las barcas

Playa del Cabañal

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?p=68555811

miércoles, 13 de febrero de 2019

Para echar a correr con un bacalao bajo del brazo

«Era una alhaja el tal Tonet. ¡Dios mío! ¿A quién se parecía? Era una vergüenza que de padres tan honrados saliese un muchacho así; un pillete que, teniendo en su casa comida abundante, pasaba el tiempo huroneando por cerca de los vapores que venían de Escocia, aguardando un descuido de los descargadores para echar a correr con un bacalao bajo del brazo. Un hijo así iba a ser su castigo. Doce años a la espalda y sin afición al trabajo ni el menor respeto a su madre, a pesar de los rabos de escoba que le había roto en las costillas».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Venta de bacalao en el Mercado Central de Valencia 

Cortesía de José Navarro Escrich

martes, 12 de febrero de 2019

Y en verano zambullíase en el puerto

«Juntábase con la pillería de la playa, un tropel de chicuelos que no sabían más de sus padres que los perros vagabundos que les acompañaban en sus correteos por la arena; nadaba como un pez, y en verano zambullíase en el puerto, mostrando con impudor tranquilo su cuerpo enjuto y rojizo para coger con la boca piezas de dos cuartos que le arrojaban los paseantes. Presentábase por la noche en la taberna con el pantalón roto y la cara arañada; su madre le había sorprendido varias veces amorrado con delicia al tonelillo del aguardiente, y una tarde tuvo que ponerse el mantón e ir á la capitanía del puerto para pedir con lágrimas y lamentos que le soltasen, prometiendo que ella le quitaría el feo vicio de arañar en el interior de las cajas de azúcar depositadas en el muelle».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez



Puerto de Valencia

Todocolección

lunes, 11 de febrero de 2019

La posibilidad de una guerra con Alemania…

«-¿Qué hay de la guerra? -le había dicho Argensola antes de preguntarle por el resultado de su viaje-. Tú vienes de fuera y debes de saber mucho. 

Luego se había dormido en su antigua cama, guardadora de gratos recuerdos, mientras el secretario paseaba por el estudio hablando de Servia, de Rusia y del káiser. También este muchacho escéptico para todo lo que no estuviese en relación con su egoísmo, parecía contagiado por la preocupación general. Cuando despertó, la carta de ella citándole para las cinco de la tarde contenía igualmente algunas palabras sobre el temido peligro. A través de su estilo de enamorada, parecía transpirar la preocupación de París. Al salir en busca del almuerzo, la portera, con pretexto de darle la bienvenida, le había pedido noticias. Y en el restaurante, en el café, en la calle, siempre la guerra…, la posibilidad de una guerra con Alemania…»

Los cuatro jinetes del Apocalipsis

Vicente Blasco Ibáñez


Soldados franceses entonan "La Marsellesa" antes de partir hacia el frente. París, agosto de 1914

https://www.biografiasyvidas.com/

domingo, 10 de febrero de 2019

Según la calidad del último alijo hecho en el Cabañal

«Tabaco no faltaba, y el tío Borrasca dábase a todos los demonios viendo con qué rapidez desaparecía de los bolsillos de su chaquetón unas veces la alguilla de Argel y otras la picadura de la Habana, según la calidad del último alijo hecho en el Cabañal».

Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez


Haciendo caliqueños en el Cabanyal. Años 80

Cortesía de José Navarro Escrich

sábado, 9 de febrero de 2019

Una iniciativa de Blasco Ibáñez. El Museo de Etnografia y Folklore de Valencia

Una iniciativa de Blasco Ibáñez. El Museo de Etnografia y Folklore de Valencia

«Y yo pienso: nosotros, que somos un pueblo de artistas, ¿Qué museo no podríamos hacer en Valencia, un museo que perpetuase la vida valenciana? Esto hace falta aquí como no podéis daros idea. 

Sabéis que mis novelas, por un azar de la fortuna tal vez, están hoy traducidas a casi todos los idiomas de los pueblos civilizados. Y he recibido numerosas cartas de señoras francesas y de señoras norteamericanas que han pasado por aquí, y me decían: "Yo he leído sus novelas entusiasmada. Estuve en Valencia y no vi nada, ni flores encontré".


Y esto es verdad. Hay que decirlo entre nosotros que somos valencianos. La vida valenciana no pudo verla por ninguna parte. Afortunadamente para la ciudad, hay calles nuevas, ideales... Pero lo antiguo, ¿Dónde lo van a encontrar? ¿Dónde van a ver nuestras costumbres tradicionales? No las hay. Y yo miraba lo de Provenza. Ciudad muy interesante por su poesía, es una Valencia pobre. No se puede comparar con la nuestra ni remotamente. Viene a ser una Valencia de la montaña, con trajes apagados; un país pobre, un país de olivos, que es lo único que allí se cultiva. 

Imaginaos qué Museo podremos hacer tan grande aquí en este país, feliz durante siglos, donde las labradoras se han vestido de brocado de seda, donde la loza nuestra tiene todo el nacarado del mar, de ese mar Mediterráneo, y tiene el oro, el azul y el blanco de las puestas de sol y la aurora de nuestro cielo. 

Sí; este es el pueblo más artístico y más hermoso de la antigua Grecia, que tal vez no ha existido y que son los poetas quienes nos lo pintan.


El tema del proyectado Museo de Folklore de Valencia idea que expuso con anterioridad el novelista Blasco Ibañez fue tambien utilizado por el artista Luis Debon para la falla de la plaza de la Merced en 1933

Cortesía de José Navarro Escrich

Si Valencia, si el Ayuntamiento nos da el Palacio Municipal, que nos lo dará, y todos trabajamos llenos de entusiasmo, sobre todo la juventud, todas estas asociaciones y, sobre todo, el Centro de Cultura Valenciana que tomase esto bajo su dirección, podemos hacer una obra magnífica. 

Y esto sería más hermoso que cuanto pudiéramos escribir sobre el pasado de Valencia. Porque lo que se escribe sobre el pasado de Valencia tiene un valor enorme para la gente intelectual; pero este Museo nuestro tendría la fuerza que tiene toda representación plástica, porque interesaría no solamente a personas ilustradas, sino a todos los ignorantes. 

La gente sencilla consideraría el Museo de Valencia como una especie de Partenón porque guardaba todas las glorias de nuestra raza, todo nuestro pasado y todo nuestro presente artístico».

Valencia y lo valenciano

Fragmento del discurso pronunciado por Don Vicente Blasco Ibáñez en Valencia el 16 de mayo de 1921, en agradecimiento por el nombramiento de Director Honoris Causa del Centro de Cultura Valenciana




Nuevo Mundo. 12 de agosto de 1932