lunes, 15 de enero de 2018

Las capas bordadas de los tres sacerdotes del altar mayor

«Al terminar la misa, los imponentes personajes movían la cabeza saludando a los fieles más cercanos. «Buenos días». Para ellos era como si acabase de salir el sol: las horas de antes no contaban. Y el notario, con voz melosa, ampliaba su respuesta: «Buenos días, señor marqués». «Buenos días, señor barón». Sus relaciones no iban más allá; pero Ferragut sentía por los nobles personajes la simpatía que sienten los parroquianos de un establecimiento, acostumbrados a mirarse durante años con ojos afectuosos, pero sin cruzar mas que un saludo. 

Su hijo Ulises se aburría en la iglesia obscura y casi desierta, siguiendo los monótonos incidentes de una misa cantada. Los rayos del sol, chorros oblicuos de oro que venían de lo alto iluminando espirales de polvo, moscas y polillas, le hacían pensar nostálgicamente en las manchas verdes de la huerta, las manchas blancas de los caseríos, los penachos negros del puerto, repleto de vapores, y la triple fila de convexidades azules coronadas de espuma que venían a deshacerse con cadencioso estruendo sobre la playa color de bronce. 

Cuando dejaban de brillar las capas bordadas de los tres sacerdotes del altar mayor y aparecía en el púlpito otro sacerdote blanco y negro, Ulises volvía la vista a una capilla lateral. El sermón representaba para él media hora de somnolencia poblada de esfuerzos imaginativos. Lo primero que buscaban sus ojos en la capilla de Santa Bárbara era una arca clavada en la pared a gran altura, un sepulcro de madera pintada, sin otro adorno que esta inscripción: Aquí yace doña Constanza Augusta, Emperatriz de Grecia».

Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez


"Inauguración" * de la Iglesia de san Juan del Hospital. 1967

Foto Finezas

Todocolección

* http://opusdei.es/es-es/article/iglesia-san-juan-del-hospital-valencia-aniversario-reapertura/

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